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Historia 40627 — capítulo 8

Capítulo 7:(No) Estoy alucinando

Faltaba un poco más de tres semanas para una fiesta más de Halloween en Hogwarts y Hermione finalmente podría salir de la enfermería y volver a clases con él y Ron. Eran tal vez un poco más de las 8:10 de la mañana pero el, Ron, Luna y Ginny estaban ya en la enfermería emocionados sin ocultarlo, ni siquiera habían tomado algo del Comedor para el camino, bueno él y Luna, Ron y Ginny peleaban silenciosamente por quien se comería la ultima salchicha.

Llevaban más de media hora en el lugar, esperando pacientemente a que Madame Pomfrey terminara de examinar a Hermione para darle de alta, pero luego de tanto tiempo ya se empezaba a poner un poco fastidiosa la espera. En serio, si Hermione tuvo heridas profundas que casi la matan pero ¿era en realidad necesario revisar una por una las cicatrices cosidas en su piel? Era una precaución pero también algo asqueroso.

-Muy bien Señorita Granger se ha recuperado de una manera excepcional, yo diría que mágica, esta lista para volver a clases- Madame Pomfrey se veía muy feliz y orgullosa de su trabajo sobre Hermione, de seguro alardearía de ello en San Mungo.

-¡SI!- el grito de gozo de Ron los sobresalto, luego de jugar varias veces a piedra, papel o tijera con Ginny y empatar, logro cortar el papel de la pelirroja con su tijera y la ultima salchicha era solo suya para disfrutar.

-Si Ron a mi también me alegra que te emocione mi salida- respondió la castaña sarcástica.

-De verdad lo siento Hermione, pero me estoy muriendo de hambre- su larga mano sobre su rugiente estomago.

-No te preocupes Ron aun tenemos...treinta y ocho minutos antes de que empiecen las clases, estoy segura que podrás comer algo mas en ese tiempo- el suéter paso por su cabeza y finalmente Hermione estaba lista para decirle adiós a la camilla y el olor a pociones y vendajes de la enfermería.

-¿Es que no puedes dejar de pensar siquiera un segundo en comida?- pregunto su hermana.

-Sin comida no puedo pensar Ginny- y de un mordisco media salchicha fue historia.

-Eres un caso perdido... ¡Ahora! Lo importante es que mi mejor amiga está completamente sana y de regreso con nosotros, ¿cómo te sientes Hermione?

-Bien Ginny, muy bien, siento como si tuviera más energía que nunca.

-Pues me alegra escucharlo porque hoy la vamos a pasar juntas...bueno después de las clases, pero ya encontraremos el espacio- una sonrisa autentica se formo en su cara, como siempre Ginny demandante y dominante sobre ella.

-Pero yo creí que me ayudarías a espantar todos los Wharslogts de mi habitación hoy Ginny- expreso Luna confundida.

-Estoy segura que puedes sobrevivir un día más con ellos Luna.

-¡Pero mira como tengo los dedos! un día mas y tal vez mañana no los sienta- alzo sus manos para que todos las vieran, sus nudillos estaban morados, unos cuantos pedazos de piel desaparecidos y una de sus uñas faltaba.

-Déjate de inventos Luna la única razón por la que tienes eso es porque te has estado machucando las dedos con las puertas por lo tonta y despistada que eres- dijo Ron tratando de sonar como la voz de la razón, justo como diría Hermione.

-Me he machucado los dedos porque a los Wharslogts les gusta jugar bromas muy pesadas- aclaró Luna tranquila.

-Pues qué casualidad que a todas las criaturas extrañas les gusta hacerte bromas a ti de todas las personas que están en este castillo ¿no lo crees Luna? Yo no sé tú, pero es muy sospechoso- Ron no despreciaba a Luna, tampoco deseaba humillarla, simplemente, como cualquier otra persona del castillo, no le gustaba que Luna muchas veces no tomara responsabilidad de sus actos y le echaba las culpas a cosas o seres producto de su muy desarrollada imaginación, lo exasperaba más que nada en el mundo.

-¡Ron!- le reprocho Ginny visiblemente enojada y golpeándole en el brazo con fuerza.

-¡Pero Ginny! Yo la he visto y aun así les echa la culpa a los Wargots o como sea que se llamen, porque simplemente no puede decir que sus dedos están así porque es una gran despistada y se pasa todo el día en las nubes- se sobaba el brazo mientras hablaba, Ginny lo había golpeado muy fuerte esta vez.

-No pienso volver a tener esta conversación contigo Ronald Weasley así que ¡discúlpate con Luna!

-¡Nunca!- grito cruzando los brazos obstinado sobre su pecho, mirando a la ventana con las mejillas infladas y rojas de orgullo.

-¡Ron! te dije que te disculparas en este instante, no me hagas obligarte- le advirtió Ginny con su cara cada vez mas roja tratando de igualar el color de su cabello.

-No, no y ¡no!- ahora Ron le daba la espalda a Ginny aun con las mejillas infladas y los brazos cruzados.

-Ginny de verdad no es necesario, yo se que Ronald no lo dijo con intención alguna y--

-¡Tu cierra la boca Luna!- Ginny le corto la frase de manera muy brusca por poco no se la comía con las palabras.

-¡Muy bien, suficiente! Ustedes dos, si piensan pelearse tendrán que hacerlo afuera, no pienso tener violencia en mi enfermería y usted Señorita Lovegood vamos a darle algo para sus dedos- Madame Pomfrey hizo sentir su presencia, Ron y Ginny salieron de la enfermería aun peleando, sus gritos se escuchaban incluso después de que desaparecieron por detrás la puerta de madera y Luna estaba sentada en una camilla mientras Madame Pomfrey rebuscaba entre el estante de pociones.

-Todo sigue igual- dijo Hermione soltando un suspiro.

-Si...Esos dos nunca cambiaran- le respondió Harry mirándola fijamente- Me alegra que puedas volver a estar con nosotros Hermione.

-A mi también Harry, a mi también- le dedico una gran sonrisa y él gustoso, se la devolvió.

-Entonces ¿Que has hecho en esta semana Harry? Yo he estado recostada en una camilla, así que no creo que quieras oírme hablar de cómo Madame Pomfrey pasa su tiempo libre en la enfermería- Harry rio ligeramente a su comentario, Hermione no era una humorista pero hacia su mejor esfuerzo.

-Bueno, Dumbledore me presentó a un nuevo profesor, Horace Slughorn está dando pociones y Snape está dando Defensa Contra las Artes Oscuras, no es tan malo como pensé que seria y también encontré un libro bastante interesante- dijo Harry buscando en el interior de su mochila.

La portada sucia y pálida de un viejo ejemplar de Pociones Avanzadas I apareció frente a los ojos de Hermione, quien dejo que sus pulmones volvieran a respirar y llevo una mano a su corazón como señal de alivio.

-¿Porque te asustas Mione? ¿Que creías que iba a mostrarte?- bromeo Harry aunque la reacción de Hermione le pareció bastante extraña.

-Olvídalo Harry no tiene importancia ¿que tiene ese libro de especial?- Hermione se coloco en el borde de la camilla dándole un espacio a Harry para sentarse a su lado.

-Veras Hermione, Ron y yo llegamos tarde a la clase de pociones y como el mío se lo comió el libro de Monstruos, me toco tomar uno de los viejos que estaban guardados en el salón de pociones y--

-¡¡TE ROBASTE EL LIBRO DEL SALON!!- gritó Hermione incrédula, lo suficiente como para que Madame Pomfrey volteara y les diera una mirada extraña, Luna simplemente se les quedo mirando.

-Creo que Hermione todavía está mal de la cabeza Madame Pomfrey...- se rio nerviosamente mientras pasaba su brazo por los hombros de Hermione y la abrazaba a él sin dejar de reír, cuando Madame Pomfrey dejo de mirarlos soltó a Hermione.

-¡Hermione! No es necesario armar un escándalo, además no lo robe simplemente lo tome prestado- Harry intentaba convencerla con su cara de niño inocente, pero Hermione lo conocía lo suficiente y no caería en sus engaños.

-Eres el peor mentiroso que he conocido Harry, entonces ¿qué tiene de especial este libro de pociones?

-Como te decía, el profesor Slughorn dijo que preparamos el Filtro de Muertos en Vida y el que la preparara mejor ganaría un frasco de Felix Felicis, pero este libro no tiene exactamente las mismas instrucciones que los otros- abrió el libro justo en la pagina correspondiente a la poción, dejándole ver a Hermione los rayones y correcciones a las instrucciones hechas a mano- alguien corrigió el libro y le dio unos cuantos ajustes y son correctos porque fui el único en realizar bien la poción, pero lo más extraño es a la persona quien le pertenece- paso las páginas del libro hasta llegar a la ultima en donde estaba escrito- Propiedad del Príncipe Mestizo ¿existe alguien llamado así Mione?- pregunto Harry esperando que ella pudiera darle la respuesta a la pregunta que lo había estado abrumando desde hacía varios días.

-No que yo sepa, tendría que buscarlo en la biblioteca, puedes ayudarme si quieres, estoy segura que podremos encontrar la respuesta mas rápido si trabajamos los dos.

-Suena bien, pero hay algo más que me inquieta en este libro, aquí en la página 183, mira lo que dice en el borde- Harry le señalo las letras negras y Hermione las leyó en voz alta.

-¿Sectumsempra?... no conozco ningún hechizo con ese nombre- el ceño fruncido y la fija mirada en el libro le dio a Harry la certeza de que su mejor amiga le estaba siendo sincera- ¿Qué crees que haga?

-No lo sé, he estado practicándolo un poco pero no ha sucedido nada y---

-¡¡HAS ESTADO PRACTICANDO SIN SABER QUE HACE!!- nuevamente Madame Pomfrey los miro, aun tenia la expresión de que-es-lo-que-lo-tanto-hablan en su cara pero en su mirada Harry podría deducir que se estaba empezando a molestar.

-En serio Hermione estás segura que te encuentras bien, estás diciendo cosas muy raras, creo que deberías quedarte por un día mas, ¿no cree Madame Pomfrey?- Harry ya no sabía que decir, Madame Pomfrey les dio una última mirada antes de seguir curando a Luna y Hermione no le estaba dando la mejor de las caras, el ceño demasiado fruncido y los brazos muy cruzados, bien hecho Harry, no hace más de cinco minutos le dan de alta en la enfermería y ya la haces enojar ¿qué clase de amigo era?

-¿Qué?- pregunto Harry como si no supiera el porqué del enojo de la castaña.

-Tú sabes muy bien que Harry Potter- un golpe con la portada del libro lo llevo a sobarse la cabeza- ¡¿Acaso enloqueciste de un día para otro?! ¡¿Cómo se te ocurre practicar un hechizo sin saber qué hace?! ¡Quién sabe que podría haber salido mal y te hubieras convertido en mi compañero de enfermería! No sabemos que hace este hechizo Harry ¿qué tal si es una maldición?... Tienes prohibido la práctica de este hechizo hasta que logre saber que hace y determine si es peligroso o no ¿queda claro Harry James Potter?- desde el primer momento en que la conoció Harry capto el tono de mandona en la voz de Hermione, pero ahora le hablaba como si fuera alguien mucho mayor que él, Hermione era bastante madura para su edad, pero no lo suficiente como para mandar sobre él. Además era mayor que ella, por unos meses, pero aun era mayor.

-Merlín Mione, no hay necesidad de tanta agresividad, estoy bien, ya cálmate.

-Perdóname Harry pero algunas veces eres demasiado impulsivo y no mides las consecuencias, simplemente no quiero imaginar que te podría haber pasado si el hechizo hubiera funcionado; no quiero perderte Harry, ni a ti, ni a Ron, ni Ginny, Luna, ninguno de ustedes- el intenso brillo en sus ojos marrones le dijeron a Harry que su amiga estaba al borde de las lagrimas, primero la hace enojar y luego llorar ¿porque todos a su alrededor tenían que sufrir por sus actos?

-No llores Mione, perdóname por ser un tonto, te prometo que no volveré a hacerlo, nunca más, lo menos que quiero es que salgas lastimada por mi culpa- paso sus brazos por los pequeños hombros de su amiga y la abrazo con fuerza, Ron y Hermione eran su mundo, Harry podría llegar a dar su vida solo para que ellos fueran felices, nada mas importaba.

-Yo sé Harry, yo sé- respondió la castaña con la cara escondida en su cuello, sollozando un poco y agarrándolo con fuerza del suéter.

Pasaron unos cuantos segundos hasta que se separaron, los ojos de su amiga un poco rojos pero no muy notable, Harry le sonrió, la sonrisa más grande y sincera de su vida, solo para quien era su razón de existir, y ella también sonrió riéndose como una niña, una risa que no se había permitido desde hacía mucho tiempo.

-Saben, ustedes serían una linda pareja, sino fuera porque a Harry le gusta Ginny y a Hermione Ronald- la siempre oportuna voz de Luna los saco de su privado mundo de felicidad.

-¡Luna! ¡Se suponía que era un secreto!- reprocho Harry colorado, sin poder creer la facilidad con la que la rubia revelaba los secretos que otros le confiaban.

-Ups... lo siento- algo en esa disculpa le hizo sentir a Harry que algunas veces Luna hacia esas cosas a propósito.

-¡Lo sabia! ¡Sabia que te gustaba Ginny!- Hermione salto de su puesto, colocándose enfrente del pelinegro, tan feliz como si hubieran logrado matar a Voldemort y dando pequeños saltos en el mismo lugar señalándolo con un dedo.

-¡Pues a ti te gusta Ron!- Hermione dejo de saltar instantáneamente y luego se hecho a reír a carcajadas que resonaron entre las paredes.

-¡Eso es ridículo! Me gusta Ron, pero como amigo y no pienso pasar de esa línea, entonces Romeo ¿cuándo te le piensas declarar a Julieta?

-Déjame en paz- podía sentir el calor en su cara y la mirada picara que le daba Hermione lo hacían sentir más avergonzado, hasta el mismo se sorprendía de que le gustara Ginny, por mucho tiempo creyó que Cho Chang era la única chica en la que se había interesado pero la pequeña Weasley se apodero silenciosamente de corazón y no estaba dispuesta a devolvérselo.

-Harry y Ginny sentados en un árbol BE-SAN-DO-SE, Harry y Ginny sentados en un árbol BE-SAN-DO-SE ¡Vamos Luna no me dejes sola!- la rubia titubeo un momento pero no demoro en seguir a la castaña en su pequeño coro- Harry y Ginny sentados en un árbol BE-SAN-DO-SE, Harry y Ginny sentados en un--

-¿Se puede saber qué clase de espectáculo es este?- el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras entró a la enfermería sin que ellos se dieran cuenta y se encontraba cerca con la misma mirada fría y de desprecio que siempre les daba, aunque por la manera como fruncía el seño el hombre no entendía la situación.

-¡Profesor Snape! ¿Cómo ha seguido Señor?- preguntó Hermione aun con el mismo entusiasmo de hacía poco.

-Señorita Granger parece que ya está mucho mejor, me encuentro muy bien gracias por preguntar- su voz seguía siendo fría pero por lo menos no hizo ninguna expresión de disgusto mientras y terminaba de hablar.

-Así es profesor, no hace mucho me dieron de alta.

-Es bueno escuchar eso, debo admitir que las clases son demasiado aburridas sin su molestosa presencia Señorita Granger.

-No sé si eso es cumplido pero, gracias profesor.

-Si no recuerdo mal Señorita Granger, usted tiene un castigo que cumplir por no acatar órdenes ¿no es así?- el hombre se inclino un poco, quedando casi a la altura de los ojos de Hermione, cerca de ella.

-Tiene toda la razón profesor- sonrió ella como si un castigo con Snape fuera lo mejor del universo. Snape sonrió también aunque de una manera retorcida y luego llevo su columna a estar nuevamente recta.

-Me alegra escuchar eso, estaré esperándola en el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras el jueves después de la cena.

-Ahí estaré profesor, ahora creo que mis amigos y yo debemos irnos, no quiero llegar tarde en mi primer día de regreso a clases- Hermione tomo la mochila que Ginny le había traído con sus libros y sacudió el hombro de Harry.

-Harry vamos, tienes que comer algo.

-¿Qué?..Si, si vamos, comer- respondió el pelinegro todavía si poder creer lo que había visto y escuchado ¿Snape siendo amable con Hermione, Hermione sonriéndole a Snape? tenía que estar alucinando.

Rápidamente se levanto de la camilla y siguió a Luna, con Hermione de primera, abrió su mochila para guardar el libro pero fallo y este cayó al piso en vez del interior de esta. Se agachó para recogerlo pero otra mano lo tomo primero que él, Severus Snape tenía el viejo y oloroso libro en sus manos ojeándolo lentamente.

-Esto no parece ser suyo Señor Potter, en realidad se parece a uno que solía estar en el salón de pociones, me pregunto si serán iguales ¿usted que cree Señor Potter? no lo habrá tomado del salón sin permiso, esto merece un castigo y creo tener el perfecto para usted, que dice ¿se le mide?- Harry mantenía la vista en el suelo, no quería ver la expresión de retorcido gozo en la cara del grasoso.

-En realidad profesor, yo fui quien tomo el libro- la voz de Hermione hizo a Harry despegar la mirada del suelo y verla a ella.

-¿Usted Señorita Granger?- pregunto Snape dudando de las palabras de la castaña.

-Sí Señor, mi libro se perdió y como no quise molestarlo con ello decidí tomarlo sin permiso, pero después de la clase se me olvido devolverlo y tenía miedo de como reaccionaria así que me quede con él, no castigue a Harry, puede ponerme castigo por dos días si así lo desea- la sinceridad con la Hermione hablo casi convenció a Harry, la única razón por la que no lo hizo era porque el sabía que su amiga solo lo decía para salvarlo.

-Pasare esto por alto, pero solo esta vez Señorita Granger, ahora váyanse antes de que cambie de opinión- dijo Snape dándoles la espalda y caminando hacia el fondo de la enfermería donde Madame Pomfrey estaba.

-Gracias Profesor, hasta luego- Hermione tomo la muñeca de Harry y lo saco de la enfermería como un rayo, mientras este la miraba a ella y Snape sin entender la situación.

-Parece que el señor corazón de hielo se está suavizando- dijo Madame Pomfrey a su compañero de trabajo.

-Deja de molestarme Pomfrey y hagamos esto rápido, entre más lejos este de este lugar mejor- respondió el hombre vestido de negro recostándose en la camilla.

-Lo que tú digas Severus, lo que tú digas, ahora quédate quieto.

-¡Auch! ¡Tienes que hacerlo tan fuerte!

-No puedo examinar tu nariz si no está limpia Severus, ya deja de llorar y compórtate como un adulto.

-Maldita mujer- dijo por lo bajo Snape con los dientes cerrados mientras Madame Pomfrey se reía inocente.

Para cuando llegaron al comedor ya casi no había estudiantes en las mesas, faltaban cerca de diez minutos antes de que empezaran las clases, lo mejor sería coger algo para el camino y tomar una sola copa de jugo de calabaza, solo así podrían llegar a tiempo para Herbiología.

-¿Porque hay aurores en la puerta?- preguntó la castaña intrigada por la presencia de tales personajes en Hogwarts.

-Es protección- respondió Luna -Por lo de la bestia que ronda en los alrededores de Hogsmaede y por tu-ya-sabes-quien.

-Ya veo, sabia decisión por parte del Director- la presencia de los aurores le molestaba, esos hombres estaban muy bien entrenados, habría que ser muy cuidadosa cuando estuvieran cerca.    

-Hermione, gracias- dijo Harry.

-¿De qué hablas?- pregunto mientras decidía en tomar unas rodajas de pan o algún ponqué para llevar.

-De cómo me salvaste de un castigo seguro, usualmente no haces esas cosas, tu dejas que me castiguen para que aprenda a no desobedecer ¿de verdad estas bien?- puso la palma de su mano sobre la frente de su amiga, solo para estar seguro que no tenía fiebre o algo por el estilo.

-Estoy bien Harry- decidió tomar tres ponqués, no le apetecía mucho el pan esa mañana.

-¡Pero Mione! Estas muy rara, has hecho algo totalmente distinto a ti y te comportaste rara con Snape, no me digas que sientes algo por el murciélago porque me daría un paro cardiaco de tan solo pensarlo, la sola idea es repug---¡oghm!- su boca fue invadida por un pedazo de tocino que llego de manera desprevenida, casi se ahogaba con él.

-Harry, esta es la única vez que te salvo de un castigo y no, no siento nada por Snape, simplemente desde el incidente me he dado cuenta que no es el hombre frió, antisocial, despreciable y desatento que hemos conocido por seis años. Snape es bastante amable cuando te das la oportunidad de conocerlo. Ahora come algo que tenemos cinco minutos para llegar a Herbiología- Hermione sonó seria y mandona, como siempre, la vieja Hermione estaba regresando y eso se sentía bien. Luego de un arduo día de clases y conversaciones, Harry se encontraba en la biblioteca, aburrido, sepultado entre una pila de diez libros a cada lado, llevaba más de una hora buscando y no encontró nada que pudiera darle una idea de lo que el hechizo Sectumsempra hacia, Hermione lo estaba ayudando, justo como le había prometido, pero ella tampoco encontró algo.

-Hermione ya rindámonos, nunca sabremos que hace este hechizo- expresó cansado, cerrando su veintitresavo libro.

-Debe haber algo por aquí Harry, tiene que haberlo- tomo otro libro de lo alto de la estantería y lo abrió, leyendo rápidamente las hojas.

-Hermione estoy cansado y tengo hambre, vámonos ya ¿sí?- suplicó.

-Si estas tan cansado porque no te duermes un rato como Ron- el pelirrojo los había acompañado solo para tener algo que hacer y terminó durmiéndose al tercer libro- No me incomoda en nada, anda, descansa.

-No, no puedo dejarte sola, pásame otro libro, en este no hay nada- coloco el anterior en la pila en formación y recibiendo el otro, empezó a leer.

Después de otros diez o quince minutos más en silencio, Hermione suspiro derrotada, era definitivo, no existía un solo libro en la biblioteca que hablara sobre el hechizo Sectumsempra. Miro su reloj 5: 52 p.m pronto servirían la cena, cerro el grueso libro y con un movimiento de su varita, todos los libros regados por la mesa regresaron volando a su lugar.

-Vámonos Harry, despierta a Ron, ya van a servir la cena- se levantó de su silla y se dirigió a la entrada de la biblioteca.

-Ron, Ron, despierta, ya es hora de cenar- susurró

-Cinco minutos más mamá...cinco minutos- el pelirrojo hablo entre sueños.

-¡Ron! ¡Despierta ya!- hablo un poco más alto, pero sin molestar a los demás estudiantes a su alrededor.

-Cinco minutos...

-¡Ron!- su grito atrajo las miradas de algunos estudiantes, Harry solo se limito a ignorarlos.

Busco con la mirada algo con que despertarlo, observo los libros, no podía golpearlo con uno de esos, todos eran demasiado gordos y algunos muy pesados ¿habría alguna jarra de agua o algo por ahí?

-¡Auch!...¡Hermione y eso porque fue!- Ron se sobaba la cabeza por el gran golpe que su amiga le dio con el libro que sostenía en su mano.

-Por perezoso, ahora muévanse que vamos tarde para la cena.

Si, la vieja Hermione estaba de vuelta. Era jueves y faltaban exactamente tres semanas para la fiesta de Halloween, los días habían sido regocijantes, extrañaba el estar en clases con sus amigos, hablar con Ginny, descansar en su propia cama, pero estos también tuvieron su lado malo, como la extraña urgencia con que Dumbledore quería hablar con ella, los tres últimos días se los paso siguiéndola a todos lados, sabía que el viejo director no estaba en todos sus cabales, pero ya se empezaba a poner tétrico. No es que le tuviera miedo, no, simplemente no quería tener que hablar de lo estaba segura Dumbledore preguntaría si la alcanzaba. La siguiente clase era Aritmancia, su favorita, de seguro dejaría de pensar en él si entretenía su cabeza con números.

Justo cuando se disponía a tomar las escaleras para subir, el reflejo del sol en unas gafas de media luna la hicieron darse la vuelta sobre sus talones y alejarse lo mas rápido, pero disimuladamente posible de Dumbledore. Se escondió en el primer lugar que encontró, el armario de escobas, nadie la buscaría allí.

Luego de varios minutos Hermione quería salir de ahí, el esconderse entre un montón de escobas era incomodo, la paja picaba mucho y entre mas se movía era peor, la próxima vez buscaría un lugar menos concurrido, la perilla se volteo sorpresivamente y de un jalón la puerta se abrió dejándola expuesta a la luz. El siempre y eternamente odiado Severus Snape caminaba apresurado y en cierto modo emocionado, hacia el despacho del viejo y tonto Director de Hogwarts, finalmente había encontrado lo que por dos semanas lo tenía con la cabeza revolucionada, le demostraría al viejo que lo sucedido no fue efecto del desangramiento, no, todo fue real y tenia lo justo para probarlo.

Las cosas en la última semana habían sido casi un sueño, finalmente tenía el puesto que siempre quiso, no había nada mejor que enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras y, contrario a lo que Dumbledore pensaba, hasta ese momento no sentía ningún deseo por practicar de nuevo ese tipo de magia, no de nuevo, ya había aprendido su lección hacía varios años, y las cosas no terminaron muy bien, para él o cualquiera.

Otro hecho que lo tenía inquietado poseía un nombre propio, Hermione Granger. Cualquier persona en el castillo esperaba que atacara a Granger, la humillara en cualquier mínima oportunidad que se le daba, buscara cualquier patética excusa para quitarle puntos a su casa y bajar sus notas en su asignatura o que la expulsaran, pero no, Granger no le había hecho nada, de acuerdo con St. Mungo su desmayo y el sangrado se debió al olor de una mezcla de pociones que absorbió el día anterior cuando se puso a experimentar, se había intoxicado el mismo, y al parecer los efectos eran alucinaciones, sangrado y sensibilidad extrema, por esa razón una simple cachetada le rompió el labio ese día, la próxima vez utilizaría la protección adecuada.

Pero aun así todavía no podía dormir bien, todas las cosas que Granger le dijo en ese día, simplemente no podían ser reales, ella no podía saber eso, Albus no le dijo nada, el viejo se lo confeso, y dudaba mucho que Potter lo hiciera, el niño se llevo una gran amenaza para no hacerlo, no tenia los suficientes pantalones como para llevarle la contraria.

Lo que seguía sin encajar en la historia era, si Granger no tuvo nada que ver con su desmayo, porque razón alguien la dejaría con múltiples heridas y casi al borde de la muerte. Cuando vio a la joven Gryffindor en los brazos de su amiga sangrando por todos lados y lentamente perdiendo el conocimiento, el poco sentimentalismo que le quedaba en su corazón salió a flote. El no era el único que sufría, todos tenían sus problemas, aunque algunos tuvieran que pagar por los de otros. La prueba que tenía en su bolsillo probaría que el ser que casi lo mata dos veces, tomo la vida de seis personas más, atento contra la vida de otros profesores, Harry Potter, de seguro casi mata a Hermione Granger y estaba aliado con Voldemort, era el mismo.

-Cerdo llorón

La gran gárgola se movió revelando la escalera de caracol, subió los escalones de dos en dos, entre más rápido llegara podría resolver el problema en menor tiempo, lo único que rogaba era que el viejo estuviera ahí, no quería tener que buscarlo por todo el colegio, dentro de pocas horas tendría que dar clases a los de cuarto año y no quería llegar tarde.

Al profesor de pociones Severus Snape no le hubiera importado llegar faltando cinco minutos para que la clase terminara, pero al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, Severus Snape si le importaba. No le dijo nunca a nadie, pero secretamente siempre quiso ese puesto para enseñarle a todos los jóvenes magos y brujas que tan catastróficas pueden ser las artes oscuras para la misma persona que las utiliza, como pueden llegar a destruir tu vida, y dejarte el remordimiento de ello para toda la eternidad.

La brillante tela roja y el estampado de luminosas estrellas fugaces detrás de un escritorio hicieron sonreír a Snape, se coloco enfrente del viejo mago y deposito el objeto en el escritorio justo delante de los ojos azules. Dumbledore mantuvo su mirada en el objeto por varios segundos antes de mirarlo con expresión de incomodidad y ¿lastima?

-Severus se que pasas más tiempo conmigo que cualquier otra persona en este colegio, que me has confiado muchos de tus secretos, pero tengo que recordarte que ya no me gustan los hombres, y no me puedo casar contigo, ni siquiera somos novios, o nos hemos besado, lo siento mucho pero tendré que rechazarte.

-¡¿PERO QUE ESTUPIDECES DICES VIEJO TONTO!?- sorpresa, vergüenza, desconcierto, rabia, Snape no sabía cuál de ellas era la que sentía en ese instante.

-¿Entonces para que me das un anillo Severus?- respirar profundo, había que respirar profundo, MUY profundo.

-¿Recuerdas lo que te dije que paso en la enfermería durante la noche?

-Severus por última vez, no paso nada, no hubo fuego, ruido, Hermione Granger se lastimo por una falla en el escudo alrededor de esa área, no por un depredador sediento de carne, nadie ha entrado al castillo, de seguro todavía no se te habían pasado los efectos de la intoxicación.

-¡No Albus! Ese cuento del escudo ni tú mismo te lo crees, sabes que alguien entro al castillo, que ese alguien lastimó a Granger, devoró a seis personas, casi mata a Potter, Weasley, McGonagall, Hagrid y a mí, dos veces Albus ¡Dos veces!- le enfatizó mostrándole dos dedos de su mano muy cerca de la cara- todo lo que he dicho es la pura verdad y este anillo lo prueba ¡No lo alucine Albus, no lo hice!

-Yo solo veo un anillo normal, muy bonito por cierto, la rosa se ve hermosa ¿no crees?

-¡Déjate de tonterías viejo! Mira lo que dice en el interior- los ojos de Dumbledore, leyeron las casi invisibles letras grabadas en el oro.

-...A.M.J.T.C. Son iníciales de cualquier estudiante de este colegio, se le pudo haber caído en la enfermería, no tiene nada de especial.

-No Albus, no lo son, ningún estudiante tiene los suficientes nombres para ser de alguno de ellos, tampoco los profesores, el nombre de ninguno concuerda con las iníciales, y nadie más a entrado o salido de aquí en todo el tiempo que llevamos desde comienzo del año, quien quiera que sea la dueña de este anillo, es peligrosa, muy peligrosa.

-¿Estas sugiriendo que este anillo pertenece a la bestia que atacó en Hogsmaede?-Snape asintió-¿y que supuestamente esta aliada con Voldemort?-asintió nuevamente-¿Tienes idea de lo ridículo que eso suena?

-No es ridículo, cualquiera que sea la raza de esta bestia esta aliada con Voldemort ¡yo lo sé Albus, lo presiento!

-Mira Severus, tú mismo me dijiste que no sabias el aspecto de esos aliados, tú nunca los viste, y el que te lo dijo fue Steve White, ese hombre pasa casi todo el tiempo con una botella de licor en la mano, de seguro fue otro loco invento de su borracha mente. La Orden ha estado buscando pruebas sobre esto y no ha salido alguna, Voldemort es muy orgulloso y autosuficiente como para rebajarse a pedirle ayuda a alguien más- su tono de voz pasando de tranquilo a serio lentamente, ya estaba cansado de la paranoia de Severus- y la bestia que te atacó a ti y otras personas en los alrededores se llama Fillgrutmog, no un aliado de Voldemort.  

-Está bien, lo admito, el borrachón White me lo dijo ¡pero eso de los Fillgrutmog te lo estas inventando!- volvió a señalarlo.

-No es ningún inventó, puedes buscarlo en la biblioteca si quieres, dile a Irma, ella te mostrará el libro.

-Con que tienes una explicación para todo ¿eh?, a ver, entonces explícame porque aluciné-dijo haciendo énfasis en la palabra-con este Fillgrutmog justo el día antes a que se apareciera.

-No creo que quieras escuchar la explicación- cuando se enteró simplemente no podía creerlo.

-No, anda dime, quiero saber, dame la explicación- se sentó en la silla y cruzó los brazos esperando la respuesta- Estoy esperando Albus.

-Veras Severus, este es un tema muy delicado, se supone que no debo decir nada pero como es la única forma de que te calmes, te lo diré- apoyo las manos entrelazadas sobre el escritorio- Desde hace varios años estuve sospechando sobre esto pero nunca llegue a pensar que fuera verdad, la razón por la que alucinaste el ataque en la enfermería fue porque...escuchaste a Madame Pomfrey teniendo sexo.

-¡¿QUE?!- casi se cae hacia atrás con la silla del asombro.

-Si Severus, se que suena increíble pero lo es, todo eso fue producto de tu semiinconsciencia, miedo a los hombres lobo, a morir, a ser descubierto, tu amor por Lily, fantasías sexuales, obsesión por lo prohibido y las palabras del novio de Poppy, o fiancé en este caso.

-¿Y el anillo?- todavía conservaba la esperanza de que no fue una alucinación.

-Se lo dio él, anillo de compromiso, el hombre se llama Alberto Mauricio Julio Tiberios Collins.

-Entonces cuando creí que sangraba era...

-Creo que deberías quemar esas ropas Severus- lo miró apenado y con cierto asco.

-Pero Granger...como sabe Granger sobre mi pasado y Lily ¡Eso es sospechoso Albus, muy sospechoso! ¡Y los Fillgrutmog, como se que son reales y no invento tuyo!- pudo haberle quitado la idea de los aliados de Voldemort y la noche en la enfermería, pero aun no le daba todas las explicaciones necesarias para hacerle olvidar todo lo sucedido en las ultimas semanas.

-Tengo con que probarte que los Fillgrutmog si existen, ve a la torre de astronomía después de la cena.

-Pero tengo un castigo con Granger a esa hora- respondió sumido en sus pensamientos.

-¡Mejor todavía! Hablamos con Granger, descubrimos como sabe tanto sobre ti, te muestro a los Fillgrutmog y luego te tragaras tus palabras. Ahora si me disculpas, tengo unos asuntos que resolver en el Ministerio- abandonó su sillón y salió por la puerta.

Se había dejado llevar por la situación, muchas veces Steve White inventaba cosas raras y descabelladas, como que Voldemort buscaba un hechizo para hacerse crecer de nuevo la nariz, el cabello y cosas por el estilo ¿Cómo es que todavía seguía siendo un Mortífago?

Ahora que recordaba, cuando el borrachón White le contó sonó muy serio pero después se echo a reír en toda su cara, infectándolo con una mezcla de licor y saliva, era la última vez que se creía algo que no veía con sus propios ojos y sacaba conclusiones apresuradas, solo porque alucinas que una bestia viene a atacarte no quiere decir que Voldemort tiene aliados y los manda a matarte como prueba de lealtad y al mismo tiempo, como venganza por engañarlo. Su paranoia lo había llevado a mortificarse la vida por nada y hacerle perder tiempo a la Orden.

Pero aun así Voldemort había estado muy callado la última semana, siempre sumido en sus pensamientos, hablando solo-aunque eso fuera algo normal pero ahora era con más frecuencia- y durante un tiempo se fue, sin decirle a nadie, hasta Bellatrix y Lucius se quedaron sorprendidos de que su amado Señor Tenebroso no les dijera nada a ellos, sus más leales sirvientes.

Algún plan se traía entre manos, la idea de los aliados era una locura, había pensado lo mismo en un principio, Voldemort nunca se rebajaría a pedirle ayuda a alguien, el no buscaba compañeros, solo sirvientes, no aliados. Que estupidez fue el siquiera considerarlo. Pero aun así debía estar pendiente, el silencio de Voldemort siempre era sospechoso, algo grande debía estar tramando, ahora tenía que descubrir qué y esta vez, estaría totalmente seguro y convencido antes de contárselo a la Orden. Estaba en lo balcón de la torre, mirando como los prisioneros de La Fabrica reconstruían, lentamente, la parte de la muralla y cuidad destruida por el hombre llamado Lord Voldemort. Se suponía que ya debería estar terminada, pero los anoréxicos esos eran más lentos que las momias, ahí era donde se lamentaba el no darles casi comida. Débiles, debería haberlos matado a todos y no encarcelarlos de por vida. Pero eran útiles de vez en cuando, como en ese momento, aunque se debatía entre córtales la cabeza a todos o volverles a poner cadenas.

-Solo dos días- dijo Dan al llegar a su lado, apartando mechones de cabello de su cara.

-Lo sé- expreso sin ganas- Voy a aceptar.

-¡Pero Nathaniel ya encontró la manera de entrar!

-Necesitan energía mágica en su interior, no vamos a cazar magos poderosos en menos de dos días. Voldemort puede proporcionarnos esa energía- se alejo del bordillo y entró la pequeña oficina ovalada, sentándose en uno de los sillones.

-Somos perfectamente capaces de ello Althos, no necesitamos la ayuda de un hereje- dijo apoyándose al lado de la fría chimenea, justo en enfrente de él.

-Veras Dan, aunque logremos entrar a ese lugar, no tenemos el suficiente conocimiento de este- expresó dejando la corona en la pequeña mesa a su lado- En cambio Voldemort, si lo tiene. Pensé detenidamente en el trato, y he encontrado bastantes ventajas para nosotros. Si aceptamos lograremos un mayor conocimiento del mundo mágico, conoceremos sus debilidades, y será más fácil exterminarlos cuando finalmente tengamos la rosa en nuestro poder.

-Viéndolo desde ese punto, no es tan mala idea- se quedo pensativo unos segundos, cuestionándose si sería un buen movimiento aceptar el trato o no- ¿Le dijiste al tal Voldemort que nosotros no tenemos la rosa, verdad?

Althos negó con la cabeza.

-¡¿Estás loco?! ¡¿Como no pudiste decirle algo tan importante?!- su cara casi rajándose de la incredulidad.

-Tal vez el hombre pueda saber sobre lo que somos, pero no sabe lo que ha sucedido solo en este reino- se levanto de su sillón, para servirse una copa de vino- Voldemort está convencido que la rosa esta en nuestro poder, pero se llevará una gran sorpresa cuando sepa la verdad- vacio la copa en su garganta y se rio a carcajadas.

-¿Cómo puedes estar riéndote de algo tan serio?- le reprocho golpeándole la mano, la copa rompiéndose en pedazos al chocar con el piso- ¿Tienes idea de lo que va a pasar cuando se entere?

-Vaya, vaya, y hace varios días tú eras él que decía que el mago no podría hacernos nada.

-Solamente estoy diciendo en cómo piensas hacer un trato cuando no tienes lo que se requiere para cumplirlo.

-Se lo diré después de que el trato se halla cerrado, le daremos una rosa falsa, y luego cuando se entere, no tendrá otra opción que ayudarnos a obtenerla.

-No estés alucinando cosas Althos, ese hombre no tiene la palabra estúpido en su cara- ¿Qué demonios se le estaba pasando por la cabeza?

-Mira Dan, no hay nada por lo cual preocuparse, con Voldemort a nuestro lado ya podemos entrar al tal Hogwarts ese, solo es cuestión de encontrarla y hacer que nos diga la verdadera ubicación de una vez. Le daremos una ubicación falsa al mago y luego cuando tenga la rosa, lo exterminare a él y a toda su clase. Es pan comido- sonrió triunfal, orgulloso de como predijo el desarrollo de las cosas.

-Tú sabes que eso no va a ser tan fácil como lo dices ¿Como estas tan seguro que no nos dará otra ubicación falsa como la ultima vez? además ¿Cómo es que aun sigue viva?

-Siempre fue difícil de matar, y esta vez tengo un as bajo la manga, no me fallará- volvió al balcón, al menos lo inútiles ya habían terminado la mitad de la muralla, aun faltaba parte de la plaza y del quinto sector.

-No te confíes Althos, esa niña es astuta cuando quiere serlo. Si ha estado escondida en una escuela de magos debe ser por algo, ella nunca hace las cosas sin una razón- lo miro desde el interior, preocupado por como su amigo veía las cosas, no podían asegurar nada. El tal Voldemort no tenía cara de ser un ingenuo, y la pequeña tampoco se los pondría tan fácil, nada estaba previsto.

-Ya verás Dan, vamos a ganar- lo miro por encima del hombro, altivo y convencido- Así es como deben ser las cosas.

-Solamente estoy advirtiéndote, esta es una situación impredecible, no podemos confiarnos de nada, piensa bien lo que dices- salió por la pequeña puerta y bajo las escaleras a paso rápido.

Eso mismo le había dicho hacia cuarenta y dos años, y las cosas salieron totalmente contrarias a lo esperado. Ahora había más personas de por medio, no podían darse el lujo de pensar en lo que harian al ganar, había que pensar muy bien en el presente y lo que sucedia en este, un acción errónea podía costarles tantos siglos de trabajo.

Solo faltaban dos días para dar la respuesta, Althos tenía que recapacitar, debía hacerlo.