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Historia 40627 — capítulo 7

**Capítulo 6:**Moviendo las piezas   

La noche ya llegaba a su fin, las pocas luces encendidas en las calles evitaban que la cuidad quedara sumida en las sombras, muchos ya se encontraban en sus camas bajo varias capas de sabanas por el frío que hacía, el castillo, ubicado en los límites de la ciudad, no era más que una gran macha negra, las luces apagadas, excepto una en el área este, donde dos hombres discutían lo más callado posible.  

-Sabes Althos antes de ser mi Señor, eres mi amigo, deberías descansar un rato- le dijo verdaderamente preocupado, desde que se entero que la pequeña seguía viva, dormía muy poco, comía esa "comida rápida" como le llamaban los humanos, y apestaba, aunque estuvieran a seis metros de distancia, el olor simplemente era insoportable.

-¡Como quieres que duerma sabiendo que esa mocosa esta tan cerca, y simplemente no puedo ponerle las manos encima porque no somos unos malditos magos!- la copa de vino que sostenía se hizo añicos, cortándole la mano.

-Ves, necesitas descansar, vamos, a dormir- se acercó y le toco delicadamente el hombro, pero fue alejado al instante.

-¿Estas ordenándome que vaya a dormir?- espeto entredientes, la rabia aumentando a cada segundo.

-No, estoy pidiéndote que vayas a dormir- lo empujo hacia delante por la espalda, llevándolo todo el camino hacia su dormitorio.

Después de convencerlo de que debía darse un baño antes de dormir y de que se acostara en la cama, se encontraba sentado en una silla obstaculizando la puerta, varias veces se lo había encontrado dormido en su estudio luego de que lo dejara en su dormitorio, esta vez no se escurriría.

-¿Que es lo que tanto esperas ahí?- se sentó en la cama, mirándolo con los brazos cruzados.

-A que te duermas de una buena vez- le dijo sin sonar grosero.

-Pues te quedaras esperando toda la noche- se volvió acostar y subió las sabanas hasta el cuello, pero no cerró los ojos.

Pasaron cerca de dos horas, el reloj del centro de la cuidad toco las doce campanadas, ya era 2 de Octubre y Althos seguía sin dormir, se la había pasado moviéndose en la cama, las sabanas tiradas en el piso y él con todo el cuerpo desparramado sobre el suave colchón.

-¿Es que no piensas siquiera dormir una hora? Tal vez podamos pasar ocho días sin dormir pero tú ya llevas casi dos semanas y tu cortada todavía no ha sanado, estas muy débil, duérmete ya.

-No podre dormir hasta que no aclare las dudas en mi cabeza- se sentó en el borde de la cama apoyando sus manos en las rodillas y la cabeza gacha.

-Entonces cuéntame y luego veremos si puedo ayudarte a aclararlas- tomo la silla y se sentó más cerca a él, el pecho pegado al respaldo, atento a escuchar lo que pasaba por su cabeza, Althos era un hombre muy reservado, solo pedía ayuda cuando lo consideraba conveniente, lo que fuera que lo tenía así debía ser muy grande.

-¿Recuerdas al mago que entro aquí hace dos días?

-¡Como no hacerlo! no todos los días se ve a alguien sin nariz y con aspecto de serpiente- el escándalo que formo se pudo escuchar hasta Gaervo, el hombre fue algo difícil de atrapar pero cuando los miembros de la familia Castus llegaron, simplemente se detuvo y demando hablar con Althos en privado. Como su mejor amigo y mano derecha, le insistió en que no lo hiciera, pero él, como el terco que es, accedió a hablar con el mago que se atrevió a invadir su reino.

-Lo sabe- lo miro directo a los ojos.

-¿Saber qué Althos? se más específico- a veces era tan misterioso, que lo que él creía que era lo que decía, terminaba siendo otra totalmente diferente.

-Todo Dan, todo, lo que somos, lo que guardamos- se paso las manos por la cabeza varias veces sin todavía creer sus propias palabras.

-Eso no puede ser posible...- se levanto lentamente de la silla con los ojos abiertos de la confusión- ¡Se supone que nosotros no existimos Althos! todo archivo que hable sobre lo que somos ha sido quemado, destruido ¡El no puede saberlo! ¡Es simplemente imposible! ¡Imposible!

-Pero si es así amigo mío, vino aquí por la rosa, trate de convérselo de que estaba equivocado, pero me dijo todo lo que sabía sobre nosotros y la rosa- el largo cabello de Dan se movía junto con él mientras caminaba de un lado a otro en el dormitorio con las manos en la cabeza y maldiciendo- Quiere un trato, a cambio de la rosa, el nos permitirá acabar con toda la humanidad y conquistar el mundo junto a él.

-¡No puedes aceptar ese trato! ¡Tú sabes el poder que esa cosa tiene! ¡Si alguien va ser el dueño de este putrefacto mundo somos nosotros y nadie más!- El pequeño espejo que decoraba la empapelada pared se rompió por la fuerza del puño de frustración que libero Dan contra ella, llevándose también parte de esta.  

-¡Por supuesto que no lo voy a aceptar! ¡No voy a darle a un hombre que se hace llamar Lord Voldemort algo tan poderoso como para que pueda acabar con nosotros!- ¿acaso lo creía tan idiota como para planear su propia muerte?

-¿Y si no aceptamos?- preguntó mientras las cortadas en su nudillos se cerraban lentamente hasta que la blanquecina piel volvió a ser perfecta.

-Nos exterminará- dijo serio pero su amigo solo se echo a reír.

-¡Si claro! Somos muy resistentes a sus hechizos, solo en sus sueños lo lograría- tal vez el mago pudo contra veinticinco de su clase al mismo tiempo y eso lo hizo con un visible esfuerzo ¿ahora enfrentarse con un ejército de casi quince mil? tenía que estar demente.

-Tienes razón en eso, pero recuerda que hay un hechizo al que no podemos sobrevivir- la risa ceso y solo quedo el silencio.

-Para eso están los iluminados.

-Pero si usan demasiado ese poder se volverán simplemente inservibles y un estorbo más.

El silencio volvió a apoderarse del lugar, se miraban a los ojos, pensando en lo que debían hacer, en cómo salir de esa situación.

-¿Cuánto tiempo te dio para pensarlo?

-Tenemos hasta el 12 de este mes para dar nuestra respuesta- solo trece días, solo trece malditos días-¿Cuando llega Trucido?- esa mujer se estaba tardando demasiado con una simple misión de búsqueda y destrucción, tenía que llegar antes de que el plazo se acabara.

-Lamento decirte esto amigo mío, pero esa malcriada no vendrá hasta final de mes- pasaron unos segundos antes de que los gritos de su Señor le hicieran taparse los oídos.

-¡COMO QUE A FINAL DE MES! ¡PORQUE NO ME HABIAS DICHO NADA INUTIL! ¡¿QUIEN SE CREE QUE ES ESA HIJA DE PUTA?!- la silla en que la que unos minutos antes se había sentado, salió disparada por una patada, chocando contra la puerta y abriéndola de par en par, pedazos de madera volando en el aire.

-¡Oh, pero claro que te lo dije! te deje la carta en tu estudio pero como estabas muy ocupado buscando la forma de entrar a esa escuela de herejes ¡No la viste!- Althos podía tratarlo como quisiera, insultarlo, pero no podía llamarlo inútil, gracias a él era que estaba donde se encontraba hoy.

-¿Cual carta? ¡Tengo que verla!- corrió de regresó a su estudio y rebuscó entre todos los papeles regados, hasta que la encontró, una simple y blanca carta hecha de papel pergamino con el sello roto. Tiro el sobre lejos y leyó la carta rápidamente.

¡Les dije que me asignaran una misión digna de mi rango! ¡Dijiste que te asegurarías que así fuera! ¡Pero no! ¡Tenias que dejar que me mandaran a perseguir a esa basura, a esa porquería que dice ser como nosotros! Me voy de vacaciones por este irrespeto. Llegaré hasta final del mes y me llevo a mi escuadrón conmigo, no voy a dejar que también los degraden. No me busques porque sabes que no me vas a encontrar. Nos vemos en tres semanas.

Arrugó el papel con rabia, esa niña, justo cuando más la necesitaba decidía irse, había personas más calificadas para el trabajo, pero Trucido sabría controlar mejor la situación que todos ellos, la única razón por la que no la subían de rango era por su arrogancia, si llegaba al primero, nadie podría aguantársela.

-Genial, lo que faltaba, el bueno para nada de Nathaniel aun no encuentra la forma de entrar y ahora Trucido se va a quien sabe donde- se dejo caer pesadamente sobre su sillón, con la cabeza palpitándole del dolor.

-Cuarenta y dos años Dan, cuarenta y dos años creyendo que estaba muerta, cuarenta y dos años creyendo que ya no podría ser mío, pero justo cuando finalmente descubro que está viva, todo se voltea en mi contra- golpeo la madera en frustración hundiéndola un poco- y ahora un mago llega demandándola como si fuera de él y me amenaza con exterminarnos si no se la doy, no puedo dejar que eso pase, va ser mía y solo mía, este mundo pagara por todo lo que me hizo a mí, a ti y a este reino, nosotros somos el pueblo predilecto, no ellos, ellos deben ser los exterminados, no nosotros- miro a su amigo en la puerta, arrecostado al marco, sonriendo de medio lado.

-¿Y qué vamos a hacer entonces?

-Si para el 12 de Octubre Nathaniel no ha encontrado la manera de entrar, me temo que tendremos que aceptar el trato- el hombre de cabello largo abrió la boca para de nuevo hacerle ver su error pero el otro lo callo antes de que hablara- Pero pondremos unas condiciones.

-¿Qué tipo de condiciones?- Althos era un hombre muy inteligente, sabía que acceder al trato de ese hereje seria suicidio, si el hombre quería un trato debían dejar varias cosas claras.

-Todavía tenemos once días más para pensarlo, por ahora, vamos a dormir- se levantó de su sillón y camino de regreso a su dormitorio.

-Si, a dormir, por ahora- tomaron caminos contrarios, cada uno hacia su lugar de descanso, compartiendo el mismo pensamiento, con el mismo objetivo, la misma ambición, la misma sed de venganza.

Harry ya había terminado su almuerzo cuando una chica de Ravenclaw le dijo que el director deseaba hablar con él, caminaba apresurado hacia el despacho, de seguro le tenía noticias sobre lo sucedido con Hermione y Hogsmeade, trató de hablar con él poco después de que llegaron del ataque, pero el hombre simplemente había desaparecido del castillo a Merlín sabe dónde, fuera que lo llamara para eso u otra cosa, no saldría hasta aclarar sus dudas.

Sentía un vacio grande sin Hermione esos días, y ahora tampoco podía visitarla, Madame Pomfrey decidió no permitirlo luego de enterarse de que la joven de ojos marrones se movía demasiado cuando ellos llegaban a visitarla. Al menos así podría recuperarse más rápido, el hecho de que sus heridas volvieran a abrirse hicieron el proceso de recuperación más lento, incluso con la magia.Habían considerado mandarla a San Mungo pero Pomfrey se rehusó a ello, ella era la enfermera del castillo, y por lo tanto quería cumplir con su deber hasta el máximo de sus habilidades.

Encontró la escalera de caracol ya descubierta, se extraño de verlo así, subió los escalones y abrió la puerta recibiendo una cálida bienvenida.

-¡Harry, ya llegaste! Ven aquí quiero presentarte a alguien- Dumbledore estaba de pie al lado de un hombre un poco gordo y viejo.

-Este es Horace Slughorn, será el nuevo profesor de pociones- los ojos se le abrieron de la incredulidad ¿nuevo profesor de pociones? ¿Qué pasaría con Snape? ¿Lo habían despedido? ¿Se jubilaba antes de tiempo?

-Un gusto conocerle joven Potter, no sabe todo lo que he escuchado sobre usted- le saludo muy cordial y con un apretón de manos.

-Gusto en conocerlo a usted también profesor Slughorn.

-¡Oh no! solo dime Horace, no hay necesidad de tanta formalidad- le sonrió ampliamente, parecía un hombre muy amable.

-Ahora si me disculpan, voy a poner mis cosas en mi nuevo despacho ¡Hablamos luego Albus!- su ondeante mano desapareció por detrás de la puerta, dejando a profesor y alumno solos.

-¿Para qué me ha llamado director?- le preguntó luego de que el anciano se sentara en la silla de su escritorio.

-¡Oh si! me dijiste que te informará lo que averiguara sobre lo que paso con la Señorita Granger.

-¿Ya sabe algo?- se sentó rápidamente en la silla, atento a todo lo que el director le dijera.

-Pues veras Harry, la Señorita Granger llegó a la enfermería no por algún ataque sino por una falla la barrera que rodea esa área, unos estudiantes de tercer año se pusieron a experimentar hechizos cerca y por la falta de técnica, la barrera atacó a la Señorita Granger como si fuera una intrusa, dejándola en ese estado.

-¿Y cómo es eso posible Señor?- sabia que la barrera de Hogwarts no permitía que los muggles lograran verlos y mantenía a la raya a los intrusos, no que también atacara.

-La barrera de Hogwarts no solo sirve para evitar que los muggles nos vean y entren Harry, cuando alguien que no ha estado en el castillo alguna vez, no ha sido invitado o se infiltra, toma un modo ofensivo, causando heridas como las que la Señorita Granger sufrió, los responsables ya fueron severamente castigados.  

-Que bueno saberlo director- malditos niños que se creen superiores, de seguro pertenecían a Slytherin, pero por lo menos nadie se había infiltrado en el castillo, eso era un alivio grande, pero aun quedaba la incógnita con respecto a Snape y la salida Hogsmeade-¿Y qué sucedió con el profesor Snape?

-Nuestra querida jovencita no le hizo nada, Snape se intoxicó con los aromas de una mezcla de pociones que lo dejaron en un estado muy sensible, por eso un simple manotón causo tanto daño, no hay nada de qué preocuparse- algún día tenía que pasar, las cosas en exceso siempre son malas, tal vez eso le enseñaría a no ser tan antisocial y reservado.

-¿Y lo que sucedió en Hogsmeade? ¿Sabe qué clase de criatura fue la que nos atacó? ¿Son hombres lobo de sangre pura como dijeron en El Profeta?

-Todavía no se con exactitud que son, pero el Ministerio ha determinado que no son hombres lobo de ninguna clase, ahora Harry quiero pedirte un favor- se inclino en su escritorio y lo miro directo a los ojos.

-¿Que es Señor?

-Quiero que te vuelvas muy cercano a Horace, trata de ganarte mucha de su confianza, no será muy difícil, pero necesito que lo hagas.

-¿Y para que Señor?- ¿Que obtendría ganando la confianza al hombre? ¿Tendría algo que Dumbledore quería?

-Ahora mismo no puedo darte los detalles, pero solo prométeme que lo harás- su mirada se endureció cuando le pidió una explicación.

-Lo prometo- los ojos azules se suavizaron y volvieron a la misma alegría de todos los días.

-¡Excelente! Ahora vete, disfruta de lo que queda de tu receso.

Harry se levantó de su silla preguntándose lo que Dumbledore pretendía lograr con que se volviera cercano al profesor Horace, pero no podía ser algo malo, Dumbledore no haría nada para poner su vida en peligro, debía ser algo bueno, algo beneficioso, cerró la puerta detrás de sí, pensando en lo que haría para ganarse la confianza del hombre, y en qué pasaría con Snape si ya no tenía el puesto de profesor de pociones.

Tom Riddle, mejor conocido como Lord Voldemort, se encontraba en su habitación, mirando detenidamente el reloj de arena que puso a correr desde el momento en que entro a ese lugar. Habia sido difícil, la barrera puesta era incluso más fuerte que la de Hogwarts, invisible para los humanos, pero Voldemort se consideraba a si mismo más que un simple humano. Él era superior, estaba destinado a serlo, destinado a la grandeza, a la inmortalidad, al poder infinito, y luego de tantos años de búsqueda y pruebas de su existencia, lo había encontrado.

El hombre llamado Althos no tendría otra opción más que aceptar, eran enemigos, pero cuando no puedes con tu enemigo tienes que unírtele, y eso es lo que pasaría, así seria, no había nadie más poderoso que él en el mundo, nadie más. Todos tendrían que unírsele, la exterminación ya estaba cerca, todo el que deseaba sobrevivir necesitaría la marca, solo la marca los podría salvar, y nada más. No tendría piedad, magos, muggles, criaturas mágicas, todos se rendirían ante él, cuando estuviera en sus manos, seria invencible, la rosa estaba destinada a ser suya, solo suya.