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Undiscovered — capítulo 1

"Welcome to / Bienvenido a Taking the good stuff down off of the shelf / sacar las cosas buenas de la repisa And welcome to / y bienvenido a The art of conversation with yourself" / el arte de hablar contigo mismo

- Ani Difranco

El rumor de que cuatro o seis extranjeros -el número variaba según la fuente de la información- llegarían al colegio se había esparcido como pólvora entre los alumnos del Southwest College. Era el primer día de clases y decenas de estudiantes se reunían en las afueras del establecimiento para posteriormente entrar y comenzar un nuevo año escolar con emoción y ganas de adquirir conocimiento (o tal vez no). Charlaban, reían, contaban anécdotas… y aunque cada grupo pareciera inmerso en sus propios temas, el asunto era uno, en general: los "nuevos". Todos esperaban con ansias su llegada, claro… ¿Cómo serían? ¿Hombres o mujeres? ¿Europeos, americanos? De cuando en cuando observaban las esquinas en busca de cabelleras de color claro o personas en uniforme completamente desconocidas.

Catherine Massey se había levantado tarde, cosa que nunca pasaba. Se había duchado fugazmente, no había alcanzado a secarse el cabello ni mucho menos a tomar desayuno, lo que encendió la mecha de su mal humor. Cuando no podía desayunar cargaba con pésimo humor durante el día, 'nadie puede quitarme mi hora de comer preferida'. Su madre le entregó una manzana pequeña que la chica arrojó en un basurero mientras caminaba a la parada de buses. Se detuvo en una esquina para acomodarse la camisa que había abotonado mal y aprovechar de sacar el dinero para el pasaje. Cuando estuvo lista para cruzar, dos cuadras más allá de su hogar, escuchó el ruido seco de una puerta cerrándose de golpe, el sonido de un encendedor a lo lejos y unas cuantas risas. Se volteó, interesada y jactándose mentalmente de su buen oído, y divisó tres casas más atrás a un grupo de cinco personas vistiendo el mismo uniforme que ella. Frunció el ceño, intrigada, forzando la vista para averiguar si esos cinco jóvenes habían asistido a su colegio años anteriores, pero no obtuvo ningún resultado satisfactorio gracias a su mala visión de lejos. Dio una mirada fugaz a la única chica del grupo antes de recordar que llegaba tarde y que debía apresurarse para tomar el bus.

Cuando llegó a la esquina de la calle del colegio notó que en el portón de entrada se amontonaba una multitud de estudiantes, entre padres acongojados y niños somnolientos. Divisó entre un grupo de chicas chillonas a su mejor amiga, Lucy, que la llamaba por su nombre intentando pasar a la muchedumbre.

-¡Eh, Cath! -la aludida le tendió la mano, riendo por su expresión.- Oh, gracias. Jeez, todos los años es lo mismo…

-¡A que no adivinas lo que vi!

-¿Una nave especial aterrizando en tu patio?

-No.

-¿Superman?

-Eh… no.

-¡Batman! ¡Vamos, te encanta Batman!

-¡No!

-Ya sé, ¡Mr. Darcy se apareció por la puerta de tu armario!

-No, ya, déjalo ahí… -sonrió- No, nada de eso. Cuando iba a cruzar a tomar el bus escuché ruidos, y tú sabes que nunca escuchas ruidosa las siete cuarenta en mi calle, entonces me di vuelta para ver qué pasaba… Y, ¡oh, Elvis!, había cinco personas con nuestro uniforme afuera de una casa. Y lo interesante: estoy casi completamente segura de que el año pasado no estaban acá.

-¡Catherine Elizabeth Lydia! -exclamó Lucy- ¡Viste a los nuevos!

-¿Qué?

-Cierto, no lo sabes, no estabas en la ciudad… Se dice que llegó gente nueva, extranjeros… ¡Ellos, los que viste!

-Bueno, eso explicaría el pelo extremadamente rubio de uno y la estatura de… todos.

-¿Cómo eran? ¿Lindos? ¿Hombres? ¿Tontos? ¿Raros?

-Cálmate, no los vi bien, sabes que no veo bien de lejos… como dije, eran todos altos y había una mujer de pelo rizado, un hombre muy alto, otro de lentes, el rubio que mencioné y uno alto y… ¿musculoso?

-¡Wow! Va a ser interesante verlos… -se colaron por detrás de un grupo de alumnos menores y consiguieron entrar al colegio.

-No te emociones, Luce. No los conoceremos, nunca conocemos a nadie.

-Hey, mi capacidad de sociabilizar ha aumentado, ¿ok? Además, somos amigas de Thomas Grey…

-¿Y eso qué?

-Thom tiene la extraña habilidad de atraer a las masas…

-Me da risa cuando dices eso, es tan extraño… ¿No has visto a Sofía?

-He estado contigo todo el tiempo, Cath.

Se dirigieron a unas bancas de madera ubicadas en un extremo de la cancha de basketball, para comentar el verano y comunicarse mutuamente esperanzas para el año que comenzaba.

Cuando se dignó a salir de la cama descubrió, alarmado, que sólo tenía quince minutos para estar listo y llegar a tiempo al colegio. Camino al baño maldijo sin piedad a sus compañeros de casa por no haberlo despertado, aunque no los culpaba pues tan solo los conocía desde hacía veinticuatro horas. Ducha rápida, la ropa y un sorbo a la leche que probablemente alguno de los demás habitantes de la casa había dejado encima de la mesa de la cocina. Tomó su bolso gastado, la cajetilla de cigarros y montó la patineta rumbo al Southwest College. Odiaba llegar tarde al primer día de clases, más aun si en esa ocasión se trataba de un colegio extranjero, en otro país. Hizo que su skate tomara más velocidad, agradeciendo al cielo que no hubiese tanto tráfico como en Bristol, aunque no sirvió realmente de mucho. Cuando llegó al colegio descubrió que el portón principal estaba cerrado, por lo que tuvo que tomar el camino a la puerta de profesores e ingresar lo más sigilosamente posible.

-¡McLair! -la aguda voz de la inspectora Leyton, que había conocido el día anterior, le indicó que había tomado la decisión correcta al entrar por la puerta de docentes. Acomodó la patineta bajo su brazo y se acercó a ella.- Buenos días, hijo. Llegas unos cuantos minutitos tarde, espero no se vuelva a repetir… Llegas justo a tiempo para ir a formarte con tus otros compañeros.

Había guardado las esperanzas de que no tuviera que formarse en el patio del establecimiento junto a los demás alumnos, conciente de que por ser nuevo, estar con un grupo de gente llamativa y además ser levementealto llamaría definitivamente la atención, cosa que Freddie McLair odiaba. Ms. Leyton le indicó qué fila debía ir a integrar junto a dos de sus compañeros de casa -por suerte los que más parecía iban a agradarle-, para luego comunicarle que el skate debía quedar en dirección hasta el fin de la jornada.

El chico rubio que lo había intentado integrar la noche anterior en casa se le acercó, sonriendo, y le pidió disculpas por no haberlo despertado esa mañana. Freddie le restó importancia al asunto -recordó que el nombre del rubio era Maxxie- y preguntó cuál era el grado en el que estarían.

-En la fila hay más muchachas que chicos, es notorio, según la inspectora.

-¿Ese? -señaló una fila en la que unos 10 chicos se erguíanun lado de más de 20 mujeres.

-Sí, ese.

Freddie notó que todas las miradas del lugar estaban puestas en ellos, y que un curioso murmullo se extendía por el patio del colegio. Se ubicó al final de la hilera, atrás de Maxxie, e introdujo las manos en los bolsillos mirando con interés una pileta de agua que se hallaba en una esquina del terreno. Cuando sintió en el bolsillo de su pantalón la cajetilla de cigarros y miró a su alrededor buscando un lugar 'al aire libre' descubrió, un poco abatido, que no podría fumar tanto como desearía.