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Undiscovered — capítulo 8
" Psychological confusion / La confusión psicológica Is caused by the inability / Es causada por la incapacidad To reconcile different elements / Para conciliar diferentes elementos In my own pesonality " / En mi propia personalidad
-Blaze Bayley
Lo primero que hacía Roger al abrir los ojos cada mañana era recordar dónde estaba y porqué estaba allí. Llevaba poco más de un mes lejos de casa y extrañaba muchas cosas, pero ya se había acostumbrado a las clases en el nuevo colegio, a los hechos interesantes que ocurrían en casa con todos esos chicos de personalidades tan diferentes y al nuevo grupo de personas con las que pasaba casi todo su tiempo libre. Cada día a eso de las siete recibía un llamado de su madre desde Inglaterra -y consideraba que era extraño por parte de ella, dado que en horario británico debían de ser las doce de la noche o algo así-, en el que normalmente le preguntaba cómo iban las cosas y si había tenido algún avance con su primo. Él, como siempre, contestaba que todo iba bien y que Freddie parecía no querer cooperar, que el carácter que mostraba frente a él era exactamente el mismo que había presenciado hacía años. Luego del llamado, generalmente se levantaba a abrir la ventana de la habitación y agradecía mentalmente a la dueña de casa por tener tantos cuartos disponibles -cada uno de ellos tenía un espacio propio-; buscaba el uniforme del colegio y, como siempre era el primero en levantarse, avanzaba tranquilamente al baño del segundo piso para darse una ducha rápida. Sin embargo, esa mañana de sábado -día en el que, a propósito, él y sus compañeros debían asistir al colegio a las ocho para sus clases de español con su respectiva traductora- todo fue diferente. En primer lugar, su madre no lo llamó a las siete de la mañana y recordó que la mañana anterior le había contestado levementealterado; olvidó abrir las ventanas y cuando se dirigió al baño descubrió que Michelle, por casualidades de la vida, se había levantado antes que él. Decidió ir a desayunar antes de ducharse, ya que tenía tiempo de sobra y no era necesario que llegara puntual para estudiar con su compañera. Cuando llegó a la cocina encontró a Sid y a Tony discutiendo por quién sabe qué cosas, mientras Freddie, sentado encima de un mueble, los observaba interesando mordisqueando una tostada. A los pocos segundos de que Roger se sentara a la mesa a comer un poco de fruta, Maxxie entró al lugar tarareando una canción pegajosa que se había repetido constantemente en la fiesta de la noche anterior.
-Buenos días, gente -dijo el rubio, alegre, abriendo el fregadero para servirse un vaso de agua.- ¿Qué tal la pasaron anoche?
-Ha sido la peor fiesta a la que he asistido -respondió Freddie- A eso no se le puede llamar fiesta, en serio.
Roger notó que su primo parecía estar de muy buen humor esa mañana y añadió como nota mental el intentar hablar con él una vez más. Probablemente tendría que llamar a su madre para hacerle saber lo que había hecho y ella se alegraría al oír que su hijo sí se estaba esforzando para comunicarle a Freddie que estaba allí con buenas intenciones.
-Al menos lo intentan -señaló Michelle, ingresando a la cocina con una toalla en el cabello.- Pero sí, estuvo pésima.
-Quizás la próxima vez que el colegio haga una fiesta deberíamos hacer algo para mejorarla -inquirió Tony, dejando a Sid discutiendo consigo mismo.
-¡Eh, tú estás hablando conmigo!
-Creo que el tema ha quedado lo suficientemente claro, Sid.
-Te estoy pidiendo ayuda con una chica, necesitoconsejo.
-Yo puedo ayudarte -dijo la única fémina en el lugar, sonriendo-
-Gracias, Chelle.
Roger acabó con su fruta, hizo un comentario despectivo y breve acerca de la fiesta de la noche anterior y fue a ducharse, preguntándose porqué estaban todos en pie a esas horas -generalmente nunca se encontraban para desayunar, porque Sid o Freddie se quedaban dormidos o Tony y él se levantaban demasiado temprano. Comenzó a planear qué iba a decirle al chico, cómo sería más apropiado hacerle saber la verdad que escondía todo lo que él y su madre habían hecho a lo largo de los añosy si acaso era realmente adecuado decírselo todo en ese momento. Contrario a las recomendaciones de su progenitora acerca del cuidado que debía tener en revelarle la verdad, Roger pensaba que lo mejor era decirle todo de una vez y acabar con las reacciones paranoicas que el chico solía tener acerca de él.
Cuando los seis británicos se dirigieron a la parada de buses para irse juntos al colegio, Roger Thompson supo que ese día no sería tan normal como los anteriores.
La clase de español de ese sábado estaba resultando un verdadero desastre, especialmente para Catherine. La fiesta de la noche anterior había sido, al parecer, algo inusual para los ingleses, especialmente para Maxxie. El chico no dejaba de hacer comentarios acerca de la mala elección de música, de lo estúpido que había sido que hubiera profesores a modo de vigilantesy los rostros de entretención fingida que tenían los supuestos animadores del evento. Cath tuvo que pedirle más de una vez que se concentrara y que prestara atención a lo que decía, que dejara de tararear canciones o de menear la cabeza al ritmo de música inexistente. Sid, por su parte, parecía ausente y su mirada se perdía a menudo en algún punto fijo del aula en la que se hallaban; Freddie, además, parecía ansioso por discutir con la chica, pues cada vez que podía iba en contra de lo que decía o criticaba su forma de enseñarles su idioma. En cierto punto -exactamente cuando Maxxie comenzó a moverse casi parándose de su asiento, Sid no respondía a sus llamados y Freddie comenzaba otra discusión-, Catherine se puso de pie bruscamente, sobresaltando a los tres chicos, y se fue del aula sin dar ninguna explicación, completamente harta de estar perdiendo su tiempo con tres imbéciles que no tenían ningún interés por lo que estaba enseñando. Se dirigió a la cafetería en busca de alguna bebida para luego ir a sentarse a la pileta del colegio y descansar su mente, desligándose lo más rápido posible de los malos minutos gastados con esos tres ingleses. Cuando pasaba por uno de los pasillos del segundo piso luego de ir al baño a refrescarse, escuchó dos voces masculinas charlando acaloradamente en inglés y, con la intención de decirle a Freddie -porque esa voz pertenecía a él, indudablemente- que se fuera de esa aula, se acercó a la puerta, decidida. Se detuvo con la mano en el pomo al escuchar que la segunda voz era Roger e intrigada se quedó allí para escuchar la conversación, prometiéndose que nunca más oiría charlas ajenas.
-Deja de seguirme, imbécil.
-Si me escucharas una vez, por favor… De verdad lo intento, en serio…
-No quiero escucharte.
-¡Debes hacerlo!
-Si vuelves a hablarme del tema todos sabrán tu secreto, Thompson.
-¿Qué? ¿De qué hablas?
-Sabes perfectamente de lo que hablo…
-No lo harías, ¿verdad?
-Nada me detiene, primo.
-No, tú… No…
Catherine sintió que unas sillas se movían en el interior del aula y se sobresaltó, asustada. Corrió hacia los casilleros e intentó fingir que simplemente pasaba por allí, preguntándose, a la vez, a qué secreto se refería Freddie. El moreno salió enfurecido del lugar, sin siquiera percatarse de su presencia. La chica pudo ver entre la puerta semiabierta que Roger se apoyaba abrumado sobre un pupitre, al parecer respirando entrecortadamente y parpadeando con rapidez, como si le costara asimilar lo oído. Cath frunció el ceño, confundida, y continuó su camino barajando millones de posibilidades acerca del secreto que podía afectar tantoal fornido muchacho.
Sabía que su trato hacia Roger dejaba mucho que desear, y probablemente si su madre hubiese estado allí se lo habría reprochado y lo habría dejado sin el postre de la cena. Pero -punto uno- había crecido sin tener tacto hacia su primo y -punto dos- su madre no estaba allí. Ni en ningún lado.
Freddie descendió de la patineta con brusquedad y abrió la puerta de la casa con el juego de llaves que la dueña le había entregado el día de su llegada. Se limpió los pies en el tapete de la entrada e ingresó con el skate bajo el brazo, avisando que había llegado y que subiría a su habitación. Cuando puso un pie en los escalones, la voz de la mujer que los había acogido lo detuvo en seco avisándole que tenía un llamado desde Inglaterra. El muchacho frunció el ceño, confundido, y dejó su transporte al pie de la escalera para dirigirse a la cocina.
-¿Hola?
-¡Freds!
-¿Papá?
-¿Quién más, hijo? ¿Cómo va todo por allá?
-Tú no enviaste al idiota de mi primo a cuidarme, ¿verdad?
-Sabes que él y su madre nos persiguen desde… lo que pasó.
-Papá, no quiero hablar ahora.
-Vamos, gasté dinero en este estúpido llamado de larga distancia, quiero saber cómo va todo por allá.
-Bueno, existe el correo electrónico e Internet es mundial. Hasta luego, papá.
La dueña de casa lo observaba con curiosidad desde el fregadero. Freddie le sonrió y le agradeció por pasarle el llamado, avisando que iría al segundo piso y que no quería almorzar. Oyó que la puerta de entrada se abría de golpe y divisó a Roger ingresando al lugar, cabizbajo y con las manos en los bolsillos. Le sonrió cínicamente, tomó su patineta y subió las escaleras. Estaba completamente seguro de que su primo no volvería a molestarlo, pues lo tenía amenazado con algo que probablemente arruinaría la reputación que Roger había logrado forjarse en el poco tiempo que llevaban allí.