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Undiscovered — capítulo 12
"And everything around her is a silver pool of light / Y todo a su alrededor es una piscina plateada de luz The people who surround her feel the benefit of it / La gente que la rodea siente las ventajas It makes you calm / Te tranquiliza... She holds you captivated in her palm / Te tiene cautivada en la palma de su mano"
-KT Tunstall
Michelle observó a Catherine durante unos segundos y, luego de sonreír misteriosamente, se dirigió a su armario y comenzó a hurgar dentro de su ropa. La otra muchacha, sentada en la orilla de su cama, la miraba confundida al tiempo que Freddie se apoyaba en el umbral de la puerta, interesado en lo que estaba ocurriendo allí. Había sido idea suya el llevar a Cath con Michelle para que le diera alguna prenda adecuada para la cena que tenían en casa de Thom, pues estaba completamente seguro de que su compañera inglesa sería capaz de socorrer a la chica en aquella situación en particular.
-Creo que esto te quedará bien -dijo Michelle, en español, volteándose a ver a la muchacha con un vestido gris en la mano.- A mí me llega mucho más arriba de la rodilla, a ti te quedará perfecto -añadió, haciendo referencia a sus respectivas estaturas.
Catherine se removió con incomodidad en su puesto y dirigió una mirada dubitativa a la prenda que la inglesa sostenía. Se puso de pie, rezongando, y dándole las gracias se dirigió al baño para cambiarse.
-¿Por qué la trajiste acá? -inquirió Michelle, acercándose al sofá del cuarto,mientras hacía una seña a Freddie para que tomara asiento en la cama.
-Para que le prestaras ropa, ¿no es obvio? Eras la única que podía hacer eso. Dijo que sus amigas ya estaban en casa de Thomas.
-No, Freds, lo que quiero decir es… ¿Por qué te tomaste la molestia de ayudarla? Se supone que te cae mal y todo eso, siempre estás molestándola y burlándote de ella… ¿por qué ayudarla?
-Eh… no lo sé, ella… se veía desesperada, ¿cómo iba a dejarla en el parque así? -respondió él, desviando la mirada.
-A mí me parece que es otra cosa -dijo la chica, sonriendo- Creo que… te gusta.
-Michelle, no digas estupideces -rió.
Ella lo miró divertida y se incorporó cuando escuchó que Cath la llamaba desde el baño, dejando en su cuarto a un skater inglés confundido y algo nervioso.
-¡Llegaron! -exclamó Sofía, nerviosa, asomándose por uno de los ventanales del primer piso de la casa de su mejor amigo- ¡Thom, avísale a tus padres que llegaron! ¡Oh! Y esa es… ¿¡Cath!? Pero qué le han hecho…
Thomas hizo caso omiso de la recomendación de Sofía y corrió junto a Lucy a la puerta para ver a qué se refería la muchacha con lo que había dicho de Cath. Lo primero que pudieron contemplar desde sus posiciones fue a la imponente figura de Tony usando un traje negro. Llevaba de la mano a su novia, que lucía perfecta con un vestido casual de color morado. Un poco más atrás, Sid, Freddie y Roger avanzaban con la vista fija en el piso, sin aparentes intenciones de querer hablar; el chico de lentes usaba un traje similar al de Tony, apegándose a aquella apariencia algo desaliñada que le caracterizaba, mientras que el skater sólo llevaba unos pantalones de tela con una chaqueta formal encima de una camiseta azul y Roger tenía unos jeans que había logrado combinar con un blazer negro, perteneciente a Tony.
-Parecen pareja -murmuró Sofía, con un tono que sus dos amigos no supieron si calificar de 'celoso', 'resentido' ó 'molesto'. Sus ojos estaban fijos en Catherine, que se aferraba con fuerza y cierto temor al brazo de Maxxie.
-Sí -dijo Thomas- Y nunca había visto a Cath con vestido. Se ve…
-Femenina -completó Lucy, orgullosa.
La madre de Thomas abrió la puerta y una ola de saludos inundó el primer piso de la casa. Los chicos que habían estado mirando por la ventana se apresuraron en ir a recibir a sus compañeros, depositando su atención en Catherine, que los miraba asustada y probablemente con ganas de correr despavorida al cuarto de su amigo a ponerse algo más ella.
-Buen trabajo, Chelle -susurró Tony al oído de su novia mientras la dueña de casa los hacía pasar al comedor- Cath está irreconocible.
-No hice mucho, en realidad…
-Oh, no seas modesta, eres un genio -Michelle sonrió.
Michelle parecía ser perfecta. Ya había captado la atención de los padres de Thomas, que elogiaron su vestido y le dedicaron unos cuantos 'piropos' a medida que avanzaba la cena, destacando su sentido del humor encantador y la perspicacia que destilaba con sus comentarios. No era la chica más inteligente, pero siempre hallaba comentarios acertados yera ciertamente encantadora, además de bonita, por supuesto. Tony no se le quedaba atrás. A pesar de que su humor resultaba ser extraño en ocasiones y su sonrisa casi siempre perturbaba a las personas, la mayoría terminaba elogiándolo de la misma manera que a su novia, especialmente adultos como los que estaban a la mesa en aquellos momentos.
Durante la cena los elogios por parte de los padres de Thomas no dejaron de fluir. Además de dirigirse con extremada cortesía a Michelle y Tony, no dejaron de notar el gran cambio de imagen que presentaba Cath, el indiscutible sentido de la moda de Maxxie, la tierna timidezde Freddie (y Cath no pudo reprimir una pequeña risita al oír eso, que sin embargo fue disimulada con una tos repentina), la respetuosa relación que parecían llevar Lucy y Sid y, claro, el indiscutible atractivo de Roger.
-Son todos muy encantadores -concluyó el señor Grey, mientras unas criadas retiraban los platos de la mesa- Muchísimas gracias por acompañarnos en esta cena, ha sido un placer. Ahora pueden pasar al salón de juegos o… al jardín, como quieran.
Los ingleses intercambiaron miradas confundidas al escuchar que había un salón de juegos en aquel lugar. Thomas carraspeó incómodo y diciendo 'permiso' se levantó de la mesa para que los demás lo imitaran, consciente de que el salón de juegos era una de las tantas habitaciones que cerraba cuando hacía alguna fiesta.
-Síganme -dijo, alzando la voz para que todos pudieran escucharlo.
Se dirigió a una puerta ubicada cerca de la cocina y dejó que los demás pasaran antes que él, mientras le pedía a Sofía que encendiera las luces. Era una habitación excesivamente grande, con una mesa de pool en medio, unos cuantos muebles con trofeos, sofás de cuero por doquier y, cómo no, dos mesas redondas en las que, al parecer, se jugaba póquer o algún juego de cartas.
-¿Cómo es que no conocíamos este cuarto? -preguntó Roger, observando con curiosidad una de las vitrinas de trofeos.
-Thom lo cierra cuando hace fiestas -le susurró Sofía, a su lado- No recuerdo haber estado acá antes.
-¿Quién quiere jugar pool? -preguntó Michelle, emocionada, acercándose a la mesa. Maxxie la miró divertido y se acercó casi inmediatamente, seguido de Thomas, Roger, Lucy y Sid.
Tony se sentó en uno de los sillones y llamó a Sofía, que charlaba animadamente con Cath en el otro extremo de la habitación. Freddie se acercó a ella, le dedicó un par de burlas relacionadas con su vestimenta y, tal como había hecho esa tarde en el parque de skaters, logró sacarla de sus casillas; lo empujó con fuerza y salió del lugar hecha una furia, avisando que estaría en el cuarto de Thom. Michelle se acercó al británico con una mueca de reproche y lo golpeó suavemente mientras lo regañaba por mantener ese comportamiento con ella, añadiendo que aun creía que gustaba de ella (y por suerte nadie más escuchó eso último, claro).
-¿El plan sigue en marcha? -Le preguntó Tony a Sofía, inclinándose hacia ella para que nadie lograra escuchar lo que el decía.
-Por mi parte sí, pero si quieres retirarte…
-No, quiero ayudarte -sonrió- Maxxie siempre ha sentido celos hacia mí y se nota que se siente atraído por ti. Es una buena idea intentar darle celos conmigo.
-¿Estás seguro que Michelle está de acuerdo? -inquirió la chica, nerviosa, mirando de reojo a la novia del británico que mantenía una discusión con Maxxie probablemente relacionada con algo del juego.
-Claro que lo está, somos una pareja moderna. Y, claro, le encanta juntar a las personas y tú y Maxxie no pueden ser la excepción. Además sabe que la mejor manera de hacer que él acepte lo que siente es que note cierto interés de tu parte hacia mí…
Sofía sonrió. De pronto los ojos azules de Tony le parecieron terroríficamente familiares, y el recuerdo de su primera noche de fiesta se le vino a la mente a una velocidad increíble. La mirada de Tony era exactamente igual a la del sujeto que la había besado en la fiesta de Thomas, jamás podría olvidarlo… ¿cómo no lo había notado antes?
-Tony… -comenzó, alarmada.
-¿Sí? -le dirigió una mirada inocente y le tendió la mano- ¿Por qué no vamos a otro lugar? Aquí hace mucho ruido…
Súbitamente, el plan para darle celos a Maxxie comenzaba a resultarle extrañamente retorcido e ilógico. Pero no tenía más opción que tomar la mano que el británico le ofrecía y seguirlo escaleras arriba, probablemente al cuarto de invitados.
-Freds, ¿no quieres jugar? -exclamó Thomas, haciéndose escuchar por encima de los vítores de sus compañeros. El aludido le dirigió una mirada asesina a Roger, que celebraba quién sabe qué cosa, y sacudió la cabeza mientras se sentaba en el sillón más cercano.
-Deberías organizar estas cenas más seguido, Thom -dijo Roger, emocionado.
-Pero sin traje, ¿está bien? -añadió Maxxie.
-Sí, está resultando entretenido… -acotó Lucy- pero por el bien de Cath, será mejor que dejes los trajes formales para otras cosas.
-Eh, ¿dónde está Tony? -preguntó Sid, mirando a su alrededor. Su novia, a su lado, dejó de pensar en la incomodidad de Cath y reparó además en la ausencia de Sofía. mientras su cerebro comenzaba a trabajar a mil por hora. Miró a Thomas, alarmada, y pronto supieron que algo malo estaba a punto de suceder.
-Estaba allí con Sofía -respondió Maxxie, despreocupado, intentando seguir con el juego.
Michelle tuvo la sensación de que su propio corazón corría peligro. Una vez más. Dejá vu, o algo así… Sintió que una pesadilla que creía pasada volvía a apoderarse de su vida, amenazando con destruir esa felicidad repentina que la había invadido desde su llegada a ese extraño país. Dejó el juego de lado y se apresuró a correr escaleras arriba, utilizando solo su instinto para encontrar a su novio. Rápidamente el resto del grupo la siguió. Se encontraron con Catherine al final de las escaleras, y Thomas, Lucy y Sid se quedaron con ella al notar que tenía los ojos hinchados y el rímel espantosamente corrido, resbalando por sus mejillas. Michelle siguió su camino con Maxxie, Roger y Freddie pisándole los talones, sintiendo que de pronto el tiempo pasaba con alarmante lentitud, que los latidos de su corazón eran el único sonido del mundo y que su mano no tenía la suficiente fuerza para girar el pomo de la puerta del cuarto de invitados desde donde se oía claramente la voz de Tony Stonem. Y la de Sofía. No podía ser cierto…