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Undiscovered — capítulo 15

"Two strangers sharing eyes / dos extraños compartiendo una mirada A look that you recognize / una mirada que reconoces Like a diamond in the sky / como un diamante en el cielo Like a shadow in the night / como una sombra en la noche"

-The Plasticines

-Lo siento, Thom, no puedo salir hoy. Castigada, ¿recuerdas?

-Pero tu madre no está en casa…

-Sí, lo sé, pero acabo de llegar del parque y me vio la vecina que le cuenta todo, así es  que prefiero no arriesgarme.

-Ok, ok… Bueno, entonces pasaremos a verte en la noche, a eso tu mamá no se negará.

-¡Gracias! Creo que vendrá Maxxie esta tarde, no estoy segura.

-Excelente, a Sofía le encantará…

-Eres malvado…

-Lo sé, lo sé. Nos vemos.

-Adiós.

Cath se acomodó en la cama y clavó los ojos en la pared, iniciando un análisis profundo de lo sucedido la noche anterior. El asunto de Tony no le importaba demasiado, de hecho le daba náuseas; al final de la noche había hablado con Sofía y todo se había arreglado después de llamar a Maxxie. En general había sido una buena jornada, aunque el extraño episodio con Freddie no dejaba de darle vueltas en la cabeza. ¿Qué le había dicho Michelle que le encontraba la razón precisamente cuando estaba hablando con ella? Claramente él había querido decirle algo más y se había visto interrumpido por Sofía. ¿Habría sido algo importante? Pero ¿qué cosa que tuviera que decirle Freddie podía serlo?

El sonido del timbre la sobresaltó y bajó las escaleras a regañadientes, insultando abiertamente a Maxxie cuando descubrió que era él quien esperaba ingresar a su hogar. Él la abrazó -ella opuso resistencia, por supuesto- y se dirigió inmediatamente a su cuarto. Al parecer tenía de qué hablar.

-¿Qué es, rubio? Dilo enseguida, no le des vueltas como siempre.

-Está bien, está bien, lo que pasa es que…

El timbre volvió a sonar y Cath le hizo una seña para que se detuviera y esperara a su regreso porque debía ser el cartero quien tocaba la puerta.Y, en todo caso, si el cartero fuese un skater de 16 años -aproximadamente- llamado Freddie McLair, tal vez Cath hubiera tenido la razón.

-¿Qué haces aquí? -preguntó, confundida ante la imagen del sujeto sosteniendo su patineta con una mano, con ojos ansiosos y una sonrisa algo nerviosa.

-¿Me dejas pasar?

-Eh… sí, claro. Deja tu vehículo ahí.

Freddie ingresó a la casa y dejó la patineta apoyada en la pared, tal como ella le había pedido. Acto seguido preguntó si Maxxie estaba allí, a lo que la muchacha le respondió afirmativamente y le comunicó que estaba en su cuarto, en el segundo piso. Evitó preguntar por segunda vez qué hacía allí simplemente porque consideraba que lo que fuera que él tuviera que hablar con el rubio debía ser lo suficientemente importante como para ir a su casa y no esperar hasta que él llegara a su propio hogar.

-Bien, ¿en qué estábamos? Oh, vienes con… Freds.

-Qué hay, Max.

La chica se sentó en el borde de la cama y miró con una ceja alzada al recién llegado, incitándolo a decirle de una vez por todas el motivo de su visita (y secretamente deseaba que esa razón no fuera precisamente Maxxie, pero jamás lo admitiría). Él dirigió una mirada dubitativa al otro muchacho, abrió la boca para decir algo…

-¡CATHERINE LYDIA MASSEY!

-¡MIERDA, LLEGÓ MI MADRE! -exclamó Cath, aterrada, haciendo una rápida conexión mental entre el tono del grito de la mujer y lo que probablemente habría visto en la entrada. Sí, exacto: la patineta de Freddie. -Joder, joder, joder, estoy muerta…

Maxxie y Freddie se miraron confundidos, preguntándose qué estaba pasando. Cath les aconsejó que se quedaran allí mientras ella bajaba a ver lo que ocurría, consciente de que era muy probable que los gritos de su madre -porque habría más gritos- llegaran a sus oídos y, de paso, se enteraran de… bueno, de todo.

Tal vez hubiera sido prudente quedarse escondida en el baño o hallar una manera de salir, pensó la muchacha cuando observó la expresión de su progenitora frente a la patineta. Todo pasó demasiado rápido. La mujer tomó el skate entre sus manos y lo arrojó al piso con tanta fuerza (y Cath no supo de dónde la sacó, honestamente) que se rompió en dos, mientras no dejaba de gritarle que ya era hora que dejara de actuar como un hombre porque no lo era, porque ella jamás podría compararse a las ilusiones que se había hecho cuando había quedado embarazada y había estado completamente segura de que tendría un niño…

-¡Y naciste tú, un vano intento de hombre, pero un intento al fin y al cabo! De todas las cosas masculinas que haces, niña, esto es lo que más detesto, sí, señor… ¡PATINETA! ¡PATINETA! Si vuelvo a ver otra de estas en mi casa una vez más, me aseguraré de que…

-¿De qué? ¿De qué te asegurarás, si cuando está papá no me tratas así? Dios, si él pudiera verlo…

Y de pronto recordó que arriba estaban Freddie y Maxxie, que definitivamente habían escuchado todo y que… que ahora sabían la verdad. Su mundo se vino abajo en un segundo. Tal vez ya no querrían hablarle, tal vez… tal vez le contarían a todos los demás lo que pasaba, y se burlarían de cómo la trataba su propia madre. Sin embargo, contrario a todas las predicciones catastróficas, lo que sucedió a continuación fue simplemente surrealista. Maxxie bajó las escaleras seguido de Freddie como si estuvieran en su propia casa, aprovechando el silencio que se había hecho entre Cath y su madre. Aparentó no haber visto a la mujer e hizo algo que Cath jamás siquiera imaginó que podría llegar a pasar -por razones obvias, en realidad-: pasó un brazo por encima de sus hombros con total naturalidad y la besó. Fue un beso corto, claramente falso (al menos para ella y él, por supuesto), pero lo suficientemente realista como para que la señora Massey palideciera ante la imagen, anonadada por la perspectiva de que su hija al fin tenía novio y que, por cierto, era Maxxie, ese muchacho que le parecía tan jodidamente encantador.

Thom se había recostado en el sillón de la sala de juegos cuando divisó en un sofá al otro extremo una chaqueta que definitivamente no era suya. Se levantó, confuso, preguntándose quién podría haberla dejado allí, insultando un poco al dueño, ¿cómo podía haber sido tan estúpido? Sin embargo, cuando la levantó y se desprendió el aroma del perfume impregnado, no pudo evitar que una tímida sonrisa aflorara en sus labios, acompañada de un brillo inusual en los ojos que probablemente cualquiera que lo hubiera visto en ese momento habría notado. El sonido del timbre lo sacó de su ensueño; dejó la chaqueta en el sillón -un poco avergonzado, a decir verdad- y salió del cuarto para ir a abrir la puerta.

-Hola.

-¿Roger? ¿Qué haces acá? -preguntó el dueño de casa, un poco nervioso al encontrarse con el británico fuera de su casa sin la compañía de los demás.

-Creo que dejé mi chaqueta acá anoche…

-¡Ah, sí! Pasa, está en el salón de juegos.

Le sugirió que esperara en la sala mientras iba por ella, recomendándole que se pusiera cómodo y que se sintiera como en caso -algo, por cierto, bastante inusual en Thom, que no acostumbraba a decir ese tipo de cosas, menos a personas que conocía tan poco como Roger. Cuando volvió con la chaqueta en la mano se encontró con la imagen del chico sosteniendo una guitarra entre los brazos, probando una que otra melodía que de alguna manera resultaba familiar para el otro muchacho. Al descubrir que Thom ya había vuelto, Roger se sobresaltó y dejó rápidamente la guitarra de lado, temiendo que le reprochara el haberla tocado.

-No te preocupes, puedes tocarla si quieres. Mamá la dejó allí como adorno, acá nadie toca. Y… de todos modos no sabía que tú lo hacías.

-Pregúntale a Michelle, su pieza está al lado de la mía y a veces me desvelo tocando. Creo que en el fondo me odia.

Thom sonrió, sintiéndose de pronto bastante cómodo en su presencia. Se sentó en el sillón de enfrente y dejó la chaqueta -que por cierto ya había sido olvidada por el extranjero- en una mesa, mientras Roger se ponía cómodo para disfrutar del sonido de la guitarra.

-Reconoces esta canción, supongo -dijo, mientras deslizaba afanadamente los dedos por las cuerdas, como si el hecho de no hacerlo fuera el peor crimen del mundo.

-¡Fade to black, cómo no!

-Y esta…

-Enter sandman, muy fácil.

Roger cambió nuevamente la canción y el rostro de Thom se iluminó.

-One. Demasiado fácil.

Mientras Roger seguía cambiando los temas para que el otro chico los adivinara, ambos pensaban al mismo tiempo que era extraño estar allí, en el salón, prácticamente hablando de música que, dicho sea de paso, ninguno de los dos sabía que el otro escuchaba y de hecho veneraba tanto. Pudieron haber intercambiado alguna mirada de extrañeza, o tal vez comentar simplemente lo que pensaba. Pero de alguna manera dejaron que el sonido de la guitarra lo dijera todo, aunque, claro, en algún momento eso no bastaría. Y oh, de qué maneras habría que reemplazar la guitarra…