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Undiscovered — capítulo 17

"No one could ever know me**No one could ever see me Seems you're the only one who knows What it's like to be me "

-The Rembrandts

El colegio había contratado dos buses para transportar a los alumnos de los dos cursos. Sofía no iría porque había preferido quedarse en casa con Alex y ahorrarse el posible dinero gastado en SMS y llamadas tipo "te extraño, vuelve pronto", porque a pesar de que la relación estaba recién comenzando, al parecer marchaba sobre ruedas y nadie en la posición de la chica podía permitirse todo un fin de semana ausente. Así es que el viernes por la tarde los autorizados a viajar subieron las maletas al bus, se acomodaron con amigos y el viaje comenzó.

            Roger se sentó con Michelle, al fondo, ansioso por sacarse del pecho eso que lo venía complicando hacía ya algunas semanas. Cuando Chelle se enteró le dedicó una sonrisa traviesa y le recomendó hacer lo que su corazón le decía,  que -definitivamente- era apropiado (y lo había considerado, en realidad), pero tenía miedo de aceptar.

            -¿Estás segura? -preguntó, nervioso.

            -¡Totalmente, Roger! Sabes que resultará… y sino, déjame averiguarlo y te lo comunico en la noche. Aunque estoy segura que resultará, soy muy observadora en este tipo de cosas, por si no lo has notado.

            -Es un poco extraño para mí todo esto… no suelo comentarle mis cosas a la gente.

            -Me alegra que confíes en mí.

            Roger le sonrió, feliz, mientras del otro lado del bus los ojos de Tony Stonem fulminaban a ambos, al tiempo que el sujeto no perdía oportunidad para tomar una nota mental acerca del peligro que podía representar aquel idiota con apariencia de jugador de fútbol americano. Al parecer, si no hacía algo para deshacerse de él, perdería a su novia para siempre.

            Lucy y Sid habían solucionado sus problemas -que habían vuelto justo antes de que se subieran al bus- durante el viaje de cuatro horas, sin estar exentos de una discusión que terminó con la estruendosa risa de la chica, al sonrisa satisfecha de Sid y una mirada de aprobación de más de la mitad de los presentes, que parecían espectadores de una comedia romántica hollywoodense.

            -En algún momento pensé que iban a terminar -comentó Cath, sentada junto a Maxxie en los últimos puestos.

            Yo siempre supe que se arreglarían, es la esencia de Sid arreglar las cosas , tarde o temprano y aunque Tony suela decir lo contrario. Pero no quiero hablar de eso precisamente.

            -¿De qué, entonces?

            -No hemos hablado de lo que pasó el otro día, C. -susurró, inclinándose para que solo ella pudiese escucharlo. Cath hizo una mueca y se hundió en el asiento, incómoda- No pretendo que me cunetes lo de tu madre, sé que lo harás cuando quieras, pero hay otra cosa…

            -No, espera, yo ni siquiera te he agradecido… Gracias por fingir que eras mi novio, en serio, creo que ayudó mucho, aunque fue un poco… extraño.

            -De nada, de nada, pero… quiero contarte lo que de verdad pasó mientras Freddie y yo estábamos arriba.

            Ella lo miró extrañada, ¿qué más podría haber pasado? Se aclaró la garganta y lo alentó a seguir.

            -Freddie fue quien dijo que había que hacer algo, alegó que tu mamá no te podía tratar así por algo tan insignifcante como una patineta, y que además era su culpa. Entonces yo… -hizo una breve pausa y continuó, algo nervioso- le dije que fuera abajo y fingiera ser tu novio, de modo que tu madre sabría que la patineta era suya y no tuya; pero cuando se lo dije comenzó a reclamarme que estaba insinuando cosas que no eran ciertas…, ¡Dios, se puso tan nervioso!... entonces se paralizó y por eso fui yo quien fingió. Toda la semana que hemos tenido que fingir no me ha hablado, Cath, ni siquiera cuando estamos en clases, y tú sabes que soy la persona con la que más habla… ¿no lo notaste? ¿Te ha dicho algo?

            Ella cerró los ojos, suspiró, se acomodó la chaqueta y dijo:

            -El otro día me contó algo suyo usando como pretexto el hecho de haber escuchado a mi mamá diciéndome esas cosas. Yo no supe que decirle, pero me pasó algo… raro, no sé cómo explicarlo…

            -Debes hacer algo.  Cath, dejémonos de estupideces y aceptémoslo, ¿está bien? Dilo en voz alta, asúmelo. A ti te gusta ese tipo y no sabes qué hacer con lo que sientes.

            -¡Cállate, imbécil! -murmuró ella, alarmada, haciendo gestos desesperados con las manos para intentar callarlo- ¡Ni pienses en volver a decir eso en voz alta!

            -Asúmelo, sino lo gritaré, lo prometo.

            -¡No voy a asumir semejante cosa!

            -Ok, tú lo pediste -Maxxie se irguió un poco en su asiento, se aclaró la garganta, tomó aire y gritó:- ¡Catherine Mass..!

La chica se abalanzó encima de él antes de que pudiera terminar la oración, golpeándole el pecho entre insultos que resultaban inentendibles. Habían atraído las miradas de casi todo el bus.

            -¡Ya, detente! Fuck, stop it! -exclamó Maxxie- ¡Que alguien me saque a esta cosa de encima!

            -Hey, lamento interrumpir su adorable pelea, pero… Catherine, ¿puedo hablar contigo?

            La muchacha se detuvo en seco. Maxxie se aclaró la garganta para aguantar la risa que estaba a punto de ahogarlo y dirigió una  breve mirada traviesa a su amiga, que se separaba lentamente de él y sonreía con nerviosismo al chico que permanecía de pie a un lado del asiento del rubio.

            -Sí, claro.

            -No te preocupes, Freds, yo me voy a… saludar a Lucy, lo que sea -dijo Maxxie, cediéndole su asiento al skater.

            El rubio se puso de pie sin disimular la risa, a lo que Freddie respondió preguntándole a Cath, mientras se sentaba, qué diablos le pasaba.

            -Ignóralo, está en esos días del mes…

            -Hmm.. ignoraré eso también -sonrió él- Bien, iré al grano, Cath.

            -¿Qué pasa?

            -¿Me perdonas?

            -¿Qué? -alzó una ceja, confundida- ¿De qué hablas?

            -Tú me odiabas por lo que pasó con Sofía en la fiesta de Thom, a inicios de año, y quiero saber si me perdonas por eso. Además me he portado como un idiota contigo más de una vez… ¿me perdonas?

 Ella lo miró. Le pareció que había algo extraño en su rostro, pero no supo qué era. Recordó la conversación que había tenido con Maxxie y sonrió.

            -Por supuesto que te perdono, no podría hacer otra cosa después de lo que me contaste el otro día.

            -Solo fue un intercambio de secretos.

            -Bueno, no es algo que cualquiera haría.

            -Entonces… ¿estamos en paz? -preguntó Freddie.

            -Absolutamente.

            -Ahora, ¿podrías explicarme a qué te referías con eso de que Maxxie está en esos días del mes?

            Catherine soltó una carcajada y comenzó a inventar alguna historia acerca de cualquier manía o costumbre pecular del rubio, haciendo reír de vez en cuando a su interlocutor. Freddie pensó que si las cosas seguían así todo el viaje, probablemente resultaría muchísimo más fácil hacer lo que tenía pensado desde hacía casi dos semanas.

            La verdad es que había resultado fácil convencer a sus amigos con esa excusa de no poder ir al viaje a la playa porque no quería despegarse de su novio, pero… no, en realidad ese no era su motivo.

            -Amor, ¿estás bien? -escuchó la voz de Alex a lo lejos e intentó enfocar algo con la vista, pero solo logró marearse y perder el equilibrio. Él la sujetó por los hombros e intentó acomodarla en el asiento, preocupado por su bienestar- Deberías ir a casa a comer algo, yo puedo llevarte…

            -No, tengo que quedarme acá, mi hermano me necesita, no puede ser que cuando despierte solo estén mis padres, no…

            El viernes por la tarde su hermano había intentado suicidarse. Ese día, cuando llegó del colegio, encontró una nota de su madre que decía que estaba en el hospital con Adam y que la llamara en cuanto viera eso. En cuanto tomó el celular para llamar a su madre, recibió otra llamada de Alex, lo puso al tanto de lo ocurrido y acabó yendo con él al hospital.

            Así que allí estaba, sentada en la sala de espera junto a su novio, al borde de una crisis de angustia terrible, confundiendo el suelo del hospital con las paredes y aborreciendo las luces en el techo. La situación estaba sobrepasando los límites. Alex llamó a una enfermera para que hiciera algo, pero ésta solo le dijo que debía darle un poco de azúcar y procurar que no se moviera, que no le pasaría nada, que no podía hacer mucho, tampoco. Él fue por un té a la máquina de enfrente, sin despegar los ojos de la chica. En ese momento, era lo único que ella tenía y, además, sabía perfectamente cómo era tener una familia con ese tipo de problemas, porque él mismo pertenecía a una.

            -¿Te quedarás conmigo? -preguntó Sofía cuando él se acuclilló a su lado para darle de beber el té, advirtiéndole que estaba un poco caliente.

            -Por supuesto que sí, no te voy a abandonar, pase lo que pase. -respondió, quitando del rostro de la chica un mechón de cabello para besarle la frente.

            Sofía le dedicó una sonrisa cansada y tomó el vaso que le tendía. Al probar el té su cuerpo recuperó un poco el equilibrio y tuvo fuerzas suficientes para pedirle a Alex que se sentara a su lado, apoyar la cabeza en su hombro y buscar su mano como una niña pequeña que se aferra a su mantita de dormir. Nunca, jamás, se había sentido tan vulnerable, pero sabía que Alex iba a estar allí, porque no se había despegado de ella desde la madrugada anterior y no parecía tener intención alguna de marcharse. Era como si el abuelo Christian le hubiese mandado un angelito para cuidarla en su nombre.