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El amor no entra por las piernas — capítulo 26
En casa
Ya en el hogar, Hermione estaba en la cama. Draco no permitía que moviera un solo dedo y Ginny, estaba encantada de ayudar con el cuidado, de la pequeña Eliane. Hermione estaba allí, mirando sonreír a Ginny, mientras le hacía mimos a la pequeña.
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¡Es tan hermosa!- suspiró, mirándola- El doctor Draco, es tan afortunado- le confesó y Hermione sonrió. Bueno, no era su hija, pero podía ser un buen padre. Draco miraba la cuna, preguntándose qué debía hacer. Nunca había cuidado bebés, pese a que trabajaba en un hospital.
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Se supone que tenemos que darle de comer, cambiarlo y cuidarlo- le dijo Hermione, como si él fuese un tonto.
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Hermione, sé lo que es un bebé. Y no hablo de esos que son de plástico y orinan, no sé como.
Hermione rió con suavidad, mientras Ginny colocaba entre los brazos de su futuro esposo, a la pequeña. Draco la sostuvo con un ligero temor.
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Eso es...¡Es usted un padre estupendo!
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Lo intento- le confesó Draco- Aunque los niños...
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Son un amor- le completó Hermione, mientras Draco se sentaba a su lado- ¿No es así bebita?
La tarde se suscitó con extrema calma. Hermione descansaba muy pronto, dormía, mientras Draco trataba de arrullar a la pequeña Eliane. Al poco tiempo, había conseguido dormirla. ¡Qué frustrante!
- Vaya que das pelea. ¿A quién habrás sabido?
No quiso saberlo. Ni siquiera imaginarse dónde estaba. Mientras lo meditaba, aquel hombre, también lo estaba pensando. Ya sabía o intuía, que su "novia" había dado a luz. Bueno, sabía perfectamente esas cuentas. Miró a su alrededor, esposado y caminando junto a los vigilantes de una de las cárceles más "seguras", la única con cárceles individuales. Bien, debían evitar que lo mataran. Aunque, a ciencia cierta, ¿Quién estaba preocupado por eso?
- Solo tienes una llamada por semana y la cena es a las 6. las puertas se cierran a las ocho y las luces se apagan a esa misma hora.
No dijo nada, ¿para qué iba a hablar semejante cosa? Mentiría si dijera que tenía algo que decir. Sí se podía quejar, pero no iba a decir algo que ningún preso no dijera ya. Miró a su alrededor. Quizá había terminado preso, quizá se burlaron de él. Pero no todo era eterno en esa vida y él, algún día iba a salir. Saldría y luego...Luego podría ver, qué hacer con su destino.
Minerva McGonagall, visitó el hogar una vez más. La boda estaba casi lista, sin embargo la mujer no se esperaba, ver a Hermione, recién parida. La bebé le parecía muy hermosa.
En una habitación distante, Severus y Tonks estaban compartiendo el lugar. Ella estaba mirando por la ventana, mientras Severus leía un libro. Estaba muy feliz, luego de que la defendiera frente a esa horrible mujer. Aún así, no había ningún tipo de acercamiento entre ambos.
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Severus...- dijo la mujer, dándose la vuelta con un suspiro. Severus soltó un gruñido en forma de contesta.
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¿Qué pasa?- le dijo, sin alzar la vista de lo que leía.
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¿Qué va a pasar ahora? Quiero decir...Hermione se va a casar, ya tuvo a su hija, que es una hermosura por cierto. ¿Qué crees que pase?
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¿Que pase qué, Nymphadora? No te entiendo- dijo, alzando la cabeza de lo que leía y mirándola con detalle. La mujer inspiró y se sentó en la cama, que Severus estaba usando y en donde estaba leyendo en ese instante. El hombre le miró con un poco de desconfianza. Ella sonrió, nerviosa.
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¿Volverás...Con ella? Quiero decir, ¿Con Bellatrix?
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¿Crees que ella quiere que regrese? En dado caso, no. Voy a buscar una casa en alguna parte, en el último punto del universo.
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Sabes que en mi casa, siempre eres bienvenido- dijo y eso, sí le sorprendió en demasía. Alzó la mirada, cuando la hubiese mantenido fija, en las páginas de su libro. Odiaba la cercanía comprometedora y Tonks, era la reina de ese asunto. La contempló, mientras ella se encogía de hombros.
Severus despegó los labios, pero sin embargo no dijo nada. Volvió a cerrarlos, mientras la mujer, esperaba por una respuesta. Odiaba aún, esas situaciones comprometedoras. Ella estaba ilusionada. Quizá él ya no necesitaba buscar una pareja, la tenía a ella de nuevo. ¿Por qué era tan necia? Seguro la odiaba hasta la muerte.
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Quizá, no lo sé- le dijo y dentro de ella, comenzaba a erupcionar un sentimiento extraño. ¿Lo estaba forzando a decir todo aquello? Mentía si decía que no. Aún así, eso no reventaba su burbuja de felicidad, creciente.
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Severus, ¿Sabes una cosa?
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¿Qué?- le dijo sin levantar la vista, de nuevo, de su libro.
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Creo que no he dejado de amarte, pese a todo lo que ha ocurrido...
Quiso decir algo, pero no lo hizo. Nymphadora se le había lanzado encima, de forma literal. Le besó suavemente y se quedó entre sus brazos. El hombre no dijo mayor cosa que una inspiración profunda.
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No sabes cuánto te he necesitado.
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No exageres- le dijo, luego de unos minutos.
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Exageraría si te dijera, que no te he extrañado.
Draco estaba muy conmocionado con las situaciones, en su hogar. Hermione recién parida y a punto de ser su esposa. Sus padres en proceso de "reconciliarse", aunque eso daba algo de miedo. Su madre, a punto de caminar de nuevo. ¡Su madre! Ladeó la cabeza hacia el teléfono, para llamarle. Sin embargo, la puerta se abría y Pansy Parkinson, entraba junto a su madre.
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Creímos que debíamos visitarte. Y como futura dueña de esta casa, creo que es mi responsabilidad, saber qué hacen mis inquilinos.
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Hola, mamá- le dijo Draco, con un suspiro. La mujer le miró con sorpresa.
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Pareces estresado. ¿Hay algo que deba saber?
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¿Sabes como cuidar bebés?
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¿Y es que tú crees, que naciste grande?- le dijo ella, con una sonrisa- Pero dime, ¿Dónde está esa hermosa criaturita?
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Arriba, con su madre...- dijo Draco- Ginny...
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No, yo creo que puedo- dijo la mujer, levantándose lentamente. Pansy colocó en su mano, un bastón negro y la mujer se puso en pie.
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Pero mamá, son escaleras...
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Lo haré perfectamente. ¿No es así, Pansy? Estuve practicando y creo que lo haré bien.
Pues era toda una proeza, observar a su madre subir escaleras. Lo intentaba y si resbalaba, no se rendía. Eso le gustaba de su madre, nada lograba distraerla de lo que quería. Parecía que en el hogar, las cosas mejoraban mucho. ¿Quizá demasiado? Eso comenzaba a preocuparle en cierto modo.
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Qué hermosa bebita- dijo, luego de llegar a la habitación, de sentarse en su silla de ruedas. Tonks emergió de la habitación, al oír su voz.
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Buenas tardes, señora Malfoy.
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Buenas tardes, señorita Tonks.
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Aquí entre nosotras, quizá regrese a ser la señora Snape- le susurró Tonks con jovialidad y Snape arqueó la ceja, preguntándose de qué tanto secreteaban. Las mujeres rieron y hasta Hermione, no entendió el motivo de la risa. La pequeña bebé, parecía animada.
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¿Qué ocurre, Elise?- dijo Narcisa, sosteniéndola entre sus brazos- ¿Te agrado, verdad? Sí, es que yo soy especial. Draco también se ponía así cuando me veía- Draco se dio una palmada en la frente con una mano, avergonzado. Narcisa sonrió- Pero ya verás, cuando mires a tu padre a los ojos, sentirás lo mismo que yo. Y entonces, ya no querrás dejarlo.
Draco no pudo evitar sonreír naturalmente, ante ese comentario. No era muy amigo de las cursilerías, aunque no lo fuera a ciencia cierta, pero eso le había hecho sonreír. Al igual que a Hermione. Las niñas eran muy apegadas a su padre. Quizá iban a pelear por su amor. Pensó ella, con diversión.