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Historia 40824 — capítulo 2
Muchas gracias por los 35 comentarios de el primer capítulo. Espero que les guste el ritmo que va tomando.
Saludos &Besos
Hermione seguía tan curiosa como siempre, no dejaba de observar cada objeto que la rodeaba. Siempre intentaba observar el lado más llamativo de toda cosa. Incluso en aquella lámpara que colgaba de el gran salón, cuando ella se movía bajo la iluminación, desprendía unas agradables lucecitas.
Ella ya las estaba observando, estaba jugando con ellas, simplemente soñaba de nuevo. Tal vez esos pequeños puntos eran cada una de las luces que su adorable caballero lucía para ella.
Estiró su brazo, elevaba sus dedos. Tocarlas, ella solo quería tocarlas.
Movía sus pies, quizás era bonito pensar que caminaba por las teclas de un precioso y sonoro piano.
Chocó, chocó con un acorde o ella lo creía así.
-Mire por donde pisa señorita- de nuevo aquel muchacho de melena rubia y ojos plateados se presentaba en su camino-¿Se encuentra bien?.
Draco Malfoy quiso poner sus manos sobre la cadera de la joven. Limpias y puras intenciones, solo apartarla para seguir con su trabajo.
-¡Auch!- se quejó ella cuando él posó sus manos. Él las retiró y le dirigió la mirada.
-¿Le hice daño?- preguntó educado.
Ella negó con su cabeza. Tan recatada como siempre, se limitó a guardar silencio. Por si sola se apartó a un lado para cederle paso.
Draco la observó por unos segundos. Que extraña dama, que presencia tan poco acentuada, cualquiera diría que no estaba allí. La dejó allí plantada sin darle importancia.
Hermione miraba su rostro en un espejo, no podía seguir soñando, estaba en la realidad y de seguir haciéndolo perdería sus zapatos. ¿Y cuanto pagaría ella por dejarlos atrás y sentir el fresco de el rocío que se queda en el césped de los valles?. ¿Que culpa tenía ella si no le gustaba lucir zapatos con brillos? ¿Que podía hacer si no quería entablar matrimonio con...
-Daniel de la Rosa- una voz la hacía mirar para la escalera. El señor de la casa bajaba por ellas con su hijo.
Era un hombre de quizás unos cinco años mayor que ella. Lucía un elegante traje negro al igual que su padre. Rebuscó por su rostro como solía hacer y encontró unos ojos verdes brillantes. Su melena era morena y bien repeinada hacia atrás.
*''No es mi caballero''.*Pensó mientras de nuevo lucía aquella sonrisa inocente, aquella que no hería sentimientos. Su futuro esposo se acercaba a ella para besar su mano con una pequeña reverencia.
-Luces hermosa...-se quedó pensativo aquel hombre.
-Granger, Hermione Granger- era una voz masculina que provenía de atrás. Draco Malfoy le informaba a el amo de el nombre de la joven mientras masticaba una manzana
-Ve a ayudar a Smith con la cena, Malfoy- Daniel sonó con un tono despectivo. No demasiado para no asustar a su dama. El joven rubio arqueó una ceja y jugando con su manzana lanzada a el aire se incorporó a la cocina.- Mis disculpas, es un empleado un tanto molesto.
Hermione afirmó con su cabeza sin dar demasiada importancia a el comentario. No estaba de acuerdo del todo con su futuro esposo, aquel joven sería un criado, pero tenía su forma de ser, su personalidad, ella sabía que eso siempre era respetable entre todas las personas.
-¿Entramos a el comedor?- preguntaba Daniel posando su brazo en la posición correcta para que Hermione lo tomara.
-De acuerdo- aceptó ella tomando aquel brazo. Sus dedos temblaban al hacerlo, no quería, no lo deseaba, no le habría gustado tomar aquel brazo todavía.
Hermione controlaba sus pies para no fallar, para no dar un paso en falso, para ser todo lo que su familia esperaba de ella. Daniel de la Rosa apartaba una silla de la mesa para que tomara asiento. Una sonrisa educada bastó para posar su cuerpo. Tocaba los cubiertos de la mesa, intentaba recordar para que servía cada uno. En sus libros de fantasía aquello no importaba, era lo de menos, lo que valía la pena era comer al lado de un verdadero caballero.
Pronto aparecían en el comedor un hombre mayor, sus cabellos estaban desmejorados y blancos. Suponía que era el cocinero, Smith. Servía con total respeto la sopa, el vino y encendía dos velas.
-Draco, hijo, trae las servilletas para los señores- aquel hombre trataba con respeto a el joven rubio. Este afirmaba mientras salía de allí.
Al cabo de un escaso minuto aparecía con dos blancas servilletas de tela. Se acercaba a Daniel pero no tenía intenciones de mostrar ninguna reverencia, ningún acto de educación.
-Toma- puso la servilleta cerca de sus ojos para que la tomara el señor con sus propias manos. Daniel miraba furioso pero Smith se interpuso.
-Perdonale, Señor- aquel camarero si mostró respeto y colocó la servilleta en las piernas de su señor.
Draco se acercaba por el otro lado de la mesa a Hermione. Esta estaba mucho más nerviosa, intentó soltar los cubiertos pero se pinchó con el odioso tenedor. El muchacho le dedicó una sonrisa leve, una sonrisa que tenía que disimular ella. Daniel no podía observar a el criado, puesto que se encontraba de espaldas, pero si miraba el rostro de su futura esposa.
-¿Me permite, señorita?- pidió con una respetuosa reverencia.
-Por favor- se separó un poco para darle acceso.
-Buen provecho- se atrevió a pedir buscando los ojos de la joven. Pronto apartó la vista para marcharse de el salón con el cocinero.
-Estaré en la puerta señor, para cualquier cosa que se le antoje- dejaba bien claro el camarero tomando por el hombro a Draco Malfoy.
Ambos salían para dejar soledad a los futuros casados. Draco cerraba la puerta sin que resultara sonoro. Smith se colocaba recto en el marco de la puerta. Esperaba que lo llamaran, esperaba servir a sus amos. Draco Malfoy se resbalaba por la pared, quedaba en postura de dejadez, hasta jugaba con sus dedos por el suelo.
-Levantate hijo, si te ven, te regañarán- le informaba el hombre mayor.- Guarda la compostura.
-No sufras Smith- sonreía mientras levantaba su cuerpo- ¿Por que no descansas?.
-La cena acaba de empezar-
-Yo me encargaré- posaba su mano sobre su hombro.
-No hijo, me quedaré aquí.
Adentro ellos charlaban, Hermione tragaba con dificultad su copa de vino, no era su total agrado. Sonreía a cada comentario de Daniel, aunque fuera por cumplir. Le hablaba de sus financias, de su trabajo.
-Tengo caballos más allá- tomaba otro sorbo de sopa- En mis tierras.
-¿Sabes montar?- se alegró ella. Todo caballero, debía cabalgar.
-Por supuesto, si quieres puede enseñarte- afirmó tocando su mano.
-¿Enserio?- siempre había querido aprender a montar en caballo, cabalgar lejos, sentir todo el aire en su cara y no parar jamás- Muchas gracias.
Afuera se escuchaban las agradables conversaciones. Smith parecía no inmutarse pero Draco ya daba vueltas al rededor de la sala, se miraba las uñas y apretaba sus puños.
-Tan cínico como bastardo- murmuraba Draco.
-No es asunto tuyo lo que haga el señor- le cortó Smith- ¿Acaso quieres acabar como tu padre?.
-Mi padre era un mal hombre- le reprochaba a el cocinero- Mi padre se metió en malos caminos.
-Aveces es mejor andar por los malos senderos, que caminar por el distinto a el de la gente con poder, Draco- le aclaraba- No debes meterte.
-¡Esa pobre muchacha no tiene la culpa de nada!- regruñía sin elevar demasiado la voz.
Una campanilla llamaba a Smith, debía pasar a servir algo más, pero Draco lo paró. Entraba él, se presentaba ante ellos.
-¿Sí, señor?- sonó un poco sarcástico.
-Sirveme otra copa de vino- indicó señalando su copa- Otra para la señorita.
Draco servía la copa de Daniel que lo miraba desde la silla con un tono de desprecio. Aquello no molestaba a el joven criado, continuaba con su trabajo hasta finalizarlo y se decidía a llenar la copa de Hermione.
-No gracias, prefiero no tomar más- decía ella apartando su copa.
-Sírvete otra copa, querida- insistió Daniel.
-Ha dicho que no desea más- acentuó Draco dejando la botella sobre la mesa. No le serviría otra copa, no si ella no la deseaba.
-Nadie te dio permiso para meter tus narices en esto, Malfoy- Daniel se puso en pie para reprocharle.
-Esta bien- calmó Hermione, tomando la copa- Tomaré otra.
-Señorita, si no quiere...-
-Sírvame otra copa- le cortó a Draco mientras Daniel tomaba asiento.
Draco suspiró y aceptó su petición algo resentido. Solo la llenó hasta la mitad, sabía que ella no la deseaba. Sin sonrisa esta vez soltó la botella y salió de el comedor.
La noche caía, la cena finalizaba y Hermione había sido invitada a pasar la noche en aquella mansión. Tendría un dormitorio para ella sola, para su disposición. Se encontraba charlando en el vestíbulo con los padres de Daniel cuando giró su vista a el comedor. Allí Draco Malfoy apagaba las dos velas casi consumidas con un leve soplido. Recogía los platos y las copas en un carrito que más tarde arrastraba Smith.
Más tarde ella era guiada hasta su dormitorio por la señora de Rosa. Le deseaba buenas noches y besaba sus mejillas. Hermione se introducía en aquel cuarto, miraba en el lugar indicado donde se encontraban los pijamas.
Se desvestía enfrente de el espejo de su cuarto, podía observar sus caderas, donde aquel criado la había tocado horas antes.
En ellas se marcaban dos hematomas bastante juntos, tenían un color bastante morado y un dolor intenso.
La puerta de el cuarto se abrió de golpe y ella con un leve gritó se cubrió con su vestido.
-Perdone, señorita- Draco Malfoy se encontraba en la puerta tapando sus ojos- Pero vine a traer sus sábanas limpias.
-Déjelas encima de la cómoda- rogó cubriéndose bien.
Draco caminó para dejarlas en lugar indicado pero no dejaba de mirarla. Su clavícula estaba al descubierto y ella algo asustada a la vez que pálida.
-¿Se encuentra bien?- preguntaba él con el entrecejo fruncido.
-Si, algo cansada. Puede retirarse.
Draco obedeció sin darle demasiada importancia. Cerró su puerta con cuidado para no hacer ruidos molestos y la dejó descansar.
Ella ya se escurría entre las sábanas limpias. Tenía una ventana cerca de su vista, podía observar la luna llena desde allí. Cerraba sus ojos puesto que le pesaban, andaba cansada y algo nerviosa por el vino.
Se sumergía en sus sueños, donde ella volvía a despertar, donde un caballero la esperaba bajo aquella luna llena. Le rogaba con silencio que saltara por la ventana, que se marchara con él. Ella temía, miraba a todos lados para escapar de el odioso dragón que custodiaba su ventana. Aquel caballero no temía, plantaría cara a todo lo necesario. Lo iba a hacer, ya se quitaba su plateado casco. Al fin vería la cara de su precioso caballero.
De nuevo su cuerpo se elevaba separandola de su caballero, ya había dejado de soñar. Sus sudores nocturnos junto a sus escalofríos atentaban contra ella.
Siempre los mismo síntomas, siempre las mismas sensaciones. Cargó su bata para cubrir su pijama y salió silenciosa de el cuarto. Necesitaba tomar un buen vaso de agua, quizás notar la fría noche sobre su cuerpo.
Una pequeña luz la deslumbró en medio de el pasillo.
-¿Merodeando señorita?- de nuevo Draco Malfoy la abordaba. Parecía el perro guardián de aquella casa. Seguidamente se encontró de el débil estado de la joven y volvió a la preocupación- ¿Se encuentra bien?.
-Ya le dije que sí, solo necesito un vaso de agua- informó cruzándose de brazos.
-Si quiere puedo llamar a el señor Daniel...-
-¡No!- le cortó-No le llames...-
-Esta bien- sonrió de medio lado- ¿Quiere que la acompañe para servirle ese vaso de agua?.
-Por favor- rogó caminando a su lado. Miraba hacia todos los pasillos con temor a que la malinterpretaran si la observaban.
-Por aquí- le indicó posando su mano sobre la espalda de la joven para que tomara la primera posición.
Con educación la llevó hasta la cocina, la cual se encontraba sin ninguna luz. Draco tomó una pequeña vela y la colocó en la mesa circular de los empleados. Allí sirvió un gran vaso de agua para que ella lo tomara. Hermione tomó asiento todavía nerviosa, miraba a Draco escasas veces. El joven se sentó enfrente y la observaba beber con el pequeño foco rojizo de la vela.