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Lágrimas en la noche — capítulo 24

Siento el retraso, hasta que no he tenido tiempo no he podido actualizar. Intentaré acabarlo este verano.

Sin más, sólo me queda decir que alguien me ha robado mi cuenta de correo electrónica y que la nueva le he añadido en mi perfil, por si alguien desea mandarme algún mensaje o ponerse en contacto conmigo, que sepan que los mensajes enviados desde dos semanas atrás no me han llegado. Lo siento.

Ahora, sin más que añadir, disfrutad con la lectura.

Capítulo III - Corazones marchitos, desquebrajados, rotos...

Acunó al niño en su regazo, contra su pecho, cantando una suave y lenta canción que le tarareaba desde que era un bebé.

Kyle no tardó en quedarse dormido en los brazos de su tía, que sonreía tiernamente al contemplarlo. Le adoraba con cada pedazo de su alma marchita.

Escuchó unos suaves golpes en el marco del arco que iniciaba el salón. Se giró para ver a su hermano, a pesar de que le había sentido desde que se acercó por el pasillo.

Dan sonrió, sentándose a su lado y contemplando a su hijo con un fieron sentimiento de amor y protección.

-¿Cómo te sientes?-le preguntó con suavidad.

Eliah se encogió de hombros. No había mucho que decir.

-Él no se acercará a ti si no lo deseas.

La chica sonrió.

-¿Le amenazarás?

-Eso para empezar-sonrió él a su vez, y Eliah soltó una risa suave, acariciando el cabello de su sobrino, protegiendo sus sueños.

Unos segundos después, Eliah volvió a estar seria.

-Hace tiempo que decidí que no le quería en mi vida-le confesó, mirando a la nada.

-¿No quieres escuchar si tiene alguna explicación?

-Hace mucho que se terminó la oportunidad de dar explicaciones-decidió ella, levantándose con lentitud y asegurándose de que el niño estaba cómodo antes de pasarselo a su hermano, que lo cogió con puro instinto paternal.

Eliah caminó hacia la puerta, pero se detuvo cuando sintió que su hermano quiso hablarle.

Esperó en silencio a que él dijera lo que quería.

Dan quiso decirle algo, pero se limitó a preguntarle:

-¿Qué tal tu corazón?

Eliah se dio la vuelta para mirarle con ojos llorosos antes de responderle.

-Un poquito roto.

Dan le miró con comprensión, pero ella evitó su mirada antes de caminar hacia las escaleras y subir a su habitación, tirándose sobre la colcha celeste y respirando el aroma a libro viejo que estaba presente en aquella habitación.

Cerró los ojos, reteniendo las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. Y simplemente se quedó ahí, escuchando las voces en la casa, sintiendo como Kana y Dan se iban a dormir y Kate se iba a "cazar", aunque Eliah sabía que acudía a ver a sus hermanos.

El rostro de Jared volvió a su mente, y ella se giró, abrazando con fuerza la almohada. Repitiéndose una vez más que no fuera débil, que no fuera estúpida, y que no volviera a permitirle entrar en su maltrecho corazón, porque otro ataque lo destruiría por completo.

Pasó las horas de la noche en silencio. Leyendo, dibujando o escribiendo.

Pensó en irse a alimentarse de alguna liebre u otro animal de pequeño tamaño, pero supo que eso no mitigaría su ansia. No deseaba sangre en ese momento. Lo único que quería era huir.

Se insultó a sí misma de nuevo.

No era ninguna cobarde. No huiría. No otra vez.

Le demostraría que él ya no era nada en su vida. Que podía vivir sin él. Que era feliz sin él...


-No puedo creer que estés aquí sin más-le recriminó Kate, dando vueltas por la sala, con las manos en sus labios, claro gesto de nerviosismo-Eliah me matará...

-Yo no puedo creer que no me dijeras que le habías convertido-gruñó Jared en un rugido claramente amenazador. Ella se giró hacia él, indignada, deseando destruir el bosque que les rodeaba.

-¡¿Acaso preferías que la dejara morir?!

Él rugió con fiereza, acercándose peligrosamente hacia ella, pero Blake se interpuso entre ambos, ocultando con su espalda a Kate.

-No...pero debiste decírmelo.

-No-le reprochó Blake, mirándole a los ojos-tú no debiste marcharte.

-Lo hice para protegerla.

-Lo hiciste por cobardía-le aseguró Kate, empujando a un lado a su hermano y empujando por el pecho a Jared-pudimos haber luchado. Te rendiste.

-No iba a jugar con su vida-se defendió él.

-El final ha sido el mismo-murmuró Kate, furiosa-pero hay que añadirle doble dosis de dolor a la mezcla.

-No, no ha sido el mismo-intervino Erin por primera vez, silenciando a los más jóvenes-ellos no la tienen en su poder.

-¿Crees que no irán a por ella después de esto?-le preguntó con sorna Jared, y Blake frunció el entrecejo.

-La pregunta es con quién estás tú ahora.

-¿Perdona?-espetó el vampiro más joven, fulminando con la mirada a su hermano, que no se amedentró ante aquellos ojos-¿qué quieres decir?

-Llevas años con ellos-respondió él-¿seguro que sigues siendo de los nuestros?¿seguro que no serías capaz de entregarla?

-La quiero-le recordó él.

-A mi parecer, no lo suficiente-se encaró Blake, y Kate tuvo que apartarle para evitar que Jared clavara sus colmillos en su yugular, colmillos que ya relucían afilados en sus encías.

-¡Basta!-gimoteó con angustia Kate entre los dos-¡peleando no solucionaremos nada!¡Yo me quedé para protegerla y no han venido a por ella!

-¿Y si vienen ahora?-preguntó Blake con furia.

-Yo pienso pelear-rugió Kate, enfadada-vosotros podéis hacer lo que os de la gana. No voy a volver a huir o a hacer tratos con esas asquerosas alimañas.

Blake miró con molestia a Jared, pero le dio la espalda, restándole importancia.

-De todos modos, da igual, Jared no sobrevivirá-dijo-en cuanto se acerque a Eliah, ella misma o su hermano le despedazarán.

-Que alentador-ironizó Jared, dándoles la espalda-nos vemos mañana. Volveré con noticias.

-Espero que mejores que estas-dijo Erin, siendo respondida por un grave gruñido, señal clara de molestia.


Se levantó con las primeras luces del alba, escuchando gimotear a Kyle. Le arrulló y le cambió antes de volver a acostarle para que siguiera durmiendo.

Después, ella misma se duchó y se vistió para empezar un nuevo día. Evitando mirar a Kate, que leía un libro en el salón, aunque sentía que su mente estaba muy lejos de aquella historia ambientada en el siglo XIX.

-Buenos días-le saludó la pelirroja.

Eliah se limitó a asentir, todavía enfadada con la que creyó era su mejor amiga- la única, si debía ser sincera.

La escuchó resoplar y levantarse para caminar hacia ella, pero Eliah puso una barrera psíquica entre ellas, impidiéndole acercarse.

-Eliah-siseó en advertencia, pero la pelinegra no quiso escucharla. Se bebió de un trago el vaso de leche - más por vicio que por necesidad de alimento - y caminó hacia el estudio para coger otro libro que leer.

Levantó el escudo unos minutos después, y la vampiresa caminó molesta hacia ella.

-No quiero hablar, Kate-le advirtió con voz gélida.

-Pero creo que es necesario.

Eliah tiró el libro sobre el escritorio y se dio la vuelta para encararla con ojos acusadores.

-Me abandonó, quise morir, me transformaste, me prometiste una vida mejor y durante estos años te has dedicado a engañarme para finalmente traer a ese desgraciado a mi vida de nuevo-le recordó-creo que todo está suficientemente claro.

-Todo tiene una explicación.

Eliah rió son gracia y puso los ojos en el cielo.

-¡Claro!. Todo, siempre, tiene una explicación. Los hechos que vemos y sentimos no significan nada.

-Sé cómo te sientes.

-Ahí es cuando te equivocas-le espetó Eliah, y Kate la miró a los ojos, sintiendo un estremecimiento cuando la mirada fría de su amiga se clavó en ella como dagas acusadoras-tú no tienes ni idea de lo que siento.

En ese momento llamaron a la puerta y Eliah corrió a abrir simplemente para evitar a su amiga.

Se arrepintió de hacerlo - de abrir y de no haber puesto atención en el olor del invitado antes de hacerlo - cuando vio que en el porche de la casa estaba Jared.