Lágrimas en la noche — capítulo 6
Antes de nada, gracias por leer y por los comentarios.
Como prometí, actualizo cada semana, pero lo malo es que no podré hacer un capi demasiado largo, pues, la supuesta abertura de muñeca que tenía no era tal, era un esguince, así que no puedo escribir mucho. Lo siento, pero espero que el capítulo os guste.
Disfrutad!!!!
Capítulo VI Un don
La chica se levantó de la cama media hora antes a lo habitual, pues aquella noche había dormido aún menos que de costumbre. Ya había desayunado y estaba lista para irse al instituto dentro de media hora, pero en aquel momento se encontraba sentada en un balancín en el porche de la casa.
Tenía la mirada perdida, cavilando en sus pensamientos. Ya hacía una semana..., una semana desde que empezó el curso, aunque hacía tres días que ninguno de los Night había ido a la escuela, y después, al ser fin de semana, no había tenido noticias de ellos. Aunque eso la dejaba tranquilidad para pasar desapercibida sin ningún par de ojos observándola, se sentía inquieta. No sabía por qué, no le gustaba no tener noticias de ellos, sobre todo de Jared.
Sólo sintió que no estaba sola cuando percibió una calidez en su rostro. Se giró, y miró a su sonriente hermano al fin levantado y vestido.
-Buenos días madrugadora- saludó él, como siempre. Ella le devolvió la sonrisa, y Dan se sentó junto a ella en el balancín, aunque sin moverlo- Eliah, debes superarlo...
-Prometiste no hablar del pasado- le recordó ella, a la defensiva. Él suspiró, asintiendo. No le iba a hacer caso por el momento, así que no serviría de nada hablar con ella por ahora- será mejor que me vaya.
Eliah recogió la mochila del suelo, y, a pesar de que quedaba aún casi media hora para que el instituto empezara, se alejó de allí, temiendo que su hermano no cumpliera su palabra aquel maldito lunes.
La chica entró a clase como siempre, pero se sorprendió al ver en el sitio que le correspondía a Jared. Había vuelto.
Eliah intentó no darle importancia, y se acercó a él, sentándose en su sitio, a su lado. Y de nuevo volvió a sentirse observada por él. Suspiró. Antes le había echado de menos, pero en aquel momento se preguntaba por qué no habría faltado un par de días más.
Se giró hacia él, realmente molesta, y dispuesta a enfrentarlo.
-Jared, deja de mirarme así. No me gusta- le exigió, pero él sólo se encogió de hombros, y Eliah se molestó aún más- ¿se puede saber qué demonios quieres de mí?
-Ya te lo dije, quiero conocerte- le recordó- si me hablaras de ti, todo esto acabaría rápido.
Eliah suspiró, y miró a la pizarra. El profesor estaba tardando demasiado..., ella quería que llegara cuanto antes, pero parecía que todo el mundo se ponía en su contra.
-Mi vida no es agradable de escuchar- comentó, mirando sus puños cerrados sobre la mesa.
-Confía en mí- le pidió él, cogiendo su rostro con una de sus manos, haciendo que Eliah se diera cuenta de lo frío que era, y la obligó a mirarle a los ojos. Ella tragó saliva. Aquellos ojos eran diferentes a todos los demás que había visto...
-Me pides que confíe en ti- susurró ella- pero no sé nada de tu vida.
-¿Qué quieres saber?- le preguntó él, sin soltarla y sin dejar de mantener el contacto visual.
-Todo- le contestó ella, sorprendiéndose a sí misma por su respuesta. Jared guardó silencio unos segundos.
-Mi vida tampoco es demasiado agradable- le aseguró él. Eliah se encogió de hombros. No le importaba. Si él quería saber de ella, ella debería saber de él..., Jared suspiró, y soltó el rostro de la chica, mirando a la pizarra, aunque perdido en sus pensamientos. Eliah le miró, con el rostro serio.
-Me pides que confíe en ti y que te hable de mi vida, pero tú te niegas a hacer lo mismo- le espetó.
-Tengo secretos demasiado importantes- le explicó.
-Yo también tengo secretos muy importantes- murmuró ella.
-Lo sé- asintió Jared, mirándola con seriedad. Eliah le miró, y se quedó helada. ¿Lo sabía?¿Que quería decir?. Hacía años que no usaba su don, era casi imposible que la hubiera visto. Las veces que lo había usado había sido muy precavida. Era imposible...- sé que eres especial, que puedes hacer cosas que nadie más puede hacer..., sé que tienes un don- le explicó, y la chica se quedó paralizada, con los ojos empezando a humedecerse por el pánico. No podía ser..., ¿quién era?¿la investigaría?¿la utilizaría como experimento?. Las lágrimas empezaron a acumularse tras sus párpados- sé que tienes un don..., pero no sé cual es. Eso no lo sé- suspiró, y miró a la chica, sintiendo como el pecho le daba un duro golpe cuando vio sus ojos cristalizados por las lágrimas, y lo comprendió. Tenía miedo..., toda su vida debía haber pensado que era un bicho raro, un fallo de la naturaleza, que los demás sólo la verían como un ser para experimentar con él..., pero eso no era lo que él quería- No..., Eliah..., escúchame...- le pidió, alzando una mano hacia su rostro, pero ella ladeó la cara para que no la tocara. Sin embargo, él era fuerte, y con una sola mano la obligó a mirarle mientras la otra posaba sobre su mano, sintiendo la piel congelada de él- por favor, escúchame..., no pretendo hacerte daño..., no se lo diré a nadie...
Eliah se soltó mientras una lágrima al fin resbalaba por su rostro. Recogió sus cosas y se levantó, colgándose la mochila al hombro. Jared se levantó también y la cogió del brazo, intentando impedir que se fuera, pero ella se soltó con brusquedad y le miró con ira y dolor en sus ojos azules.
-No te acerques a mí..., no me hagas hacer algo que no quiero hacer- le amenazó, mientras salía con rapidez de la clase, y él se quedó ahí. Ella no quería hacerle daño, pero lo haría si se acercaba a ella demasiado....
-Sólo lo intentaría- murmuró él en voz baja para que nadie le oyera- después de todo, no soy tan débil como los humanos. Ella no sabe que soy un vampiro...
La chica recorría las calles de la ciudad. No podía ir a casa. Si Dan la veía allí tan pronto sabría que algo iba mal, y como se enterara de que ese chico sabía que poseía un don..., si se enteraba, las cosas sólo empeorarían.
Entonces, sintió como su móvil, en el bolsillo de su pantalón, empezaba a vibrar en silencio. Lo cogió, y se sorprendió al ver un mensaje de su hermano. No la había llamado porque ``estaba en clase´´.
Abrió el móvil y lo leyó:
Eliah, he recibido una llamada de un amigo que tengo en una de las ``familias´´, ya sabes que tipo de familias son (por si no os ha quedado claro, se refiere a mandas de hombres lobos). Me iré de la ciudad por unos días, como mucho serán dos semanas. Si necesitas algo llámame y estará aquí en un par de horas. Cuidate mucho hermanita. Te quiero. Dan
Eliah guardó el móvil, y suspiró.
-Dos semanas...- susurró- ya debería estar acostumbrada.
Nunca le decía a su hermano lo que le dolían sus ausencias. Seguramente si lo hacía, él apenas se iría. Pero no podía ni quería atarlo a ella..., él era así, rebelde, soñador, libre..., no podía hacer que se quedara a su lado, renunciando a todo eso.
Resignada, se dirigió a su casa a dejar la mochila. La dejaría y se marcharía a dar una vuelta. Era lo que más necesitaba en aquel momento...
No sabía cuando tiempo llevaba ahí sentada, en aquel parque, en aquel banco. Había llegado a su casa, había dejado la mochila, y se había dedicado a vagar por el pueblo paseando sin rumbo fijo, hasta que, más o menos a las tres de la tarde, llegó allí, y se sentó.
Había visto niños, ancianos y madres, y ya eran las seis de la tarde, y empezaba a anochecer. Allí anochecía demasiado pronto. Se abrochó su cazadora negra, y esperó unos minutos más, hasta que, al final, ya se había hecho de noche.
Suspiró, resignada. Debería volver a casa, y eso haría.
Se levantó del banco, y empezó a caminar hacia su casa. Quedaba bastante lejos, así que debería caminar por casi una hora, pero poco le importaba. Nada ni nadie le esperaba en casa.
Mientras caminaba, decidió contestar al mensaje, obviamente, fingiendo la mayor parte de las palabras:
Dan, tranquilo, no te preocupes, estaré bien, estáte fuera todo el tiempo que necesites, me cuidaré, cuídate tú también, te quiero mucho, Eliah.
Apenas se dio cuenta de que por aquella calle ya no había ni gente, y era realmente oscura. Guardó el móvil, y divisó a lo lejos a un grupo, seguramente problemático, de jóvenes. Tragó saliva, no quería problemas.
Suspiró, y, a pesar de que tardaría más en ir a su casa, decidió entrar en un callejón para intentar alejarse de ellos y no tener que curzarse con aquellos chicos en su camino a casa, pero de poco le sirvió.
Escuchó perfectamente sus pasos siguiéndola a gran rapidez. Ella aumentó la velocidad, pero, cuando dobló una esquina, sintió que chocaba contra un pecho, y enseguida ese mismo chico con el que chocó la agarró del brazo, empujándola hacia atrás, hasta que su espalda chocó contra la pared. Eliah emitió un pequeño quijido de dolor, y se vio rodeada de aquel grupo de chicos del que había intentado huir.
-Hola guapa- la saludó uno de ellos, acercándose colocar un mechón de su pelo y la miró de forma asquerosa. Ella cerró los ojos, tragando saliva. De nuevo sentía aquella sensación de ira, impotencia y algo de miedo. Y, como siempre, aquel palpitar en su cabeza no tardó en aparecer, y se fue convirtiendo en un fuerte dolor de cabeza mientras oía las asquerosas palabras de aquellos idiotas sin aún tocarla.
No podía hacer otra cosa..., nadia acudiría a salvarla..., debía hacerlo...
Abrió los ojos, los cuales no tenían brillo, parecían opacos, y miró con ira contenida a aquellos cinco imbéciles que se habían atrevido a hacercarse a ella.
Miró con fijeza al que parecía ser su líder. Y digirió su vista a su cuello, concentrándose. No tardó en sentir aquel pequeño calambre recorrer su columna vertebral. Frunció el entercejo, y pronto, el chico la soltó el brazo, tosiendo, y dando dos pasos hacia atrás, sin dejar de toser.
Los otros le miraron, y pronto, los cinco se encontraban en el suelo, retorciéndose mientras se ahogaban. Eliah se concentró en agarrar sus cuelos vulnerables con su don. También podría concentrarse en su pecho y agarrar su corazón para que murieran, pero no supo por qué, prefirió coger su cuello.
Si seguía así, en pocos segundos morirían.
Eliah cerró los ojos, mareada. Hacía tiempo que no usaba su don, y al hacerlo de aquella manera le costaba bastante. Debería usarlo más a menudo si quería controlarlo.
Intentó parar, pero le era imposible. Se había salido de control. Apretó los párpados, intentando detenerse, pero le fue imposible. Volvió a sentir las lágrimas tras los párpados. A pesar de que fueran unos delincuentes, no quería matarles. No quería hacer daño a las personas...
Sintió como alguien le agarraba del brazo y la atrajo hacia él, apretándola contra su pecho, abrazándola. Pronto, sintió su aliento sobre su oído, y aquella voz que ya reconocía.
-Eliah, cálmate..., estoy aquí...
La chica se concentró, y los cinco delincuentes cayeron inconscientes al suelo, pero vivos, pues Eliah había dejado de usar su poder. Se encontraba terriblemente mareada, y no quería abrir los ojos, pero lo hizo, para encontrarse con aquellos ojos verde pálido que la encantaban si debía ser sincera.
-Lo siento..., debí venir antes- se disculpó él, pero ella negó con la cabeza. No era su culpa. En aquel momento, sus piernas la fallaron, y cayó al suelo, pero el chico la cogió por la cintura, abrazándola, impidiendo que se cayera. Rodeó su espalda con sus brazos, dejó que ella apoyara la cabeza en su pecho, y él apoyó su mejilla en la coronilla de ella, mientras Eliah, poco a poco, fue perdiendo la consciencia, aunque, antes de que todo se volviera negro para ella, murmuró algo al viento de la noche.
-Jared...
El nombrado la abrazó con más fuerza, y la alzó entre sus brazos, aún inconsciente, mientras, a su lado, se colocó tras un salto Kate. Ambos habían presenciado la escena desde el tejado de uno de los edificios de aquel callejón.
-¿Qué era?- le preguntó sin mirarla, demasiado molesto. Él había querido interrumpir allí desde que vio a esos chicos perseguila, pero Kate le había obligado a permanecer quieto para averiguar su don. Pero él se había molestado. Pocas veces había deseado tanto atacar a un humano. Malditos desgraciados...
-Se llama telequinesis- le contestó- ya te explicaré su don con más detenimiento. Por ahora, llevátela de aquí. Llamaré a Blake para que utilice su don con estos humanos.
-Prefiero matarles a que Blake les borre la memoria- le espetó, molesto. Pero Kate negó con la cabeza, y Jared suspiró- llámale deprisa antes de que recuperen la consciencia. Tardaré en volver a casa.
-Bien- asintió ella, y ambos saltaron, alejándose del lugar a toda velocidad.
Muchas gracias por leer, espero que os haya gustado.
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Cuidaos
Besos