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Historia 40899 — capítulo 10

-¿Estás bien? - inquirió Harry acercándose a Hermione.

"No, claro que no estoy bien" pensó ella.

-Sí.

-¿Estás segura de que no quieres que te acompañe? - volvió a inquirir Harry sin poder apartar los ojos de ella.

Hermione estaba más que bella aquella noche, portaba un vestido morado conuna sola manga que dejaba entrever un sutil escote y resaltaba todas sus perfectas curvas. Sus tirabuzones permanecían atados en una coleta alta formando un espectacular recogido…

Harry lamentaba realmente que Hermione hubiera decidido acudir sola al baile de primavera, él había pedido que le dejara acompañarla, pero ella se había negado para no herir los sentimientos de su amigo y que confundiera sus sentimientos o se hiciera falsas esperanzas.

-No, no. Estoy bien, de verdad. Gracias.

Tras deshacerse de su amigo, Hermione salió a las afueras de Hogwarts, esperando que el aire le sentara mejor que el calor de la fiesta de primavera que se celebrara dentro del colegio.

Hermione suspiró mientras caminaba. Habían pasado dos meses desde la partida de Draco, dos meses en los que había sufrido con una intensidad inigualable. Había pasado en la enfermería casi una semana entera, recuperándose de la conmoción que había sufrido al ver a Draco en aquella situación. Al menos su estancia allí había arreglado su relación con Harry. Él la había visitado todos los días, facilitándole comida y libros de la biblioteca… se había portado demasiado bien con Hermione, más de lo que ella merecía.

Harry sabía que la tristeza de su amiga se debía a que Draco y un tercio de los alumnos de Slytherin habían abandonado Hogwarts, no obstante, jamás se lo hizo saber. Ella tampoco había contado a nadie la razón por la cual tantos alumnos de Slytherin se habían marchado, no sabía por qué lo hacía, Draco no se merecía nada de ella, no después de haberla abandonado para unirse a los Mortífagos.

Hermione se sentó en el tronco que había al lado del descampado donde habitaba Buckbeak. Sin embargo el hipogrifo no estaba, seguramente se encontraría cazando hurones.

Con la tranquilidad de saber que nadie la oiría hundió su rostro en las manos y comenzó a llorar desconsoladamente, el ansia de tener a Draco cerca era un constante dolor físico, lo había estado buscando durante aquellos dos meses, esperando con ansiedad encontrárselo por los pasillos, en las clases, en su dormitorio. Había albergado la esperanza de una carta, una señal de vida… pero nada había ocurrido.

Habían sido los dos peores meses de su vida.

De pronto oyó un ruido a su espalda y antes de que pudiera girarse o reaccionar, su boca fue tapada por una pálida mano. Hermione comenzó a chillar y a forcejear con el encapuchado que la había apresado, no obstante, sus gritos se ahogaban en la mano que cubría su boca y sus forcejeos no sirvieron de nada. El encapuchado la llevó hacia el Bosque Prohibido, donde nadie pudiera verlos.

"Al menos me llevará donde Draco." pensó Hermione con esperanza "Y podré verle… por última vez."

El encapuchado la empotró con el mayor cuidado que pudo contra el tronco de un árbol y se quitó la capucha que cubría su rostro. Hermione dejó de chillar y abrió los ojos llorosos lo máximo que pudo, los dorados cabellos del encapuchado caían rebeldes desde su raíz mientras que sus ojos grises se clavaban en los de ella.

-No voy a hacerte daño - aseguró Draco -. Confía en mí, no voy a hacerte daño pero no puedes chillar, ¿vale? Nadie debe saber que estoy aquí.

Hermione asintió lentamente, más sorprendida que asustada de que Draco se encontrara frente a ella, tan cerca como siempre lo había estado.

-Voy a soltar la mano, ¿de acuerdo? No chilles.

Draco retiró la mano con lentitud de los labios de Hermione, esperó que chillara, que lo pegara, que lo insultara… pero ella permaneció petrificada en el lugar, observándolo como si fuera la primera vez. Él mismo la observaba con expectación, Hermione estaba más que radiante aquella noche con un vestido discreto pero que mostraba mucho más de lo que ella habituaba a mostrar con el uniforme de Hogwarts. Draco por su parte estaba más pálido, más delgado. Como si hubiera pasado aquellos dos meses castigándose a sí mismo, con el rostro bañado en una constante melancolía… pero estaba tan hermoso como siempre, su cuerpo se mostraba mucho más formado que la última vez, mucho más fuerte, más musculoso; sus ojos mostraban la misma intensidad que siempre…

De pronto Hermione se lanzó a sus brazos, abrazándolo con fuerza, Draco cerró los ojos y abrazó a su vez a la muchacha, dejando que aquel gesto de cariño borrara los dos duros meses que habían pasado separados. Pero, sin que él pudiera preverlo, Hermione levantó velozmente la manga izquierda de su capucha, dejando ver la Marca Tenebrosa.

Ella retrocedió al verla, llenándosele nuevamente los ojos de lágrimas.

-¡Eres un bastardo! - chilló tan bajo como pudo - ¿Cómo has podido…? Oh Dios mío, esto no esta pasando…

-Hermione…

-No puedo creerlo, tú… tú… oh, por favor… ¡has venido a por mí! - chilló escandalizada - ¡Los demás Mortífagos están aquí! - añadió mirando con rapidez a ambos lados.

Draco se apresuró a taparle de nuevo los labios.

-Vendrán si no mantienes la boca cerrada - aseguró -. Hermione, estoy solo. Nadie puede saber que estoy aquí o nos matarán…

Hermione volvió a asentir lentamente y Draco le soltó con la misma lentitud. La Gryffindor se sentó apoyándose en el árbol, el muchacho la imitó.

-¿Sigues siendo mía? - inquirió él casi con vergüenza.

Ella vaciló.

-Te atreves a presentarte ante mí después de haberme abandonado para convertirte en el tipo de mago que mata gente como yo… ¿y todavía tienes el coraje y la osadía de preguntar si sigo siendo tuya?

-Sí, supongo que sí - repuso Draco bajando la cabeza.

-Pues no. Llegas tarde - sollozó ella -. Si te hubieras quedado conmigo ahora estaríamos lejos de aquí… estaríamos juntos…

Draco cerró los puños, no le gustaba pensar que Hermione era de otra persona, no le gustaba que le recordara lo perfecta que sería su vida si no se hubiera convertido en Mortífago. Hermione bajó la cabeza, más que avergonzada por haber mentido a Draco, ella lo había intentado, había tratado de sentir algo por Harry durante los dos últimos meses, convenciéndose a sí misma de que era lo mejor que podría hacer… pero no había podido.

La mirada gris de Draco había permanecido en su corazón a pesar de la ausencia de éste.

-Supongo que debía haberlo imaginado… es, es completamente normal… es decir - titubeó él -, Dios, ¿cómo no iba a querer alguien estar contigo? Yo…

De pronto, Draco observó la cadena de plata que colgaba del cuello de Hermione, con cuidado rozó el cuello de la muchacha y sacó de su escote el medallón de dragón que pendía de él.

Hermione continuaba derramando silenciosas lágrimas.

-De modo que me amas - dijo con una sonrisa -. De lo contrario no llevarías el colgante…

-¿Eso te hace feliz? - inquirió ella con la voz quebrada -. ¿Te hace feliz saber que no he podido dejar de amarte a pesar de todo lo que me has hecho? Pues me alegro, porque mientras a ti te hace feliz yo he pasado llorando más de sesenta días.

Hermione se incorporó y echó a andar en cualquier dirección, Draco no tardó en alcanzarla.

-He venido por ti, quería verte, saber cómo estabas - dijo mientras caminaba tras ella.

Ella se detuvo ante sus palabras y se giró sobre sí misma, colocándose frente a Draco.

-Oh, ¡qué bien! De modo que tu conciencia quería volver para ver cómo estaba la estúpida de Hermione. Bien, pues ahora que sabes que estoy hecha una mierda ya puedes largarte tranquilo…

-Nunca me perdonaré haberte dejado así - alzó él la voz para que escuchara sus palabras - pero tenía que hacerlo.

-Me dijiste que me amabas - sollozó ella golpeándolo en el pecho -. Me dijiste que conmigo habías pasado los mejores meses de tu vida…

-¿Qué más? ¿Qué más te dije?

-Me dijiste que conmigo era con la única persona con la que podías ser tú mismo, que lo que hacías lo hacías por mí…

-Ahí está, Hermione. Todo lo que he hecho hasta ahora lo he hecho por ti - explicó Draco agarrándola de los brazos, impaciente por que se diera cuenta del enorme sacrificio que había hecho por los dos.

-Oh, vamos Draco - bufó ella -. Lo único que podías hacer por mí era quedarte conmigo, no dejarme. Me bastaba con que permanecieras a mi lado y me amaras… eso era lo mejor que podías haber hecho por mí.

-¿¡Te crees que no me hubiera gustado quedarme contigo para siempre!?

-Parece que no.

-¡No sabes lo que dices! ¡Si me uní a los Mortífagos no fue por gusto! ¡Lo hice para protegerte!

Draco respiró un par de veces tratando de tranquilizarse, no había corrido tanto riesgo acercándose a Hogwarts para aquello, había ido a por Hermione, tenía que hacérselo entender.

-Escucha, aquel día por la mañana Crabbe, Goyle y Zagini me dijeron que el Señor Oscuro convertiría en Mortífagos a los aspirantes, que los entrenaría para acabar con los defensores de los hijos de muggles, y con ellos también, por supuesto.

Hermione palideció levemente pero escuchó con atención todas y cada una de las palabras que salían de la boca de Draco.

-Entonces me di cuenta de que la única manera de protegerte era conociendo los pasos de Voldemort. Gracias a los dos meses que he permanecido como Mortífago sé en que lugares no atacará, sé a donde llevarte para que estés a salvo. Y ahora que también sé que continúas amándome, nos fugaremos, nos iremos allí donde el Señor Oscuro no piensa ir y por fin estaremos juntos.

Hermione no pudo evitar llorar, no supo si de alivio, de alegría o de angustia, pero se abrazó a Draco con la intención de no soltarlo nunca. Él respondió al abrazo colocando sus brazos en la espalda de ésta, infundiéndole calor y amor.

-Te amo - susurró ella en su oído.

-Yo también.

Ambos se separaron lentamente el uno del otro, dejando sus rostros a escasos centímetros, embriagándose de la belleza del otro. Draco se acercó a Hermione y la besó con toda la dulzura que llevaba meses guardando solo para ella, un beso que se prolongó durante minutos en los que lágrimas de felicidad recorrían ambos rostros.

Aquel beso tan esperado.

Al cabo de un par de minutos, se separaron dulcemente y volvieron a sentarse contra la corteza de un robusto árbol. Querían hablar, contarse aquellos duros meses que habían transcurrido el uno sin el otro, pero las palabras no salían de sus labios, el contacto visual dejó en evidencia lo duro que había resultado estar separados.

-La guerra dará comienzo dentro de unas semanas - declaró Draco rompiendo el acogedor silencio -. El Señor Oscuro tiene pensado atacar Hogwarts para acabar de una vez con Potter.

Draco esperó que Hermione soltara algún grito, llorara o incluso se mostrara asombrada, pero su semblante permaneció intacto, ella sabía que Harry y Voldemort debían enfrentarse en duelo. Uno no podría vivir mientras el otro continuara con vida.

-¿Qué vamos a hacer? - inquirió ella como única respuesta.

-Trataré de volver a por ti antes de la guerra.

-¿Trataré?

-El Señor Oscuro nos tiene muy bien vigilados, es un milagro que hoy haya podido desplazarme hasta aquí…

-Entiendo… ¿y si no puedes venir antes de que comience la guerra? - preguntó Hermione con preocupación.

-Entonces cuando los Mortífagos tomen Hogwarts tú te dirigirás a la sala de los Menesteres, pide un lugar para quedar conmigo. Yo dejaré allí un trasladador en forma de… libro de encantamientos - improvisó Draco, esforzándose al máximo por pensar un plan para poner a Hermione a salvo -. Espérame allí y cuando aparezca viajaremos los dos hasta Brasil.

Ella lo abrazó con fuerza, la idea de escapar juntos era tan satisfactoria…

-Si algo saliera mal…

-¿Qué quieres decir con eso? - inquirió ella mirándolo con preocupación.

-Hermione esto no es un juego, tal vez no pueda atravesar Hogwarts sin que me hieran…

-Eso no va a ocurrir, no voy a dejar que eso pase.

-En el caso de que yo no apareciera en la sala de Menesteres un cuarto de hora después de que estalle la guerra, te irás sin mí, ¿de acuerdo?

-Pero sin trasladador tú no podrás venir…

De pronto Hermione advirtió a qué se estaba refiriendo Draco.

-¡No pienso escapar sin ti!

-Hermione…

-¡No! ¡No voy a dejarte aquí!

-¡Es la única manera en la que estarás a salvo!

-¿De qué me sirve vivir si tú no estás conmigo?

-Tienes que hacerlo…

-¿Qué me dirías tú si yo te dijera que huyeras sin mí?

Draco permaneció en silencio. Hermione estaba en lo cierto, si ella le dijera que huyera sólo, él no le habría hecho caso, se hubiera quedado con ella hasta el final… aun si tenía que morir.

-Pero es diferente…

-¡No lo es! No voy a marcharme sabiendo que tú has muerto, no puedohacerlo… sea cual sea el destino que nos espera - continuó Hermione colocando sus manos en el rostro pálido de Draco -, ya sea vivir o morir, lo haremos juntos.

El reciente Mortífago suspiró, Hermione era inquebrantable, era imposible razonar con ella.

-De igual forma eso no va a ocurrir - razonó Draco con una sonrisa -. Todo saldrá bien, nos merecemos una vida juntos después de todo lo que hemos pasado.

Hermione sonrió y lo besó fugazmente.

-Entonces haremos eso, te dirigirás a la sala de los Menesteres y me esperarás hasta que aparezca. Una vez que estemos los dos juntos nos marcharemos a Río de Janeiro, y viviremos felices y comeremos perdices.

-Me encanta el plan - sonrió ella.

-A mí también.

-Se supone que no debo decir a nadie que la guerra va a estallar en semanas, ¿no?

-Avisa a todas aquellas personas que quieras pero recuerda que yo jamás he estado aquí - le recordó Draco -. Nadie debe saber que he venido, de lo contrario…

-Lo sé, lo sé - se apresuró a decir Hermione -. Les avisaré de que la guerra está a punto de comenzar sin nombrarte, sin decirles que alguien me lo ha hecho saber.

-Eres increíblemente astuta - sonrió Draco.

-Y tú eres increíblemente increíble - repuso ella con otra sonrisa.

Draco alargó la mano y acarició con cariño la mejilla de Hermione, de pronto, llegó a sus oídos el sonido del movimiento de las hojas producido seguramente por pasos. Ambos se tensaron, a sabiendas de que no tenían el suficiente tiempo para separarse, habían sido descubiertos.

Buckbeakapareció entre las sombras, el contacto de sus garras contra las hojas que yacían en el suelo del Bosque Prohibido era lo que habían escuchado. Hermione y Draco respiraban aliviados mientras hacían una reverencia, a lo que el hipogrifo respondió con otra. Poco a poco fue acercándose hasta sentarse cerca del árbol, junto a la pareja.

Hermione no dudó en acariciarlo dulcemente.

-Nos has dado un susto de muerte - le espetó con cariño.

Buckbeakmovió la cabeza en dirección a Draco.

-Quiere que le acaricies - tradujo ella.

-Oh, vamos… - refunfuñó.

Con cuidado Draco acercó la mano al lugar donde Hermione acariciaba a la criatura, cuando sus dedos entraron en contacto con las plumas que cubrían la cabeza de Buckbeakse sintió extraño, no obstante, aquel roce con el hipogrifo le agradaba.

-Le caes bien - aseguró Hermione dirigiendo a Draco una mirada llena de amor.

-¿Quién iba a decirme a mí que terminaría cogiendo cariño a este bicho? - sonrió él, de pronto suspiró - Su llegada me ha recordado que debo irme. Cada minuto que paso aquí nos pongo más en peligro.

-¡No! - gritó de pronto Hermione, sobresaltando a Buckbeak, que se alejó galopando.

Draco sonrió.

-Voy a volver, Hermione. Confía en mí.

Hermione lo observó con atención, se dio cuenta de cómo había interpretado su frase y se apresuró a decir:

-No pretendía… Dios, no es que no confíe en ti… es sólo que… bueno… - por primera vez en su vida ni siquiera ella fue capaz de encontrar las palabras adecuadas para expresarse.

-Te entiendo - aseguró Draco acariciándola con dulzura -. Me marché sin decirte nada, sin ni siquiera despedirme, he estado meses sin dar señales de vida dejando que sacaras tus erróneas conclusiones… es normal que no confíes en mí…

-Confío en ti - le interrumpió ella agarrándolo del mentón para que clavara sus ojos grises en ella -. Te creo. Es sólo que… me asusta que te marches otra vez, no soportaría la idea de volver a perderte.

Draco sonrió con tristeza.

-No vas a volver a perderme - aseguró -. Esta vez es diferente, me marcho pero volveré a por ti dentro de un par de días y entonces, cuando por fin estemos juntos, puedo prometerte que todo será perfecto.

Hermione asintió y lo abrazó con dulzura.

-Ten cuidado - susurró el muchacho en su oído -. No salgas de Hogwarts a menos que sea estrictamente necesario, no quiero que te mantengas lejos de la sala de los Menesteres cuando la guerra estalle.

-Está bien. Te amo.

-Y yo, Hermione. Y yo.

El fugaz beso que tuvo lugar a continuación se les antojó demasiado corto pero ambos sabían que si no se separaban en aquel momento, jamás lo harían. A pesar de que no fuera un beso de despedida propiamente dicho, tanto a Draco como a Hermione les dolió profundamente poner de nuevo distancia entre ellos.

No obstante, la promesa de una escapatoria a sus problemas y una vida juntos era más que esperanzadora para continuar.

Hermione se alejó lentamente del lugar, dirigiéndose directamente a la fiesta que se celebraba en el Gran Comedor; la guerra estallaría en pocos días y aún tenía mucho que hacer.