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Historia 40899 — capítulo 9
Hermione observaba atentamente con ojos llorosos a Draco, su expresión era interrogante. ¿Acaso con esa pregunta le estaba ofreciendo una relación sin mentiras, sin engaños ni secretos?
-¿Qué? - inquirió ella acercándose, antes de hacerse falsas ilusiones.
Draco suspiró, Hermione no tenía ni idea de lo mucho que le costaba pronunciar aquellas palabras. No obstante, repitió:
-¿Hay en tu corazón un sitio para mí?
Ella continuó acercándose a Draco hasta tenerlo a escasos centímetros, una lágrima recorrió su mejilla y éste la detuvo, colocando con suavidad su mano en el pómulo de Hermione.
-Sí - repuso ella.
Antes de que ninguno de los dos pudiera evitarlo, Draco la besó con desesperación y una punzada de ferocidad. Hermione no tardó en responderle con la misma intensidad.
En aquel momento las caricias se volvieron ansiosas, los besos ardientes como el mismo fuego. El sexo que tuvieron fue más parecido al que Draco habituaba a tener con Pansy: desenfrenado, desesperado, una vía de escape de todos aquellos problemas que los habían embriagado durante meses.
Sin embargo, no era comparable a las relaciones sexuales con Pansy. En cada caricia, además de ansiedad, también habitaba la dulzura, la ternura y sobretodo, el amor. Draco miraba a Hermione debajo de él y sabía que era con ella con quien quería estar, sabía que ese hormigueo que sentía en el estómago sólo podía ser producto de su discreta pero exquisita belleza.
-Voy a dejar a Pansy - dijo de pronto Draco, sorprendiéndose a él mismo y sorprendiéndola a ella.
Hermione, que estaba tumbada a su lado casi jadeando por la intensidad con la que habían hecho el amor acariciando la mejilla de Draco con cariño lo miró esperanzada.
-¿Estás seguro?
-Sí - afirmó él acariciando la espalda de Hermione -. He tardado en darme cuenta, pero ahora sé que no puedo estar con ella… no si quiero estar contigo.
Ella lo observó con una sonrisa en el rostro, de pronto recordó lo complicada que era su situación. Poco a poco su sonrisa fue desapareciendo. Draco adivinó sus pensamientos.
-Sé que será difícil pero estaremos juntos.
Hermione asintió lentamente y lo abrazó con fuerza, provocando que ambos cuerpos desnudos entraran en contacto. Tanto el Slytherin como la Gryffindor cerraron los ojos ante aquel contacto infinito, un abrazo que se convirtió en promesa.
-Debo irme - anunció Draco al cabo de un rato.
-No te vayas - suplicó ella abrazándolo con mayor fuerza -. Quédate… aunque sea un rato más.
Draco sonrió.
-Me quedaría toda la noche aquí si fuera por mí - aseguró -. De hecho, cuando arregle las cosas con Pansy nos encerraremos una semana en tu habitación si quieres…
-Vayámonos lejos - lo interrumpió Hermione -. A donde nadie pueda hacernos daño… donde seamos libres de estar juntos por fin.
Él la acarició con ternura. En aquel momento no había cosa que le gustara más que huir con Hermione hasta el fin del mundo si era preciso, a algún lugar donde su relación no estuviera prohibida, donde no tendrían que ocultarse jamás.
-Mañana vendré temprano - declaró Draco mientras se vestía -. Cuando salgas del Gran Comedor dirígete aquí, yo saldré unos minutos más tarde, ya sabes, para que no sospechen…
-De acuerdo - sonrió ella -. Te amo.
Draco la miró sorprendido por unos instantes, esperó ver sorpresa en el rostro de Hermione por la frase que acababa de decir, pero no vio más que seguridad. Entonces adivinó que ella ya lo sabía desde hacía tiempo. Quiso contestar que él también la amaba… pero sus labios se negaban a responder, aquello era demasiado para alguien que jamás había manifestado sus sentimientos.
Sonrió.
"Yo también" pensó Draco tan fuerte que esperó que le llegara el mensaje a Hermione. Luego, la besó con la mayor ternura con la que le fue posible y salió del dormitorio a regañadientes.
Ella suspiró aún tumbada en la cama, repitiéndose que a partir de aquel momento las cosas irían mejor, que aquel beso no había sido una despedida, sino el comienzo de su historia. Hermione se giró sobre sí misma en la cama y se colocó en el lugar donde hacía unos minutos había permanecido Draco, inhaló su perfume con desesperación e imagino que él aún se encontraba allí, a su lado.
Draco se detuvo en la puerta de su dormitorio, ya en Slytherin. Supo que lo más probable era que Pansy lo estuviera esperando al otro lado, esperó y rezó para que estuviera enfadada, así la ruptura sería mucho más limpia, mucho más sencilla.
Suspiró y giró el pomo de la puerta.
Tal y como había previsto, Pansy lo esperaba sentado en el borde de la cama con los brazos y piernas cruzados.
-He estado esperándote durante dos horas - aseguró -. ¿Dónde has estado?
-Sabes que no me gusta que me controles - se limitó a contestar.
Pansy cerró los puños clavándose las uñas en la palma de las manos. No le gustaba contradecir a Draco, pero no iba a descansar hasta que contestara a su pregunta.
-¿Dónde has estado? - repitió con enfado.
-¿¡Cuántas veces tengo que decirte que no eres mi madre y que no tengo que darte explicaciones sobre donde estoy o dejo de estar!?
-Yo… lo-lo siento, Draco… no quería… - tartamudeó Pansy, aterrada por el enfado de su novio.
Él suspiró.
-Se acabó, Pansy. Estoy harto de esto… no tiene ningún sentido. Será mejor que cada uno siga por su camino…
-¿Estás dejándome? - inquirió ella de pronto.
-Sí, estoy dejándote.
-¡No puedes dejarme! ¡Eres mío!
-Yo no soy de… - comenzó Draco, de pronto se dio cuenta de que sí pertenecía a alguien y sonrió, no obstante no pensaba contárselo a Pansy - nadie.
Pansy se lo quedó mirando con incredulidad, había podido notar la duda de Draco al terminar su frase, poco tardó en comprenderlo todo.
-Hay otra, ¿verdad?
El Slytherin la miró con curiosidad, Pansy había sido mucho más perspicaz de lo que había imaginado.
-¿¡Verdad!? - repitió, dejando estallar la ira que llevaba meses conteniendo.
-Sí - repuso Draco al fin -. Sí, Pansy, hay otra.
Ella, al borde de la histeria, se dirigió dando tumbos a la puerta. Pero, para sorpresa de Draco, no salió por ella, sino que se detuvo girando el pomo.
-No encontrarás a nadie que te consienta tanto como yo te he consentido - le recordó con frialdad -. ¡Nadie!
-Lo sé - sonrió Draco pensando en el duro carácter de Hermione -. No es eso lo que quiero.
Pansy gruñó de ira y salió del dormitorio cerrando la puerta con un atronador portazo que resonó por toda la habitación.
Draco se despertó más bien tarde, como acostumbraba los fines de semana, tras vestirse bajó a la sala común y se encontró con Crabbe, Goyle y Zagini charlando en el sofá de siempre.
-Buenos días - saludó.
De pronto sonrió. Se dio cuenta de que por primera vez sí que eran buenos días.
-Buenos días - saludaron sus amigos a coro.
-¿Preparado para esta noche? - preguntó Crabbe.
-Yo estoy impaciente - comentó Zagini.
-¿Esta noche? - inquirió Draco.
-¿Es que Pansy no te ha dicho nada?
-Mmm… no.
-Esta noche nos convertiremos en Mortífagos - anunció con orgullo Zagini -. El Señor Oscuro quiere que esta noche nos reunamos todos los aspirantes a Mortífagos y nos unamos a él.
-A medianoche iremos al Bosque Prohibido - aportó Goyle -, allí uno de sus Mortífagos más importantes nos recogerá para llevarnos al encuentro con el Señor Tenebroso.
-¿Y luego qué? - preguntó Draco, más que sorprendido de las novedades que le traían sus amigos - ¿Volveremos a Hogwarts?
-No - negó Zagini -. El Señor Oscuro quiere que permanezcamos con él hasta la guerra. Él nos entrenará para acabar con esos sangre sucia…
Draco dejó de escuchar. Su mente comenzó a dar vueltas, mareándole cada vez más… ahora que por fin Hermione y él estaban juntos tendrían que separarse…
-Tengo que subir a mi dormitorio un momento - declaró Draco, interrumpiendo la explicación de Zagini -. Vendré dentro de un rato.
-Está bien - respondieron sus amigos.
Draco irrumpió en su dormitorio y se dejó caer en la cama tras haber echado el cerrojo, tenía demasiadas cosas en las que pensar.
Tras varias horas que permaneció inmóvil sobre su cama, supo lo que tendría que hacer.
Hermione permanecía en el Gran Comedor leyendo un libro mientras esperaba que los alumnos de Hogwarts acudieran para empezar a cenar. Hacía tiempo que no leía un libro para mantenerse alejada del mundo, al menos no un libro que no correspondiera a la educación en Hogwarts, pero no sabía que otra cosa podía hacer.
No podía hablar con Harry, había tratado de acercarse a él pero siempre encontraba evasivas para alejarse de Hermione. De todas maneras, ella casi se alegraba: tampoco tenía claro qué le diría a Harry cuando éste se dignara a escucharla…
De pronto, Ron apareció en el Gran Comedor junto a Lavender. Al ver a Hermione, Ron le susurró algo a su novia y ésta se alejó tras un pequeño saludo que le dedicó a su amiga, Ron se dirigió hacia Hermione.
-Hola - saludó él.
-Hola.
-Mira Herm… yo no controlo mucho de estos temas… ya sabes…
Ella suspiró.
-¿Qué quieres?
-Habla con Harry - le suplicó Ron -. Sé que estáis en un mal momento después del corte de ayer pero… ambos lo necesitáis.
Hermione cerró su libro y miró a Ron.
-Lo sé - repuso ella -. Pero lo he intentado y Harry me evita… es él el que no quiere hablar conmigo…
-Trata de entenderle, no es fácil su situación. Habla con él cuando estéis solos, cuando estéis más relajados.
-Está bien, Ron. Lo intentaré.
-Gracias.
Tras el agradecimiento, una multitud de alumnos de Hogwarts comenzaron a aparecer en el Gran Comedor. En cuanto la cena apareció en el plato de Hermione, la engulló lo más rápido que le fue posible, deseosa de retirarse a su cuarto y encontrarse con Draco.
Él observó cómo la muchacha se incorporaba de su asiento y se retiraba del Gran Comedor junto a otros alumnos que habían finalizado su cena. Sin esperar demasiado, Draco se incorporó y caminó hacia la salida ante la atenta mirada de Pansy, que lo observaba con curiosidad y cierto reproche.
El Slytherin se dirigió en primer lugar a las mazmorras: tenía un par de cosas que hacer antes de reunirse con Hermione.
Hermione salía del baño tras haberse cepillado los dientes cuando abrieron la puerta sin dignarse a llamar, Draco permanecía en el umbral, observándola con deseo.
-Hola - saludó ella.
Draco no se detuvo para devolverle el saludo, caminó hasta ella y la besó tratando de ser dulce, sin embargo, la desesperación ocupó su cuerpo y sus besos y caricias se volvieron ansiosos. Hermione no se resistió, se dejó llevar por la pasión que irradiaba Draco por cada poro de su lisa y suave piel.
-¿Qué ha ocurrido, Draco? - inquirió cuando hubo pasado media hora del más exquisito y al mismo tiempo extraño sexo.
-¿A qué te refieres? - inquirió él a su vez, mostrándose nervioso.
-Esta vez ha sido… diferente.
-¿Ha sido malo? - preguntó con preocupación, incorporándose levemente.
-No - sonrió ella.
Él respiró aliviado y la besó tiernamente.
-Es como si estuvieras batiéndote en duelo contigo mismo - prosiguió Hermione -. En algunos momentos te mostrabas dulce y cariñoso, como la primera vez… pero otras, otras daba la sensación de que tu cuerpo perdía el control, como si nunca más fueras a disfrutar de algo así.
Draco permaneció estático, las palabras de Hermione no eran más que la verdad. Él había tratado de repetir la lentitud y romanticismo de la primera vez que habían hecho el amor, pero su cuerpo se descontrolaba, le obligaba a actuar con necesidad, penetrándola con desesperación.
-Hay algo que quiero decirte - repuso él con tono serio.
Hermione se sentó, preocupada por la repentina seriedad de Draco.
-¿Qué pasa?
El muchacho permaneció en silencio, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
-Me estás asustando - aseguró Hermione.
Draco sonrió y le acarició la mejilla con exquisito cuidado.
-Quiero que seas consciente de lo difícil que es para mí decir estas palabras, así que espero que les prestes la atención que merecen.
Hermione asintió tratando de ocultar su nerviosismo para ayudarle a continuar.
El Slytherin tomó aire.
-Quiero que sepas que estos meses, a pesar de todos los altibajos que hemos sufrido - añadió con pesar -, han sido los mejores de mi vida.
Ella fue a decir algo pero Draco se apresuró a colocarle dulcemente el dedo índice en los labios, pidiendo silencio.
-Contigo es con la única persona con la que puedo mostrarme tal y como soy - continuó él -: sin mentiras, sin necesidad de fingir… tú me has hecho ver quién soy realmente, quién quiero ser. Decir todo esto es duro para mí así que terminaré diciendo que todo lo que hago lo hago por ti. Hermione, es importante que recuerdes esto: todo lo que hago lo hago por ti, te amo.
Tras estas hermosas palabras ambos permanecieron en silencio durante unos minutos, observándose con detenimiento. Hermione no sabía si lloraba de alegría o de angustia porque aquellas palabras sonaran a despedida, Draco interrumpió sus pensamientos:
-Quiero que tengas esto contigo - dijo cogiendo de su túnica que permanecía en el suelo un colgante.
Hermione contempló maravillada la cadena de plata de la que pendía un dragón alado en forma de medallón.
-Creo que lo tengo desde que nací - continuó Draco sonriendo al ver la reacción de la muchacha ante sus palabras -. Quiero que lo tengas tú, que lo lleves mientras me ames.
-Entonces lo llevaré siempre - repuso Hermione sin dudar -. Te amo.
-Y yo.
El beso que siguió a continuación fue mucho más que un beso de ensueño, la lentitud con la que sus labios se abrían y cerraban para dejar paso a sus deseosas lenguas estaba fuera del alcance de cualquiera, ambos sabían que jamás existiría un beso cargado de mayor dulzura. Un beso que se prolongó durante minutos, minutos que tanto a Draco como a Hermione les parecieron cortos y escasos segundos.
-¿Puedo… quedarme a dormir? - inquirió él con vergüenza.
Hermione lo miró con los ojos como platos, tantos cambios en el comportamiento de Draco eran cuanto menos sospechosos, aquello era demasiado bonito para ser verdad. No obstante, se dejó llevar por la mirada suplicante del muchacho.
-Claro - sonrió ella -. Siempre que quieras.
Draco le respondió a su sonrisa con otra cargada de la misma lucidez y se tumbó abrazado a ella en la cama, dejando que el contacto del cuerpo de Hermione con el suyo le proporcionara paz y tranquilidad durante un par de horas para que pudiera conciliar el sueño. Y así, sus párpados fueron cerrándose con aquel exquisito contacto…
Draco despertó de forma sobresaltada, no porque hubiera sido presa de una pesadilla, sino porque no había podido evitar pensar en que debía marcharse. Con rapidez dirigió su mirada al reloj: doce menos cuarto. "Mierda" pensó. De pronto miró a su lado y descubrió el cuerpo desnudo de Hermione, durmiendo plácidamente acomodada en su pecho. Aquella imagen provocó que nuevos pensamientos atravesaran su mente y sintió cuánto le hubiera gustado poder despertarse cada mañana y que lo primero que vieran sus ojos fuera aquella hermosa figura junto a él.
Con cuidado se retiró de su lado y comenzó a vestirse tan rápido como le fue posible, ya que cada vez que miraba a Hermione su cuerpo se detenía automáticamente, como si le obligara a permanecer con ella. Una vez se hubo vestido y preparado se agachó frente al rostro dormido de la muchacha y lo acarició con suavidad. De pronto, Draco palpó su mejilla y descubrió que un líquido se derramaba por su cara. Agua.
Draco Malfoy estaba llorando.
El Slytherin dejó que las lágrimas empañaran su visión y le recorrieran sus mejillas, sintiendo que con cada gota de agua que se derramaba se desahogaba de toda aquella locura. Lloraba porque no quería alejarse de ella, porque quería permanecer a su lado para el resto de sus días y amarla y protegerla… Draco suspiró. Sabía lo que debía hacer si quería protegerla. Pronto comprendió que si no se marchaba del lado de Hermione jamás podría retirarse.
-Te amo - susurró en el oído de la muchacha -. Te amo más que a nada en el mundo.
Seguidamente, y sin volver la vista atrás abandonó la estancia dejando que las lágrimas continuaran recorriendo sus mejillas. Se dirigió a uno de los pasillos cercanos a la casa Slytherin y recogió una mochila que había dejado preparada tras una de las estatuas.
Comenzó a quitarse la túnica para colocarse en su lugar una negra capucha.
Hermione palpó adormilada el lugar del colchón donde debería haber estado Draco, pero no descubrió más que sábanas y edredón. Sobresaltada abrió los ojos. Las temidas preguntas pronto comenzaron a rondar su mente: ¿Y si todo había sido un sueño? ¿Y si Draco jamás le había confesado que la amaba? ¿Y si…
Una nota sobre la mesilla atrajo su atención. La inconfundible caligrafía de Draco la tranquilizó:
"Todo lo que hago lo hago por ti."
Hermione suspiró y besó la carta con cuidado, al bajar la vista descubrió que llevaba un colgante con la forma de dragón. Aquel detalle le dio certezas de que todo era real. A sabiendas de que no podría volver a conciliar el sueño se colocó una bata y bajó a la sala común.
Un extraño refulgir de la ventana atrajo su atención. El Bosque Prohibido emanaba una luz verde sobrecogedora, el instinto le dijo que no se moviera de allí y avisara a alguien, pero la curiosidad la instó a salir de la protección de Gryffindor.
Hermione caminó por los oscuros y solitarios pasillos de Hogwarts en silencio. Al llegar al vestíbulo descubrió un par de encapuchados, rápidamente se escondió tras una columna y observó cómo éstos se dirigían a las afueras del colegio. Sin vacilar, los siguió, ocultándose tras cada árbol y arbusto que encontraba. Cuando los encapuchados penetraron en el Bosque Prohibido, Hermione comenzó a adivinar de qué iba el asunto pero lejos de marcharse y avisar a Dumbledore o cualquier profesor con miedo, continuó avanzando con coraje y decisión; tal vez porque creyó ver unos dorados mechones de pelo en uno de ellos.
Poco a poco, los encapuchados comenzaron a detenerse y formaron un círculo alrededor de una escoba de quidditch y un encapuchado alto, la escoba era el objeto que Hermione había visto refulgir desde la ventana de la sala común de Gryffindor.
-Dejad al descubierto vuestros rostros - exigió la persona situada en el centro.
Uno a uno, los encapuchados fueron quitándose la parte de las capuchas que no dejaban ver sus rostros, Hermione pudo dar nombre a todos aquellos rostros, corroborando sus teorías e intuiciones sobre lo que estaba a punto de celebrarse en aquel lugar. Fue a darse la vuelta justo cuando descubrió a Draco entre ellos con la mirada perdida y seria frente a Lucius, que se encontraba en el centro.
Hermione ahogó un grito, las lágrimas salían a borbotones de sus ojos marrones.
-Hoy, futuros Mortífagos, el Señor Oscuro os convertirá en parte de su ser - anunció Lucius con orgullo -. Hoy os convertiréis en aliados del Señor Tenebroso, en partícipes de la guerra contra los defensores de los hijos de muggles.
Las facciones del rostro de Hermione se descompusieron, la traición, decepción, furia, tristeza, desesperanza y desilusión se agolparon en ella de forma violenta.
-Vayámonos pues al encuentro con el Señor Oscuro - anunció Lucius.
Uno a uno los aspirantes a Mortífagos fueron colocando su mano en la escoba de quidditch y desapareciendo del Bosque Prohibido.
"Un trasladador" adivinó Hermione entre sollozos.
-Vamos, hijo - alentó Lucius cuando sólo quedaban él y Draco.
Draco asintió con seriedad y dio un paso al frente. El sonido de una ramita al romperse atrajo su atención y dirigió la mirada a los árboles que tenía frente a él, descubriendo entre ellos el rostro de sufrimiento de Hermione clavándole los ojos bañados en lágrimas.
El muchacho quiso gritar, correr hacia ella y abrazarla, asegurándole que no quería hacerlo, que lo único que quería era permanecer con ella y cuidarla para el resto de sus díaspero en lugar de ello, una lágrima recorrió la mejilla de Draco. Antes de que Lucius dirigiera la mirada atrás para encontrar el motivo por el cual su hijo lloraba, Draco asió la escoba para que ambos desaparecieran.
Hermione se desplomó.