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Historia 40899 — capítulo 8

Hermione caminaba en silencio por el pasillo que conducía a la enfermería. En algún momento de la noche anterior supo que a partir de aquel momento las cosas irían mejor, supo que Draco la amaba tan intensamente como ella misma lo hacía. El recuerdo de lo sucedido la noche anterior la excitó nuevamente, el sólo pensamiento del roce del cuerpo del Slytherin contra el suyo la hizo estremecer, el amor que sentía por él se había intensificado cuando la había penetrado con aquella dulzura.

Ansiaba ver a Draco, le bastaba simplemente mirarlo para tranquilizarse. Aquel día había discutido con Harry al recordar, tras la conmoción que había sufrido en un primer momento, que casi había matado a la persona que amaba arrojándolo de su escoba desde una considerable altura.

-¿Desde cuándo te importa que Malfoy pueda resultar herido? - había inquirido él a voz de grito cuando Hermione lo había regañado.

-¡No me importa! - mintió ella - Pero eso no quita que me parezca una auténtica locura haberlo tirado de la escoba… ¡podía haber muerto!

-Snape lo salvó - había aportado Ron, adjudicando el hechizo que había frenado la caída de Draco al profesor de pociones -. Dejadlo estar.

Aquella súplica de Ron había sido el fin de la disputa, ni por asomo la del enfado que ella sentía ante su amigo.

Irrumpió en la enfermería con cuidado, atenta a cualquier sonido o movimiento y se dirigió directamente al dormitorio individual de Draco, penetró a hurtadillas en él y trató de hacer el menor ruido posible para no llamar la atención. El rostro dormido del muchacho la sorprendió.

Toda la malicia u orgullo que Draco le había mostrado en los seis años que le conocía se habían evaporado, dormido parecía un auténtico ángel. Tal y como él era, se dijo a sí misma recordando lo atento y cuidadoso que había sido con ella la noche anterior. De pronto, comenzó a recordar pensamientos que había cavilado en navidades, cuando trataba de dejar de pensar en Draco y lo único que conseguía era enamorarse más y más: él no era una persona engreída o malvada. Aquello era una fachada, una máscara que él mismo se había fabricado para dar una falsa imagen, el Slytherin quería que la gente tuviera aquella imagen de él.

Hermione sonrió, ella había advertido la verdadera identidad de Draco desde el primer momento en que la había besado, con Hermione, Draco no se comportaba de forma irrespetuosa y egocéntrica… al menos no siempre.

Acarició con cuidado los rubios mechones del muchacho, admirando con ternura su lado más infantil e inocente.

De pronto, despertó.

-¿Qué haces? - gruñó abriendo los ojos de forma desmesurada.

Hermione se sobresaltó.

-Sólo estaba observándote - se defendió.

-No me gusta que me vean dormir - le informó con una nota de enfado en su voz, con lentitud y ayuda de la Gryffindor, logró sentarse.

-¿Por qué?

-Porque… muestra mi lado más débil - se sinceró Draco.

-Yo no lo veo así - repuso Hermione -. Cuando duermes muestras tu lado más amable, menos frío, más… humano. Es hermoso.

Él la observó sorprendido, analizando la mirada de la chica y descubriendo la sinceridad en sus palabras. De pronto se dio cuenta de que Hermione era con la única persona con la que podía ser él mismo.

Sonrió y se acercó al rostro de la muchacha, antes de besar sus labios, susurró:

-Eres increíble.

Los días transcurrían con lentitud y rapidez al mismo tiempo, Hermione visitaba a Draco cada noche, caminando entre los pasillos con tanto sigilo que muchas veces se creía una auténtica fugitiva, huyendo de la justicia para encontrarse con su secreto amor.

No obstante, aquella burbuja de felicidad en la que ambos se encontraban era frágil, tan frágil que corría el riesgo de romperse con cualquier pequeño movimiento.

Draco esperó, esperó despierto durante horas a que Hermione apareciera como cada noche por la puerta de su dormitorio individual pero nada ocurrió. Pudo sentir la ira de sentirse abandonado (a pesar de que muchos de sus compañeros lo visitaran cada día para llevarle bombones y regalos) y el temor a sentirse rechazado. Sus ojos se cerraron con cansancio y al despertar con los primeros rayos de sol que refulgían desde la ventana, comprobó que Hermione no había aparecido en toda la noche, su irritación fue en aumento.

Aquella noche ella irrumpía en la enfermería casi con nerviosismo, la noche anterior había caído rendida en la sala común de Gryffindor, derrotada por el cansancio y la falta de sueño aquellos días. Esperaba que Draco tuviera la suficiente comprensión como para entender por qué no había aparecido junto a él, como cada noche después de aquel partido de quidditch.

-¡Qué sorpresa! - ironizó Draco cuando Hermione cerró la puerta a su espalda - No estaba seguro de si hoy te dignarías a hacer acto de presencia.

-Lo siento - se disculpó ella acercándose -. Me quedé dormida en la sala común… me llevaron a la cama. Cuando desperté ya había amanecido…

-Oh, ya veo - la interrumpió él, cuya rabia crecía con cada segundo que pasaba -. Estuve esperándote, ¿sabes?

-Ya te he pedido perdón.

-¿Y crees que con eso basta? Estuve horas tratando de no dormir para que estar despierto cuando tú vinieras, ¡ni siquiera has tenido la decencia de venir a disculparte en todo el día!

-¡He venido! - estalló Hermione, furiosa de que no la comprendiera - ¿Querías que entrara y me disculpara por no haber aparecido anoche cuando Pansy estaba aquí?

Draco permaneció en silencio, aunque no por ello menos enfadado. La idea de que Pansy hubiera podido descubrir su relación con Hermione le produjo escalofríos.

-¡Podría haberlo hecho! Debería haber entrado entonces y terminar con toda esta mentira, con todos los secretos…

El Slytherin se incorporó no sin cierto dolor, su rabia era tal que a penas sentía las punzadas que le proporcionaban las heridas de su cuerpo. Los gritos de Hermione alimentaban su furia.

-¡Te creí cuando me dijiste que me querías! - gritó Draco.

-¡Y te quiero!

-Sí, por eso me dejaste solo toda la noche… esperándote - ironizó.

-¿Y por qué no llamaste a Pansy? - inquirió ella con malicia - Con ella harías exactamente lo mismo que haces conmigo…

Draco cruzó el límite de su furia, si Hermione pensaba que con Pansy hacía el amor como lo había hecho con ella días atrás, significaba que no lo comprendía tan bien como había llegado a pensar en un primer momento.

Su enfado entró en colisión con una profunda decepción.

-¡Jamás debí haberte creído! ¡No debí haber confiado en alguien como tú!

-¿Alguien como yo? - preguntó con ironía -. Una sangre sucia, ¿no es eso?

-¡Sí! - gritó Draco sin poder controlarse - ¡De una asquerosa sangre sucia!

Tan pronto como pronunció la última palabra se arrepintió de sus palabras, había perdido el control sobre sí mismo, diciendo cosas que no pensaba.

El rostro de Hermione se ensombreció. Sus ojos vidriosos a causa del agua que se agrupaba en ellos hirieron a Draco mostrándole todos y cada uno de sus sentimientos: enfado, tristeza, anhelo, melancolía, rabia… pero sobretodo mucha, mucha decepción.

-Hermione…

Sin mediar palabra se dio media vuelta y abandonó la estancia.

Draco salió de la enfermería un par de días antes del día de los enamorados, cuando sus heridas se hubieron sanado a la perfección. Había tratado de acercarse a Hermione para hablar con ella… tal vez incluso para disculparse. Pero ésta, cada vez que el Slytherin andaba cerca, se refugiaba en sus amigos, concretamente en Harry (con el que ya había arreglado las cosas y se encontraba en uno de sus mejores momentos), irritando a Draco. La había buscado cada noche cerca del bosque prohibido, donde solía acompañar al hipogrifo, esperando encontrarla sola. La había buscado en la biblioteca, en los pasillos… todo en vano.

Ella no había vuelto a visitarle desde aquella catastrófica noche, la decepción personificada en el rostro de Hermione perseguía a Draco en sueños, clavándose en su interior como la herida de una daga. Él había pasado las noches solitarias pensando en lo sucedido, en la reacción tan exagerada a sus ojos que había mostrado Hermione, hasta que un día advirtió que Draco le había asegurado que no quería hacerla daño, que aquello sería lo último que haría… sin embargo, había faltado a su palabra, insultándola, hiriéndola cuando ella se había dejado sus sentimientos al descubierto con él.

Por primera vez, supo que se había comportado como un imbécil íntegro.

De hecho, en aquel preciso momento, sintió deseos de salir corriendo del Gran Comedor y buscarla por todo Hogwarts hasta dar con ella, luego, la besaría y apartaría de una vez por todas las mentiras, los secretos… todo. Pero todo era mucho más complicado que en su imaginación. Sobretodo porque su relación debía de ser secreta, su traición como futuro Mortífago le costaría caro si alguien lo veía con ella. Otro punto importante eran las más de media docena de chicas que se le habían declarado aquel día.

El día de los enamorados, los alumnos de Hogwarts tenían la costumbre de dirigirse a las personas por las que estaban interesadas y preguntarles si había un lugar para ellos en los corazones de la persona en cuestión. Obviamente, si ésta contestaba que sí, comenzaba un noviazgo, si contestaba no, bueno… estaba claro. Draco había oído la frase "¿hay en tu corazón un sitio para mí?" al menos cien veces, unas cuantas a él mismo, y otras muchas a sus amigos, incluso a Pansy.

Draco sonrió con malicia, todas aquellas alumnas que se le habían declarado habían adjudicado su rechazo al hecho de que él estaba con Pansy. En algún momento había llegado a sospechar que realmente la Slytherin había pedido a las alumnas que se le declararan, para que ella pudiera confirmar el amor que supuestamente Draco sentía por ella, lo sospechaba porque había visto a un par de ellas charlando con Pansy pocos minutos después de que se le declararan. De igual forma no le importaba, tenía la broma interna del rostro de Pansy si se enteraba de que, en definitiva, no había lugar para aquellas alumnas en su corazón de hielo, pero para ella tampoco. Imaginaba la cara de Pansy cuando se enterara de que la persona que ocupaba su corazón era una sangre sucia.

No obstante, Draco agradecía al cielo que Pansy no le hubiera formulado la condenada pregunta directamente a él. Seguramente le hubiera dicho que sí, que sí había en su corazón un lugar para ella… pero lo habría dicho únicamente porque era su novia, no porque realmente fuera cierto.

La llegada de Crabbe, Goyle y Zagini entre otros lo mantuvo distraído.

-Sí, ha sido más que repugnante - comentaba Zagini sentándose en la mesa de Slytherin.

-¿De qué habláis? - inquirió Draco con curiosidad.

-De Granger - repuso Goyle -. Según nos han contado, se le han declarado tres chicos por el momento, ¿no es asqueroso que alguien se interese por esa sangre sucia?

La sangre de Draco ardió en sus venas, se obligó a calmarse.

-¿Qué ha respondido ella? - preguntó casi con ansiedad.

-¿Cómo?

-¿Ha aceptado a alguien? - volvió a preguntar.

-Mmmm… no que nosotros sepamos - contestó Crabbe encogiéndose de hombros.

-Es como si ninguno fuera lo suficientemente bueno para ella - aportó Zagini -. Como si estuviera esperando que alguien especial se declarara.

-Está soñando si cree que alguien medianamente especial estará interesado en ella, ¿verdad Draco?

El muchacho aterrizó a la realidad de golpe.

-Eh… sí - repuso casi sin pensar.

Pansy se acercaba por el pasillo moviendo exageradamente las caderas.

-Hola chicos - saludó coqueta besando con intensidad los labios de Draco.

-Hola - saludaron los amigos.

-Subamos a tu dormitorio - susurró Pansy con voz juguetona en el oído de su novio -, tengo algo que te gustará.

Draco no mostró ni un atisbo de ilusión o euforia cuando se levantó del asiento y caminó junto a Pansy por el Gran Comedor, ella por su parte, lucía más que orgullosa de ir de la mano del chico más deseado de todo Hogwarts.

Llegaron al vestíbulo, sorprendiéndose de la cantidad de gente que se hallaba allí, no tardarían en saber por qué.

Hermione y Harry charlaban alegremente en el vestíbulo con Lavender y Ron cuando de pronto, Harry se arrodilló y la pareja se alejó unos metros hacia atrás. Hermione y el Gryffindor por excelencia quedaron rodeados por un sinnúmero de gente que los observaban con atención, la muchacha rió de forma nerviosa, convencida de que aquello no era más que una simple broma de mal gusto.

-Hermione… ¿hay en tu corazón… - comenzó él.

-Oh no, Dios mío Harry, no… - murmuró ella para sí misma.

-…un sitio para mí?

Ella permaneció estática, sin poder parpadear siquiera. Acababa de darse cuenta de lo idiota que había sido durante meses. Sabía que últimamente el comportamiento de Harry hacia ella había cambiado, la trataba de distinta manera, con más cuidado, más delicadeza. Ella había supuesto que aquel cambio se debía a la tristeza y preocupación en Hermione por la proximidad de la guerra… o incluso por las desilusiones emocionales con Draco.

Pero había sido amor. Acababa de advertir que ella lo había sabido desde el principio, desde que había aparecido en casa de Sirius y él la había abrazado de la manera más cariñosa y tierna en la que una persona puede abrazar a otra, solo que ella no había querido verlo.

Dios, se sentía tan estúpida... si hubiera querido ver antes los sentimientos de Harry hacia ella tal vez hubiera podido evitar el amor que en aquel momento sentía por Draco, un sentimiento que la había consumido en la pena desde el mismo momento en el que se dio cuenta de lo que sentía.

"Todo sería más fácil si amara a Harry…" pensó.

Pero Hermione clavó su mirada en unos ojos grises que la observaban desde un lado del vestíbulo. Su helada mirada penetró en ella irradiándole calor, una intensidad de sentimientos que sólo sentía cuando él la miraba a los ojos. Su cuerpo bien formado, su aspecto elegante y el brazo de Pansy agarrándolo con fuerza y orgullo hizo que bajara la cabeza, nublando su vista a causa de las lágrimas que pedían a gritos salir. Pansy ocupaba el lugar que ella ansiaba, junto a Draco.

De pronto se dio cuenta de que el propio Malfoy ya lo sabía, él había sabido desde el principio que Harry estaba interesado en ella… tal vez su relación secreta no hubiera sido más que una especie de venganza de Draco a Potter.

La decepción y la furia se abrió hueco en su corazón una vez más.

"Podría intentarlo con Harry." se dijo "Tal vez así olvidaría a Draco… y sería feliz"

Hermione clavó la mirada en los ojos marrones de Harry, esperando sentir algo al mirarlo… pero nada sucedió. La única diferencia era que se sentía más nerviosa, verlo ahí arrodillado ante ella esperando con impaciencia su respuesta. En aquel momento supo qué hacer.

Tragó saliva.

-No, lo siento Harry - sollozó ella -. Hay otra persona.

Los observadores exclamaron su decepción con un "ohhh" entristecido. Hermione miró de soslayo el rostro sorprendido de Draco y salió corriendo de allí para dejar que las lágrimas acudieran a sus ojos con total libertad.

Harry permaneció arrodillado durante unos segundos más, estaba casi convencido de que Hermione asentiría. Su amistad había pasado por algún que otro altibajo pero, como en toda relación, la reconciliación estaba llena de optimismo y esperanza. De hecho, aquellos días estaban en uno de sus mejores momentos. Había algo que no le cuadraba.

"Hay otra persona" recordó él.

Ron se acercó y colocó su mano en el hombro de Harry, éste se levantó con lentitud, reteniendo en sus oídos el sabor amargo de la exclamación entristecida de aquellos cuanto los rodeaban.

-Estaba seguro de que diría que sí - susurró Harry, hablando para sí.

-Yo también - reconoció Ron -. Marchémonos de aquí.

-Ya bueno yo… me gustaría estar solo.

-Entiendo.

Harry asintió y se dispuso a andar hacia la salida, ansioso por que el aire le refrescara el cuerpo y la mente, deseando escapar de aquella sensación paranoica de que todo el mundo lo observaba, aunque no era para menos: él, el gran Harry Potter, el niño que sobrevivió, uno de los alumnos más populares de Hogwarts había sido rechazado nada más y nada menos que por su mejor amiga, Hermione Granger.

Al pasar frente algunos compañeros, Harry advirtió la presencia de Malfoy subiendo las escaleras del vestíbulo con la inconfundible presencia de Pansy a su lado. Ella parecía estar burlándose de lo que acababa de suceder, riendo a carcajadas del rechazo que había recibido Harry… él por su parte mantenía el semblante serio, concentrado, como si quisiera huir de aquel bullicio.

De pronto a Harry lo atravesó una intuición, golpeándolo tan duramente como un látigo: Draco Malfoy.

Sin pensarlo dos veces, salió corriendo de la estancia, refugiándose en la naturaleza y el frescor que emanaban los alrededores de Hogwarts, alejando sus terribles pensamientos.

Draco continuó asintiendo a las palabras de Pansy, aunque no las escuchaba. Ansiaba correr detrás de Hermione, escapar de su atormentado rostro y refugiarla entre sus brazos, lejos del dolor que sabía que estaba sintiendo en aquel momento.

Había visto su duda, su culpabilidad, había podido sentir cómo quería quererse atraída por Harry en cuanto éste se le había declarado… pero también había visto su negación. Para su suerte, Hermione no amaba a Harry, continuaba amando a Draco, guardando en su corazón un único sitio para él.

"Debería de haber aceptado aunque no sienta nada por él." pensó Draco dirigiéndose a la sala común de Slytherin junto a Pansy "Sólo para castigarme por lo mal que me he portado con ella… yo lo habría hecho."

Debía hablar con ella…

-He olvidado algo - aseguró Draco justo antes de entrar en la casa -. Será mejor que vaya a buscarlo…

-Draco… - refunfuñó Pansy, el rostro imponente del muchacho le advirtió de que no protestara - está bien, te esperaré en tu dormitorio. No tardes.

Él la besó sin casi sin ser consciente de lo que hacía y corrió hasta la sala común de Gryffindor.

No era la primera vez que se colaba allí para ver a Hermione, la visitaba casi todas las noches que podía, expirando con delicia su exquisito perfume, extasiándose de la hermosa vista que le ofrecía dormida. Sólo tenía que hacer un hechizo aturdidor a la señora gorda y entrar con cuidado de que nadie lo viera.

Subió las escaleras de caracol que conducían a las habitaciones de las chicas en silencio, una vez delante de la puerta del dormitorio de Hermione tragó saliva y tocó.

-¡No estoy! - gritó ella desde el interior con la voz rota de dolor.

Draco respiró hondo e insistió, odiaba que la voz de Hermione sonara tan triste.

-¡No quiero ver a nadie! ¡Márchate!

El muchacho hizo caso omiso a sus gritos y entró de todos modos desbloqueando el cerrojo con la varita y volviéndolo a colocar una vez dentro. Sus miradas se encontraron enun momento infinito. Aquella era la intensidad que quería sentir Hermione cuando miraba a Harry, aquellos eran los sentimientos que quería sentir Draco cuando miraba a Pansy.

Draco supo que no debía demorarse en decirle todo lo que tenía pensado, sabía que pronto Hermione lo echaría a patadas de allí. Supo que debía resumir el contenido de todo lo que había pensado en su ausencia.

Tragó saliva.

-¿Hay en tu corazón un sitio para mí?