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Historia 40899 — capítulo 3

Las semanas transcurrían tranquilas. La certeza de que la guerra no había comenzado aún se debía a las cartas tranquilizadoras de los familiares de los alumnos de Hogwarts y a la nula mención de ello en El Profeta.

Hermione y Draco se evitaban, trataban de no mirarse, repitiéndose a sí mismos que se odiaban con todas sus fuerzas.

La muchacha se había refugiado en el estudio para alejar los pensamientos, como tantas otras veces había hecho. Estudiar y llevar los deberes al día la mantenía ocupada, de modo que no tenía tiempo para preocuparse por otros asuntos. La verdad era que siempre había hecho lo mismo. Todo el mundo adjudicaba una inteligencia superior a Hermione a pesar de que no la poseía, claro estaba que sabía muchas más cosas que la mayoría de los alumnos de Hogwarts pero no era porque fuera inteligente o perspicaz.

Todo se resumía al temor.

Cada vez que Hermione sentía miedo por alguna razón, se refugiaba de él en los libros cerrándole el paso a todos esos hechos que había presenciado en compañía de Ron y Harry: la muerte, la incertidumbre, el dolor, el sufrimiento, la avaricia, la maldad, la guerra e incluso el propio miedo.

Siempre lo había hecho y supo que siempre lo haría, siempre se encerraría en sí misma para no ver todo lo que ella odiaba, todo lo que había visto y ansiaba olvidar.

Draco, por su parte, se refugiaba en algo mucho más básico: el sexo con Pansy. No obstante, sus temores no tenían nada que ver con los de Hermione, él había vivido junto a todo lo que la muchacha temía y, a pesar de que no fuera algo que le agradara, no tenía miedo de ello.

Sus temores estaban prácticamente en su familia, la codicia y los pocos escrúpulos que poseía Lucius ponían nervioso a Draco, y no sin razón. Draco estaba convencido de que su padre haría cualquier cosa por conseguir sus propósitos y el Slytherin no podía sentirse más que un inútil peón en el complicado y estratégico juego de ajedrez de su padre, lo cual lo ponía más iracundo.

Toda la presión por convertirse en Mortífago y la rabia cada vez más creciente hacia su padre la descargaba en las relaciones que tenía con Pansy, sin importarle lo cansada o agotada que estuviera la muchacha, ella debía acudir a él cuando la necesitara. De todas maneras, ella jamás había puesto queja alguna, tal y como le gustaba a Draco.

Harry había decidido poner distancia con Hermione, le resultaba terriblemente frustrante que ella a penas lo advirtiera con todo el esfuerzo que le estaba costando. No es que no se hablaran ni que algo hubiera cambiado de forma violenta, sino que Harry trataba de no mirarla con tanta frecuencia ni entrar en contacto con su piel.

A simple vista parecían gestos insignificantes pero al muchacho le estaba costando más de lo que había pensado comportarse de aquella manera con Hermione.

Un día, el profesor Flitwick pidió a sus alumnos un trabajo por parejas en el que tenían que explicar los seis encantamientos más complicados de la historia de la magia, tema que habían estado tratando durante los últimos dos días.

De modo que no hubiera disputas, fue Flitwick quien eligió las parejas:

-Ron Weasly, Lavender Brown - anunció el profesor -. Neville Longbotton, Gregory Goyle…

Los alumnos iban exclamando con entusiasmo o decepción conforme el profesor citaba las parejas. Había tratado mezclar a alumnos de Slytherin y Gryfindor con la intención de que abandonaran su infinita rivalidad.

-Hermione Granger, Draco Malfoy…

Aquella pareja provocó un ahogado grito de sorpresa en Hermione y una maldición de Draco. Por si no fueran pocos los problemas de ambos, tener que hacer un trabajo juntos empeoraba las cosas, a pesar de que el odio que sentían el uno por el otro fuera la razón por la que justificaban que no querían trabajar juntos, ambos sabían que no era así.

-Profesor Flitwick, por favor - rogó Hermione cuando la clase hubo finalizado -. ¿No puede ponerme con otra persona…?

-Señorita Granger, es hora de que usted y Malfoy aparquen sus diferencias y aprendan a trabajar juntos. En un futuro, cuando ambos salgan de Hogwarts, no podrán elegir su compañero de trabajo - concluyó el profesor justo antes de marcharse.

Hermione suspiró. No podía negarse a trabajar con Draco, en eso el profesor Flitwick tenía razón, ella no iba siempre a estar a gusto con su compañero, pero aquello no iba a impedirle trabajar. Debía ser fuerte.

Justo antes de marcharse sintió un movimiento a sus espaldas y se giró con una inusitada rapidez alzando la varita. Draco permanecía apoyado en un rincón oscuro de la pared con los brazos cruzados sobre el pecho, su pelo rubio resaltaba en aquella total oscuridad, ofreciéndole un aspecto bello. Su aire casual y la forma en la que mascaba el chicle convertía la imagen en algo de lo que Hermione, muy a su pesar, no pudo apartar los ojos.

Bajó la varita lentamente.

-¡Cuán desesperada estás por cambiar de pareja! - ironizó Draco - ¿Acaso me tienes… miedo? - inquirió con malicia.

-Estoy desesperada por cambiar de pareja porque odio tenerte cerca - aseguró Hermione.

-¿Ah, sí? - se burló Draco acercándose más a ella.

La muchacha vaciló y por un momento estuvo tentada a retroceder, no obstante y para sorpresa de ambos, avanzó al igual que Malfoy, de forma que sus cabezas quedaban separadas por unos escasos centímetros.

-Sí - repuso Hermione sin titubear.

Aquella reacción sorprendió a Draco. Jamás había estado a aquella distancia de una mujer que no hubiera caído a sus pies y que osara hablarle como aquella sangre sucialo hacía. Tenía que reconocer que la muchacha tenía agallas.

De pronto, se dieron cuenta de que estaban observándose a los ojos. Sus miradas desafiantes y llenas de aquel odio con un toque de interés diferente provocaron que ambos quedaran petrificados. Hermione observaba en los ojos de Draco el frío hielo de la rabia contenida y éste, a su vez, observaba en los marrones ojos de la muchacha el más ardiente fuego de la sabiduría.

-Está bien, Malfoy - logró decir al cabo de un rato la muchacha, apartándose casi a regañadientes de aquel sobrecogedor contacto visual -. Lo haremos así: yo haré el trabajo de los tres primeros encantamientos y tú harás de los otros tres, de forma que no tengamos que pasar juntos mucho tiempo. ¿De acuerdo?

Draco sonrió, no podía creer que aquella impura estuviera dándole órdenes a él. ¿Desde cuándo alguien le decía lo que debía hacer?

-De eso nada, Granger. Lo haremos así: tú harás todo el trabajo mientras yo hago lo que me da la gana.

Y tras aquella imperante frase Draco dio media vuelta dispuesto a irse.

-De eso nada - susurró alzando la varita y apuntando con ella al muchacho -. ¡Levicorpus!

En aquel momento el cuerpo de Malfoy quedó suspendido en la estancia, como si lo hubieran sujetado por los tobillos, Hermione lo dirigió hasta la pared más próxima y lo dejó en el suelo para que pudiera hacer el pino y no golpearse la cabeza cuando lo soltará.

  • No pienso hacer todo el trabajo - aseguró Hermione -. Tú vas a hacer la mitad te guste o no.

Se acercó a él antes de conjurar:

-¡Liberacorpus!

Tal y como ella había previsto, Draco no se hizo daño al bajar del pino pero su furia fue algo totalmente sorprendente para Hermione. Con toda la ira con la que pudo, Malfoy la empotró contra la pared con la varita apuntando directamente a su cuello. Jamás nadie se había atrevido a humillarle de aquella manera, menos una mujer y, muchísimo menos, una sangre sucia.

-Creo que no te enteras de cómo van las cosas - masculló Draco con el cuerpo pegado al de Hermione -. Vas a hacer lo que yo te diga simplemente porque yo te lo digo.

-No - logró decir la muchacha.

Aquel descaro sorprendió a Draco, aquella estúpida impura estaba sacándole de quicio, su enfado fue a más cuando de pronto se dio cuenta de que la tenía pegado a él. En cualquier otra ocasión, Malfoy se habría apartado dando tumbos hacia atrás y probablemente habría quemado la ropa por estar en contacto con una sangre sucia, no obstante, no podía negar que aquel contacto le gustaba.

Hermione también advirtió la cercanía entre sus cuerpos y dejó de resistirse para lograr separarse del muchacho. Sus rostros permanecían a escasos centímetros, desde aquella distancia podían observar todos los detalles de las facciones de uno y de otro. Los ojos fríos como el hielo volvieron a entrar en colisión con los ardientes marrones de la muchacha, provocando aquel sentimiento desconocido para ambos.

Draco comenzó a sentir la excitación apretándole en su pantalón. Aquella reacción de su cuerpo lo pilló desprevenido, jamás se había excitado estando únicamente contra el cuerpo de una mujer, con Pansy siempre tenía que hacer grandes esfuerzos. Hermione abrió ligeramente la boca cuando sintió en su vientre la excitación del muchacho, aquello lo puso nuevamente nerviosa, aunque no era para menos: Los labios quedaban únicamente separados por escasos centímetros, mientras que sus cuerpos estaban colisionados de tal forma que los pechos de Hermione rozaban el cuerpo de Draco, lo que lo ponía más ansioso.

Una extraña sensación comenzó a florecer en el cuerpo de la Gryffindor, supo que era a pesar de no haberla sentido nunca antes: excitación. El haber advertido el deseo del muchacho en su vientre la había vuelto loca, tan sólo llevaban un par de segundos observándose pero ambos sabían lo que sucedería si no se apartaban el uno del otro…

-¡Hermione! - se oyó desde la puerta.

Tanto Malfoy como la muchacha se giraron hacia el sonido y descubrieron a Harry y Ron en la puerta de entrada a la clase de encantamientos. La sorpresa fue tal que ni el Slytherin ni Hermione pudieron moverse, al igual que ocurrió con los dos amigos.

El horror de Harry fue tal que por poco se desploma allí mismo. No obstante toda su versión de los hechos cambió cuando comprobó que la varita de Malfoy apuntaba directamente al cuello de su amiga.

-¡Suéltala! - gritó acercándose a ellos con la varita en la mano.

Draco se separó de Hermione con lentitud y dirigió su varita hacia Harry mientras Ron corría hacia su amiga y la abrazaba. Los eternos rivales quedaron separados por escasos metros mientras sostenían la varita en lo alto, dispuestos a atacar en cualquier momento.

-Así que… defendiendo a la sangre sucia, ¿no es así, Potter? - inquirió Malfoy con extremada maldad.

-¡No se te ocurra volver a dirigirte a ella así! - gruñó él - ¡Expelliar…

-¡Basta! - gritó Hermione colocándose en el centro - Haced el favor de dejarlo ya.

Draco y Harry continuaron observándose haciendo caso omiso a la intervención de la muchacha, no obstante, ninguno de los dos atacó por miedo a que el hechizo pudiera colisionar en Hermione.

-Harry, vayámonos - insistió Ron colocando con suavidad una mano en el hombro de su amigo.

Potter asintió y con lentitud retrocedió hasta la puerta, Hermione lo sujetaba del brazo temerosa de que pudiera volver a intentar atacar a Malfoy. Justo antes de que abandonaran la clase, Hermione dirigió una última mirada a Draco, que permanecía inmóvil pero sin mostrar aquella postura defensiva, sus ojos entraron en colisión una última vez. Una última mirada desesperada, indecisa y temerosa de interés.

Draco casi corrió hasta la sala común de Slytherin, necesitaba quitarse de la cabeza aquel contacto físico con la hija de muggles, su excitación crecía cada vez que recordaba sus pechos rozando su cuerpo o la extrema proximidad de sus rostros. Por suerte, Pansy se hallaba en la sala común hablando alegremente con unas compañeras de las cuales Draco no tenía ni idea de sus nombres, sin mediar palabra la agarró del brazo con brusquedad y la llevó a su dormitorio.

Hermione permanecía en el Gran Comedor tratando de comer su pudín sin mucho éxito mientras Ginny y Lavender hablaban en susurros. La muchacha sabía que debía permanecer atenta a la conversación porque, por lo que había podido llegar a oír, era un tema que preocupaba a Lavender… no obstante, era incapaz de concentrarse.

Aquel contacto con Malfoy la había dejado K.O., sentir su cercanía de aquella manera tan brusca y desesperada había provocado que entrara en la cuenta de que tal vez Malfoy no era el único que sentía interés, ella misma se preguntaba si no deseaba que aquel contacto volviera a suceder.

Hermione había estado recorriendo la mesa Slytherin tratando de encontrar aquella mirada gris a fin de resolver todas sus dudas, pero Malfoy no estaba en al Gran Comedor, lo cual le puso extrañamente nerviosa.

De pronto las puertas principales se abrieron y Hermione dirigió la mirada a ellas. Malfoy y Parkinson avanzaban por los pasillos del Gran Comedor hasta sus asientos. Hermione sintió un atisbo de furia y tristeza en su interior al ver cómo Pansy agarraba orgullosa el brazo de Malfoy sintiéndose una auténtica diosa. La muchacha quiso apartar la mirada de aquella extravagante pareja pero fue incapaz, descubrió casi con gracia que el Slytherin la observaba desde su asiento mientras rodeaba a su novia por los hombros.

Era frustrante saber que una simple mirada entre ellos bastaba para volver a sentir deseos de que sus cuerpos se rozasen.

-Está tremendo, ¿verdad Hermione? - comentó Ginny.

-¿Quién? - preguntó apartando la mirada de los grises ojos de Draco.

-Malfoy - repuso -. ¡Qué pena que sea un imbécil!

-Sí… qué pena… - coincidió Hermione volviendo a desviar la mirada hacia el Slytherin.

Al menos no era la única que advertía la belleza oculta de Malfoy, a Hermione se le asemejaba a la de un caballo salvaje: indomable, libre y con cierto peligro. Su proximidad a él hacía un par de horas le había dado la oportunidad de presenciar su hermosura al completo, las bellas facciones de su rostro y su cuerpo bien formado por brazos y piernas musculosas y ágiles…

Una figura que quitaba el aliento.

-¿Qué opinas, Herm? - inquirió esta vez Lavender.

-Lo siento, ¿qué? - volvió a preguntar ella apartándose del contacto visual con Malfoy.

-Si crees que debería decirle a Ron que me gusta - susurró Lavender mortalmente ruborizada.

Hermione la miró sorprendida, no obstante supo inmediatamente que debían haber estado hablando de eso toda la cena. Dirigió una rápida mirada a Ron, que comía con inocencia y ajeno a todo lo demás. Hermione pensó que era la primera vez que alguien se interesaba por Ron y sonrió.

-Sí, yo creo que sí - repuso.

-¿Y tú, Ginny? - preguntó Lavender.

-No pierdes nada por intentarlo - se limitó a decir la pelirroja.

Draco permanecía tumbado boca arriba en la cama dejando que los pensamientos fluyeran libremente por su mente, había tratado frenarlos pero le había resultado totalmente imposible, de modo que decidió dejarse llevar por ellos.

Los sucesos de aquel día habían sido especialmente impactantes, por si el contacto físico con Granger no hubiera terminado por derrotarlo, la mirada furiosa y triste que le había dirigido en el Gran Comedor lo había rematado. Cuanto más pensaba en la excitación que había sentido por la hija de muggles, menos la entendía. Casi se avergonzaba de pensar que había arrastrado a Pansy a su dormitorio para penetrarla una y otra vez hasta que la excitación se desvaneciera, no obstante, su novia no sabía que mientras habían mantenido relaciones sexuales, él no había hecho otra cosa que dejarse llevar por la imagen de Granger pegada a él.

Aquello era patético, simplemente patético. Teniendo una belleza como lo era Pansy… ¿por qué le excitaba Hermione? No podía llegar a entenderlo.

De todas formas, su contacto con la sangre suciale había hecho darse cuenta de la atracción que sentía Potter por ella, recordaba su mirada iracunda cuando había visto su cuerpo pegado al de la chica y su obediencia cuando ella le había pedido que se marcharan. Cada vez que el marcado molestara a Draco, él sabría con qué contraatacar.

Harry, Neville, Ginny y Hermione hacían deberes en la sala común de Gryffindor cuando Ron y Lavender aparecieron por el retrato de la señora gorda cogidos de la mano, los cuatro se apresuraron a felicitar a la pareja, a sabiendas de que Lavender se habría declarado a Ron y éste la habría aceptado.

Aquel hecho puso más nervioso a Harry si cabía, si su mejor amigo salía con Lavender él tendría que pasar más tiempo con Hermione, motivo por el cual no sabía si alegrarse o mostrase temeroso. Encontrar a su amiga tan cerca de Malfoy hacía unas horas lo había puesto iracundo, le había dado la certeza de que no podría negarse a su atracción por ella, de modo que no servía de nada mantener las distancias con Hermione pues había confirmado así sus sentimientos hacia ella, advirtiendo que no podría mantenerse alejado de su amiga por más tiempo.

La muchacha, por su parte, se sentía extrañamente feliz, aunque no podía negar que no era únicamente por la reciente relación de su amigo con Lavender, descubrir el deseo en los ojos de Malfoy cuando se habían encontrado tan cerca la hacía sentirse halagada y al mismo tiempo ansiosa por otro contacto físico.

Los días transcurrían sin novedad alguna, hasta que un día Hermione decidió acercarse a Malfoy para recordarle que debía hacer la mitad del trabajo para el profesor Flitwick. No le hacía especial ilusión acercarse a los Slytherin, sobretodo si Pansy permanecía cerca de Draco, hecho que la ponía extrañamente nerviosa y furiosa, pero no tuvo más remedio que hacerlo. Se acercó a los integrantes de la casa rival en el campus, cuando los amigos se encontraban tomando el sol sentados en la hierba.

-Malfoy, ¿podemos hablar un momento? - inquirió Hermione cuando se hubo encontrado a la distancia suficiente como para que la oyera.

Draco levantó la mirada para encontrase con los ojos marrones de Granger por un momento, permanecía tumbado con la cabeza apoyada en las piernas de Pansy mientras ésta le acariciaba los rubios mechones de pelo con ternura.

-¿Qué quieres? - preguntó cerrando los ojos, negándose a su mirada y a incorporarse para hablar con ella.

Lo último que deseaba en aquel momento era volver a sentir deseo por ella si se encontraban solos.

-¿Has hecho la mitad del trabajo?

A Draco le sorprendió que Hermione creyera que realmente haría su parte del trabajo de encantamientos, sonrió y se incorporó para dirigir a la muchacha una mirada llena de malicia.

-Te dije que lo harías tú, no pienso mover un dedo - contestó simplemente.

-Y yo te dije que no lo haría sola - repuso Hermione desafiante -. No pienso hacer nada a menos que tú no hagas lo mismo.

-Entonces suspenderemos encantamientos - se limitó a decir Draco.

-Suspenderemos entonces - concluyó Hermione alejándose.

Draco sonrió al ver el valor de Granger al atreverse a dirigirse a él mientras estaba con sus amigos.

-¿No vas a hacer nada para no suspender encantamientos? - inquirió Pansy, que continuaba acariciando al muchacho.

-¿De verdad crees que Granger no hará el trabajo? No estará dispuesta a suspender ninguna asignatura, y menos por mi culpa - repuso Draco -. Hará el trabajo.

Sin embargo, no pudo saber lo equivocado que estaba. Hermione no iba a dejar que Malfoy la manipulara de aquella forma, prefería suspender a tener que hacerle el trabajo a aquel odioso Slytherin.