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Historia 40899 — capítulo 4
-Estoy muy disgustado con ustedes - continuó el profesor Flitwick -. Ya no es que me hayan entregado un trabajo mal elaborado o carente de sentido… es que simplemente no me lo han entregado.
Hermione y Draco permanecían frente al profesor de encantamientos mientras éste los regañaba por no haber realizado el trabajo.
-No sólo van a provocar que sus casas resten veinte puntos sino que deberán entregarme el trabajo la semana que viene y como éste tenga una nota menor que un siete, los castigaré y restaré otros veinte puntos a cada casa - amenazó el profesor.
Draco estaba cuanto menos, sorprendido. No había llegado a creer que Granger no hubiera hecho el trabajo, al parecer su carácter y el no dejarse manipular estaba por encima que sus notas y los estudios, hecho que extrañamente le gustó de la sangre sucia.
Hermione, por su parte, no se arrepentía de no haber hecho el trabajo, no iba a dejar que Malfoy la utilizara para sus fines siempre que quisiera. El rostro del muchacho cuando el profesor Flitwick había pedido su trabajo y ésta había asegurado que no lo tenían había hecho que valiera la pena la resta de veinte puntos para Gryffindor.
El profesor de encantamientos abandonó la clase con aire malhumorado.
-Entonces… ¿cuándo dices que harás tu mitad de trabajo? - preguntó Hermione con una sonrisa en el rostro.
Draco la miró con violencia, aún después de que el profesor Flitwick les hubiera regañado tenía ganas de bromear. No obstante, sabía que Granger no haría el trabajo a menos que él hiciera la mitad.
-Para la semana que viene estará hecho - repuso mientras cogía sus cosas dispuesto a marcharse.
-Tendremos que hacerlo juntos - comentó Hermione antes de que Draco se marchara -. Si no sacamos más de un siete el profesor Flitwick nos castigará, y me niego a pasar más tiempo del que debo contigo.
Malfoy suspiró. La hija de muggles tenía razón, debían hacer el trabajo juntos para sacar mejor nota. Por una parte, la idea de pasar más tiempo con ella lo intrigó, aunque trató de convencerse a sí mismo de que sólo era porque sabía que a Potter le molestaría.
-Quedaremos mañana en la biblioteca, a la noche - acordó Draco, no quería que nadie le viera estando con una sangre sucia.
-Está bien.
Hermione cogió sus libros de encantamientos y salió de su dormitorio para penetrar en la sala común de Gryffindor, el que no hubiera nadie sorprendió a la muchacha aunque también la alivió: no quería preguntas sobre a dónde iba o con quién. Justo cuando se dirigía al retrato, Harry la sorprendió por detrás.
-Dios mío, Harry… - jadeó Hermione - ¡Me has dadoun susto de muerte!
-No era mi intención - se disculpó él -. ¿A dónde vas?
La muchacha respiró aliviada, de todas las personas con las que podía haberse encontrado, lo había hecho con uno de sus mejores amigos, al cual no le importaba en absoluto contar la verdad.
-A la biblioteca, tengo que repetir el trabajo con Malfoy.
-¿Quieres que vaya contigo? - se ofreció Harry.
A Hermione le hubiera gustado decir que sí ya que estaba tanto deseosa como temerosa de aquel encuentro con el Slytherin. Sin embargo, contestó:
-No, no hace falta.
-Está bien - se rindió Harry.
Hermione llegó a la biblioteca y, como había esperado, no encontró a Malfoy por ningún lado. Aquello la tranquilizó y la puso nerviosa al mismo tiempo, sus contradictorias emociones la ponían frenética.
Draco sabía que estaba llegando tarde, hacía cinco minutos que debía haber estado en la biblioteca y, sin embargo, estaba en la cama con Pansy. La sola idea de encontrarse a solas con la sangre sucialo ponía nervioso, nervioso y ansioso al mismo tiempo. Sabía que debía ir a hacer con ella el trabajo o, que de lo contrario, suspendería encantamientos, asignatura que debía aprobar con buena nota si quería ser un verdadero Mortífago.
Se levantó de la cama y vaciló antes de vestirse, el seductor cuerpo desnudo de Pansy lo llamaba y Draco necesitaba debilitar cualquier excitación posible a la hora de estar con Granger, no iba volver a consentir que se sintiera excitado únicamente rozándola.
Suspirando volvió a tumbarse en la cama y se sumergió en el atractivo cuerpo de su novia, que había observado no sin cierto interés la escena y la indecisión del Slytherin.
Hermione esperó durante más de diez minutos y, cuando estuvo segura de que Malfoy no aparecería o lo haría mucho más tarde, comenzó a recoger información sobre los seis encantamientos más complicados de la historia de la magia. No le agradaba hacer aquello sola pero debía reconocer que estar sin Draco era un alivio para ella, no obstante, tampoco iba a hacerlo ella todo.
Draco se vistió lo más veloz que pudo y, sin mirar a Pansy, salió disparado de la habitación. Llegaba una hora y media tarde, mucho más de lo que él hubiera esperado. En aquel momento el encuentro con Granger no le importó más de lo normal, iba confiado de que toda la excitación que pudiera sentir un cuerpo humano lo había derrochado con Pansy aquella noche.
Irrumpió en la biblioteca jadeando y buscó por todos los rincones. No había señal de la Gryffindor. De pronto, se fijó en una de las mesas que permanecía iluminada, se dirigió hasta ella y encontró una vela casi consumida sobre ésta. A su lado se hallaban un par de libros apilados y una nota que rezaba:
"He adelantado algo de trabajo, los apuntes están bajo la pila de libros que he usado para encontrar información. Busca algo sobre el segundo encantamiento más complicado en estos libros, espero que te sirva de ayuda y que mañana seas más puntual.
Hermione Granger."
Draco releyó la nota un par de veces, asombrado. En un principio le había molestado que Granger no hubiera estado en la biblioteca esperándole, a lo que estaba acostumbrado, se había enfurecido al comprobar que había estado preparándose tan a fondo con Pansy para nada. No obstante, aquella nota cambió su visión de las cosas.
El gesto de que Hermione le hubiera dejado los libros y apuntes que debía seguir para continuar con el trabajo lo había conmovido, nadie le había ofrecido algo a cambio de nada… y menos cuando se había portado tan mal con esa persona. Incluso sus padres, que lo llenaban de caprichos y comodidades, lo hacían con un fin, que era que Draco siguiera sus pasos convirtiéndose en Mortífago. Crabbe y Goyle sólo obedecían sus órdenes a cambio de ser los mejores amigos del chico más popular de Hogwarts. Pansy… Pansy hacía todo cuando Draco le pedía por debilidad, obedecer sus reglas significaba estar con él, que era lo que Pansy quería.
Todo cuanto lo rodeaba era un tira y afloja, nadie hacía nada por él si Draco no ofrecía algo a cambio. Pero Hermione le había ofrecido ayuda para el trabajo incluso después de haberla dejado tirada, sólo Dios sabía cuánto tiempo había estado esperando por él.
Al día siguiente, Draco quiso acercarse a Hermione… no estaba seguro de si quería darle las gracias, pedirle perdón o simplemente estar cerca de ella. El caso era que no se separaba de ninguno de sus amigos, sobretodo de Harry, hecho que ponía a Draco igual de nervioso y ansioso que cada vez que debía encontrarse con ella.
Aquella noche, Malfoy trató de ser puntual aunque tampoco lo consiguió, aunque diez minutos tarde era su record hasta el momento. Penetró en la biblioteca y se dirigió directamente a la mesa donde había estado haciendo el trabajo la noche anterior. Encontró a Hermione cogiendo un par de libros de las estanterías, absorta en sus pensamientos mientras una pluma escribía en uno de los pergaminos que se encontraban sobre la mesa. Cuando se volvió y advirtió la presencia de Malfoy, dio un pequeño respingo provocando que la pluma cayera.
-Me has asustado - aseguró dejando los libros sobre la mesa y volviendo a concentrarse para poner la pluma en movimiento.
-¿Cómo supiste que vendría? - inquirió él de pronto.
-No te sigo.
-Me dejaste una nota diciendo cómo podía continuar el trabajo - explicó Draco -, lo cual significa que sabías que vendría, aunque fuera tarde.
Hermione lo miró con suavidad, no esperaba aquella pregunta, ni siquiera estaba segura de conocer la respuesta.
-No lo sé - repuso honestamente -. Simplemente supe que vendrías, confié en ti.
Si la muchacha no se esperaba la pregunta, menos se esperó Draco su respuesta. No sólo le había ofrecido los libros y los apuntes para continuar el trabajo, sino que también había confiado en él.
-Hice bien en confiar en ti, viniste - dijo Hermione tratando de romper el sobrecogedor silencio -. ¿Hiciste tu parte del trabajo?
-Sí - asintió Draco colocando su parte del trabajo sobre la mesa sin apartar la mirada de la muchacha.
-Genial - se apresuró a decir antes de que el contacto visual con el Slytherin la cegara por completo -. Hoy adelantaremos una buena parte.
Los dos compañeros se pusieron manos a la obra con la tarea, mientras Draco buscaba información sobre el siguiente encantamiento, Hermione ordenaba y agrupaba ideas para escribirlo.
Pasaron un par de noches así, quedando en la biblioteca. A ambos les costaba admitir que no era tan malo trabajar el uno con el otro, no obstante, había momentos de tensión y otros en los que simplemente saltaban chispas.
Un día Draco se quedó observando cómo Hermione trataba de coger un libro de una alta estantería, hazaña que provocó una mayor visión de su cuerpo. No es que el muchacho hubiera llegado a pensar que la sangre suciano tuviera buen aspecto, pero su vientre plano lo había sorprendido notablemente: todas aquellas estudiantes que tenían buen tipo lo lucían hasta la saciedad desabrochándose los botones de la camisa o anudándola para dejar ver lo que Hermione escondía.
-¿Qué miras? - preguntó ella cuando se dio cuenta de que Malfoy la contemplaba.
-Nada - gruñó él.
Pero, por supuesto, las cosas no quedaron así, Hermione también había sido sorprendida mirando el bello rostro del Slytherin mientras éste se concentraba en buscar información. Cuando Draco se dio cuenta de que estaba siendo observado, sonrió a Hermione con cierta picardía.
-¿Qué miras?
-Nada - se apresuró a contestar la muchacha bajando la cabeza avergonzada.
Harry, por su parte, se sentía extrañamente nervioso. Veía cada noche a Hermione marcharse a la biblioteca, lo más curioso de ello era que cada día lo hacía con más tranquilidad, una tranquilidad que sustituía al miedo de los primeros días. Una noche no pudo evitar seguir a la muchacha, la visión de Malfoy y ella trabajando juntos le puso los pelos de punta pero le tranquilizó. Podía haber sido algo peor.
Lo que Harry no pudo llegar a imaginar era que aquella noche, después de que él los espiara, las cosas iban a cambiar.
Draco y Hermione habían quedado como un día cualquiera, su trabajo estaba terminado y debían entregarlo al día siguiente. Aquello no impidió que ambos se encontraran en la biblioteca, repasando cualquier fallo en el ensayo, se jugaban mucho con aquel trabajo.
Una vez más, Hermione se levantó para coger un libro de una estantería superior. En la biblioteca estaban prohibidos los hechizos, de modo que no pudo utilizar el hechizo *"Wingardum Leviosa"*para cogerlo. Draco observaba desde su asiento el nulo intento de su compañera para coger el libro, sacudió la cabeza con una sonrisa.
-Por Dios - murmuró.
Sabía que Hermione no le solicitaría ayuda, jamás lo hacía y no empezaría a hacerlo en aquel momento. De modo que, sin que ella se lo pidiera, se levantó de su asiento y caminó hasta donde ella se encontraba.
-¿Cuál es? - preguntó cuando se encontraba a su lado.
-Ése - repuso la muchacha señalando el libro.
Draco se puso de puntillas y rozó con los dedos la tapadera del libro, en un desesperado intento por agarrarlo se le resbaló de las manos y lo tiró al suelo. Ambos se agacharon para recogerlo.
El contacto de sus manos para aferrar el libro caído en el suelo provocó que se miraran, una mirada que se convirtió en su perdición.
Malfoy cogió el libro y continuó mirando a Hermione mientras los dos se levantaban, sin perder en ningún momento la magia de aquellapeligrosa mirada. Una vez que se encontraron el uno frente al otro, Draco le pasó el libro y ésta lo sujetó apartando brevemente la mirada, gesto que no le gustó demasiado al Slytherin que, con una mano, sujetó con toda la delicadeza que pudo el mentón de Hermione y lo elevó para que sus ojos volvieran a encontrarse.
Sus rostros volvían a estar a escasos centímetros, sus cuerpos únicamente separados por el libro que ella sostenía, el deseo prohibido y la intimidación empapaba la atmósfera. Sin poderlo evitar, Hermione se acercó a Draco, rompiendo la barrera que ambos habían tallado con exquisito cuidado, y lo besó.
A pesar de que no fuera el primer beso para ninguno de los dos, ambos sintieron como si lo fuera. El amor y el odio se fusionaron de tal manera que convirtieron aquel beso en algo nuevo, algo que ninguno de los dos habían experimentado. Sus labios se abrían y cerraban con una precisión insólita, sus lenguas jugaban en la boca del otro convirtiendo el beso en algo totalmente mágico, fuera de aquel mundo.
Hermione dejó caer el libro que tenía entre las manos y rodeó el cuello de Draco con sus brazos, jugando con los rubios mechones de pelo que se encontraban entrelazados a sus dedos. Malfoy, totalmente fuera de sí, sujetó a Hermione de la cadera y la empotró con suavidad contra la pared sin despegar sus labios de los de ella, provocando que sus cuerpos volvieran a entrar en colisión. Aquel contacto fue suficiente para excitarlos, no obstante, Draco no hizo nada por llevar las cosas más allá, por primera vez, no sentía deseos de llevársela a la cama. No porque no tuviera deseos de hundirse en su morena piel, sino porque quería ir despacio, despacio y con cuidado como aquel beso que compartían. Un beso lleno de precaución, lentitud y sobretodo, ternura infinita.
Hermione jamás había experimentado algo así, había besado a Viktor Krum en cuarto curso, pero aquel beso no podía compararse con el del jugador profesional de quidditch. Aquel beso les daba la certeza a ambos de lo que tantas semanas habían tratado de negar.
De igual forma, Draco disfrutó de aquel beso como si hubiera sido el primero, a pesar de haber besado a un gran número de chicas. Aquella extremada sensualidad y lentitud no había podido experimentarla con ninguna otra, para aquel punto Draco ya se las estaría llevando a la cama. Con Hermione era diferente, todo era mucho más dulce, más pasional. No debía imaginarse besándose con ninguna otra, la excitación era automática al ver el bello rostro de Granger con los ojos cerrados, besándolo con ternura.
Draco cerró los ojos, no porque no quisiera verla, sino para experimentar las sensaciones que ella debía estar viviendo con los ojos cerrados, sensaciones que para él fueron totalmente nuevas ya que jamás había tenido el detalle de cerrar los ojos al besar a alguien. Tan pronto como lo hizo, el más posesivo de los pensamientos de Malfoy rugió "es mía".
De pronto, el eco de un portazo resonó en la biblioteca, hecho que provocó que Hermione y Draco se apartaran automáticamente. Hermione recogió el libro del suelo y simuló buscar su debido sitio en las estanterías y Draco se apresuró a sentarse en la mesa que ambos utilizaban, fingiendo escribir.
La figura de Pansy apareció en pocos segundos.
-¡Estás aquí! - anunció dirigiéndose a Malfoy - Llevo un rato buscándote.
-¿Qué haces aquí? - preguntó él tratando de ocultar su sorpresa.
-Bueno es que… como hace días que no lo hacemos a las noches… - se limitó a decir.
Hermione sintió nauseas ante aquella frase, sabía que a Pansy no le importaba admitir que mantenía relaciones sexuales con Draco, de hecho, era algo que la enorgullecía. Le gustaba que la gente supiera que se tiraba al chico más popular y divino de todo Hogwarts.
-Te dije el otro día que tengo que hacer un trabajo con Granger - repuso Draco con una nota de enfado en su voz, no le gustaba la idea de que Pansy le hubiera estado espiando y mucho menos de que le hubiera interrumpido.
-Oh pero… has terminado, ¿no? - inquirió Pansy observando el trabajo sobre la mesa -. Vayámonos a tu habitación antes de que se nos pegue algo de la sangre sucia.
Hermione cerró los ojos con cierto dolor, no era la primera vez que la insultaban de aquella manera tan cruel pero la certeza de cómo derrocharía Malfoy su excitación con aquel beso que acababan de darse aquella noche le causó más dolor del que hubiera podido imaginar.
Draco adivinó los sentimientos de Hermione al observarla pero no pudo hacer otra cosa que limitarse a compartir una última mirada con ella mientras Pansy asía su brazo y lo arrastraba con ella hasta la salida.
En cuanto el eco de un nuevo portazo llegó a los oídos de Hermione, se apoyó contra la pared más próxima y se dejó caer sujetándose las piernas con las rodillas. Un cúmulo de sensaciones y sentimientos se abría paso ante ella. No podía creerse que hubiera besado a Draco Malfoy, y mucho menos que le hubiera gustado.
Sintió ganas de llorar, de gritar, de saltar, de sonreír o incluso de salir corriendo. No obstante, supo que tarde o temprano debía desahogarse antes de que aquel remolino de emociones terminara por acabar con ella.
Tal y como Hermione había adivinado, Draco vertió su excitación con la hija de muggles en el cuerpo de Pansy. Sin embargo, aquella noche Malfoy se limitó a cerrar los ojos y dejarse llevar por el recuerdo de aquel dulce beso, pensando única y exclusivamente en Hermione.
Pansy sonrió más satisfecha que nunca al terminar, contenta de que por fin Draco mostrara algo de sentimiento en sus relaciones. Ella no podía siquiera imaginar que su novio no pensaba en ella mientras la penetraba con intensidad.