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Historia 40899 — capítulo 6

El profesor Snape explicaba de forma rigurosa la mejor forma de hacer una poción curativa, no obstante, muy pocos eran los alumnos que prestaban atención a sus palabras, la mayoría de ellos permanecían inmersos en sus propios pensamientos.

Había pasado una semana desde que Draco y Hermione habían montado en Buckbeak, ambos trataban de pensar cómo acercarse el uno al otro, con más bien poco resultado. Harry, por su parte, continuaba escondiendo sus sentimientos hacia Hermione, aunque Ron ya lo había advertido y finalmente Harry había acabado confesándolos.

-Cuando me haga Mortífago terminaré con todos esos sangre sucia- comentaba Goyle junto a Crabbe y Draco.

Este último puso los ojos en blanco, estaba harto de oír a sus amigos hablar de Mortífagos e hijos de muggles, con aquellas palabras no paraban de recordarle que su futuro era un gran signo de interrogación para él.

De pronto, una brillante idea cruzó su rostro.

-Vamos a gastar una broma a Granger - dijo de pronto, ilusionado.

-Sí, venga - lo animó Crabbe.

Draco cogió un trozo de pergamino y escribió unas cuantas palabras en él, en cuanto vio que Goyle se dispuso a mirar el contenido del papel, lo tapó con una mano.

-Es una sorpresa, veréis la cara de odio que pondrá la sangre sucia- aseguró Draco quebrándosele levemente la voz ante aquel insulto, cosa que le sorprendió.

El Slytherin convirtió el pergamino en un pájaro de papel y utilizó un hechizo aprendido en clase de encantamientos para darle vida. Cuando el profesor Snape se giró hacia la pizarra, Draco sopló el pájaro y éste voló hasta el asiento de Hermione, donde trataba en vano de prestar atención a su profesor de pociones.

Hermione deshizo el hechizo del pájaro de papel y leyó la nota que contenía el pergamino.

"Quedamos este viernes en la torre de astronomía a medianoche.

Mírame con cara de odio, supuestamente estoy gastándote una broma de mal gusto.

No faltes.

Draco."

Hermione trató de contener una sonrisa e hizo acopio de todo el odio que sentía dentro de ella para poder mirar a Draco, a lo que éste respondió con una sonrisa deslumbrante sin que sus amigos lo vieran. Hermione apartó el rostro con rapidez, a sabiendas de que no podría resistir mucho más la hermosura de aquella sonrisa.

Crabbe y Goyle vitorearon la supuesta broma de su líder golpeándole los hombros con entusiasmo.

Tras la cena en el Gran Comedor, Draco se dirigió a su casa con la intención de pasar un par de minutos en su dormitorio antes del encuentro con Granger, para el cual se mostraba extrañamente nervioso.

Penetró en su oscura habitación y cerró la puerta con sigilo, se apoyó en ella y suspiró, llevaba meses sintiéndose un desconocido, sensaciones y sentimientos que nunca antes habían habitado en él se fusionaban constantemente en su interior. Se sobresaltó al dar media vuelta y encontrar el cuerpo semidesnudo de Pansy en su cama.

-Hola, amor - lo saludó como tantas otras veces.

-Hola - repuso Draco sin a penas mirarla mientras cogía un par de cosas del armario.

-¿Te marchas? - inquirió ella con curiosidad.

-Sí.

-¿A dónde?

Draco suspiró, no le gustaba que Pansy lo interrogara de esa manera.

-A la biblioteca.

-¿Y los libros?

-Oh, claro. Los libros - cayó en la cuenta Draco.

Se dirigió al baúl que permanecía empotrado contra la pared y cogió los dos primeros libros que vio. Luego, con extremada tranquilidad, se dirigió a la puerta, donde Pansy permanecía apoyada, obstruyéndole el paso.

-Estás raro - dijo ella -. Llevamos varias semanas sin tener sexo… y cuando lo tenemos… es… diferente.

-¿Es malo?

-No, pero…

-Pues ya está - concluyó él, ansioso por salir de allí.

-Draco no puedes negarme que algo está ocurriendo. ¿Tú a la biblioteca un viernes por la noche? Por favor…

-Los exámenes están al caer.

-¡Eso nunca te ha importado! - exclamó Pansy que comenzaba a enfadarse.

-¡Deja de comportarte como una cría! - estalló Draco, furioso del enfado de su novia - No eres mi madre, no tienes por qué controlar mis pasos, sabes que no te lo consiento… sigo contigo, ¿no?

Pansy asintió lentamente.

-Pues eso es lo que importa - finalizó Draco justo antes de marcharse.

Caminó por los desiertos pasillos de Hogwarts en silencio pero a paso rápido, se sorprendía de haber encontrado a Pansy medio desnuda en su cama y no haber sentido deseos de abalanzarse sobre ella, como lo habría hecho en cualquier otra ocasión.

Aquello era una auténtica locura, necesitaba encontrar en sí mismo la tranquilidad que Hermione le proporcionaba, necesitaba alejarse de todo aquello que le preocupaba aunque fuera por unas horas. Penetró en la torre de astronomía en silencio, allí encontró la figura de Hermione contemplando desde una de las ventanas el cielo estrellado, una figura tan hermosa que le hizo estremecer.

Se acercó a ella en silencio y rodeó su cintura por detrás. La muchacha dio un pequeño respingo, sorprendida, pero entrelazó sus dedos en las manos de Draco y se apoyó en su espalda, un contacto que tranquilizó a ambos.

No sabrían decir cuánto tiempo estuvieron allí observando las estrellas en silencio, lo que sí podían decir era lo bien que les sentaba estar juntos, aunque sólo fuera rozándose. En un momento determinado Hermione se volvió y abrazó con ternura y desesperación el cuerpo de Draco, éste la había respondido aferrándose a ella como si fuera lo único real de aquellos meses, con el cada vez más peligroso deseo de no soltarse jamás.

Se besaron, se acariciaron y se observaron durante aproximadamente una hora, una hora maravillosa que habían empleado para huir de aquel cruel mundo, como anteriormente había hecho Hermione con los libros o el propio Draco manteniendo sexo con Pansy. Juntos todo era más fácil.

Estaban tumbados sobre el suelo de la estancia uno frente al otro cuando Hermione, tras tragar saliva, aventuró:

-No has dejado a Pansy, ¿verdad?

-No.

-Y no vas a dejarla - afirmó Hermione con un tono de desesperación en su voz, incorporándose levemente.

-No - contestó Draco sorprendido, no había siquiera pensado en esa opción.

-Entonces esto va a ser todo lo que tendremos, ¿no es así? Un encuentro por semana… un par de horas… - añadió quebrándosele la voz.

Draco se sentó junto a Hermione, estaba sorprendido por el giro que había tomado la conversación. No obstante, sabía que era algo que debían hablar.

-No es tan fácil como crees… no puedo dejar a Pansy.

-¿Por qué? ¿La quieres?

-No.

-¿Entonces? - inquirió Hermione con ansiedad.

Él suspiró, aquel era un tema delicado. Debía elegir con cuidado las palabras que pronunciaría.

-Ella me… conviene. Su sangre es pura… algún día los dos seremos Mortífagos y compartiremos una vida… es lo que tiene que ser.

-¿Es lo que tú quieres?

-Es… complicado.

-¡No es complicado! - exclamó Hermione al borde de la rabia -. ¡No tienes por qué estar con ella si no la quieres!

-¿¡Crees que a mí me hace feliz estar con una persona que no quiero y pensar en una sangre suciacuando estoy con ella!? ¿¡Crees que me gusta esta situación!?

Las facciones de Hermione se quebraron, su rostro se ensombreció. A pesar de que aquello era en cierta manera lo más bonito que Draco le había dicho a Hermione jamás, su mensaje oculto la hirió como un puñal clavado directo al corazón.

-Eso es todo lo que soy para ti, ¿verdad? - inquirió con fingida tranquilidad -. Una sangre suciacon la que te entretienes, un juego peligroso pues sabes que estoy más que prohibida para los de tu nivel… ¿es eso, no? Es un sucio juego, ¡un juego que te excita porque está prohibido!

-Hermione, no… - comenzó a decir Draco sujetándola del brazo.

-¡Suéltame! - gritó ella zafándose de su contacto -. No quiero que vuelvas a tocarme nunca más… espero que te lo hayas pasado bien a mi costa, seguro que será algo de lo que presumas con Crabbe y Goyle, puedes contarles lo divertido que ha sido joder la vida de una sangre sucia… ¡te odio!

Hermione se incorporó y salió corriendo de la torre de astronomía, sus veloces pasos provocaban eco en el silencio sobrecogedor que invadía los pasillos. Las lágrimas que se precipitaban de sus hermosos ojos marrones le impedían ver el camino, pero le daba igual. En aquel momento, todo le resultaba indiferente.

Llegó al retrato de la señora gorda con una fusión entre jadeos y sollozos. Estiró su cuerpo y se secó con cuidado las lágrimas que aún rodaban por sus mejillas, temerosa de que aún hubiera alguien en la sala común y la descubrieran.

Cuando se hubo serenado, recitó:

-Llanto de mandrágora.

Y automáticamente, el cuadro le condujo el paso hasta la sala común.

-¿Dónde estabas? - preguntó de pronto Harry, sorprendiendo a Hermione.

-Hola Harry - saludó ella al volverse y comprobar que se trataba solamente de su amigo -. He estado… haciendo deberes.

-Te he buscado en la biblioteca y no estabas.

-Es que… he estado con Luna en una de las aulas deshabitadas - improvisó sobre la marcha, sintiéndose culpable por mentir.

-¿Y tus libros? - continuó preguntando Harry.

-Sólo he ayudado a Luna a hacer un trabajo, ¿algo más o puedo irme ya a dormir? Estoy cansada - dijo Hermione con furia ante semejante interrogatorio.

-Yo, bueno… lo siento, no era mi intención…

-Ya, lo que sea. Estoy harta de todos vosotros - interrumpió ella con rabia justo antes de alejarse.

Harry permaneció en la sala común en silencio, sintiéndose culpable por la forma en la que había tratado a su amiga… sin embargo, había algo en su rostro y en su forma de comportarse que le hacían advertir que algo más ocurría…

¿Hermione estaba… triste?

Draco miraba con expectación el rostro dormido de Hermione, se había colado en su dormitorio con la intención de hablar con ella, pero la hermosa imagen del sueño de la muchacha lo había distraído de sus propósitos. Se lucía tan bella allí tumbada, encogida sobre su cuerpo, protegiéndose con las mantas de todos los peligros que acechaban el mundo…

Sin poder evitarlo, Draco se acercó a ella con cuidado y acarició su rostro cansado y triste con la punta de los dedos, con cuidado de únicamente rozarla. El contacto con su suave piel provocó el recuerdo de las palabras de Hermione en su mente. "¡Un juego que te excita porque está prohibido!" había dicho ella. ¿Era realmente eso lo que significaba Hermione para él? Al menos, era lo que en un principio había querido que fuera, un juego, puro entretenimiento, una forma de reivindicar la furia de sus enemigos: Lucius, Potter…

Pero, si se trataba de eso, de un simple juego. ¿Por qué estaba en aquel momento en su dormitorio de prefecta? ¿Por qué la acariciaba con dulzura? Nadie podía verlo ahora, su padre jamás sabría que había estado en el cuarto de una sangre suciaacariciándola como si fuera lo único que le importara, Potter jamás se enteraría de que había estado tocando el bello rostro de su amiga, hecho que él deseaba por encima de cualquier cosa… entonces, ¿por qué lo hacía?

Una voz en su interior respondió por él: "Eres mía".

De pronto, como si Hermione hubiera podido oír aquel pensamiento, abrió los ojos perezosamente. Una figura de dorados cabellos se alzaba frente a ella, pero la somnolencia y el cansancio le impedían identificarla. Con lentitud palpó la mesilla de noche y cogió su varita.

-¡Lumos!

De la punta de la varita comenzaron a salir pequeños destellos de luz, iluminando toda la habitación.

Nadie.

Hermione se dejó caer en la cama y detuvo el hechizo de la varita, por un momento había llegado a pensar con esperanza y casi con desesperación que era Draco quien se encontraba en su habitación.

La navidad estaba próxima, la mayoría de los alumnos de Hogwarts tenían hechos ya sus planes. Muchos de ellos permanecerían en la escuela, a sabiendas de que era el lugar más seguro para la inevitable guerra que se avecinaba, pero Hermione quería irse. Ansiaba alejarse del trimestre más duro y confuso de su vida, necesitaba tiempo para ella misma, un tiempo que con Harry y Ron pegados a su espalda no podía tener.

A la mañana siguiente de haber "discutido" con Harry, Hermione se había disculpado con él. Lo último que quería en aquel momento era estar enfadada con una de las pocas personas en las que confiaba, no obstante, sus aventuras con Draco eran totalmente confidenciales, Hagrid era el único enterado de aquella relación secreta que había durado mucho menos de lo que la propia Hermione hubiera deseado.

Cada noche, Hermione se dirigía a los jardines de Hogwarts en silencio y pasaba las horas junto a Buckbeak, observándole cazar o simplemente dormir. Cosa que ella no podía hacer desde que creyó ver a Draco en su dormitorio. Lo que ella ni siquiera sospechaba era que él la vigilaba cada noche, la seguía hasta el descampado donde se encontraba el hipogrifo y la observaba desde la oscuridad. Le fascinaba verla observar las estrellas con aire melancólico o acariciar a la criatura con dulzura, le fascinaban todos y cada uno de los detalles que ella tenía en las incontables noches que salía a despejarse.

Aquella imagen nocturna le ofrecía paz y serenidad para el día siguiente, cuando debía ver a Hermione cogida del brazo de Harry, riéndole las gracias, apoyándole en sus peores momentos. A Draco le enfurecía verlos así de acaramelados, después de la discusión que habían tenido Hermione y él en la torre de astronomía, se llevaban mejor que nunca. Era como si ella lo hiciera queriendo, sólo para fastidiarlo.

Un día, concretamente el día antes de que el Expreso Hogwarts saliera de la escuela para llegar hasta la estación de King's Cross, en el andén nueve y tres cuartos, Harry, Ron y Hermione se hallaban en el vestíbulo de Hogwarts.

-¿No vienes a la sala común? - inquirió Ron.

-No… me gustaría despedirme de Hagrid antes de subir - respondió Hermione.

-Entonces me temo que es hora de que nos despidamos - declaró Harry.

Casi con timidez, los tres amigos se abrazaron. Hermione era la única de ellos que se marchaba a pasar las navidades con su familia… Ron y Harry la iban a extrañar, de eso no cabía la menor duda, pero sobretodo Harry, al cual la idea de un mes sin su más astuta amiga lo volvía loco.

Draco acababa de dar plantón nuevamente a Pansy. Su idea era despedirse de Hermione, tener un último contacto con ella hasta después de las navidades. Había decidido romper aquella barrera de odio y rencor que los separaba, al llegar a las escaleras del vestíbulo los vio. Vio los abrazos y besos de los tres amigos, vio el deseo y el énfasis de Potter cada vez que se acercaba a Hermione para despedirla. Aquello terminó de irritar a Draco que, oculto entre tras una columna, se contenía para no gritar y lanzar una maldición imperdonable contra su máximo rival.

Cuando las despedidas hubieron cesado, Hermione salió de Hogwarts y comenzó a andar hacia el descampado donde se hallaba Buckbeak. Draco esperó con ansiedad a que Weasly y Potter se perdieran de su vista y la siguió.

La muchacha se sentó en el tronco donde habituaba después de hacer las reverencias correspondientes y comenzó a acariciar con cariño al hipogrifo, en señal de despedida. De pronto, oyó el sordo sonido de pasos detrás de ella, mezclándose con el siseo invisible de las hojas cubiertas por la nieve. Sacó la varita con un movimiento rápido y se volvió.

Draco caminaba hacia ella con pasos veloces, su rostro estaba bañado en furia, pero Hermione no tenía miedo, si acaso un preciado respeto, eso debía concedérselo, sus facciones intimidaban.

-¡Eres mía! - espetó Draco - ¡No puedes acercarte así a Weasly y mucho menos a Potter!

Hermione abrió desmesuradamente los ojos, la sorpresa ante sus palabras fue tal que no pudo impedir que Draco la agarrara del cuello y la empotrara contra el árbol más próximo.

-¡No quiero verte nunca tan cerca de nadie! - mascullaba él con su rostro a escasos centímetros del de ella -. ¡Eres mía! ¿Lo has entendido?

La sangre no tardó en llegar a la cabeza de Hermione y logró apartar el brazo de Draco que la mantenía contra el árbol. La furia comenzó a crecer en su interior.

-¡Te dije que no me volvieras a tocar! ¡Yo no soy tuya! - gritó sin apartarse de él -. No te atrevas a dirigirte a mí como si no fuera nada más que un objeto, soy libre de acercarme a quien quiera. ¿Es que acaso yo te recrimino tus más que acercamientos con Pansy?

-¡Eso es algo totalmente distinto!

-¡No lo es! ¡La única diferencia es que tú tienes sexo con ella y yo no lo tengo con ninguno de mis amigos! ¿Qué crees que es más duro? - inquirió sin poder evitar que una lágrima recorriera su mejilla.

Hermione se volvió, no quería que Draco la viera en aquel estado de debilidad. Comenzó a alejarse pasando por delante de Buckbeakpero un brazo la asió. Pudo percibir el miedo del hipogrifo ante aquel movimiento brusco incluso antes de girarse.

-Draco, cuidad…

Antes de que Hermione pudiera terminar la frase, el hipogrifo se había abalanzado sobre el Slytherin, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo.

La muchacha se apresuró a tratar de calmar a Buckbeak.

-Tranquilo - le susurraba mientras lo acariciaba -. Tranquilo, shhh.

Cuando el hipogrifo hubo mantenido la calma, se acercó a Draco, que permanecía en el suelo cubierto por heladas hojas con el brazo lastimado.

-¿Estás bien? - inquirió sentándose a su lado.

-Maldito bicho…

-Te has olvidado de las reverencias. Déjame ver.

Con cuidado, Hermione tocó el brazo herido de Draco y lo examinó.

-No te quedará nada más que un moratón - aseguró ella.

-Genial - ironizó tratando de ponerse en pie.

-Deja que te ayude.

La Gryffindor agarró al muchacho del brazo bueno y lo ayudó a incorporarse. Aquel gesto de amabilidad sorprendió a Draco, que no pudo dejar de observarla en ningún momento. Él se había portado mal con ella, la había herido empotrándola contra el árbol, la había insultado en la torre de astronomía… y Hermione lo único que tenía para él era bondad.

-Me voy - anunció ella, advirtiendo que en el momento en el que mirara los ojos grises de Malfoy se hundiría en ellos y no saldría de allí jamás.

Draco permaneció inmóvil en el lugar donde ella lo había dejado. No supo por qué no salió detrás de ella para disculparse o simplemente seguir repitiéndole que era suya. Las reacciones de Hermione respecto a sus disputas y enfrentamientos embriagaban a Draco de una manera especial.

Ya no le cabía ninguna duda: estaba total y absolutamente interesado en Hermione Granger.