← Recuperarte · de
Recuperarte — capítulo 5
Hermione dormía, cuando Severus Snape ya estaba despierto y en el salón del hogar. No lo podía olvidar y necesitaba discutirlo más a fondo. Estaba seguro de que Hermione ocultaba algo más que un simple cuidado de sus necesidades. No quería pensar en sexo ni en nuevos hijos. En realidad ni siquiera quería saber, qué habían hecho en su ausencia. Se mantuvo en el sofá y ladeó la cabeza hacia la habitación. Escuchaba un pequeño ruidillo.
Seguramente, su hija se había despertado. Se levantó y caminó hacia la misma, abriendo la puerta con cuidado. Su hija estaba sentada, despeinada, con deseos de levantarse de la cama. Brincó suavemente, cuando miró a Snape.
- Shh...No debemos despertarla- dijo, mirándola. La pequeña simplemente se sostuvo los pies, dejándose caer en la cama.
Había olvidado, lo juguetona que era, su hija. Suspiró y la sacó de la cama, poniéndola en el suelo. Caminaba torpemente. Con una sonrisa, alcanzó a la pelota y se dejó caer en el suelo, para jugar con ella.
Draco Malfoy. ¿Cuánto habría interactuado con su hija? mientras pensaba, la pequeña alzó la pelota y se la enseñaba a Snape.
¿Habría sido su regalo? Inspiró en silencio y trató de no darse mayores problemas, a sí mismo. Si Hermione y él habían estado juntos, no podía hacer otra cosa que esperar a que o uno de los dos dijera la verdad o simplemente, descubrirlo a su manera.
Y sobre las relaciones. Nueve meses deberían bastar para saberlo. Esperaba que ella no hubiese traicionado su confianza.
Sería algo deprimente.
- ¿Qué? ¿Quieres jugar conmigo?- dijo y ella sonrió. Bien, se adaptaba fácilmente. O quizá, solo lo recordaba- bueno, entonces vamos a jugar un rato. ¿Te parece?
Jugó un par de minutos, con ella. Al poco tiempo, se distraía y quería hacer otra cosa. Al despertar, Hermione se preguntó si su pequeña se había bajado de la cama. Con una sonrisa suave, recordó que ella corría a veces, pero seguía muy torpe para caminar. Inspiró, preparándose para buscarla.
Pero no. Ella estaba en el salón, felizmente tirada en la alfombra. Rayando una enorme hoja de papel, mientras Snape la contemplaba.
Al menos no se había ido, nuevamente. Aunque, temía que Draco no quisiera irse tampoco. Con una inspiración, fingió una sonrisa, que a Snape no convenció.
-
Buenos días a los dos.
-
¡Ma!
-
Hola cariño. ¿Cómo dormiste? ¿Tienes hambre?
-
Ya comimos- respondió Snape y la pequeña se levantó como pudo, para acercarse a su madre. Hermione la levantó del suelo, mientras ella reía con mucha felicidad.
-
Sí, algunas nos levantamos muy pero muy hiperactivas. ¿No es así, pequeña?
-
¡Ma Ma!
-
Dime mi amor...¿Qué pasa?
-
¡Aco Aco!
Hermione sabía a qué y a quién se refería. Inspiró, mientras Snape la miraba. Daba gracias que él no entendía a ciencia cierta, a quién se estaba refiriendo su hija. Con un chillido, su hija insistía.
-
¡Aco ma, Aco!
-
No cariño, no se puede hoy.
-
¿No se puede qué?- preguntó Snape con un suspiro.
-
Nada...Quiere ir a pasear, pero yo no podría...
-
Yo la llevaré- demandó Snape.
-
¡Aco!
-
¿Qué...?
-
Ella quiere decir...