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Recuperarte — capítulo 4

Hermione miraba a su hija, mientras la bebita iba de un lado al otro, en aquella casa. Se reía, al verla intentar empujar la andadera que su madre le había regalado. Ella, la levantó y la sentó en la misma.

  • Cariño, la andadera es para andar con ella- le indicó y ella, sonrió con una mueca enorme. Hermione le sonrió también.

Estando ella en la andadera, Severus Snape regresaba a su hogar. Ella no quería preguntarle qué había estado haciendo o con quién anduvo. Con un suspiro suave, ella simplemente miró a su hija que jugaba dentro de la andadera.

  • ¿Qué es eso?- le preguntó y Hermione sonrió levemente, mirándola.

  • Es una andadera. Un objeto muggle, que le permite a los bebés, andar y aprender a caminar. Solo la empujan con los pies.

Severus no contestó, no entendía aquel objeto. Su hija miraba la pelota en el suelo y con la andadera, quería llegar hasta ella. Sin embargo, aún era muy torpe para lograrlo. Se desesperaba y deseaba la pelota que tenía a pocos metros.

Hermione caminó hacia la pelota y con una sonrisa, la tomó y la colocó en sus manos. Aunque realmente, ella solo quería salir de la andadera.

  • Bueno, juega con la pelota. Un rato.

Ella sonrió, sentada en el suelo y lanzando la pelota de un lado al otro. Snape caminó alrededor del lugar y se detuvo, en la habitación. La miró como si estuviera sucia o invadida. Hermione negó con la cabeza, ante su detestable gesto.

  • Ya te he dicho que...

  • No he preguntado- cortó, de mala manera y caminó alrededor de la habitación.

  • Draco no se ha llevado nada.

  • Ahora...Lo llamas Draco.

  • ¿Y cómo demonios se llama?

  • Draco Malfoy. El padrino de nuestra hija. No es nada más que eso y te agradecería que.

Escuchó el estridente llanto de su hija y la vio desaparecer, con vía hacia el salón de la casa. No dijo nada más y se mantuvo allí, tratando de mantener la calma. Con una sonrisa escueta, recordó el rostro de su "ahijado".

No pudo mantener la calma.

  • Tranquila mi amor, fue solo un golpecito. Mira- dijo, besando su codo, en su brazo derecho. Solo un golpecito y todo está bien.

Severus la miró. Ella no dejaba de llorar. Quiso sostenerla, pero la pequeña no se dejó y continuó inquieta. Estaba acostumbrada al tacto de Draco. Snape inspiró con cierto recelo y Hermione suspiró, frustrada.

No era su culpa.

  • Se acostumbrará a verte...Deberías.

  • Tú tienes la culpa de todo eso...

  • No es cierto. Tú te desapareciste sin dejar palabra alguna. ¿Qué es esperabas? ¿Que me quedara sola y llorara por ti, toda la vida?

  • ¿Lo admites?

  • ¿Qué cosa? Lo necesitaba. No significa que...

  • Entonces, lo necesitabas.

  • ¿Podrías callarte, Snape?

  • Ah, es verdad. Yo soy Snape y tú, eres Granger. Los viejos modismos de el colegio. Es entonces así, como quieres vivir en esta casa- dijo, su tono de voz parecía ligeramente herido, pero él no lo diría.

No que ella pudiera oírlo.

  • No es cierto...Eres mi esposo. Ella es tu hija y somos tu familia. Nunca...

  • Gracis por reconocerlo. Supongo. Te daré una orden de Merlín, primera clase, por tu brillante descubrimiento.