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Recuperarte — capítulo 3
Hermione, acostó a su pequeña hija. Sin embargo ella, no quería irse a dormir. Tenía miedo por alguna razón, que no lograba entender. Ella, miró a Draco. Bien podía calmarla, pero Severus no permitiría que se le acercara.
- Nos vamos a dormir- dijo, con autoridad y Draco se encogió de hombros. Hermione se despidió de él, apenas alzando una mano sin que su esposo, la observara. Con un gesto lento, Severus se sentó en la cama y ladeó la cabeza para contemplar a su esposa. Cargaba a su hija y con mucho cuidado, la acostaba en la cama- ¿Cuánto tiempo, llevabas planificándolo?
Hermione no entendió el comentario y ladeó la cabeza en su dirección. Su pequeña hija ahogó un bostezo y cerró los ojitos y con un movimiento, se acomodó en la cama, a su gusto. Boca abajo y con un pequeño chupete, como le gustaba. Severus, acarició su cabeza. Hermione lo sabía, ella era su hija. Draco no podía reemplazar eso.
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No he planificado nada. Él solo estaba haciéndome compañía. Estaba muy sola y...
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Dime, que no se introdujo en esta cama y tal vez te crea- le indicó con un movimiento de su cabeza, de forma negativa. Hermione, no supo que decir. En realidad, sí lo había hecho. Sobretodo, esas noches donde ella había llorado sin consuelo, por que no tenía idea de donde estaba su esposo o si estaba vivo. Ella fue la tonta por llamarlo, aunque su ayuda había sido bastante apreciada.
-
No, no lo hizo. Y si no quieres creerme, es asunto tuyo. Puedes dormir en otra cama si te apetece.
Severus no contestó, ni medio palabra con ella. Hermione se acostó, cobijando a su pequeña y acomodándole su cabecita, en la almohada. Su hija, ya estaba dormida, para cuando Snape decidió acostarse en la cama y quedarse allí. Pensativo.
Su pequeña hija, había crecido en todo ese tiempo que no la había visto. Sus castaños cabellos, eran rizados como los de su madre, aunque sus ojos eran dos piedrecillas negras. Miró a Hermione, que le daba la espalda. Ansiaba tocarla, como antes, pero no perdonaba semejante traición. Negó lentamente y cerró los ojos. Ya cobraría sus cuentas con Draco. Ya lo vería. De esa, no saldría alegremente.
Al día siguiente, Hermione despertó, cuando una manita le tocaba el rostro. Su hija dormida aún, se estiraba, para acomodarse. Hermione, le quitó el chupete y la dejó dormir. Severus, ya no estaba en la cama. Al salir, supo donde estaba.
Él iría a casa de Draco, él estaría en su mansión y trataría de disuadirlo para que se alejara de ella. Eso, solo podía significar una cosa.
Draco estaba en problemas.
Mientras pensaba, escuchó un gritito. Su hija se despertaba y no podía bajarse de esa cama tan alta. Sonriendo, Hermione caminó hacia la habitación y la contempló con una sonrisa. Estaba sentada en la cama y las esperaba.
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Hola cariño ¡Hola, cariño!- le dijo y ella sonrió- ¡Sí sí!- dijo, mientras acariciaba su abdómen- Hola...
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Pa pá...
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No cariño, papá no está. Ninguno de ellos.