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Historia 41174 — capítulo 15
Falta de memoria
2009
Todos los seres humanos padecemos de falta de memoria, a corto plazo, a largo plazo, a mediano plazo, lo que sea, y si no, díganme que no es cierto que al momento del examen, las respuestas parecen haberse ido de vacaciones a Cancún o a las Islas Canarias. Olvidamos muchas cosas, entre ellas, el clima, cuando hace frío, olvidamos cómo es sentir calor y querer patear al ventilador por zumbar mucho y moverse muy despacito, entonces, queremos que haga calor, porque el frío es demasiado crudo; cuando hace calor, en cambio, olvidamos cómo es sentir frío, y desearíamos que nevara o al menos hiciera una brisita helada, porque el calor es demasiado brutal (que además de olvidadizos somos quejumbrosos e inconformes, pero eso lo dejamos para otra vez).
Cuando ése hermanito (al que tan fácilmente le cambiabas un chicle medio masticado por su paleta recién comprada) crece y comienza a ser mejor que tú en las matemáticas y en los juegos de video, olvidamos cómo es ser despertado a media noche porque el bebé quiere un cambio de pañal, olvidamos cómo se ponen los padres de malhumorados por no poder dormir todo el día, olvidamos que, al menos hasta los dos años, hay que darle al bebé todo lo que quiera, sin chistar, olvidamos que tienes que jugar a las muñecas con ésa niña que le chupa la cabeza a tu favorita (¿cómo adivinan que es tu favorita?) y no deja de picarse la nariz mientras hojea tu libro de "Las aventuras de Robin Hood", sin conmiseración alguna por la pobre Merian, que en vez de ser una doncella con un precioso vestido jade, es ahora una cochambrosa esclava con algo café en el vestido, que no estás segura de si es galleta de chocolate o simplemente lodo, olvidamos que, si la niña (o el niño) quiere el jugo de naranja que te estás tomando, hay que dárselo, aunque nada más lo llene de babas y lo deje intacto; y como olvidamos todo esto, a veces nos sentamos en la orilla de la cama con la luz apagada y suspiramos "quisiera un hermanito".
Olvidamos también las mascotas, olvidamos que cuando ése precioso husky siberiano color negro con blanco, con un ojito verde y el otro azul (y que cuando nos caíamos nos limpiaba amablemente las rodillas con su lengua áspera y cuando hacía frío chocaba su nariz helada y húmeda con la palma de tu mano y que compartía galantemente sus croquetas contigo) murió, lloramos tres días seguidos, y olvidamos que queríamos ir a preguntarle al veterinario si podía revivir a tu perrito con una de sus "vacunas mágicas"; y porque olvidamos todo eso, ahora, con quince años en tu haber, pides a tu madre que te deje tener un labrador negro (y ya hasta sabes que le pondrás "Sirius") y discutes con tu hermana de siete años, que le tiene pavor a los perros para que al fin, puedas tenerlo (con la condición de que sea tu dinero el que lo mantenga y lo compre) y luego, luego cuando muera, volverás a sentirte igual de triste, e incluso mas, porque ahora sabes que los veterinarios (ni nadie) pueden revivir perros, y sabes que los perros no van al cielo. Por mientras, de todos modos, agradeces tu falta de memoria y vendes unos cuantos libros usados, unos pantalones viejos y hasta le ayudas en la carpintería a tu padre para juntar el dinero.
Olvidamos que el amor es una especie en peligro de extinción, olvidamos que amar es destruir, olvidamos que ya nos ha pasado al menos tres veces antes, y aún después de saber perfectamente que el amor es una especie en peligro de extinción, seguimos creyendo en el final feliz (a veces), y seguimos queriendo a ése nuestro perfectamente imperfecto amigonovio, olvidamos que ya la última vez que dimos una vuelta con él en ésa moto suya, la chismosa vecina nos tachó de inmorales y convenció a la abuela (y la abuela convenció a mi madre) de castigarnos, olvidamos que después del "merecido" castigo, no quedó ni un plato sucio, el baño parecía nuevo y nuestra cuarto estaba extrañamente arreglado y sin calcetines sucios ni libros olvidados debajo de la cama (o el converse izquierdo en la puerta listo para hacer tropezar al incauto que pase por ahí), y como lo olvidamos, cuando nos vuelve a preguntar si queremos dar una vuelta en su moto, echamos un vistazo a la casa de la vecina, que por lo visto ha salido y con una sonrisa en la cara pronunciamos un emocionado "¡Sí!".
Y así, olvidamos muchas otras cosas, que equis color nos va mal, que los gatos nos provocan alergia, etcétera. No sé si sea algo malo, sea algo bueno, o simplemente sea algo más bien normal, el caso es que yo al menos, ya olvidé cómo es olvidar, por tanto, seguiré olvidando una y otra vez, que a fin de cuentas, parece no ser tan malo.
N/A: ¿Y ustedes, qué tanto han olvidado?