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Paternidad — capítulo 16
La pequeña bebita, corría alrededor de la casa, mientras su madre estaba en la cocina. De un momento a otro, corría hacia ella para saludarla. Hermione, sonreía al verla.
- Mami... mami...- decía con una enorme sonrisa y se detenía justo antes, de que Hermione pudiera abrazarle. Luego, salía corriendo una vez más.
Draco estaba en su cama, meditando con una expresión de concentración. Su padre, había pensado que podía tratar a Hermione como su juguete. De todas formas, no se había topado con él. Con un gesto desdeñoso, Draco tenía la intención de levantarse de la cama. Su hija, entraba corriendo y brincaba en la cama. Draco, sonriente, le hizo cosquillas.
-
¡Muñequita castaña y chiquita!- le dijo, cuando la bebé le miraba con una sonrisa- ¿Viste a mamá?
-
Mamá mamá...
-
Sí, pronto dirás... "Sí, la vi". ¡Pero para eso, falta mucho!- sonrió él, levantándola de la cama.
Salió de la habitación y observó, que Hermione colocaba la mesa para el desayuno. Sosteniendo vajillas, sintió dolor en su costado y perdió el equilibrio levemente. Draco, sostuvo su cadera, para que no se desbalanceara.
- Siéntate, yo lo haré por ti.
Hermione asintió en silencio y no dijo nada más en el resto del montaje de la mesa. Su hija, ponía sus manos en sus muslos y brincaba, con cierta emoción. Hermione, bajaba la vista y le acariciaba la cabeza.
-
Tiene un juguete nuevo- dijo Draco, sentándose en la mesa.
-
¿Ah sí, cuál?
-
Una madre...
Hermione sonrió débilmente cuando la niña colocaba su nutria en sus piernas. Soltó una risotada y salió corriendo.
- Crhisty, es hora de desayunar...- dijo su padre y ella, regresaba hasta la mesa- ¿Por qué habrás amanecido tan inquieta, cariño?
El desayuno concluía en silencio. Crhistine se bebía la lecho que cristianamente, Draco le hacía tomar y mordisqueaba unos trzos de pan que Hermione le daba. Al terminar, Draco fue el primero en levantarse y asear la mesa. Ella, estaba sorprendida.
-
Eres un excelente padre.
-
¿Creías que sin ti, moriría?
-
Yo no he dicho eso. Además, separados llevaremos dos años y unos pocos meses...
-
No pasó el tiempo- dijo Draco con desdén y ella, sintió su corazón empequeñecer con ese comentario. Quiso responder, pero Severus Snape, emergía de la chimenea con los polvos floo. ¡Qué manía, la de no anunciarse! Pensó ella, para sus adentros.
-
Buenos días Draco. Granger.
-
Buenos días, profesor- mencionó Hermione.
-
Necesito verificar, su salud, Granger- Hermione asintió y observó a su hija, que miraba a Snape con un dedo en su boca. Qué amistosa era. Mucho más que ella misma.
-
¿Noticias de mi padre?- preguntó Draco y Snape, ladeó la cabeza para mirarlo.
-
Es un cobarde. A estas alturas, habrá desaparecido. Será mejor, que lo busques antes de que suceda.
-
Iré contigo- dijo Hermione y Draco, negó con la cabeza.
-
No, esto lo resolveré yo. Además, herida, no me eres de utilidad. Cuida de Crhistine.
Hermione le miró caminar hacia el recibidor y tomar su varita. Su hija, quería tras él, pero su madre la detuvo. Con un quejido, ella quería bajarse de sus brazos. Hermione sonrió y le acarició la espalda.
-
No cariño, tenemos que quedarnos- Hermione miró a Snape y él, la miró a ella por un ínfimo instante.
-
Me aseguraré, de que no ocurra nada.
Draco, estaba en dirección a su antiguo hogar. No dejaría escapar a su padre, sin una explicación acerca de su comportamiento. Bueno, no habría explicación que valiera para él. Con un suspiro de rabia, se detenía junto a la verja y miraba en dirección a la mansión. Era el momento de confrontar el pasado.
Abrió la puerta y su madre, mantenía los ojos cerrados con una curiosa expresión. Draco, la observó y luego, a su padre que emergía del estudio.
-
Si te atreves a hacerme algo, no responderé por tu madre.
-
¿Te has vuelto loco? Hermione, era una mujer... ¡Es una mujer aún!
-
¡Granger recibió lo que siempre se buscó! No tenías por qué amarla, embarazarla y pretender formar una familia.
-
¡Crhistine, es tu nieta! ¡La apartaste de mí. Casi muere en un accidente con su madre!
-
¡Ella tomó la decisión de irse! ¡Ella buscó a Snape y le pidió una poción de paternidad!
-
¡Tenía su derecho, luego de que jugaras con su cuerpo!
-
Es un hermoso juguete. ¿No crees?
Draco, le miró con enojo y preparó su varita. Antes de que pudiera moverse, el cuerpo de narcisa estaba bajo los brazos de su padre. Justamente, en ese preciso momento, Severus Snape hacía acto de aparición. Draco, le miró y luego, a su perturbado padre. Snape sabía, que Lucius se las jugaba todas en ese momento.
-
Sabía que vendrías, Snape.
-
Bueno, me pediste que fuera el padrino de tu hijo, se supone que debo protegerlo.
-
Sí, haces muy bien tu trabajo. Demasiado.
Severus fue el primero en moverse. Táctica errónea, puesto que el cuerpo de Narcisa estaba en medio. Draco lanzaba el primer conjuro, lo que provocaba que su padre soltara a su madre y Severus, pudiera sostenerla. Los hechizos iban y venían. Su padre era ágil, pero él había aprendido unos trucos con su tía Bella.
Se escapaba, por la chimenea. Veía con odio, como se desaparecía entre llamas verde azuladas. Antes de seguirlo, escuchó una débil voz que provenía de su madre. Un suave quejido, mientras Snape la sostenía.
-
¿Estás bien?- preguntó el joven y su madre, enfocaba la vista en él.
-
Sí... eso creo. ¿A dónde se ha ido tu padre? ¿Qué ha pasado con él?
-
Será mejor, no saberlo.
Hermione estaba en la cama, acariciándole los cabellos a su pequeña bebé. Estaba por dormirse y pataleaba en contra del sueño. Ella sonreía, mientras le cantaba un poco para que durmiera. Apretaba su pequeña nutria y daba vueltas en la cama.
- Descansa cariño- le sonrió ella, dándole un beso en la frente- pequeña bebé...
Se había dormido y Hermione, no podía dejar de pensar en Draco. Bien, eran ya hombres, para cuidarse solos. De todas formas, esperaba que no lo hirieran. Aún, habían sentimientos sobre él, en ella. Parecía dificultoso, pero allí estaban.
Cerró sus ojos y trató de descansar sin pensar. Al poco tiempo, se había quedado dormida y no escuchaba los furiosos pasos de su esposo y de su padrino.
-
¡Se nos ha escapado! ¡Mi padre huye como sanguijuela!
-
Era de esperarse. A estas horas, ya sabía que tú tenías la prueba. Le diste medio día y eso, planificó.
Draco ladeó la cabeza hacia la puerta que se mantenía abierta. Su hija y su esposa, estaban dormidas. Suspirando, se preguntó cómo sería su vida una vez, que estuvieran de acuerdo en convivir juntos por su hija.