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Paternidad — capítulo 17

Hermione sonreía, cuando su hija brincaba en la cama, donde ambos dormían. Estaban separados por una barrera de un amor; que ya se había ido. Muchas cosas la herían, podían cortarla, pero nada peor que sentirse encerrada en un mundo que no le pertencía. Donde solo tenía a su hija. La pequeña bebé gateó hasta sus padres y se acostó en medio de ambos. Draco, se dio la vuelta para mirarla.

  • Hola muñequita- le dijo con una sonrisa suave- Mi dinosaurio castaño y chiquito...

  • ¡Mami! ¡Papá papá papá!- brincaba la pequeña. Draco le miró las manos y notó que no traía su nutria de peluche.

  • Muñequita- la bebé le miró con una sonrisa enorme- ¿Dónde está tu nutria?

Se bajó de un brinco de la cama y salía corriendo. En poco tiempo, traía el muñeco y lo colocaba en las manos de su padre.

  • No era para mí, dinosaurio... Era para ti. Pero ahora, me lo quedo.

  • Prepararé el desayuno.

  • Está bien- comentó Draco, yo alistaré a la pequeña.

Hermione suspiró, mirando a su alrededor. Otro día más, donde conviviría con una pareja, que no la amaba. ¿Qué sentido tenía todo eso? Permaneció en la habitación, mientras Draco apremiaba a su hija, para ir a cambiarla. Se quedó sentada en la cama y suspiró. Intentaba que las lágrimas no brotaran de sus ojos, pero era imposible no sentirse deprimida. ¿Qué había pasado con su vida destrozada? Acaso, ¿Podría destrozarse mucho más? De improvisto, se encontró llorando en la cama.

Estando allí, Draco Malfoy regresaba a la habitación. Hermione, lloraba por un motivo que le era desconocido. Si a ver vamos, claro que le era conocido. Su esposa, que parecía ser su ex esposa, conviviendo y sufriendo por tramas del pasado que él no podía curar. Y que tampoco sabía, si quería curarlas.

Se acercó a ella y pretendió preguntarle el motivo, pero se estaría respondiendo dos veces. Solo se sentó a su lado y la miró. Hermione, dejó de llorar de inmediato y se levantó como si Draco la hubiese pellizcado.

  • Eres infeliz...

  • No es cierto. Me gusta estar con mi hija...- hipó ella y Draco, negó con la cabeza.

  • No puedes mentirme. Eres infeliz y por eso estás llorando. Eres infeliz, por que tienes que convivir conmigo.

Hermione alzó la cabeza y sus enrojecidos ojos se encontraron, con los grises ojos de Draco. Por una razón que no lograba captar, encontraba paz. Suspirando, ella trató de aprisionar en su pecho, todo eso que quería decir. Todo, por el bien de su hija.

Draco se levantó y permaneció en silencio, mirándola. Con un suspiro, Hermione Granger sentía su mundo caer gradualmente. Dejó de pensar, cuando los brazos de Draco, la estrecharon contra sí. Le debía por caballerismo.

Hermione emergió de la habitación y muy pronto preparaba el desayuno. La pequeña corría por toda la casa y jugaba en todas partes. Hermione, le miraba con mucho cariño. Draco, estaba en la mesa.

  • Muñequita...- la bebé le miró- ¿Por qué, no le enseñas a mamá, tu colección de muñecos?

Ella corrió hacia su madre con una risotada y Hermione caminó tras ella. Mientras estaba sentado, Draco pensaba acerca del asunto que había vivido con su padre. ¿Dónde se ocultaba? ¿Quién le acogía?

Por qué pensaba en Bella, no sabía. Suspirando, se levantó y miró a Hermione que estaba sentada en el suelo y a su hija, que tenía entre sus manos, el tarro con leche que solía beber. Colocaba todos los muñecos que podía, en las manos de su madre.

  • ¡Qué lindo perrito! ¡Y ese osito de allá!

  • Mi muñequita es el terror de los muñecos. ¡No puede verlos sin pedírmelos! ¿No es así muñequita? El día que hables más, te daré un premio.

  • Ya hablará.

  • Mamá...- decía, dándole uno de sus muñecos- mia!

  • ¿Qué has dicho?

  • Mia- contestó Hermione- ¿Mia qué?

  • ¡Mia mia!- decía, mostrándole el muñeco.

  • ¿Quieres que lo mire, cariño?

La pequeña asentía con vigor y luego, se iba corriendo con el tarro de leche. Draco, solo escuchó el estruendo y luego el llanto.

  • Nuevamente, te caiste muñequita.

Hermione la levantaba del suelo y la miraba con una sonrisa. Lloraba, mientras Hermione le preguntaba qué le dolía.

  • Mia...

  • Sí, tu piernita. Ya vas a ver, cómo mamá te va a curar.

Bueno, disfuncional o no, eran una familia. Bien, no se amaban, pero eran capaces de ser socializados y convivir juntos. Pero, ¿Por cuanto tiempo?