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Paternidad — capítulo 30

Crhistine sonreía, mientras su madre colgaba el nuevo marco que había hecho. Tenía enormes hojas y tronquitos. También había dibujado hermosas mariquitas de colores. No podía adherir animales reales. Draco las miraba desde el sofá y meditaba en silencio. Su hija le pasaba a su madre, los dibujos, mientras ella los adhería a la pizarra con el arreglo. ¿Qué había pasado antes de todo eso? Eran solamente dos estudiantes que se odiaban, el uno al otro. Ahora solo se amaban y bien, tenían algo en común. Su sangre, que caminaba y hablaba. Que sonreía y lloraba de vez en cuando. Pero en lo que pensaba, era el resto. Su esposa y su hija, eran expuestas a una guerra cruenta e inútil. Ya había pasado el tiempo y aún se llevaba a cabo. Comenzaba a resultar molesto, no poder vivir una vida tranquila y relajada. Al menos su hija parecía recobrar su confianza y abrirse a ellos y sus palabras.

  • Papá... ¡papá! Mi papá...
  • ¿Yo soy ese?- preguntó y ella asintió con fuerza. Draco admiró el dibujo. Tenía una enorme cabeza y brazos cortos. Hermione rió al mirarlo a su lado y decir que era idéntico a él. Pero dejó de reír al ver que su hija había dibujado una enorme masa sobre su cabeza, simulando su cabello. Draco soltó una carcajada y ella lo miró con los ojos entrecerrados.
  • Es adorable, muñequita.
  • ¡Mamá! Mamá...
  • Es cierto. Hora de comer. ¿Qué querrán papá y muñequita de comer?
  • ¡Spaguetti! Hermione sonrió y caminó hasta la cocina. Mientras caminaba, Draco se sentó en el sofá con su hija. Ella daba vueltas y podía ver su pañal. Aún no se acostumbraba a ir al baño, aún tenía pesadillas que la asustaban.
  • ¿Qué es eso de mostrarle tus calzones a papá?- le preguntó y ella se sentó derecha, mirándolo con una sonrisa. Su hija pudo haber sido como cualquiera, de no haber interferido su padre. Aunque así la amaba de todas formas. Antes de ir a cenar, Draco tuvo una curiosa sensación en su brazo. Comenzaba a picarle. Se llevó una mano a la túnica y la levantó cuidadosamente. Su marca ardía. Su marca le estaba indicando que habría una reunión próximamente. Su padre debía haber cumplido y ambos serían citados a ver al señor tenebroso. Bajó la manga de su túnica y pensó que lo mejor era no asustar a Hermione y mucho menos a la pequeña. Hermione había dispuesto la mesa y con una sonrisa, alzaba a Crhistine para que se sentara. Eso hizo ella y daba golpes en la mesa, para que su padre se sentara junto a ella. En cuanto estuvieron todos juntos, comenzó su juego con la comida. Comía con las manos. Muy divertida.
  • Crhisti, te vas a llenar toda la ropa de salsa. Será mejor que te ayude.
  • ¡No!
  • Creo que no, Hermione. Descuida, yo la bañaré después. Ya estoy acostumbrado a ello. Es muy normal que eso pase. Ella le da de comer a todo lo que ve. Incluso a su ropa. Mientras cenaba, tuvo esa terrible sensación de desasosiego y le fue imposible culminar la cena. Hermione lo miró con preocupación. ¿Se sentía mal acaso? Se levantó de la mesa y caminó hacia el salón. Su brazo no dejaba de arder. Dolía, como si miles de brasas estuvieran sobre él y su brazo. No sabía qué hacer para calmar el dolor y la ansiedad. Hermione caminó detrás de él, pero se ocultaba de ella y de sus ojos curiosos. Temía que algo malo le estuviera pasando. Era su esposo después de todo. Tenía que temer por su integridad física. Además de que también era el padre de su hija. Podría tratarse de algo grave y que ella no pudiese resolver. ¿Por qué era tan paranoica?
  • Draco... ¿qué tienes? ¿Qué te ocurre?
  • Nada. Solo fue un malestar estomacal. Creo que voy a dormirme justo ahora. Descansa. Acuesta a la pequeña. Que no se quede dormida junto a los muñecos. Amanecerá con mucha alergia. No supo qué decir y asintió, buscando a la pequeña. Ya se había arrojado en los muñecos y cerraba los ojos para dormirse. La levantó, mientras tomaba su nutria que tanto adoraba y la recostaba en la cama.
  • Hora de dormir, hija. ¿Besas a mami? Eso recibió. La cobijó, mientras ella la miraba. Le encendió la luz de la cómoda y entrecerró la puerta. Ella odiaba quedarse sola. Al entrar, Draco estaba sentado en la cama. Miraba a la ventana de la habitación. No estaba cansado. Estaba preocupado. Ya lo conocía. Pero si él no quería hablar, no podía hacer nada contra ello.