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Transtornados — capítulo 2

Estaba tenso, imaginándose de lo que sería capaz, Hermione. Con una sonrisa suave, ella le miraba desde la cama y le llamaba, usando sus dedos. Por dios y merlín, que no iría hasta ella, para nada. Había pasado dormida, unas cuantas horas. Suspirando, ladeó la cabeza para evitar verla. Para Snape era fácil, puesto que no tenía que cuidarla. Dichoso él, de que podía mantenerse sano sin mucho esfuerzo.

  • No voy a ir hasta allá- le dijo, cuando Hermione se revolvía en la cama, llamándolo. Ella, esbozó una mirada triste e hizo, un puchero.

  • ¡Tienes que venir, te vas a divertir conmigo!

  • No voy a ir hasta donde estás. Seguro, me matarás como le hiciste a Weasley.

  • Yo no maté a Weasy Weasy- dijo ella, con otra risilla tonta y él, sintió que se suicidaría en cualquier momente- Weasy Weasy tiene novia.

Tenía sentido. Había enloquecido, por que la comadreja le había abandonado. Ahora, podía ayudarle a superarlo y permitirse paz. Con una sonrisa a medias, se imaginaba a Ron como su único novio y por ende, ella enloquecía. Por que no tenía más nada, a lo que aferrarse. Hermione, seguía riéndose de su rostro nervioso.

  • Yo no te voy a comer.

  • Pero no me harás bien, así que paso de ti.

  • ¡Draco! ¡Vente!

  • No, dije que no y es hora de la medicina.

  • Yo no me la tomo, si tú, no la pruebas primero. Por que si sabe feo, te la voy a escupir y eso no te va a gustar.

  • ¡No la voy a probar!- le criticó y Hermione hizo otro puchero.

  • Prúebala o yo no la tomo.

Suspiró y con la cuchara, se sirvió un poco de la poción. Esperaba, que eso no le hiciera daño o ella, podría huír en cualquier momento. Aunque él, seguro podía morir con esos menjurges que hacía Snape. No era, que dudara de su profesionalismo, pero ¿Y si quería envenenar a Hermione? Qué paranoico estaba desde que, estaba junto a ella. Y no era para menos, sin duda alguna.

La probó y por un momento no sucedió nada. Luego, comenzó a sentirse cansado y tonto. Como si todo fuese en cámara lenta.

  • Ya, puedes... probarla.

  • ¿Por qué hablas como un tonto?- preguntó ella- ¡La medicina es mala y por ende, no me la pienso tomar!

  • ¡'Tómatela!

  • No quiero.

Sostuvo su rostro y la cucharilla frente a ella. Le introdujo, un gran bocado de la poción y la hizo tragar. Ahora, ambos estaban adormilados.

  • Sabe feo- dijo ella con un sollozo y él, se encogió de hombros.

  • No es para niños.