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Reina Hermione — capítulo 3
Hermione estaba sentada en un trono muy alto. Miraba a su alrededor, mientras sus plebeyos estaban allí, mirándola. Eso le aburría tanto, que sus ojos le pesaban. Draco fue el primero en notarlo.
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My Lady Hermione, ¿se siente bien?- había dicho, pero el conde Snape, no estaba agradado con semejante ofensa.
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¿Cómo osas dirigirte a la reina, de esa forma? "My Lady"
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Silencio, conde- le reclamó ella y Severus, no volvió a hablar- Joven Draco, ¿Me llevaría a mis aposentos?
Draco asintió, esperando para sostener la mano de la reina. Antes de conseguirlo, el conde Snape se le adelantaba. Él mismo, la bajaba de aquel altar, antes de entregársela formalmente. Detestaba que tocara sus sucias manos. Colocó un guante blanco, en la mano de la reina antes de que él, pudiera tocarla.
- Es un plebeyo. No está permitido...
Hermione no escuchaba nada de lo que decía. Mientras caminaban, se retiró el guante blanco y dejó que Draco le tocara la mano.
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¡Mi Lady Hermione, eso no está permitido!- exclamó Draco, soltándola. Hermione sonrió y le observó.
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¿No has de creer, en todo lo que dice el conde? ¿Oh sí?
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El conde...
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El conde, sólo quería molestarte- le dijo ofreciéndole su mano, que Draco tomó enseguida- Nunca, tocar a un plebeyo será delito. No en mi reinado.
Draco asintió una vez más y guió a la reina a su habitación. La dejó en la cama y llamó a sus damiselas, para que la desvistieran.
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Muchas gracias, joven Draco. Puedes retirarte...
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Sí, my Lady...
Muy pronto, Hermione estaba preparada para dormir. Draco rondaba siempre su habitación, para vigilarla. Sin embargo, no rondaba cuando Severus, estaba dentro de ella. La miraba tras una larga cortina. Hermione, despertaba muy pronto. Había dormido lo suficiente, como para levantarse. Al hacerlo, el conde Snape estaba allí. Se cubrió con las sábanas.
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No necesitas cubrirte, ya que eres muy hermosa. Mi reina...- dijo y su larga espada, emitió un chirrido, al chocar con el suelo. El conde Snape, se sentaba en la cama y la miraba, encimismado. Hermione, trataba de apartarse.
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¿Qué está haciendo aquí, conde? ¿Cómo logró entrar?
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Soy el protegido del reinado de Inglaterra. Entro a donde quiera, cuando quiera.
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Son mis aposentos, no puedo permitirle entrar en ellos sin mi consentimiento expreso- le comentó ella, pero ya el conde estaba muy cercano a ella. Se acomodó en la cama, sobre el cuerpo de la reina.
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Secreto de estado. ¿Quién podría enfadarse? El conde y la reina....
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¡Retírese conde!- chilló ella, pero el hombre ya tenía su mano en su cabello. Le acariciaba con mucha calma.
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Desgraciadamente no puedo, mi reina. Debo servirle y serle útil... no puede relevarme de mi cargo.
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Puedo ¡pedir que le corten la cabeza!
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Entonces, no podríamos besarnos más- le dijo, tratando de besarla- y la reina, necesita tener descendientes que tomen su trono.
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Pero yo no.. ¡Conde, retírese!- chilló ella, cuando su mano estaba sobre las sábanas cercanas a ella.
Draco hacía su guardia de siempre. Mientras la realizaba, observaba una curiosa sombra dentro de la habitación. Además, habían manchas de tierra, cerca de la habitación. ¿Qué podía ser? Oyó un quejido suave, y supuso que su Lady tenía problemas. Al abrir la puerta y mirar con atención, supuso lo que sucedía. Caminó hacia la cama y sosteniendo a Snape por la camisa lo arrojó al suelo, luego de golpearlo y se ubicó cerca de la cama. Hermione, se aferró a él.
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No tocará a mi Lady Hermione...- dijo, con su respiración agitada.
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¡Crees que eres muy gracioso!- dijo, sacando su espada. Hermione se alarmó.
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¡Conde Snape, le ordeno que baje esa espada ahora mismo!- dijo, pero Draco no estaba dispuesto a ceder tampoco. Severus de un salto le clavó la espada en el hombro izquierdo, luego la sacó del mismo. Draco se sostuvo el hombro- ¡Conde Snape, ordenaré que lo destituyan! ¡Que lo envíen al virreinado de américa!
Severus estaba crispado. Guardó la espada ensangrentada y salió de la habitación. Una vez fuera, Draco se dejó caer lentamente, en los brazos de Lady Hermione.
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Estarás bien, les pediré atención a los mejores médicos.
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No se preocupe mi Lady, yo sólo soy un plebeyo. Tiene que protegerse del conde...- le dijo.
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¡Damiselas, ayuda! ¡Ayúdenme!