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Alma infantil — capítulo 2
Draco esperaba, que ese tonto caso de caridad se terminara muy pronto. Aquel niño de ojos grises, miraba a la nada en su habitación. Su contraparte, la pequeña niña de ojos caramelos, sólo estaba en cama.
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Hija, te hemos traído la varita que deseabas- suspiraba su madre, mirándola con atención- Es curioso, lo que esto puede hacer, pero supongo que ustedes sabrán más de eso.
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No la quiero ya. ¿Qué sentido tiene? A mí luego, no me va a servir.
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Claro que te servirá- le indicó su madre con una sonrisa- luego, serás una excelente bruja y te sentirás orgullosa de ti misma.
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¿Cómo podría, a sabiendas de lo que va a suceder conmigo?
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Todo saldrá bien- sonrió la madre, con ilusión- ¡Ya quiero verte en tus túnicas negras!
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¿Y la casa?
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Tu padre, trabaja en eso. Tu sólo relájate y descansa, cariño- le dijo, dándole un beso en la cabeza. Hermione asintió y la miró salir con preocupación. No podía evitarlo. Con un suspiro suave, ella se acomodó en la cama y miró su varita. Sí, le encantaría usarlo, pero no estaba preparada para enfrentar esa responsabilidad tan grande. Eso, acarreaba que debía saber las consecuencias de los actos que acometería luego. Como por ejemplo, el usar magia bajo su condición.
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Hermione, ¿Cómo está, mi hija adorada?- preguntó su padre, al entrar en la habitación. Hermione, contemplaba la varita que le habían regalado.
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Estoy bien, papá- dijo y su padre, asintió con una enorme sonrisa.
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Y dime, ¿Te gustó la varita?
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Sí, mucho- mintió y le miró- ¿Por qué todos estos esfuerzos, si todos sabemos lo que va a pasarme?- se quejó y su padre, ladeó la cabeza para mirarla.
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Por que tengo fe, en que todo saldrá bien.
La jovencita no dijo nada, mientras su padre le daba un beso en la cabeza y caminaba hacia la salida de la habitación. Ella, contemplaba la varita con mucha calma. Bien, la que iba a sufrir era ella. Por eso, era que no tenía ni una pizca de felicidad o de esperanza para consigo misma. Con un gesto de desconfianza, miró la varita. ¿Y si hacía magia con ella? ¿Podría suceder, algo muy grave? Ella quería experimentar, aunque fuese una vez en su vida. No iba a morirse ¿O sí? Sostuvo la varita y pensó en un hechizo.
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Protego...- musitó y enseguida, sintió una curiosa electricidad, por decirlo de alguna forma. Soltó la varita y se miró la mano. Estaba roja, y dolía como si la hubiese puesto sobre dos enormes brazas. ¿Por qué dolía tanto?
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No voy a poder hacer magia...