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Shorts Moments — capítulo 2
Draco miraba a su madre, cuando ella insistía que debía aprender a bailarlo. Con una sonrisa suave, ella le sugería que tomara lecciones. ¿Él, tomar lecciones de baile? No necesitaba nada de eso, pero su madre no se callaba.
Caminó hacia la sala donde, la misteriosa profesora (de la que, no le habían hablado nunca), le había citado. Con un suspiro, caminó y se atrevió a seguir adelante. Por supuesto, no iba a usar mallas ni nada por ese estilo.
Las luces estaban apagadas y él, se preguntaba el por qué. Al final, había un enorme espejo. Se miró ligeramente, en la oscuridad y, esperó en silencio. Se estaba hartando y quería irse en cualquier momento en el cual, pudiera verse los pies.
Al esperar, las luces se encendían y él, miraba a su alrededor. Escuchó pasos y suspirando, se imaginó a su profesora. Una gorda horrible, que hablaba con una voz horrible también.
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Bueno, vamos a empezar el baile- dijo y él, se dio la vuelta para encararla. Con una mueca de asombro, no podía creerlo.
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¡Granger!
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¡Malfoy!- dijo ella, cubriéndose, cuando usara una corta falda y una camisa ajustada- ¿Qué estás haciendo aquí?
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¿Tú eres, la instructora?
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Sí, ¿Y tú el estudiante?
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No, Granger. Yo, sólo vine a limpiar el espejo- dijo, con rudeza. Con un suspiro de frustración, Hermione caminó hacia él y le sostuvo una mano- ¿Qué haces? ¡Qué tonta eres!
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¡Vamos a bailar entonces!
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Mi mamá no te contrató.
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No, no lo hizo. Yo siempre uso un seudónimo. ¿Crees que es divertido que todos sepan, que doy clases de tango?
Draco no opinó y en poco tiempo, Hermione encendía la música con la varita. No sabía qué hacer y siempre le pisaba los pies. Ella, siempre se quejaba y le dedicaba miradas asesinas. Sin duda alguna, necesitaba aprender a bailar.
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Eres pésimo, se te nota.
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¡Cállate y terminemos esto, de una vez!- dijo, mirándola de lado, gracias a la postura. Ella no le contestó tampoco y continuó la instrucción.
Una y otra vez, practicaban y practicaban. Su madre le observaba practicar en casa y sonreía. Su hijo, era tan aplicado. La verdadera razón, era que el pequeño Draco estaba encantándose con lo que aprendía y de quién lo aprendía. Para su suerte, la primera sesión, terminó en un beso. Culpa del baile sensual que estaban ensayando. La capturó con sus manos y de improvisto la besó. Bueno, regresó rojo como un tomate por su mano, pero esos besos se repitieron mucho entre los ensayos. Su hijo, era un maestro.