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Mi baile — capítulo 2
Hermione caminaba hacia la habitación donde solía descansar, el espejo de Oesed. Según Dumbledore, Severus Snape, le esperaba allí dentro. Ella, no se imaginaba la razón, pero no quería pensar demasiado en ello. Le temía a cualquier cosa, que incluyera a Snape. Suspirando, abrió la puerta y miró hacia adentro.
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Pase ya, señorita Granger- le dijo el hombre, de la nada y ella, se sobresaltó. Con una sonrisa suave, ella le miró, acariciándose el cabello. Snape, no le correspondió el gesto.
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¿Qué sucede profesor Snape? ¿Me necesita para algo?
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Será mi pareja en el baile- Hermione iba a contestar, pero Snape, se le adelantaba- ya lo sé, es una idea terrible. Pero, no puedo negarme ante Dumbledore. No dejará de atormentarme hasta que realice esta imbecilidad.
Hermione, no supo qué decir. Con un suspiro suave, miró a su alrededor y se imaginó el tipo de baile. Gótico y no, no era un chiste cruel.
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¿Y por qué, escogió este lugar para la práctica?
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Por que nadie va a interrumpirnos, ni a incomodarnos con sus burlas tontas.
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¿Entonces, no está huyendo?
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¿Huír? De las cicunstancias no se huye, Granger. Suele ser desagradable, pero no se debe huír de ellas.
Hermione no hizo más que encogerse de hombros y asentir en silencio. ¿Qué tipo de baile podrían practicar, ambos? No quiso preguntárselo. Con una sonrisa suave, se imaginó bailando con Snape. Pensamiento peligroso.
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¿Qué vamos a bailar, profesor?
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Tango- le dijo y Hermione despegó los labios, pero la estupefacción no le permitió seguir. ¿Tango? Ese era el baile, con más contacto físico que ella conocía. Si es que, no habían otros peores a ese.
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¿Tango, señor?
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Sí, es bastante interesante la capacidad de los bailarines de tango, de utilizar su cuerpo completamente. Lo practicaremos.
¿Qué podía hacer, sino, aceptarlo? No estaba preparada para ningún baile en especia y, mucho menos para algo como el tango.
- No se quede allí parada como tonta, venga ya.