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La vida de una adolescente ordinaria — capítulo 3

Eliana. Así se llamaba (llama) la chica más odiosa que pueda existir. Estaba en mi curso y era muy fea pero se creía hermosa. Ella era la mejor amiga de Lucas. Era alta y flaca, lo único bueno que rescato de ella. Era la típica persona que disfruta haciendo sufrir a los demás. Manipuladora y jodida. Así era Eliana. La cuestión es que ella siempre había estado enamorada de Lucas y cuando se enteró (como no enterarse) de que yo gustaba de él, se empeñó en odiarme y hacerme la vida miserable.

Hacia agosto me llegó la terrible y espantosa noticia de queEliana y Lucas estaban juntos. Yo no lo podía creer. ¿Cómo Lucas podía estar con una chica tan mala y enfermiza? Mi mundo se derrumbó una vez más. No podía entender como Lucas la había preferido a ella y no a mí. Es decir, yo no era una belleza, pero más linda que Eliana era. Todos los chicos pensaban que Eliana era insoportable y fea y lo cargaban a Lucas por estar con ella. Se imaginan lo que mi mente empezó a maquilar. Si Lucas la había elegido a ella en vez de a mí, significaba que ella le parecía más linda que yo, significaba que estaba dispuesto a bancarse las burlas de los demás por ella que por mí. No tenía pies ni cabeza para mí. Era el infierno. Como si una fuerza misteriosa manejara mi vida y me la hiciera imposible. Como si el mundo entero hubiera conspirado en mi contra y yo no tuviera el control de mi vida. Así me sentía yo, perdida, confundida, enojada.

Los días pasaban y yo me sentía cada vez más insignificante. Lucas y Eliana cortaban y volvían a cada rato y yo me alegraba con cada ruptura (siempre pensando que era definitiva) y me deprimía inmensamente con cada reconciliación. Esa montaña rusa de sentimientos no hacía otra cosa que seguir destrozándome cada vez más.

20 de septiembre del 2006

Eliana y Lucas volvieron… La odio. Lo odio. Los odio. Lo poco que me dura la felicidad.

3 de octubre del 2006

El lunes Lucas y Eliana cumplen dos meses. Todo más que mal, para variar. Todo sigue igual: Lucas y Eliana siguen juntos, sigo espantando a todos los chicos que me gustan, Lucas no me banca, se despiden y se saludan con un pico, sigo amándolo como una boluda. En resumen: la mierda que tengo de vida no va a cambiar nunca a mi favor.

La realidad era que Lucas no gustaba de Eliana. Vivían cortando y volviendo a cada semana. No miento. Pero como siempre, yo no veía la realidad y me amargaba por la realidad que yo inventaba: Lucas quería a Eliana.

Un día llegué a mi casa hecha pedazos. No aguantaba todo lo que estaba sintiendo. Eran muchas cosas juntas. Lucas seguía con Eliana y yo estaba cansada de tener que verlos juntos en el colegio. Lo que más me dolía era que ella era una perra y aún así estaba con la razón de mi existencia.

Llegué a mi casa, subí a mi habitación, abrí el primer cajón de mi mesita de luz y saqué un compás. Lo observé por unos segundos. Vi la punta filosa y la toqué con la yema del dedo. Pinchaba. Bastante. Miré el espacio entre el dedo índice y el pulgar de mi mano izquierda y casi sin pensarlo,comencé a dibujarme una L con la punta filosa del compás. Escarbé y escarbé en mi piel hasta formar una L rellena con sangre. Dolía si, pero no tanto como todo lo que sentía en mi interior. Esa L significaba que me estaba muriendo, que me sentía sola, que siempre lo iba a amar, que estaba grabado en mí para siempre.

Al otro día traté de esconder mi lastimadura intencional, pero no tuve éxito. Al cabo de unas horas todos se dieron cuenta que llevaba una L grabada en la mano. "¿Con qué te lo hiciste? ¿Te lo hiciste a propósito?" No, infradotado, si va a tener forma de L por casualidad. Que idioteces que pregunta la gente. Es impresionante. Obviamente que negaba habérmela hecho, y como era de esperar, nadie iba a creer semejante pelotudez. No lo negaba porque me daba vergüenza o porque iban a pensar que estaba loca. Lo negaba porque nadie iba a entender jamás mi necesidad de lastimarme y no quería estar dando explicaciones.

En uno de los recreos, Eliana se acercó a Lucas y le dijo "¿Viste que Ana se grabó una L en la mano?". Yo estaba ahí, en frente de Lucas sin saber donde meterme.

-Mentira-dije. Ni yo me lo creía.

-Es verdad, mirá-dijo ella. Y me agarró del brazo y le mostró mi L.

Ahora, ¿qué necesidad de haber hecho eso? Era una yegua, no había dudas. Me fui lo más rápido del aula y traté de esquivar a Lucas en las semanas que siguieron.

Un tiempo después Luciana, una compañera de curso, me invitó a su cumpleaños. Hacía una reunión en su casa y Lucas iba a ir. Yo fui. Otro maldito error. Parecía que mi vida estaba hecha completamente de errores.

Llegué a la casa de Luciana y me encontré con todos mis compañeros. Más de uno me miraba y cuchicheaba con otro. Claro, hablaban de mi L. Mi hermosa y preciada L. Parecía que nadie entendía que amaba a esa L como lo amaba a Lucas. No importaba, yo sí entendía.

No había mucho para hacer en ese lugar. No había música. Sólo una mesa de ping pong donde algunos de mis compañeros jugaban y algunas cosas para comer en la mesa. Me pasé toda la noche hablando con mis amigas, hasta que en un momento observé que todos estaban juntos formando una ronda alrededor de algo que yo no veía porque estaba sentada en un sillón bastante lejos de donde estaban todos. Pasaron unos minutos y luego todos deshicieron la ronda y volvieron a hacer lo que estaban haciendo antes. Mi mente había entendido todo. Yo sabía por qué se habían reunido todos. Yo sabía por qué algunos habían aplaudido o festejado. Yo sabía, pero no quería aceptarlo. Malena, una amiga mía se acercó a mí y no pude evitar preguntar.

-Lucas y Eliana se… se besaron, ¿no?-mi voz tembló.

-No, nada que ver.

¿Se pensaba que yo era estúpida? Además, la conocía, no sabía mentir. Me levanté del sillón y busqué a mi otra amiga, Marina, y le pregunté lo mismo. Ella se quedó callada unos instantes y luego lo negó, pero yo sabía la verdad, así que la presioné y me dijo que si.

…

Me quedé paralizada. Mis ojos miraban hacia la nada y no podía saber con precisión que era lo que estaba sintiendo, hasta que miré a Mariana de vuelta y dije "Me tengo que ir de acá". Mariana me llevó al baño para que nadie me viera y ni bien cerró la puerta, miles de lágrimas comenzaron a caer por mis ojos sin que yo pudiera hacer nada. Lloré, lloré y seguí llorando. Creo que habré estado llorando en ese baño como dos horas.

Cuando al fin pude salir del baño, me di cuenta de que todos se habían enterado que yo había llorado por Lucas. Los escuchaba a todos hablando de eso. ¿No tenían nada mejor para hacer que estar comentando cosas sobre mi vida todo el tiempo?

Esa noche me volví llorando hasta mi casa. Mientras iba en el auto, mi papá me retaba por estar llorando por semejante idiotez. Idiotez para él. Para mí era la muerte. No miento, la muerte.

Cuando llegué a mi casa mi mamá se dio cuenta de mi hermosa L y me preguntó si me la había hecho yo. Le dije que no, que yo era demasiado cagona como para estar cortándome, y que fue accidental. Obvio que algo sospechó pero creo que no quiso aceptar que su hija estaba loca y se había cortado.

Como sea, durante los tres días que siguieron, yo no hice otra cosa que llorar. Y así mi vida siguió transcurriendo como si nada. Cada día yo tenía menos ganas de vivir que el anterior. Ya no me importaba nada, ya no encontraba nada maravilloso en el mundo, no le encontraba el sentido a nada, comencé a ver la vida en un tono gris y jamás sentí que valiera la pena sonreír.

Ya sé que suena completamente exagerado, todo eso por un flaco. Pero más adelante les contaré la causa de esa obsesión y de todas mis locuras. Todo a su tiempo. Ja! Que ironía. Lo que menos tengo es paciencia y no le doy tiempo a nada, todo quiero que sea ya y cuando quiero, sino caigo en un pozo del que me cuesta días salir. Ya se los explicaré más adelante también.

Bueno, que yo recuerde no pasó nada más en el 2006. Sn embargo, no tuve mucho tiempo de paz, ya que ese verano, pasó algo que más adelante cambió mi vida nuevamente y destrozó mi mundo una vez más. Sí, siempre que encontraba un período de paz, este se veía interrumpido por un suceso desafortunado. Era como si Dios no pudiera verme feliz.

El 2007 se abría paso y con él nuevos problemas que yo no sabría manejar. Yo tengo el pequeño problema de no saber manejar mis emociones ni las situaciones. Cuando algo me sobrepasa no encuentro la manera de manejarlo, se me sale de control y pierdo el rumbo. Me desoriento, me pierdo y no sé ni quien soy. No siento nada por semanas y luego viene una ola de sentimientos intensos que no sé controlar. Quedo hundida en el dolor y en la desesperación de no poder hacer nada para solucionarlo, siento mucha impotencia. Además siento que yo soy el problema (seguramente lo sea) y que nada de lo que haga va a poder cambiar esa situación, por mucho que me esfuerce. Me siento sola y destrozada. Me agarran ganas de hablar con alguien de poder abrazar a la persona que amo, pero no puedo, porque siempre la persona que amo está ocupada con otra. Siempre prefieren a otras antes que a mí, y eso me mata, me deja más desorientada todavía. Y lo peor es que me paso días y días pensando en qué está mal en mí. Tal vez no sea lo suficientemente flaca o lo suficientemente linda.