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La vida de una adolescente ordinaria — capítulo 4

Como iba diciendo. Ni bien empecé el nuevo año escolar, me enteré de que Lucas había cortado con Eliana. Pero… Siempre está el pero en mi vida. Lo malo era que Lucas ahora salía con otra chica: Mercedes. Ella era de otro colegio y era amiga de Eliana. ¡Qué zorra! En fin, la cuestión es que cuando me enteré me puse a llorar. Por esos años yo solucionaba todo mi pesar llorando. Llegaba a mi casa y lloraba, estaba sola y lloraba. Siempre llorando. Por supuesto nadie me veía ni lo sabía. Pero más adelante llorar ya no me iba a ser suficiente.

Lucas seguía sin hablarme y yo seguía sufriendo por eso.

Un día en el que estaba en mi habitación, me agarró un ataque depresivo (así los llamo yo). Empecé a llorar a más no poder, pensando que Lucas estaba con Mercedes y que la quería. Esta vez era cierto que él quería a la chica con la que estaba. Mi frágil mente no pudo soportarlo y sentí mucha ira e impotencia por no poder cambiar eso, por ser fea y gorda y por no ser lo que él quería, lo que él buscaba. No podía ni mirarme en el espejo. Estaba convencida de ser fea y me odiaba más que nunca por serlo.

Me senté en mi cama, me arremangué el buzo del colegio y sin pensarlo, comencé a rasguñarme con fuerza el antebrazo. Me rasguñé una, dos, tres, cuatro, veinte veces. Todavía sentía ira, tristeza y frustración. No podía parar, tenía que seguir. Seguí arañándome el brazo muchas veces más. Hasta que llegó un momento en el que paré. Cerré los ojos y sentí paz, calma, satisfacción. Me acosté en mi cama boca arriba y sonreí. Podía respirar. El primer respiro desde que mi vida se había convertido en un desastre.  

Al otro día en el colegio se lo conté a una amiga. La llevé al baño y me arremangué el buzo. Los ojos de mi amiga se agrandaron.

-¿Qué hiciste Ana? ¡¿estás loca?!-preguntó.

No respondí. En ese momento no me sentía loca. La verdad es que no sentía nada, para variar.

Para que se den una idea, me lastimé con mis uñas, hasta sangrar… Tenía todo el antebrazo rasguñado, y cuando digo todo, es TODO. A medida que transcurría el día, la herida comenzaba a dolerme de verdad, pero obviamente no tanto como seguir viviendo, y además sin él.

Usaba siempre remeras de manga larga para que mis papás ni mis hermanos se dieran cuenta y así estuve hasta sanar. No me quedó ninguna marca, ya que el rasguño no fue muy profundo.

En fin, ese año pasó al igual que todos. Lucas seguía sin hablarme y yo no podía soportarlo. Pero de todos modos, no volví a lastimarme.

No fue hasta que estuve en primero de polimodal que él empezó a hablarme de vuelta. Recuerdo muy bien como fue:

Lucas y yo elegimos la misma modalidad de estudio así que estábamos en la misma aula.

Yo estaba sentada atrás de él. De repente, se da vuelta y le pide prestada una lapicera a mi compañero de banco y este le dice que no tenía. Lucas me mira y me pregunta lo mismo. Yo me puse bordó, y busqué en mi cartuchera. Por suerte, siempre llevaba útiles de más. La saqué y se la di.

Después de eso, comenzamos a hablar más seguido.

En historia nos habían puesto juntos en un grupo para hacer un trabajo. Y con esa excusa le hablaba de vez en cuando. Él también se acercaba nos saludaba a una amiga (que también estaba en el grupo) y a mí y nos comentaba cosas del trabajo, etc. Se imaginarán que yo estaba súper feliz.

Ya sé, ustedes se imaginarán que desde ahora la historia se pone linda y con final feliz. Bueno, no.

En ese año se empezó a joder con eso de Crepúsculo. Un amigo me había recomendado el libro hacía un montón y yo nunca lo había comprado. Mi amigo me insistía todos los días para que me lo comprara, hasta que un día lo compré.

Leí el libro en tres días, y quedé fascinada. Así que me compré el segundo, luego el tercero y por último el cuarto. Me los leía en tres días, excepto el último porque como estaba en semana de examen no tenia mucho tiempo y lo leí en una semana.

Como sea, la cuestión es que esos libros me salvaron la vida. Gracias a esos libros, Lucas me hablaba más seguido. Y era él quien buscaba conversación.

-¿Están buenos?-me preguntaba.

-Sí.

Y seguíamos conversando sobre eso. Como él sabía que yo me los leía en tres días masomenos, cuando yo estaba por el último, al otro día de habérmelo comprado, me decía: ¿Y? ¿Ya te lo terminaste?, en tono de broma.

Era genial. Un día me conecté y vi que él estaba conectado también. Me quedé mirando su ícono de conectado por un rato, pensando "ay, si tan sólo pudiera hablarte". Pasados unos segundos me di por vencida y comencé a hacer otra cosa para distraerme. Al cabo de unos segundos se abre una ventanita y casi me muero al ver quien me había hablado. Sí, Lucas, por primera vez en su vida, me había hablado por chat. Me había puesto: che, ana, viste que está por salir la película de los libros que lees?

No sólo me había hablado él, sino que me había hablado sobre Crepúsculo, algo que él sabía que me gustaba. Obvio, que yo ya sabía lo de la película. En fin, hablamos un poco hasta que la conversación llegó a un punto muerto. Si bien no éramos amigos, nos llevábamos bien.

Recuerdo que en el campamento de ese año la pasé muy bien. Me había hablado un montón con Lucas y en el viaje de ida, había dormido con él en el micro. Bueno, él se había sentado ahí porque tenía sueño y no había otro lugar disponible. Pero bueno, al fin de cuentas había dormido con él o no?  Dios, ¿es que nunca se iba a dar cuenta de que yo siempre estuve para él y que sería capaz de hacer cualquier cosa por él? Yo vivía por y para él.

También recuerdo una clase de inglés en la que él y una amiga me habían pedido prestada una lapicera y yo sólo tenía una de más azul, y otra de color. Así que le di la lapicera azul a Lucas y la de color a mi amiga, y esta se quejó diciendo que por qué le había dado la de color a ella y la azul a Lucas. Yo dije que no me había fijado que se había dado así. Mentira, mirá que le iba a dar la azul a ella y la de color a Lucas? Jaja.

Entonces, después de que mi amiga hubiese dicho eso, Lucas dijo: Jaja, ¿viste? Me quiere más a mí.

Casi me muero cuando lo escuche decir eso.

Aunque era verdad que me había empezado a llevar bien con él, también era verdad que mi relación con él jamás iba a ser como la que tenían otras chicas con él. Yo veía como las trataba, con naturalidad. Todas podían ser su amiga, claro, pero yo no. Él nunca me trató como a las demás. A veces me trataba bien, otras ni me escuchaba. Un día me saludaba lo mas bien y al otro ni me registraba. Esta bien, él era así, pero más conmigo que con las demás. Y eso me molestaba. ¿Por qué no podía tratarme bien todos los días?

Por ejemplo, él llegaba al colegio y yo estaba hablando con una amiga en la entrada. Entonces él venía y la saludaba a ella y a mi me pasaba como poste caído. Díganme, ustedes cuando ven a una amiga hablando con una persona con la que no te llevas tanto y vas a saludar, ¿no saludan a las dos personas por más que no se lleven tanto con una? Bueno, él no. A veces sí, a veces no.

Que mala persona. Un día me trataba re bien, y parecíamos amigos y otras ni me escuchaba y se hacía el gil. Y no es porque estaba con amigos o algo así, no. Siempre que  hablé con él estaba solo. Así que, no sé. O tenía un trastorno de personalidad o yo le caía mal y a veces disimulaba y otras no. Bueno, que se yo.