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Se acabó el color — capítulo 4
Tonks miró a Severus con atención, mientras estaba en la cama. No había dormido nada, pensando muchas cosas a la vez. Miró por encima de su hombro. Dormía dándole la espalda y parecía que no se despertaría. Se sentó en la cama y con un suspiro, miró la habitación. ¿En realidad tenían que pasar por todo eso, antes de casarse? Caminó hasta la cocina y miró el lugar. Su madre sí que se esmeraba en proporcionarle todas las formas de sufrimiento posibles.
- ¡Ay!- chilló, cuando con el cuchillo se había cortado. Se sostuvo el dedo y antes de que pudiera darse la vuelta, sintió otra mano sobre la suya y un poco de papel. Severus estaba detrás de ella y sostenía su dedo herido. Lo miró, bien solo pudo ver su cuello. Estaba inclinado sobre ella y ejercía presión. No dijo nada y esperó hasta que él creyera prudente, soltar su mano. Lo hizo, lentamente y limpiando la herida. No le dijo nada al respecto, pero sí pudo sorprenderse por su reacción rápida. Seguramente se burlaría de ella, luego de que se diera la vuelta. Lo miró, mientras él desechaba el pedazo de papel y simplemente se sentaba en el sillón.
- Ten más cuidado, Nymphadora- le dijo y entonces, sí pudo confundirse a sus anchas. ¿Qué le ocurría que ni una burla había soltado.
- Bien- le dijo ella y suspirando, continuó con sus asuntos. Al terminar el desayuno, se sorprendió de no escuchar ni una sola queja, acerca de su cocina. Ladeó la cabeza, para mirarlo. Snape comía tranquilamente, mientras miraba el profeta. ¿Es que le aplicaba la ley del hielo o algo por ese estilo? Se rió de sus tonterías y se atragantó con el jugo. Severus la miró por unos segundos y luego, continuó desayunando. Al terminar, ambos tenían que hablar del matrimonio. Severus compraría el anillo y ella, pues... Debía preparar con su madre, el resto del asunto. Por supuesto, eso lo haría luego de una buena dosis, de quejas y de miradas de odio, hacia sus progenitores. Estaban locos, si pretendían unirla a él. Eso era insano, una locura que no tenía ni pies ni cabeza. ¿Qué locura, sí tenía eso? Ninguna.