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Mi lado oscuro — capítulo 12
El paisaje volaba juguetón entre la ventana de mi compartimento sin que yo le prestara la mínima atención. Oía un rumor lejano de voces que en verdad estaban a mi lado, pero, que para mí razón, estaban en otro lugar.
— ¿Tonks?— pude oír en esa lejanía. Noté una mano posarse en mi hombro. Giré rápidamente a ver quién me había tocado y allí estaba él, mi mejor amigo durante todos estos años: El paisaje volaba juguetón entre la ventana de mi compartimento sin que yo le prestara la mínima atención. Oía un rumor lejano de voces que en verdad estaban a mi lado, pero, que para mí razón, estaban en otro lugar.
— ¿Tonks?— pude oír en esa lejanía. Noté una mano posarse en mi hombro. Giré rápidamente a ver quién me había tocado y allí estaba él, mi mejor amigo durante todos estos años: Kingsley— ¿Ocurre algo?
Kingsley tenía esa particular y odiosa perspicacia: sabía perfectamente cuando a alguien le ocurría algo.
— No— contesté secamente.
— No lo creo así— rebatió con su pausada y penetrante voz.
— ¿De verdad quieres saberlo? — interrogé y él asintió solemnemente— Quiero poder actuar de una vez, quiero poder salir de Hogwarts y hacer cosas grandiosas… quiero dejar esos muros.
Mientras mi discurso, volví a mirar el inóspito paisaje de la ventana. Kingsley no contestó inmediatamente, era muy cauto para eso. Pensó y repensó su respuesta y cuando encontró las palabras adecuadas habló.
— Si sigues así de torpe como siempre no podrás lograr nada grandioso.
Le lancé una mirada asesina que a cualquiera hubiera asustado pero a él le arrancó una sonrisa.
Ocho años después:
— Ahora entiendo tu forma de hablar de él— pronuncié distraídamente mientras esperábamos al Señor Tenebroso—. Siempre pensando en la justicia, protegiendo a gente que ni siquiera conoce…
Dejé las palabras en el aire esperando a que Snape prosiguiera con la conversación pero se limitó a decir unas pocas palabras después de carraspear y no quitar ojo del horizonte.
— El señor oscuro está llegando.
A los pocos segundos una especie de serpiente albina humana se encontraba delante de nosotros. Nos arrodillamos enseguida.
— Mi señor— dijimos los dos al unísino.
— Siempre pensé que serías de gran utilidad pequeña Tonks— susurró con aquella voz silbante—. Has podido convencer de que Snape es de fiar y entrara en la Orden del Fénix. A Dumbledore siempre le caíste bien.
Me levanté al notar su gélida mano en mi barbilla. Ese hombre era un monstruo, un monstruo que me habñia enseñado a combatir, a crecer, a ser una amenaza para el auror que mató a mi amiga. El deseo de la venganza palpitaba en mi corazón con más y más fuerza cada vez que aprendía algo nuevo, con cada reprimenda de Snape, con cada "cruciatus" de mi señor. Había llegado a respetarlo por su sabiduría y tras todos los años a su lado, su deseo se había convertido en mi deseo.
Me enseñó con toda la crueldad que los muggles utilizaban contra los magos. Al principio pensaba en mi madre, cómo se había enamorado de mi padre, de un muggle. Ella, que proveníade unas de las familias más puras de Inglaterra, se casó con él, contraponiendo todo su pasado. Mi padre era una persona amable y simpática, hasta que mi opinión sobre él fue cambiando poco a poco a lo largo de los años.
Esclavizaba a mi madre y a mí a que nos vistiéramos como ellas, a comer sus comidas y vivir en uno de sus barrios.
No, mi padre ya no era el que yo creía.
Volví mi pensamiento hacia el presente, a aquel bosque sombrío dónde nos reuníamos. Lejos de las miradas indiscretas, lejos del murmullo y el bullicio.
— Ahora tengo dos leales mortífagos dentro de su organización— sonreí sin pensarlo y dejé que prosiguiera— Y ahora, mi pequeña, tengo un grato trabajo para ti. Vas a matar de nuevo, pero ésta vez a una persona especial— fijé mi mirada en sus rendijas del color de la sangre—. Vas a matar a Ted Tonks y a Andromeda Black.
No supe qué decir, el shock de esas palabras había paralizado mi cuerpo. Mis padres… tantos años matando muggles y aurores y ahora debía matarlos a ellos. Ellos sólo sabrían que una mortífaga desconocida, sin nombre e identidad, pronunciaría las palabras que los llevaría bajo tierra. Una persona en apariencia totalmente diferente a la mía, pero, que dentro de ella, los estaría matando su propia hija. La información no quería ser procesada por mi cerebro.
—Mi señor— susurré mirando al suelo—, no… no creo que esté… que esté preparada
Voldemort me observó tranquilo danzando su varita entre las manos. Era imposible saber qué pasaba por su diabólica mente.
— Lo harás— sentenció.
— Pero… mi madre… ella es sangre pura— rebatí a duras penas intentando salvar a mi madre. Ella no tenía culpa de haberse casado con mi madre.
— Lo harás—volvió a pronunciar sin vacilación.
— Pero…
No pude contestar porque me encontraba en el suelo, retorciéndome y chillando gracias a la maldición imperdonable que lanzaba Voldemort contra mi cuerpo. Snape, inpasivo, observaba sin decir nada.
Al cabo de un rato, que para mí fueron eternos, dejó de apuntarme con la varita y miró a Snape mientras yo me recuperaba.
— Lo hará— juró Snape sin ápice de sentimiento.
Voldemort desapareció al instante y Snape se volvió hacia mí, tomándome del brazo de manera muy brusca y levantándome.
— ¡Suéltame!— le espeté mientras me liberaba de su mano pero él no reaccionaba a mis forcejeos—. ¡SUELTAME TE HE DICHO!
Snape no me soltó, al revés, me atrajo hacia él y me besó con pasión intentando así que olvidara qué acababa de ocurrir. Debería matar a mis padres. Me dolía más el hecho de asesinar a mi madre que a mi padre. Al separarme observé esos profundos ojos negros que me había comprendido, enseñado, asustado durante todos estos años. Aún me resultaba extraña esta relación que habíamos formado. No era amor, eso no se instruía en las filas del señor tenebroso. Solamente era lujuria, admiración y fascinación por ese hombre. Aunque no era mayor que yo sabía del mundo mucho más, me enseñaba como era la vida en realidad… cruel, era cruel y el Señor Tenebroso acababa de demostrármelo con su sentencia de muerte.
— ¿Por qué? — interrogué con lágrimas traicioneras en los ojos.
— Son sus órdenes. Hay que acatarlas tal y como son. Deja que la magia te invada Tonks. Ésta vez te permito que no seas tú, ésta vez mentiré ante el Señor Oscuro por ti.
Esta iba a ser una de las pocas veces que Snape me ayudaría. Él siempre me ordenaba estar en mis cabales y observar la muerte en los ojos de los asesinados. Sólo así comprendería al Señor Oscuro. Aunque me repugnaba en un principio empecé a aceptarlo y esa pequeña semilla que años atrás Voldemort había implantado en mí, había adquirido terreno sin yo saberlo, sin percatarme de que la magia oscura me imbuía.A veces perdía el control y ya no era yo, era otra persona con otras ropas, otro pelo, otro maquillaje… otra personalidad; pero en esas veces que era yo misma, la magia se apoderaba de mí, me sentía grande, imponente, nadie podía conmigo y ese sentimiento… me alegraba.
Era absurdo y no sabría explicarlo, pero me encantaba sentir ese poder en mis manos. Y ahora podía controlar ese poder, podía decidir si la magia me imbuía y perdía el conocimiento o sentir ese poder descomunal creciendo en mí.
Ahora la opción más acertada era dejarme llevar. No iba a recordar como mataría a mis padres. Me negaba y Snape estaba conmigo.
Abracé su cuerpo varonil, enterré mi cara en su pecho. Terminé que esas peuqeñas gotas traicioneras de mis ojos dejaran de salir sin control y lo miré.
— Vamos a hacerlo.
— No podemos hacer nada, Severus.
Dumbledore entrelazó sus manos, una ennegrecida por el maldito maleficio del anillo de Sorvolo, encima del escritorio y frunció el ceño adquiriendo aún más aspecto de anciano. Se denotaba cansado y malhumorado.
Debes protegerla, Severus. Ella no tiene culpa de lo que ha pasado en estos años. No podemos proteger a los Tonks—. Clavó sus ojos celestes como el cielo en Snape—. Creo que va siendo hora de que ella también se convierta en doble espía.
— ¡No podemos hacer eso! — gritó Snape golpeando la mesa—.¡Ella perderá la confianza en mí! ¿O no tiene pensado decírselo? —. Esperó a que Dumbledore asintiera—. Pero es absurdo. Será más enredo y tendré que ocultar muchas más cosas a Voldemort. ¿Estás seguro, Albus?
— Completamente— afirmó levantándose lentamente y caminando hacia la ventana. El paisaje era hermoso. Dolía que algo tan fantástico pudiera originarse en tiempos tan oscuros. >>Ella será una de las protecciones oficiales de Harry, junto a su mentor Ojoloco, Lupin, Kingsley y otros cuantos. Gente de su confianza— hizo una pausa— o eso creo.
— Ojoloco, aunque chalado, siempre ha sido del agrado de Tonks. Y Lupin… creo que le cae bien—comentó Snape con desagrado.
— ¿Te has enamorado, Severus? — interrogó el anciano mirándolo de nuevo, examinándolo con esos ojos de mirada con rayos X.
— ¡NUNCA! ¡Nunca amaré a otra persona que no sea Lily!— chilló encolerizado por la desfachatez que había tenido el anciano al pronunciar esas palabras.
Ninguno de los dos habló de nuevo y dejaron que el silencio y el tiempo los envolviera con suaves caricias.
Una joven hermosa de melena larga y rojiza y tez blanca se encontraba con respiración agitada a escasos metros del portal de una casa. Su pecho subía y bajaba a un compás no sincronizado. Estaba nerviosa, ansiosa y asustada. Sus ojos enfocaban con intensidad el pomo de esa puerta.
Otro joven, un poco mayor que ella, se encontraba a su costado observando la misma puerta, no con la misma intensidad. Su postura reflejaba serenidad pero nadie podía intuir el terror que recorría su cuerpo. El acto tan atroz que completaría su compañera le ponía los pelos de punta y él sabía que la marcaría de por vida, aunque ella no recordara nada, sí recordaría esa puerta, ese preciso instante donde se encontraban ahora.
— Es la hora— susurró el hombre.
Ella tomó con cautela de dentro de su capa de viaje una varita. Cerró los ojos y dejó que la magia corriendo por ella sin rumbo fijo, sin obstáculos. Sus ropas comenzaron a levitar levemente. Aire extraño se arremolinó entre su cuerpo y luego abrió los ojos. Ya no eran esos dulces ojos que el hombre recordaba. Ahora, dos ojos del color del fuego observaban aquella puerta.
— Comencemos— susurró la chica con voz distinta a la suya.
Corrió hacia la puerta con destreza, el chico no se movería del sitio, así estaba pactado. Abrió con un hechizo de derribo la puerta y fue directa hacia la habitación donde sabía que se encontrarían las dos personas que debía asesinar. Subió rápidamente las escaleras del hogar. Y cuando menos se lo imaginó, dos personas, varita en alto, se encontraban en el marco de la puerta del dormitorio principal.
Inmediatamente, el hombre golpeó a la mujer hacia dentro de la estancia y cerró la puerta con fuerza. La chica escuchó sonidos de conjuros protectores en esa puerta, pero se sentía pletórica, no había obstáculos para ella.
— ¡BOMBARDA MÁXIMA! — gritó apuntando alegremente hacia la puerta y está voló hecha añicos.
El hombre estaba situado delante de la mujer, protegiéndola con su cuerpo. Estúpido muggle, pensó la chica,no tenéis escapatoria.
Alzó su mano amenazadora y gritó con todas sus fuerzas el conjuro de la muerte. Primero una vez y luego otra.
Dos cuerpos se derrumbaron en la estancia de la habitación. La chica jugó un poco más con ellos, los cortó y los ató y luego dejó la habitación. Salió por la puerta de la casa manchada de sangre y sudor. Cerró con un movimiento de la varita sin mirar atrás.
Snape esperaba en la penumbra a su amante. No comentó nada y los dos desaparecieron para informar a su amo que la operación había sido un éxito.