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Mi lado oscuro — capítulo 6

Capítulo 6: Después de la pelea.

Andaba rápidamente camino a su casa. La capa hondeaba como una bandera a merced del viento, su rostro no mostraba compasión. Los pocos niños mugrientos del barrio que pasaban por su lado intentaban de huir de esa persona. Snape aterrorizaba con sólo dirigir su mirada a los ojos de alguien. Esa niña lo había puesto furioso, esa niña estúpida.

Llegó a su casa y cerró dando un portazo, se quitó la capa y la tiró con mala gana al raído sofá dejándola arrugada. Ahora lo que pedía su garganta a gritos era un buen vaso de vino. Tomó la copa más grande que poseía y se sirvió generosamente para dar finalmente un largo trago. El vino se había convertido en su bebida favorita; su rostro se alivió un poco.

Snape se acomodó en su sofá favorito sin dejar su copa de lado; volvió a dar otro trago.

<< ¿Cómo podía esa niña pensar esas cosas? ¿Mi aliento como a hierba recién cortada? ¡Pero qué estúpida! Come libros... eso me ha irritado más que otra palabra que me haya dicho>> pensaba mientras miraba cómo el contenido de su copa giraba a su merced. Movía la copa con elegancia y ni una sola gota era derramada. << ¿Cómo pudo ella aceptar la invitación? Yo no quería que lo hiciera, ni pensaba que iría a la mansión. Tenía la obligación de darle el mensaje, pero cualquier persona normal se habría asustado sólo de mencionar al Señor Oscuro, pero ella...>> miró al techo desconsolado.

Snape todavía no podría creer cómo ella podía haber aceptado convertirse en mortífaga tan joven, hasta Bellatrix estaba que echaba chispas, ya que ella era mayor que Tonks cuando se hizo mortífaga. Haber perdido a su amiga había sido un duro golpe, pero que precio tendría que pagar ahora ella por esa estúpida venganza. A él no le quedó remedio hacía unos años de convertirse en mortífago, fue el gran error de su vida y por eso había perdido a la persona que más amaba en el mundo: Lily. Pero él había obtenido una salida, no era agradable y sabía que al final su vida acabaría muy mal, pero no quería seguir con el juego de ese psicópata. Ahora tendría que cuidar de un niño que era fruto de la relación de su persona amada y su peor enemigo, de llevar una doble vida entre Voldemort y Dumbledore y de llevar por el mal camino a una chica que aún iba a Hogwarts.

<< ¿Ahora te vas a preocupar por una mocosa?>> le decía maliciosamente su subconsciente <<Snape, el caballeroso galán que se preocupa por una niñata...>>

— ¡No! ¡Yo sólo me preocupo por mi pellejo! ¡Esa niña será lo que quiera ser y yo no me pondré en su camino!

Snape se había levantado con tanta fuerza que el contenido de la copa se había derramado por todo el suelo y por supuesto, por su túnica. Miró asqueado el manchón tan grande que había dejado el vino y que poco a poco calaba hasta su cuerpo.

Una ducha era lo mejor en ese momento y así también podía llegar a relajarse un poco y pensar en otra cosa. Se equivocaba, nada más dejar que el agua corriera a su gusto cerró los ojos y empezó a ver a Tonks en el colegio con sus amigos, riendo, risueña, soñadora, torpe... Snape comenzó a recordar a Lily sin poder evitarlo. <<Lily, Lily....>> Snape se agarró la cabeza con las dos manos fuertemente: los recuerdos de la muerte de Lily eran muy recientes, dolía en lo más hondo de su ser. Acabó por caerse débilmente a la bañera y quedó de cualquier manera tirado en ella, el agua recorriendo sin piedad su cuerpo y el rostro de Lily clavado en sus pupilas. Su corazón entendía perfectamente el dolor que debía de estar pasando esa niña...


Logré controlarme al fin y ponerme de pie después de varios intentos. Las piernas me temblaban como si tuviera patines en los pies. Había enfadado a Snape y eso podía repercutir en que Voldemort se llegara a enterar y la hiriera. Snape era su tutor y aunque los mortífagos no tuvieran normas definidas — sólo el miedo entre ellos y hacia Voldemort— debía respetarlo, ya no sólo por ser mortífago sino porque también iba a ser profesor de Hogwarts.

El espejo que estaba delante de mí en la pared reveló una pequeña marca en mi mejilla, la piel estaba un poco chamuscada por culpa de la varita de Snape. Decidí no darle más vueltas a lo que acaba de suceder y dormir un rato. La noche había sido muy larga y tenía que descansar.

Debieron de pasar muchas horas hasta que me despertaron. Mi padre llegó con cautela y me llamó amablemente para que bajara a cenar. Ahora sentía el cuerpo mucho más dolorido que antes, por lo que tomé una de esas medicinas muggles que mi padre tenía en el cuarto de baño. Mi desilusión fue grande por no sentir efecto inmediato, estos muggles estaban un poco atrasados los pobres.

Cené tranquilamente con mi familia, mi madre no me dijo nada por llevar una camiseta de manga larga en pleno verano, tenía que esconder la marca de alguna manera. Pasaba calor, sí, pero no existía otra forma para tapar la marca.

Cuando terminé de cenar, le pedí a mis padres que me dejaran dormir un poco más ya que aún me sentía cansada, ahora sí notaba un poco el efecto de la píldora.

Subí a mi habitación simulando que estaba cansada, bostezando y desperezándome, pero cuando llegué a mi dormitorio no sabía qué hacer. ¿Vendría Snape por mí? ¿Tendría entrenamiento nocturno? ¿Voldemort me dejaría tranquila por un día? Me senté en la cama a esperar.

Las diez, las once, las doce, la una...

No podía más, aun habiendo dormido demasiadas horas seguía exhausta, por lo que decidí recostarme y sin darme cuenta, volví a dormirme.

A la mitad de la noche comencé a escuchar una risilla estridente. Abrí los ojos pegados con esfuerzo y me encontré la cara radiante de mi tía Bellatrix cerca de la mía. Me caí de la cama del salto que di y un grito desgarrador me erosionó la garganta, ella volvió a reírse ahora un poco más fuerte. Snape me cogió de un brazo y me levantó sin esfuerzo.

—Es hora de otro entrenamiento. Esta vez tanto tú como Bellatrix entrenaréis juntas. Vamos.

Me tendió una mano de mala gana. Bellatrix esperaba a su lado expectante para irse. Me detuve un momento a escuchar que mis padres no vinieran por el grito que di, pero ellos seguían durmiendo plácidamente... muy extraño en mi madre, ella hubiera estado a mi lado en cuestión de segundos. Snape dio un fuerte resoplido de impaciencia y agitó su mano para que la cogiera.

Desaparecimos del lugar en segundos.

FIN DEL CAPÍTULO