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Mi lado oscuro — capítulo 7
Capítulo 7: Enfrentándome a Bellatrix
Snape, Bellatrix y yo salimos de mi habitación mediante aparición conjunta hacia la mansión Malfoy. Mi tía estaba excitada por el futuro entrenamiento. Yo la miraba recelosa ¿De verdad tendría que entrenarme con ella? Pedía con todas mis fuerzas no tener que enfrentarme a ella; sabía que era muy sanguinaria y me daba miedo esa vena maliciosa que mostraba muchas veces.
Nos encaminamos hacia una habitación grande de la mansión justo detrás de Snape. Bella iba con una sonrisa de oreja a oreja, y a veces me miraba de reojo y se sería aún más. Yo cada vez estaba más lejos de ella hasta que casi iba rozando la pared con mi mano. Snape abrió una puerta y nos dejó entrar.
La habitación estaba bien iluminada, ausente de mobiliario y solamente en ambos extremos de la habitación había dos círculos dorados en el suelo.
—Cada una debe colocarse dentro de un círculo—. Mi tía salió corriendo hacia el suyo; miré a Snape con temor. — ¡Ya!
Corrí como alma que lleva el diablo, me metí dentro del círculo y fijé mi mirada en el suelo. Bella ya estaba varita en mano ¡qué ganas de luchar!
—Bien, ambas os enfrentaréis con los hechizo que sabéis. Bellatrix, tengo orden del Señor Oscuro de que no la mates. Me da igual qué tipo de hechizos utilicéis, sólo quiero ver nivel de Tonks—la sonrisa de Bellatrix era de felicidad extrema; me estaba dando escalofríos—, pero no podéis salir del círculo. No responderé de lo que os pase si salís de él en medio del combate. Bien, proceded a mi señal.
Snape se colocó lejos pero en medio de los dos círculos con los brazos cruzados. Saqué mi varita temerosa intentando recordar todos los hechizos defensivos y ofensivos que había aprendido, sobre todo los defensivos.
Snape nos hizo una señal y el combate comenzó.
— ¡Expelliarmus!— grité con fuerza apuntando a Bella, pero ella lo esquivó sin ningún problema contraatacando casi al instante.
— ¡Imperio!— me agaché a tiempo dentro de mi círculo. Estuvo a punto de darme.
— ¡Eh!, eso es una maldición imperdon….
Caí de espaldas en el suelo. Cuando me levanté, mis dientes comenzaron a crecer. Bellatrix reía a carcajadas por el espectáculo, Snape también sonreía maliciosamente. No dijo nada, ni siquiera paró el combate y mi prima siguió atacando.
— ¡Diffindo! ¡Diffindo! ¡DIFFINDO!
Fue casi como una musiquilla para ella. Tal y como los lanzaba saltaba danzando dentro de su círculo.
Alcanzó a darme dos de ellos: uno en la pierna y otro la mejilla. Apunté furiosa a mi tía, esa bastarda pagaría algún día lo que me estaba haciendo pasar.
— ¡Incendio! —grité con tanta fuerza que mi voz retumbó por toda la estancia vacía.
Bellatrix esquivó el hechizo pero su pelo embrollado no. Comenzó a oler a pelo quemado y me dio un poco de arcadas, aunque mi risa empezó a salir en ese momento. Fue gracioso ver a Bellatrix utilizar el conjuro Aguamenti y terminar toda empapada.
— ¡Asquerosa! Avada…
La sonrisa duró poco porque sentí como el aire salía de golpe de mis pulmones. Mi pecho recibió un duro golpe, como de aire comprimido en ese lugar exacto de mi anatomía, que hizo que se me cortara la respiración y volviera a caer. Ésta vez, perdí el conocimiento y no supe nada más.
Desperté en la gran cama en la que ya estuve una vez. Mi cuerpo gritaba de dolor por cada movimiento que hacía, pero sobre todo el pecho. Sentía como si estuviera aplastado e incluso dolía respirar. Observé mí alrededor esperando ver señales de vida, alguien que me dijera que había ocurrido. Estaba sola, nadie cuidaba de mí.
Siempre había sido muy independiente aunque en el fondo añoraba que alguien me tratara con cariño, como lo hacía mi madre. Estaba claro que para ser mortífaga debías valerte por ti sola y no confiar en los demás.
¡CRACK!
Una elfina se materializó al lado de la cama, traía de nuevo el traje que me puse la primera vez que tuve que ver a Voldemort.
—Señorita, debe volver a ponérselo. El Señor Oscuro la espera en el comedor de la mansión.
Ella no me miraba, su cabeza estaba agachada y su voz era temblorosa. Aquí la trataban bastante mal por lo que se veía.
— Gracias — susurré por culpa del dolor del pecho.
Me miró con ojos llorosos y desapareció.
Tuve que hacer un gran esfuerzo para salir de la cama, pero aún más para poder vestirme. Volví a moldear y teñir mi pelo como la primera vez y me encaminé hacia el comedor.
Llegué casi arrastrándome por las paredes y agarrándome el pecho. Se encontraba otra vez en un gran sillón de tela verde y a su lado como un fantasma protector, se encontraba Snape. Su mirada era seria, pero sus labios dibujaban una sonrisa.
Voldemort hizo una seña para que entrara y cuando me hallé en el centro de la sala cerró la puerta con su varita.
—Snape me ha contado tus dos entrenamientos ¿Crees que podrás llegar a ser mortífaga?
Esa era mi gran duda. Ya no sabía si quería serlo, no sabía si quería venganza. Mi amiga había muerto pero yo era débil, poseía sentimientos hacia los demás, sentía el dolor y tenía un miedo a hacer daño a gente inocente.
—Ya veo. Miedo, eso es lo que un mortífago no puede tener. Snape— observó con devoción lo que su amo le iba a decir—, la noche ha sido larga, aunque su entrenamiento corto. Ha sido una pelea de gatas, no una batalla. La próxima vez no la dejes fuera de juego tan rápido.
Mis ojos voltearon hacia Snape. Así que había sido él el que me había golpeado, el que me había dejado sin aliento. Lo maldije mentalmente. Voldemort me observó y sonrió con esa mueca suya desagradable.
—Veo que vamos por el bueno camino, pero lentamente. Llévala a su casa, pronto va a amanecer, mañana tráela. Yo le enseñaré personalmente a ser una verdadera mortífaga.
Podía ver el amanecer en el horizonte. El cielo se teñía con destellos de oro como abriéndose camino en un mar azul. Volábamos en una escoba rápida pero la situación era tensa aunque el ambiente era propio de una película romántica.
Snape controlaba la escoba con gran maestría y destreza. Yo iba agarrada a él para no caerme, aunque no era de mi agrado.
Sin embargo, se sentía extrañamente cálido y cómodo ir en esa posición. Medio adormilada como iba, apoyé mi cabeza tranquilamente en su espalda. Noté como su cuerpo se tensaba para luego relajarse lentamente.
Rondaban varias preguntas por mi cabeza, pero no me atrevía a preguntarlas ¿Y si me tiraba de la escoba? Seguro lo haría, sería capaz y no sentir remordimiento alguno. Mis brazos apretaron el abrazo inconscientemente, como asegurándose que no cayera yo sola, Snape vendría conmigo. Volvió a tensarse pero esta vez fue acompañado de un gruñido.
— ¿Por qué me golpeaste?
Mis labios hablaron por mí. Mi subconsciente me había jugado una mala pasada. La pregunta había salido tan natural que todo el comecocos mental de hace unos momento, parecía innecesario.
—No estabas atenta.
Snape contestó de manera seca y cortante, como siempre, pero esta vez yo quería respuestas de verdad.
—Eso no es verdad. Te reíste de mi caída. Me dejaste inconsciente— la rabia empezaba a apoderarse de mí. Era como una mancha negra en mi interior que iba ramificándose rápidamente oscureciendo la parte buena y gentil de mí.
Volví a apretar el abrazo.
Snape notó ese cambio en mi actitud y se dispuso a hablar.
— ¿Quieres que ella te mate?—me espetó— Tienes que ser mejor que ella. Tienes que saber defenderte y ahora tienes algo muy grande encima ¿Crees que el Señor Oscuro va a ser tan indulgente contigo? Ya no podré para el combate como hice con este, Bellatrix no pudo reclamarme nada porque el Señor Oscuro había dado órdenes explícitas de no matarte y ella no iba a hacer.
— Pudiste hacerlo de una manera más delicada—corté al instante su perorata—. Casi me muero…
Pude ver desde mi posición como Snape sonreía ¿Qué le hacía tanta gracia? Pudo haberme matado. Fruncí el ceño de la indignación.
Al final, decidí que no valía la pena discutir con él, siempre haría lo que quisiera, así era él. Me acomodé en su espalda un poco más y me dormí profundamente
**
Severus cogió en brazos delicadamente a Tonks y la acostó en su cama. La arropó con las sábanas y se quedó observándola dormir un rato.
¿Cómo podría ayudarla a no enfrentarse con Voldemort? Sería misión imposible. Voldemort la torturaría y él tendría que estar presente. No es que le tuviera cariño a Tonks, pero ella estaba eligiendo el camino incorrecto, había elegido el mismo camino tortuoso que un día decidió recorrer él.
Paseó pensativo por la habitación. Sabía que Tonks era buena en defensa contra las artes oscuras, pero no sabía nada de Artes Oscuras y eso era lo que Voldemort quería. Su puro y brillante corazón se convertiría en una piedra negra y putrefacta como el suyo. La magia la corrompería al final.
La observó de nuevo dormir. Ahora mismo, evadida de la realidad, así quería estar Snape, irse a un mundo de ensueño. Montó en la escoba y salió por la ventana sin hacer ruido.
Tonks no soñó con cosas bonitas. Era la peor pesadilla que tendría en muchos años: sus padres estaban en el suelo agonizando y la persona que los torturaba era ella. Voldemort se encontraba detrás de ella, sonriendo satisfecho. "Ahora acaba el trabajo" susurró con esa voz sibilante. Sin un ápice de tristeza en su cara, Tonks lanzó ambos Avada Kedabra dejando inerte los cuerpos de sus progenitores. "Buen viaje" dijo ella y salió de la estancia escoltando a su señor.
FIN DEL CAPÍTULO