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Mi lado oscuro — capítulo 8
Capítulo 8: Empezando a sospechar
Desperté sobresaltada y sudorosa. El cielo se teñía lentamente del color anaranjado del atardecer y el calor era sofocante. Pero yo no sudaba a causa de ese hecho, no, sudaba por culpa de la pesadilla de esa "noche". Torturaba y maltrataba a sus padres sin piedad, si un ápice de remordimiento.
Me senté en la cama exhausta, no sabía cuánto tiempo podría seguir combatiendo en la noche y durmiendo durante el día. Llegaría el día que mi madre me obligaría a levantarme y ya no sería capaz de llevar mi doble vida.
El ajetreo de la cocina hizo que mis malos pensamientos desaparecieran. Bajé hacia allí mientras el rico olor de la cena embriagaba mis sentidos y me recordaba el hambre que tenía.
Andrómeda me vio llegar y frunció el ceño. Me miró de arriba abajo y siguió con su tarea. Su mirada fue la señal de aviso de que mi aspecto era deplorable.
— Hola mamá. Buenas… ¿tardes?— dije mientras me sentaba en una silla.
— Tardes…sí…son las seis de la tarde.
Esa era su forma de decirme que debía avanzar, que no podía llevar una vida así. Ella siguió removiendo lentamente la cena. Era una cena muggle, a mi padre le encantaba. Aunque a mi madre le costaba trabajo realizar esas comidas sin magia, no rechistaba, porque le hacía feliz ver a mi padre comerse la comida con una sonrisa en los labios. Esta vez estaba cocinando Roast beef y pudin.
La observé como preparaba la cena un rato y luego me cansé del tenso silencio y quise comenzar una conversación pero no sabía de qué hablarle.
— ¿Duermes bien por las noches?
Mamá había roto el silencio con una pregunta que me dejó confusa durante unos segundos.
—…Sí…— contesté de forma arrastrada aún aturdida por la pregunta. Ella lo interpretó como su aún estuviera dormida.
— Te levantas muy tarde, por eso quería saber si dormías bien por las noches.
— Duermo bien, mamá— tuve que sonar muy poco convincente porque volteó a verme levantando una ceja.
— Tendré que comprobarlo por mí misma.
Bien, había conseguido que mi madre desconfiara de mí. Eso nunca había ocurrido. Ahora tenía un gran problema: si yo me iba esa noche, mi madre descubriría la falsa ¿qué podía hacer?
— Venga, ayúdame a poner la mesa, la cena está casi lista y tu padre llegará dentro de poco.
La ayudé mientras mientras mi cabeza trabajaba lo más rápido posible. Se me ocurrían cosas bastante estúpidas como poner varias almohadas en forma de mi cuerpo o intentar a hacer un duplicado de mí.
Papá llegó y cenamos con sus animadas historias. Me encantaba el optimismo de mi padre aunque muchas veces lo veía un poco tonto. Comí tres platos, ya que era lo único que comía durante todo el día y al terminar me fui a mi cuarto para pasar un poco el rato. Me puse a leer mi libro favorito "El retrato de Dorian Gray". Mientras leía, mi madre vino varias veces a preguntarme cosas vanales, pero yo sabía que estaba espiándome. La última me dijo que se iría a dormir y me recomendó hacer lo mismo.Contesté que leería un capítulo más y lo haría.
Seguí leyendo sumida en mis pensamientos. Me gustaría ser Dorian Gray, nunca moriría, me harían daño pero sería transferido al cuadro, viviría una vida loca y plena. Pero el final de Dorian no era el que quería para mí.
El sueño se apoderaba poco a poco de mí hasta que llevó hacia los brazos de Morfeo. Me parecieron horas las que dormí hasta que un zarandeo me despertó.
— ¿Qué has hecho? — susurró una voz bastante enfadada. Snape tenía su ganchuda nariz muy cerca de mí. Esta vez no me asusté pero me alejé lo máximo posible de él.
— ¿Qué he hecho de qué?— le habé bajito ya que cualquier ruido en la noche silenciosa sonaba demasiado fuerte.
— Tu madre ha venido ya tres veces a verte.
Mi madre no se fue a dormir, estaba vigilándome. Ya sabía que eso pasaría.
— Andrómeda se ha dado cuenta de que en las noches hago algo o eso creo.
Snape resopló enfadado. Esperé a que dijera algo pero sólo hizo un movimiento de varita y una gran cierva plateada salió de ella silenciosamente. Al instante una mujer alta y rubia se materializó en mi cuarto.
— ¿Lo has traído?
— Sí, aquí tienes—. La mujer le tendió un frasco pequeño de una especie de poción. Snape se acercó y me arrancó unos pelos.
— ¡¿Estás loco?!— le grité.
Los segundos siguientes fueron un caos: la mujer rubia fue empujada por Snape hacia el armario. Escuché el ruido de las pisadas de Andrómeda venir por el pasillo. Volví a acostarme en la cama y recogí del suelo el libro de Dorian. Cuando Andrómeda entró, empecé con la actuación.
— No, Dorian. ¿…loco? No… no lo hagas…
Sentí una mano en mi cabeza y un "shh". El libro se deprendió de mis manos y las pisadas se fueron de nuevo. Abrí un poco los ojos para ver si la puerta estaba cerrada.
— Como ves, esta niña es bastante estúpida.
Snape volvió a salir del armario acompañado de otra yo. Era increíble, era como verme en un espejo. Pasé por alto el insulto ya que estaba con la boca abierta mirando mi réplica. Yo sabía que existía la poción multijugos, pero nunca había visto utilizarla delante de mis ojos.
— Ella es…
— Sí,sí— contestó impaciente— Quítate esa ropa y dásela a ella. Tenemos que irnos.
Le lancé una mirada que transmitía el mensaje de meterse de nuevo al armario. Me miró ceñudo y se metió dentro.
La mujer se desvistió sin pudor ninguno mostrando una lencería fina que le quedaba un poco grande.
— Tranquila, es que yo tengo mucho pecho.
Soltó una risita silenciosa. Parecía una mortífaga con buen corazón. Me vestí con las ropas que ella traía en la mano, eran mis ropas para presentarme delante de Voldemort.
— Ya sé que no tengo ninguna posibilidad contra él, pero con éstas ropas tendré aún menos.
Snape volvió a salir del armario mientras yo me quejaba. La otra yo, se metió en la cama en la misma posición en la que me encontró.
— Vamos.
Cogió mi mano sin que yo pudiera replicar y desaparecimos.
FIN DEL CAPÍTULO