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Historia 42013 — capítulo 1
Atrapados
Todo comenzó aquel día en el que me desperté y vi, por la ventana, como caía agua agua nieve. Con mucha suerte, en las algunas horas, se convertiría en una nevada.
Me dirigí hacia el baño y observé mi rostro en el espejo. Mi cabello azabache estaba todo revoloteado y mis ojos marrón claro costaban abrirse. Me lavé la cara y los dientes. Luego me encaminé a la cocina tiritando por el frío. Allí me esperaba mi madre con un tazón con leche y cereales.
-Hola, cariño-Me saludó ella revoloteándome de nuevo el cabello.
Odiaba que me dijera "cariño", ya tenía quince años, ya no era un bebé. ¿Y por qué me revoloteaba el pelo? Hacía pocos minutos que me lo había peinado para que ella venga y me lo despeine otra vez…
Pero lo único que ahora me interesaba era que nevara y que la escuela cerrara.
No me gustaba ir allí, aunque debía hacerlo y aprobar cada tonta materia. Lo único que me gustaba del colegio era estar en compañía de mis amigos. Ellos eran: Stephanie, Daniel, Jennie, Thomas y Zacharias y todos iban a mi mismo curso.
Cuando terminé mi desayuno ya había comenzado a nevar fuertemente. Mi madre subió el volumen de la radio para saber si mi escuela cerraría.
Me desanimé cuando avisaron que estaría abierta todo el día. Me perdería muchas horas de diversión para quedarme sentado en un insulso pupitre observando a un profesor hablar sin otro interés.
Subí los peldaños de la escalera y, colgándome la mochila al hombro, salí de la casa. Como los autobuses no pasaban ese día, mi madre tuvo que llevarme.
Llegamos allí y me despedí de ella con un beso. Salí del auto y entré en la escuela. No había muchos chicos. Los pasillos, que habitualmente estaban repletos de alumnos, estaban casi desolados. Sentía un frío que escarchaba la piel.
Caminé a través del pasillo principal arrastrando los pies y mirando hacia abajo. Entré en mi aula y allí estaba el profesor, sentado en su escritorio observando unos libros, y varios chicos, entre ellos mis amigos. Los saludé con la mano, me acerqué hacia ellos y me senté en una mesa cercana.
-Hola, David.-Saludó Stephanie, que tenía unos rulos color castaño y ojos verdes.
-Hola, chicos-Dije y noté que me salía vapor de la boca a causa del frío.-Está helado allí afuera.
-Y aquí también ¿Por qué no prenden la calefacción?-Preguntó Thomas quejándose. Él siempre era quisquilloso. Tenía el pelo sumamente corto, por eso casi siempre usaba gorro.
Por la puerta aparecieron Jennie y Zacharias y, más tarde, Daniel. Éramos ya doce en total.
Charlamos un rato más hasta que el profesor Gordon golpeó fuertemente su libro contra el escritorio. Era muy gordo y cada vez tenía menos pelo. Poseía unos insulsos anteojos y su papada le daba un aspecto de feo sapo. Lo odiaba.
-Hola, alumnos-Dijo-Gracias por venir mientras los otros alumnos y profesores se quedaron vagabundeando por ahí. Les agradezco por haber decidido venir y sé que no se arrepentirán.
-Claro que no-Susurré a mis amigos poniendo los ojos en blanco y ellos se rieron.
-A ver, señor Lenson-Me dijo el profesor- ¿Puede decirme de qué se ríe usted y sus compañeros?
-Nada, señor-Respondí.
-Ande, cuenta. Así nos reímos todos.
Yo odiaba que dijese eso.
Bajé la cabeza mirando mi carpeta con las hojas en blanco.
-Lo suponía-Susurró y comenzó a escribir en el pizarrón con sus grandes y rechonchas manos.
Luego de unos minutos sonó el timbre del recreo. Pero el profesor anunció que no saldríamos si quiera a los pasillos y nos quedaríamos dando clase. Todos rezongaron y bufaron pero él sapo se limitó a ignorarlos.
Miré a través de la ventana desanimado. Seguía nevando fuertemente.
Levanté la mano y llamé al profesor.
-¿Sí, señor Lenson?-Preguntó dándose vuelta.
-¿Puedo ir al baño?-Inquirí e hice un ademán de cerrar las piernas.
Él me miró suspicazmente con sus chicos y negros ojos y yo le sostuve la mirada, firme.
-Está bien, vaya-Me dijo al fin.
-Gracias, señor…-Dije levantándome de mi pupitre, miré a mis compañeros y salí del aula.
De nuevo me encontré en aquel pasillo desolado y frívolo. El piso y las paredes eran blancos y, en algunas partes, lograba reflejarme en ellos. Comencé a caminar lentamente frotándome una mano contra la otra y estremeciéndome por el frío.
Subí los peldaños de la escalera, entré en el baño y… ¡Rayos! ¡La ventana estaba abierta! Un fuerte viento y mucha nieve entraban por allí. Intenté cerrarla y no lo hice si no al tercer intento.
Luego de hacer mis necesidades, fui al lavabo e intenté lavarme las manos. Abrí el grifo pero no salía agua. Me encogí de hombros y salí de allí. En realidad no salí hasta que…
De repente empecé a oír un suave murmullo que, en pocos segundos, se convirtió en un gran estruendo, como si algo se acercara hacia mí a gran velocidad. La tierra tembló y caí al suelo. Cuando dejó de vibrar, la luz que entraba por la ventana fue sustituida por la oscuridad. No veía nada, ni siquiera mi propia mano a unos cinco centímetros de mis ojos. Se escucharon varios gritos abajo. "¿Qué estaba pasando mi Dios?" Me pregunté para mis adentros.
Pero las luces del edificio se prendieron y pude ver todo: las ventanas estaban completamente tapadas por grandes masas de nieve. Me acerqué a una y no se veía nada del exterior. Fruncí el ceño, preocupado, y decidí volver para ver que les había pasado a los demás.
Al bajar por la escalera pude ver a todos mis compañeros corriendo de aquí para allá y el sapo intentándolos calmar.
-¿Qué rayos sucedió?-Preguntó Zacharias.
-Estamos atrapados-Dije desesperadamente.
-¿Atrapados?-Inquirió Stephenie confundida.
-Sí, por la nieve. Las ventanas del segundo piso están completamente tapadas.
El profesor, que oía nuestra conversación, se acercó a mí y preguntó:
-¿Qué dices?
-Que estamos atrapados, señor.
-No estamos atrapados, debe haber sido un pequeño terremoto.
-En serio, las ventanas están tapadas.
-No puede ser. Hemos tenido varias veces simulacros sobre esto y si hubiese habido una estampida de nieve, lo sabría.
-¡Abra la puerta y fíjese!-Exclamé.
El profesor lo hizo y una gran masa de nieve se expandió a través de ella y, entrando en el pasillo, le llegó a las rodillas al sapo.
-Atrapados…-Susurró finalmente.