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Historia 42013 — capítulo 6

La primera noche

Mientras traían las mantas de la sala del conserje y las depositaban en el suelo, llamé, sintiendo un horrible sabor a sangre en la boca, a Caroline. Ella se dio vuelta haciendo mecer su rubio y brillante cabello por los aires y me observó con sus ojos marrones, delineados. Era realmente bella, pero que jamás podría superar a Stephanie.

-¿Sí, David?-

-¿Podrías prestarme un espejo? Necesito ver mi rostro.-

-Claro-Me dijo y comenzó a revolver en su bolso. Sacó un pequeño espejo de un bolsillo y me lo entregó.

-Gracias-Dije tomándolo un poco avergonzado.

Cuando lo puse delante de mí, pude ver a un chico desaliñado. Tenía la cara crispada y el ceño fruncido. Su cabello color azabache estaba revuelto y desordenado. Tenía cortes en varios puntos de sus labios. Sus párpados estaban levemente caídos. Un hilillo de sangre se extendía desde su boca hasta su mentón y gran parte de su cara estaba llena de tierra y polvo.

Apenas pude reconocerme, ante esa imagen.. Bajé la cabeza y observé mis brazos. Parecía que un gato me hubiese atacado, pues tenía varios arañazos estaban en gran parte de ellos. Mi ropa estaba manchada de sangre, que se había secado. Realmente necesitaba un baño.

Le entregué el espejo a Caroline diciendo un pequeño "Gracias" y me dirigí hacia la puerta, donde pude observar a mis compañeros trayendo mantas, colchones y almohadas (todo estaba viejo, claro). El profesor estaba ordenándoles y ayudándoles con las cosas. Al verlo me acerqué a él y le dije:

-Profesor… ¿podría darme un baño? Me siento… extraño.-

-Claro, muchacho-Era la primera vez que no me llamaba por mi apellido -Te entiendo. Ve, pero primero habría que comprobar si sale agua de los grifos.-

-Claro-Contesté.

-De todos modos, yo creo que las cañerías deben estar ya destapadas. Pero es sólo una suposición.

-Claro, señor, intentaré.-Repetí dándome vuelta. Pero el profesor de repente me llamó. Le miré a los ojos y noté que tenía la cara un poco crispada, el ceño fruncido y sus ojos me miraban fijamente.

-¿Quieres que alguien te acompañe o…?-Inquirió debitando.

-No, gracias profesor, iré solo-Contesté, le hice un gesto con la mano y comenzé a caminar. Era la primera vez que el profesor (¿Acaso se su nombre…? No, realmente no)

y yo entablábamos una conversación sin mirarnos secamente o sin elevar el tono de voz. Realmente pude ver preocupación en su cara.

(Quizás hasta cree en lo que me pasó)

Me encaminé hacia el pasillo refregándome las manos para calentarlas. Pude ver a mis amigos y a mis compañeros arrastrando varas cosas que nos servirían para dormir más tarde.

(¿Qué hora es? ¿Las cinco de la madrugada?)

Se notaba que la temperatura había ascendido un poco, pero aún así no dejaba de calarme los huesos.

Al llegar al vacío gimnasio, doblé a la derecha y entré en los vestuarios. Lo primero que hice que cerciorarme si, de los grifos, manaba agua.

Me emocioné al ver que así era, la toqué con la mano y cerré la perilla.

(Genial. Ahora debería ir a las duchas para saber si sale agua caliente)

Al hacerlo, dejé que el agua discurriera un poco. Tardó unos minutos en calentarse.

Rápidamente me quité la ropa y entré en una de las duchas.

Una vez adentro, el agua caliente cayó sobre mi cuerpo. La piel se me puso como de gallina y sentí un poco de frío interior pero luego pude sentir una gran relajación. Parecía que el hecho de sentir algo caliente sobre el cuerpo fuese de antaño, pero tan sólo habían pasado unas treinta horas de mi último baño.

Me desprendí de cualquier pensamiento, tomé la barra de jabón y comencé a pasármela por todo el cuerpo. Al mojarme la boca pude observar como caían pequeñas gotas de sangre sobre los azulejos. También descubrí, al pasarme la barra de jabón, que tenía fuertes moretones en distintas partes del cuerpo, como en las piernas, los brazos, el pecho y la zona del estómago.

(Seguramente al enterarse de que me bañé, todos querrán hacer lo mismo)

Tomé el shampoo y me puse un poco en el cabello. Noté, al tocarlo, que estaba un tanto duro y sucio. Luego de esto me lo enjuagué, cerré el grifo y salí de allí, tiritando. Rápidamente me dirigí hacia un pequeño armario color blanco, lo abrí, saqué una toalla y me envolví en ella.

Nuevamente, el frío volvía a calar mis huesos, pero ya no era como antes. Ahora ya podría dormir tranquilamente… o eso era lo que creía…

Luego de secarme completamente me puse la misma sucia y ensangrentada ropa.

Volví al aula, caminando por los pasillos ya desiertos. Al llegar, mis compañeros estaban armando unas improvisadas "camas" con almohadas un tanto desgastadas y unas mantas con manchas de humedad.

Me acerqué a mis amigos, que ya habían armado seis bultos de mantas (Habían hecho también una para mí). Ellos notaron mi presencia.

-Oh, hola David-Me saludó David.- ¿Dónde has estado?-

-Pues me siento culpable, ustedes han estado preparando las camas e incluso la mía y yo he estado… bañándome-Dije avergonzado.

-¿Has estado bañándote? ¿Ya hay agua?-Me preguntó Jennie.

-Pues sí. Y caliente. Pero ahora deberíamos dormir-Dije bostezando- ¿No creen?

-Claro, esa puede ser tu cama-Me dijo Stephanie señalando mi "cama", que estaba rodeada de las otras cinco.

-Oh, han hecho mi cama…-Y no pude decir más. Lo que mis amigos habían hecho era rodearme para que estuviera más seguro contra ellos y para que no me hagan daño.-Oh, amigos, gracias ¿Realmente me creen?-

-Pues claro-Dijo Zack-Por supuesto que te creemos, eres nuestro amigo y sabemos que nunca nos mentirías.

-Gracias. Son los mejores amigos que alguien podría tener.-Les dije dedicándoles una amplia sonrisa.

De repente el profesor entró al aula con paso pesado, dijo que nos durmiésemos y, cuando ya estábamos todos en nuestras respectivas "camas", apagó la luz.

Sentí un gran terror. Estaba en la completa oscuridad y todos ya estaban dormidos. Estaba completamente solo. Cada vez que cerraba los ojos podía verme en la sala de proyecciones, tapándome los oídos con las manos y cerrando fuertemente los ojos, siento golpeado por aquellos seresque cantaban "¡David el loco! ¡David el loco!", manando sangre de la boca, yéndome lentamente, desmayándome…

Comencé a adormecerme. Los párpados se me cerraban y mi cerebro se dormía lentamente…

Tuve un pequeño y extraño sueño en el que corría por un laberinto. Escapaba de algo, algo que corría detrás de mí, acechando. Yo estaba sudando a raudales, mis piernas estaban completamente adoloridas y sentía un fuerte dolor en los dientes. Corrí y corrí hacía una salida que no lograba alcanzas, por más que quería alejarme, no lo conseguía.

De repente me tropecé con algo que había en el suelo y caí de bruces, haciéndome daño en varias partes del cuerpo, pero eso no era lo peor. Lo que me perseguía saltó y chocó contra mí, aplastándome.

Me desperté sobresaltado. Noté que mi rostro estaba completamente empapado en sudor y que mi respiración estaba un tanto agitada. Lo que me había hecho doler los dientes, era el hecho de que estaba durmiendo boca abajo, apretando fuertemente la boca contra el suelo desnudo.

Me incorporé un poco, me di la vuelta de modo que pude ver el blanco techo y me sucedió algo, verdaderamente extraño, que me hizo poner los pelos de punta.

De repente comencé a sentir como la manta que me cubría resbalaba por mi cuerpo, como si alguien estuviese tirando de ella. Abrí los ojos como platos y me quedé completamente inmóvil. La manta siguió resbalándose, dejando un cuarto de mi cuerpo al descubierto. Debía moverme.

(Ay, Dios mío. Estoy aterrado, son ellos nuevamente)

¿Pero y si era James jugándome una broma pesada?

Busqué a tientas en la oscuridad una linterna que mis amigos habían depositado en el suelo. La encontré y la prendí. Dirigí el haz de luz hacia mis piernas, hacia la oscuridad. No había nadie tirando de la manta y ésta dejó de resbalarse por mi cuerpo.

Mi respiración estaba completamente descontrolada y mis piernas temblaban. No podía quedarme despierto. Pero por más que no quería el sueño vencía mi cuerpo. Apagué la linterna, cerré los ojos y me dormí con ella entre las manos.