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Historia 42013 — capítulo 9

En la biblioteca

-Dios mío ¿Qué fue eso?-Preguntó Emily, una muchacha rubia que lideraba el grupo de las "chicas a la moda".

-¿Ahora si me creen?-Inquirí.

-Al diablo con eso, David-Espetó Kristen, otra del nombrado grupo-. Salgamos de aquí.

Todos corrimos aceleradamente hacia la puerta y salimos por ella, empujándonos, hacia el pasillo. La temperatura había reducido demasiado, pero no me importó. Tenía miedo. Terror.

-No hay salida, chicos. No tenemos otro remedio que quedarnos aquí-Comentó el profesor. Su voz era vacilante, temblorosa-. Ya no hay gas, por lo tanto la calefacción no funciona. Deberemos usar la chimenea.

-¿Chimenea? ¿Dónde rayos hay chimenea aquí?-Preguntó James.

-En la dirección. Venga, síganme.

Caminamos por el pasillo y llegamos a una habitación, situada al costado de la puerta principal.

Antes de entrar nos cercioramos de que aquella puerta se pudiera abrir.No se podía. Las puertas abrían hacia fuera y la masa de nieve situada en el hall de entrada no lo permitía.

Mientras unos encendían el fuego con la poca leña que había, James, el profesor y yo fuimos a buscar unos libros para quemar.

Por un momento me dio risa. Los tres (Y todos los que estaban en la dirección) parecíamos esquimales. Teníamos unos grandes sacos y trapos harapientos tapándonos la mayoría del cuerpo.

-Nunca tendríamos que haber hecho eso. Te lo dije, David, te lo dije. Era una mala idea-Decía el "sapo" mientras subíamos los peldaños, hacia la biblioteca.

-Todo fue culpa de James. Todo iba bien, si el hubiese controlado su conducta compulsiva…

-Cállate, chiflado-Espetó James abriendo los ojos.

-Calma, chicos. Deberíamos estar más unidos que nunca.

-Bah-Se dedicó a decir James.

-No puedo creer que tenga que recurrir a quemar libros…-Comenzó el profesor-Pero la leña es escasa.-Hizo una pausa y luego prosiguió-¿Por qué no podía hablar, David?

-¿Él?

-Sí, eso.

-Pues tampoco podía verlo… Otras veces los he visto, pero esta vez no. Respecto a lo del hablo, no sé, quizá le cortaron la lengua antes de morir.-Expliqué.

-Yo no creo en nada de eso-Dijo James-. Los fantasmas no existen.

-¿Lo que hicimos hoy no te es prueba suficiente?-Inquirí frunciendo el ceño.

-Yo jugué al juego de la copa cuando era joven-Comentó el profesor-. Podía sentir como la copa se deslizaba a través de la mesa con mis dedos puestos en ella. Era paralizante, aterrador… igual que hoy.

Cuando terminó de decir aquello entramos en la biblioteca. Era una gran sala repleta de libros. Había un escritorio de roble y una silla y detrás una ventana. Hacia la izquierda se encontraba una arcada que dirigía a otra habitación con más libros, al lado de ésta había un mueble con el busto de algún historiados o quizá un presidente.

Hacia la derecha del escritorio y de la entrada se podían ver grandes mesas con unas sillas. Más atrás… ¿Computadoras?

-Computadoras-Dijimos los tres al unísono.

En un largo escritorio se encontraban tres o cuatro computadoras blancas un tanto antiguas.

Nos acercamos a una de ellas lentamente, como si nos fuera a morder, como si fuera peligrosa… El profesor extendió el dedo para encenderla.

-No-Dijo quitando el dedo.

-¡Enciéndala, quizá sabremos que pasa afuera!-Exclamó James frunciendo el ceño.

-No-Repitió el hombre-Cabe la posibilidad de que haya un apagón. Me parece extraño que con la gran nevada aún no se haya cortado la electricidad y no voy a tomar el riesgo.

-Inténtelo, al menos.-Dije.

-Está bien-Accedió el profesor-Pero coge una lámpara del escritorio, debe haber algo allí.

Caminé hacia el escritorio y abrí uno de los cajones. Me senté en la silla y comencé a rebuscar. Había muchas cosas, pero en especial grandes cuadernos, quizá utilizados para registrar los libros extraídos por los estudiantes.

-¿Encontraste algo?-Inquirió el profesor.

-No-Respondí-. Ninguna linterna.

Levanté la vista hacia el mueble de roble, donde se encontraba el busto. Al lado de éste había un candelabro con unas largas velas blancas que, al parecer ya habían sido encendidas.

-Aquí hay velas-Les comenté. Mientras ellos venían hacia mí, acerqué la silla al mueble y me paré en ella. Ya a la altura, cogí el candelabro tocando las telarañas y observando aquel busto.

-Sí, ¿pero con qué las encenderemos?-Preguntó el hombre.

Ambos, al mismo tiempo, miramos a James.

-¿Por qué me miran? Ni que yo pudiera tener algo para encenderlas.-Dijo el muchacho.

-James…-Le dijo el profesor extendiendo su mano abierta.

-Está bien-Accedió. Rebuscó en su bolsillo y sacó un encendedor. Lo depositó en la mano del "sapo".

-Oh, James ¿Cómo apareció ese encendedor mágicamente en tu bolsillo?-Pregunté irónicamente.

-Cállate.

-Basta, muchachos. Ayúdenme a recoger algunos libros. Esto servirá-Dijo el profesor levantando la mano, que apretaba fuertemente el encendedor.

-¿Quiere que quememos la Constitución?-Pregunté al hombre señalando un libro de la estantería.

-Bueno, sería mejor que quememos libros menos… importantes, como El Durazno Gigante o Crepúsculo.-Respondió éste.

-Crepúsculo, qué gracioso-Exclamo James poniendo los ojos en blanco.

Estuvimos unos cinco minutos buscando y recopilando libros, mientras los depositábamos en las mesas.

-Creo que ya está. Son suficientes. Y pienso que el último libro de Crepúsculo servirá de mucho-Comentó el profesor, irónico.

-Ya no da risa-Le dijo James mirándolo de reojo.

-Bueno, ¿tienes el encendedor y las velas a mano, David?-Inquirió.

-Sí, profesor-Contesté.

-Pues bien, enciéndelas.

Hice lo que el profesor me había ordenado y, con sumo cuidado, nos acercamos al ordenador. El profesor encendió el estabilizador de energía, que permitía que la computadora se encendiera. La tensión de la luz se redujo repentinamente, provocando sólo una tenue luz que iluminaba muy poco la habitación.

-Lo dije, nos quedaremos sin electricidad.

-Sólo encienda el ordenador-Le espeté al profesor.

Este lo hizo y, luego de unos dos extensos minutos pudimos ver la pantalla principal y escuchar la simpática y corta música de inicio. Estuvo un minuto más, iniciándose, hasta que la pudimos usar.

-Conéctese, puede que haya noticias-Dije. El profesor lo intentó.

Después de unos segundos dijo:

-No, imposible. Debe haber una falla en la conexión o…

Se interrumpió. Algo estaba ocurriendo. La luz se intensificó demasiado, obligándome a cerrar los ojos. Pero luego, casi al instante, se redujo mucho más que la vez anterior, dejando la habitación en penumbras.

El profesor, sin producir palabra, apagó directamente el transformador de energía y luego miró hacia el tuvo de luz.

Vamos-Dijo el hombre luego de un tiempo, levantándose de la silla y dirigiéndose a la puerta. Los dos lo seguimos y miramos hacia la ventana. Blanco, no se veía más que blanco, una masa de nieve ejerciendo fuerza contra aquel vidrio. Por un momento se me cruzó la idea de excavas, intentar salir por allí, pero quizá aquella masa de nieve era demasiada gruesa para poder sacarla así sin más. Así que me deshice de aquella idea y salimos de la habitación.