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Cuando las cenizas vuelan — capítulo 39

Lo prometido es deuda! Dije que a más tardar el sábado, y aquí estoy, a toda velocidad publicando para no desesperar a mis lectores! jejeje. Nada que decir, salvo que trabajo de 9 a 2 los sábados, tuve que hacer un trámite así que llegué tarde a almorzar, tomé un mini siesta y en un rato me voy al cine, así que, para que vean que soy muy responsable xD. Besos y abrazos, disfruten el capítulo!PS: se me olvidaba: en este capítulo hay trozos de diálogo de la OF, como en varios más que vendrán. Sólo trozos, no voy a transcribir cada cosa que dijo Tonks porque sería una copia, pero para que se ubiquen y sientan la "realidad" de la historia.

**XXXIX.**Orgullo de hombre

Mi relación con Snape no mejoró del todo ese día, pero tuve la satisfacción de verlo y compartir un par de miradas efímeras en el vestíbulo de Grimmauld Place, los cinco minutos que estuvo en el lugar, hablando con algunos miembros de la Orden, incluida yo, acerca de algunos movimientos próximos del Innombrable y sus Mortífagos.

         Me habría gustado seguirle hasta afuera cuando se fue, pero me vi atrapada por Sirius, quien me arrastró hasta la cocina y comenzó a preguntar si, alguna vez, mi madre se iba a dignar a visitarlo.

         —No lo sé, Sirius, mi mamá teme que se vean y no tengan nada de qué conversar. Además, tendrías que hacerte cargo del ataque al corazón que le va a dar cuando ponga el pie en el umbral de la puerta.

         —Si yo puedo soportar esta casa, ella también puede hacerlo.

         —No lo digo por eso, lo digo por lo sucia que está esta casa.

         Sirius miró alrededor escrutadoramente, pasando por las paredes manchadas y el piso y baranda de la escalera llenos de polvo.

         —Sí, tienes razón —concordó.

         —De todas formas, le diré que venga a verte —le dije a modo de consuelo.

         El ver a Snape, por lo menos me quitó el mal humor de encima y, al día siguiente, decidí hablar con la pobre Harriet y contarle la verdad: Shacklebolt es homosexual. No, claro que no, pero habría sido gracioso decírselo para ver qué cara ponía. Si alguien debía ser quien tomaba las decisiones amorosas de Kingsley, era Kingsley y el espíritu de Margaret, no yo. Estaba siendo injusta, sólo porque yo no pudiera tener todas las cartas en el juego del amor, los demás no podían obtenerlas tampoco. Era muy celosa con Kingsley, porque era mi amigo, pero también porque sentía que estaba atado, de alguna manera, a Marge todavía.

         Me acerqué en el período de colación, afirmando la varita que estaba en mi bolsillo, por si las moscas, en el caso que ella decidiera atacarme. Ya me estaba volviendo paranoica tanto juntarme con Ojoloco. La mujer estaba hablando con una muchacha del Departamento de Trasportes Mágicos, muy enojada. Seguro que le estaba contando lo del día anterior.

         —Hola —saludé con amabilidad. Las dos se sobresaltaron y me miraron con el ceño fruncido —. Harriet, necesito hablar contigo —abrió la boca —. Y no me digas "no tengo nada que hablar contigo" porque, de hecho, sí tenemos.

         Hizo un mohín arrogante y se paró. Desganada siguió mis pasos hasta otra mesa. Nos sentamos frente a frente. Cruzándose de brazos, se apoyó en el respaldo de la silla.

         —¿Qué quieres?

         —Bueno, quiero saber por qué te molesta que sea novia de Kingsley —le dije yo, con ojos entrecerrados.

         —¿No es obvio? —contestó, antipáticamente — Porque me mentiste.

         —Entonces… no es porque me encuentres rara y tengas prejuicios hacia mí o algo por el estilo —sugerí apoyándome en la mesa e inclinándome hacia adelante.

         Arqueó las cejas, sorprendida.

         —No. Digo, sí eres rara, pero eso me da igual.

         Era sincera, o actuaba muy bien.

         —Perfecto —sonreí —. Te has ganado un punto, pero no voy a ser tu amiga.

         —¿Qué? —saltó como si la hubiesen quemado — ¿De qué hablas? no quiero ser tu amiga —me miró alarmada.

         —Eso me parece bien —suspiré —. Te mentí: Kingsley jamás ha sido mi novio. La historia que te conté es real —me miró boquiabierta —. Eres libre de invitarle a salir, si quieres.

         —¿Es una broma?

         Resoplé.

         —No. No hay trucos. Sólo quería que lo supieras. Adiós.

Soy tan buena… Dios probablemente me mande al cielo, pero seguro yo tomo la puerta equivocada al infierno.

No, claro que no soy buena. Soy justa.

Hice lo que tenía que hacer. Ella era una mujer, a menos que en realidad fuera un hombre y supiera como disimularlo a la perfección. La cuestión, era que yo sabía que debía estar frustrada. Debía dejarle desplegar sus alas hacia el amor, yo no era nadie para intervenir en algo así. Yo tampoco quería que se entrometieran entre Severus y yo, aunque, estaba segura que, lo único que se inmiscuía era él mismo. No conocía a Harriet, tal vez fuera una mujer de valor, alguien que hiciera que Kinglsey volviera a sentirse en la cúspide de la juventud, alguien que…

         —Ven para acá —me gruñó alguien con voz de cantante de jazz, tomándome del brazo y jalándome hacia atrás. Ya era de noche y había terminado mi turno de trabajo por el día. Era hora de irme para la casa.

         Iba caminando por el Atrio cuando ocurrió aquello.

         —¿Qué sucede?

         Shacklebolt me llevó tras un pilar, mirando hacia todos lados para asegurarse de que nadie nos estaba mirando.

         —¿Cómo le dices a una mujer, en la que no estás interesado, que no estás… interesado? —me preguntó con gravedad.

         Solté una carcajada. Kingsley era inteligente, un as para todas las materias existentes en el mundo, pero no para las relaciones. Era muy correcto, pero tenía un problema con las mujeres.

         —¿Harriet se te declaró o algo así?

         —¿Cómo lo sabes? —arqueó las cejas — ¿Tuviste algo que ver con eso?

         —Por supuesto, pero da igual. Mira, el único modo de rechazar a alguien, es diciéndole que no, y punto, no hay "no" que signifique "sí". Si es necesario, explícale tu situación.

         Se agachó para quedar a mi altura, un poco desesperado.

         —"Estoy enamorado de mi esposa muerta", ¿sabes lo ridículo que se oye eso?

         Me quedé de piedra, como si me hubiesen volcado un balde de agua fría. Respiré profundamente.

         —No, no es ridículo —susurré, apenada—. Para nada —le puse una mano en el hombro para infundirle valor —. Es tú vida, morenazo, si tú no quieres compartirla con alguien más, es decisión tuya, da igual la razón. Pero si quieres contarle la verdad, no tienes que temer.

         —Vaya que te inspiraste. No sabía que tuvieras un lado serio, Tonks — dijo a modo de felicitación.

         —A veces o soy —repliqué con modestia.

         Se enderezó y miró al vacío, infundido en valor.

         —Mañana solucionaré esto. Nos vemos.

         —Sí… nos vemos…

         Esa noche soñé con Snape. Él me rechazaba porque aún estaba enamorado de alguien más… de Lily Potter.

Tres días más tarde, organizamos una reunión nocturna, muy privada, con los que nos encargaríamos de proteger a Harry para guiarlo sano y salvo hasta el Andén 9 y ¾ el 1º de Septiembre, que estaba a menos de una semana de llegar. Estaba emocionada. Me agradaba Harry, era un muchacho muy interesante, más allá de ser el único individuo que sobreviviese al ataque del Innombrable —vale, no, ya era extremadamente interesante sólo por eso, pero me agradaba —, pero más me revolucionaba las hormonas el saber que iba a volver a pisar el suelo del andén que tantos recuerdos me enviaban a la mente. Además, iba a tener que desplegar mis habilidades de Metamorfomaga al máximo para la ocasión. En sí, no iba a ser ninguna situación de acción, no esperábamos Mortífagos para ese momento. Ya tenía suficiente acción con el trabajo: me tuve que enfrentar a cuatro traficantes de productos ilegales, uno de esos era chino y sabía más de artes marciales que de hechizos con varita, por lo que estuve a punto de ser partida por la mitad por una "llave" china. Fue una suerte no estar sola en ese instante. Kingsley me había advertido que el sujeto era un as en aparición, pero no en técnicas de ataques manuales, así que nos llevó más de quince minutos tratar de frenarlo, sin herirnos los unos a los otros sin querer.

         Harriet me ignoraba completamente, lo cual estaba bien, porque no queríamos ser amigas, pero supuse que se trataba de la vergüenza que le carcomía por dentro. Shacklebolt no me contó lo que había sucedido cuando la rechazó, pero no tenía que ser muy intuitiva para saber que había llorado toda la noche como un bebé, agarrándose las rodillas y rodando por el suelo. No es que lo hubiese hecho…

         Por otro lado, yo también decidí ser valiente y envié un mensaje a Snape, diciendo que me gustaría verlo antes de que comenzaran las clases en Hogwarts. El sueño que había tenido varias noches atrás, me había dejado llena de dudas y con desconfianza en mí misma. A diferencia de Harriet, yo obtuve una respuesta positiva, mas me dejó igual de preocupada: ¿qué "cita romántica" podía tener como escenario la calle que habituaba Jack el Destripador? Era más como un lugar para que te dieran el corte, literal y figuradamente hablando.

El martes, a las 8 pm, en Whitechapel con Brady Street.

         Esa vez, me preocupé de llegar cinco minutos antes, pero me arrepentí en el segundo que lo hice. Tuve miedo de que Snape me dejara plantada, vengándose por el otro día. Sabía que era capaz de hacerlo, pero me mataba tener tan poca fe en él. Traté de actuar normal, tranquila y lo menos sospechosa posible en ese barrio tan oscuro y peligroso.

         Me apoyé contra la pared del lugar y miré el cielo estrellado, agarrando mi varita con firmeza. No sería raro ser asaltada allí o…

         —Hey, tú —me dijo alguien. Miré hacia donde provenía la voz. Unos cuantos metros más allá, había un grupo de jóvenes enchaquetados y con motos.

Podría coger una de esas y salir pitando, pensé con malicia, sería tan fácil… pero no soy una ladrona.

El muchacho, como de mi edad, se acercó con las manos en los bolsillos. Me envaré, atenta.

         —¿Te gustaría salir a dar una vuelta? Haré una fiesta en mi casa, y eres un tanto linda para estar aquí, tan sola… —sonrió. Estaba a menos de dos metros de mí.

         Antes de que le diera una respuesta, alguien contestó por mí.

         —Ella está conmigo.

         Di un respingo. Snape estaba a mi lado, y estaba pasando su brazo por mi cintura. Estaba a punto de sufrir un colapso nervioso. Jamás me habría imaginado una situación más extraña.

         El muchacho alzó las manos y retrocedió sin darnos la espalda. Seguro que Snape, con esa facha de homicida misterioso, debía dar miedo a los demás.

         —Pude haber contestado yo sola —dije pagada de mí misma —. Si hubiese intentado algo… bueno, tengo una varita.

         Snape me soltó y me miró como si deseara estrangularme.

         —Está bien, está bien, sé que lo hiciste para parecer un novio genial…

         —¿Novio?

         Alzó las cejas.

         —Es eso lo que somos, novios, ¿no?

         Pestañeó con petulancia y me dio la espalda para caminar.

         —Es un tanto infantil —dijo por lo bajo.

         —¿Podrías decirme, entonces, qué es lo que NO te parece infantil? —indagué burlona, alcanzándolo y tomando su brazo izquierdo para colocar el mío dentro de él. Se detuvo.

         —Si te parece bien, pues… novios está bien —susurró con amargura.

         Caminamos por la calurosa calle. Había olor a alcantarilla, pero eso no quería decir que nuestra relación apestara.

         —¿Estás entusiasmado por la vuelta a clases? —pregunté para romper el silencio que se creó por algunos minutos. El hombre parecía reacio a dirigirme la palabra. El lugar estaba lleno de muggles sospechosos, que nos miraban con desconfianza. Algunos estaban vendiendo cosas ilegales, al parecer, por la manera en que miraban a su alrededor y entregaban el dinero para pagar.

         —Por supuesto —contestó con ironía —. No soy profesor porque quiera —continuó, furibundo —. Soy profesor porque no tengo otra opción.

         —¿En qué te hubiera gustado trabajar? —pregunté apoyando mi cabeza en su hombro para amansarlo un poco.

         —No lo sé. Jamás he pensado en eso.

         —Eso es una mentira. ¿Por qué tuviste que ser profesor?

         Me miró con furia.

         —No quiero que me hagas ese tipo de preguntas.

         Coloqué los ojos en blanco.

         —Te ofendes con las preguntas más insignificantes. Siempre ha sido así. ¿Me las contestarás algún día? —inquirí, colocándome en frente de él.

         —Tal vez.

         Me obligué a conformarme. Nos pusimos a caminar de nuevo. No teníamos rumbo fijo, sólo estábamos… juntos.

         —¿Así que Potter irá con su manada de guardaespaldas el primero de septiembre, no? —indagó, evidentemente picado.

         —Si me lo pides de buena gana, yo puedo ser tu guardaespaldas ese día. Podría cambiar de puesto con cualquier otro miembro de la Orden —susurré en su oído.

         Severus se alejó, lo que me hizo suponer que le había dado cosquillas, pero cuando traté de besarlo y me corrió la cara, me di cuenta que me estaba rechazando. Avergonzada, miré para todos lados, temiendo haber sido vista. Luego, cuando me aseguré de que nadie estaba apuntando hacia a mí y riendo a mandíbula batiente, volví mi vista hacia él, con las mejillas ardiendo de vergüenza.

         —¿Por qué te comportas de ese modo? —me miró inescrutable. Sus finos labios permanecieron sellados, pero como se dice, el silencio otorga — Estás… —reí —Tú todavía estás enojado por lo de la otra vez, ¿cierto?

         —Sólo que no quiero que te sientas acosada, Nymphadora.

         —"Nymphadora", "Nymphadora", ¡Basta ya! —le apreté el brazo — Vuelve a decirme de ese modo y te dejaré sin cachetes —lo jalé hasta un contenedor de basura grande, que nos ocultó bastante bien de los ojos intrusos —. Sabes perfectamente que te deseo —susurré, sin preámbulos —. Y no te rechacé porque no "quisiera"; ¡mis padres estaban a pocos metros de nosotros!

         —Un hechizo silenciador habría bastado —contestó entre dientes, pero miraba hacia otro lado. Sus mejillas estaban ruborizadas, lo sabía, aún mirándolo bajo la ambarina y titilante luz que proyectaba el poste.

         Miré hacia abajo, un tanto sofocada.

         —Yo… tú… No me esperaba que sucediera eso en aquel instante, y sentí que estaba demasiado expuesta para ti, y no me refiero a la toalla de baño —hice una pausa y busqué sus ojos, que me miraban fijamente —. No soporto sentirme débil delante de ti. Yo… yo no soy débil, no soy la chica de diecisiete años con la que trataste alguna vez.

         Snape tragó saliva y, con el corazón blando, me apegó contra él con delicadeza. Suspiró sobre mi cabeza.

         —Lo sé.

         Creí que diría algo más, pero las palabras se quedaron en su garganta. Supuse que él era el que se sentía débil ahora…

         El tiempo se hizo corto, tal vez porque nos besamos y abrazamos mucho. De lo bueno, poco.

La mañana del 1º de Septiembre, me levanté a las ocho de la mañana para llegar a tiempo a Grimmauld Place. En realidad, iba a esperar al grupo en la esquina de la calle, para tener una visión más amplia del lugar. Fui disfrazada como una anciana —la idea me vino de un comentario que hizo mi madre, al decir que nadie que la hubiese visto de joven la reconocería ahora —, así protegería mi identidad, y no sólo para despistar, sino que, se suponía que estaba enferma, así que si alguien del Ministerio de Magia me veía vivita y coleando junto a un grupo de traidores a la sangre y el niño de la cara partida, un mentiroso y lunático sin remedio, iba a tener serios problemas.

         Estuve cerca de diez minutos esperando, hasta que Molly, Harry, seguido por Sirius transformado en perro, aparecieron por la acera, caminando con rapidez. Les hice señas. Harry me miró dudoso. Ojoloco se encargaría del equipaje, mientras que Arthur y Remus se encargarían de la tropa de pelirrojos y Hermione.

         —¿Hola, Harry? —dije, guiñádole un ojo para que supiera que era yo. Desde luego, mi voz era lo único que no podía cambiar. Consulté mi reloj — Será mejor que nos demos prisa, ¿verdad Molly?

         —Ya lo sé, ya lo sé —contestó dando zancadas. Luego dijo algo sobre Ojoloco y Sturgis, pero no presté mucha atención porque estaba mirando a Sirius, que parecía un cachorro juguetón.

         Tardamos veinte minutos en llegar a King's Cross. Molly estaba preocupada por los demás, pero no tardaron mucho más que nosotros. Ojoloco, llegó primero y llevaba un gorro que le tapaba los ojos. Era el peor disfraz de la existencia, cualquiera que lo conociera bien, sabría que era él.

         —Todo en orden. Creo que no nos han seguido —masculló cuando nos reunimos.

         Poco después llegaron Arthur y Remus con los niños. Parecía un mar de sangre ver tanta cabeza pelirroja junta. Cuando estaba por partir el tren, nos despedimos. Fue algo nostálgico para mí, saber que la casa de Sirius ya no iba a estar llena de gente… No quise ni imaginarme cómo se iba a sentir él después.

         —Ha sido un placer conocerlas —dije a Ginny y Hermione estrechándolas en un abrazo. Había sido lo más cercano que había tenido de "amigas" —. Espero que volvamos a vernos pronto.

         Los niños subieron al tren y este partió. Sirius comenzó a correr por la plataforma para no perder de vista a Harry. Me sentí rara… Creo que fue el ambiente: todos, desde la Señora Weasley hasta Remus, tenían cara de funeral y preocupación.