Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Cuando las cenizas vuelan · de

Cuando las cenizas vuelan — capítulo 7

**VII.**El llamado

Como no tenía nada más que hacer luego de la noticia, me fui para la casa. De pronto, todo el maldito sueño que me atacaba como perro hambriento, había desaparecido. Algo muy turbio se estaba tejiendo, era todo lo que podía pensar.

Pero, ¿qué era lo que realmente estaba pasando?

De un momento a otro Fudge, ex perro faldero de Dumbledore, nos envía carta a todo el departamento de Seguridad Mágica para citarnos de urgencia al Ministerio, donde nos da una charla — "¿charla?" ¿Qué "charla"? más fue como la petición de un animal rabioso, una imposición — en la que nos cuenta que algo ocurrió con Harry Potter y el director de Hogwarts y, que, así de simple pero ya no podemos volver a, prácticamente, "hablar con él". Eso de "prohíbo que presten su ayuda" era algo menos exagerado de "no le hablen, porque los envío a Azkaban".

Aparecí fuera de la casa de los Tonks. Para no derribar nada, decidí por la ventana de la habitación; no quería que mis padres se levantaran y se preocuparan.

Pues, bien, resultó a la mitad, porque había luz en mi habitación: Drómeda estaba recostada en mi cama leyendo una revista del Corazón de Bruja, un ejemplar que tenía hace años yo en mi velador porque salía una entrevista a mi grupo de música favorito.

—Por los Mocos de Merlín, mamá, ¿qué haces aquí? —gruñí dando un salto al suelo desde la cama.

—¿Y por qué no entraste por la puerta principal? —cuestionó alzando la cara con una mirada de reproche.

—Sabes por qué lo hice. Y yo pregunté primero.

—Tú sabes por qué estoy aquí.

—¡Mamá! ¡El viejo estúpido de Fudge me mandó a llamar! ¿O crees que me escapé a una súper fiesta nocturna? —abrí los ojos como huevo para darle énfasis a que eso era imposible.

La mujer dejó la revista a un lado y se enderezó en la cama.

—Me preocupé, eso es todo. Nunca ha ocurrido esto.

—¿"Nunca"? Por favor, ¿cuánto tiempo llevo trabajando en esto? Mucho menos que un año —le contesté acercándome al espejo para arreglarme el cabello. Estaba monstruosa. Ya no me sentía cansada, pero estaban comenzando los efectos físicos: palidez amarillenta, ojeras bajo los ojos, labios resecos, ojos brillantes con el blanco rojo y pelo muy rosado, pero lacio.

—Dime lo que sucedió, Dora. Andas a la defensiva —se puso de pie y cruzó los brazos. Me miró a través del espejo.

—No entendí mucho —reconocí, era algo cierto —, Fudge dijo que no tuviéramos relaciones con Dumbledore — "tuviéramos relaciones"… *por favor, Tonks, eres la única que**malpiensa sola.*Me apresuré a corregir sólo para no reírme —, o sea, ayudarlo en algo, porque habían tenido un problema con no sé qué.

Mi mamá frunció el ceño.

—¿De verdad?

—De verdad —y para que no me siguiera hostigando, agregué —. En un rato con Kingsley vamos averiguarlo. Ahora… quiero dormir antes de tener que irme a trabajar. Y tengo que levantarme antes porque tengo que bañarme.

Le di un dulce e irónico beso en la mejilla a mi madre, lo que dio pie a que por fin se fuera.

Cuando estuve segura de haber oído la puerta de su cuarto cerrarse, me apresuré a sacar unos periódicos antiguos de un año atrás. Escogí precisamente el que enfocaba una gran Marca Tenebrosa dibujada en el cielo. Databa del 22 de agosto de 1994, y la información que contenía trataba del Mundial de Quidditch.

Recordaba haber dejado pasar la noticia porque, en esos momentos, lo de Margaret era lo que me afectaba más.

El artículo había sido escrito por esa chismosa de Skeeter y no me extrañó cuando lo leí, aunque tal como lo que había dicho Fudge, tenía un trasfondo muy oscuro ahora que le prestaba real atención. ¿Mortífagos en movimiento el año pasado? Sumando el escape de Sirius otro año antes de eso, de quien siempre se había dicho que fue mano derecha del Innombrable. Y ahora… ¿Potter hablaba de Él? ¿De su regreso? ¿Había matado al hijo de Amos Diggory?

Pensé en mi familia: si de algo estaba segura, que pasara lo que pasara, yo iba a hacer lo que fuera para protegerlos. Si algo me había enseñado Margaret, era trabajar incondicionalmente y ser valiente. Tal vez exagerara, tal vez no estaba ocurriendo nada. Sin embargo… yo era un Auror y ése era el papel que tenía que cumplir.

Dieron las cuatro de la mañana cuando apagué la luz para dormir unas cuantas horas. Los pensamientos y dudas son lo que siempre te quitan más tiempo de tu vida. Eso fue lo que me sucedió a mí. Confiaba en que me enterara mejor de la situación cuando fuera a trabajar.

A las siete me levanté y corrí a la ducha. En quince minutos quedé radiante, en otros diez me vestí y en el resto que quedaba traté de dejar decente mi peinado y de tomar algo de leche con cereal.

Ya lavándome los dientes, cinco minutos antes de las ocho de la mañana, dije un adiós general a mis padres y desaparecí en la puerta de la casa.

Pensé que el Ministerio estaría convulsionado y vuelto loco por la noticia. No obstante, me llevé una gran sorpresa cuando vi que, con suerte, se limitaban a cuchichear entre ellos. No había reporteros de El Profeta ni gente protestando. Estaba todo en calma.

Una sensación de tener algo pesado en el estómago me atacó. Tal vez fuera producto de la leche o las sospechas que comenzaban a formarse en mi cabeza: ¿qué demonios le pasaba a la gente que no hacía nada?

Luego, pensé en mí: yo tampoco podía hacer mucho, ¡ni siquiera pude encontrar a Kingsley!El desgraciado no estaba por ningún lado, así que tuve que obligarme a presentarme en la oficina de Auror y cumplir la misión del día: trabajar con mi equipo de la Flaca, el Cornudo, Cara de Cerdo y Hocico de Oro para proponer nuevas reformas en la Ley. Era sólo una propuesta, una aburridísima propuesta. Ese día no tenía trabajo en el terreno. Al parecer mi trabajo se estaba quedando sin acción.

Fue entonces, cerca de las tres de la tarde, próxima a la hora de colación, cuando me enteré de todo lo que estaba ocurriendo. ¡Era tan simple!

Iba camino al baño. Bueno, según yo iba camino al baño, porque me perdí. No sé cómo, tal vez era porque pocas veces iba a los servicios del Ministerio o porque iba con la cabeza volando, pero fui a parar al pasillo de las oficinas que se utilizaban para reuniones masivas o privadas. Estuve a punto de abrir la puerta de una, cuando me percaté que salían dos voces diferentes del lugar: una de hombre y otra de mujer. No era imposible, pero no me imaginaba a dos personas del Ministerio de distinto sexo en un mismo baño, al menos que estuvieran allí para hacer cosas especiales. Allí supe que eso no era un baño.

Me habría marchado de no haber oído el nombre de "Potter" y "Dumbledore" salir de allí como escupitajos venenosos. Segundos más tarde reconocí la voz del mismo Fudge y de su fiel acompañante La Cara de Sapo Umbridge. Parecían estar discutiendo algo muy importante.

Apegué el oído a la puerta y me puse a escuchar, vigilando para que no me vieran.

—Tienes razón, Dolores.

—¿Ves mi punto ahora? Ya te fijaste la actitud de la gente hoy, Cornelius. Están perdidos, incluso confundidos. No saben qué pensar, y lo que nos conviene es que tengan una opinión clara frente a esto.

—Pero, ¿no sería un poco arriesgado?

—No, claro que no creo que sea arriesgado. Esto no sería primera vez que se hace. Y tú mismo impusiste la norma de no prestar ayuda a ese par. La mejor manera de hacerlo es hacer que El**Profeta brinde un poco de su ayuda. Si somos convincentes… el plan sería perfecto. Ya verás cómo los aliados de Dumbledore empiezan a cambiar de lado.

Hubo unos segundos de silencio donde supuse que Fudge estaba pensando con todas sus ganas, inclinándose hacia un lado para que sus minúsculas neuronas hicieran conexión.

—Bien, Dolores. Tú te encargarás de ello. Haz lo que estimes conveniente, no pongo en duda tus aptitudes para esto.

—Por supuesto. Ya verás que, en menos de un mes, vamos a conseguir desacreditar a Potter y a Dumbledore, lo suficiente como para que la gente tome la decisión de hacer algo con ellos.

—Bueno, eso espero. Porque no toleraré que Dumbledore siga jugando a ser mejor que yo. No va a poder conmigo.

—Claro que no, Cornelius, eres un excelente ministro.

"Sí, Cornelius, eres un excelente ministro y quiero que me asciendas y subas el sueldo por esto". Vieja lamebo… botas.

Así que de eso se trataba todo: lo dicho por Fudge durante la madrugada no había obtenido el efecto que deseaba y ahora iban a tratar de hacer presiones en el periódico, tal vez hasta chantaje o amenazas para conseguir que la gente despertara y reconociera que Albus Dumbledore no era una buena persona.

—Creo que no quiero ser partícipe de esto —susurré en voz baja para mí misma.

Yo no iba a confiar en el Ministerio… No cuando había tantas lagunas de información y la situación era más turbia que agua de estanque.

Las sillas sonaron y yo di un respingo. Olvidándome de ir al baño, caminé rápidamente por el camino que había tomado en dirección a mi oficina para coger mis cosas e ir a buscar a Kingsley.

Sin embargo, por cosas de la vida, él me estaba buscando a mí allí. Nos topamos en la puerta.

—¡Kingsley!

—¡Tonks!

Hablamos al unísono.

—Te estaba buscando —dijimos al mismo tiempo. ¡Cómo detestaba sincronizarme con otra persona! Me quedé callada esperando a que él partiera.

—Dime tú primero —me alentó tomándome del brazo y llevándome hacia un rincón.

—Umbridge va a comenzar a controlar El Profeta para que la gente se tome en serio lo que Fudge dijo anoche —susurré rápidamente. Los ojos de Kingsley se abrieron desmesuradamente —. Acabo de escucharlo hace dos minutos.

—Bueno… no pensé que todo fuera tan lejos. Ahora creo que estuvo bien en aceptar.

—¿Aceptar qué?

Miró para ambos lados, comprobando que todos estuvieran pendientes de sus labores. Se acercó a mi oído y masculló con gravedad:

—No es algo que te pueda decir ahora, pero hablé con Arthur Weasley hoy, por eso no estuve presente. Ahora, tienes que contestarme si estás dispuesta a arriesgarte a estar de parte de Dumbledore.

—Si lo estoy… ¿me explicarás todo?

—Esa es la idea. Pero debes ser leal, Tonks… —se alejó de mí y me tomó a los ojos — Yo tengo claro mi pensamiento, y si no me equivoco, a ti te gustaría estar en la posición correcta para proteger a tu familia.

…te gustaría estar en la posición correcta para proteger a tu familia.

Eso hizo que el corazón se me acelerara. Parece que la situación era más grave de lo que había pensado.

—El lado correcto sería apoyar al director y a Potter. Lo demás lo sabrás en poco rato y, créeme, la seguridad está de sobra. ¿Estás dispuesta?

No tenía nada que perder, al contrario. Además, si Kingsley era mi amigo y confiaba en él. Por otro lado, mi familia también preferiría al barbudo director. Y, después de todo, tenía una corazonada: si aceptaba ir a donde fuera que tuviera que ir, mi vida iba a cambiar. Y quería riesgo. Después de todo, ir un poco contra las reglas… era mi especialidad.

Sonreí de oreja a oreja.

—Cuenta conmigo.

—Perfecto. Andando.

—¿A qué lugar vamos?

—A la casa de Arthur Weasley…

—Se me hace raro que falte al trabajo, lo mismo que tú, te extrañé apenas llegué.

—A veces hay cosas más importantes.

Estuve completamente de acuerdo. Cogí mis cosas, me despedí de mis compañeros, agradeciendo desligarme del tedioso trabajo que tenía por delante.

Firmé el libro de retiro del Ministerio, y en "razón" puse que había tenido un problema de salud. Era lo típico, no podían no creerte por ello.

—¿Viajaremos en chimenea?

—No, no es seguro. No apareceremos. Yo sé dónde queda la casa, así que haremos desaparición conjunta. Pero, primero, debemos encontrar un callejón seguro para desaparecer.

Luego de dos minutos, cuando estuvimos plenamente seguros que no estábamos siendo vigilados ni por muggles ni por alguien de Ministerio, nos materializamos en la cumbre de St. Ottery Catchpole. A lo lejos divisé una torcida casa de madera como de mil pisos hacia arriba.

Corrimos cuesta abajo —era más fácil que evitar ganar velocidad — y entramos por la verja. En un corral había gallinas… y me dio hambre.

Tocamos la puerta. Se oía gente adentro.

—¿Quién es? —dijo una voz de mujer por el otro lado.

—Soy Kingsley Shacklebolt y traigo a Nymphadora Tonks conmigo. Pregúnteme la contraseña.

—¿Contraseña, entonces?

—Orden del Fénix.

Miré a mi amigo, esa frase había producido cierto efecto en mí.

—¿No es ese el grupo del que habló una vez mi madre…? ¿El grupo que…?

La puerta se abrió y apareció la sonriente cara rechoncha de la señora Weasley.

—Hola, muchachos. Soy Molly, la esposa de Arthur —lo segundo lo dijo dirigido a mí —. Bienvenidos.

—Muchas gracias, Molly, un gusto. Puedo llamarla Molly, ¿no?

—Sí, sí, no hay problema —me contestó con simpatía —. Pasen, adelante.

La sala era muy pequeña, pero evidentemente la presencia de otros magos la empequeñecían el doble.

Había, sin contar a Bill Weasley, el señor y la señora Weasley, cuatro personas. Entre ellas contaba la mismísima Emmeline Vance, un tal Dedalus Diggle, Sturgis Podmore a quién tampoco conocía, lo mismo que a Hestia Jones, una bruja algo más baja que yo y de bondadosa cara redonda.

Cuando terminé de sacudir manos, me acerqué a mi amigo que hablaba con Arthur e interrumpí en la conversación. Las preguntas me atacaban el cerebro como una tropa de soldados violentos.

¿Qué hacían todos ellos allí? ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué lucían tan preocupados?

—Bien, quiero enterarme de todo —demandé con impaciencia.

—Este es grupo de apoyo de Dumbledore. Tú has decidido entrar en él —me advirtió el señor Weasley como si yo planeara salir huyendo.

—Sí, y lo voy a hacer. ¿Dónde está él?

—No va a venir hoy. Mañana terminarán las clases en Hogwarts. Ésta sólo es una reunión extraoficial.

—¿Extraoficial de qué? —cada vez me liaban más.

—De la Orden de Fénix.

Una sonrisa se me formó en la cara. Eso tenía, por todos lados escritos, las palabras "acción" y "aventura". Todo indicaba que mi vida iba a cambiar poco.