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Sombras — capítulo 11

*Gryffindor y Slytherin, siempre fueron enemigos acérrimos. Salazar siempre quiso la especificidad y Godric, siempre fue mucho más abierto a las diferentes sangres que circundaban el antiguo mundo donde vivían. Una vez combinadas las sangres, serían las portadoras de un poder inimaginable. Ambas, serían capaces de abrir una antigua puerta y develar un infinito poder. ¿Infinito? Bueno, sí un poder.*Severus regresaba a casa muy pronto. Su vida, siempre terminaba desarrollándose dentro. Su esposa, estaba lisiada y embarazada, no podía dejarla a su libre albedrío. Apenas entre abrió la puerta y supo, que ella dormía totalmente desnuda. Parecía, que hacía mucho calor para ella. Sonrió y entró con mucho cuidado. De todas formas, ella despertaba lentamente. Al verlo, se llevó las sábanas al cuello, avergonzada.

  • ¿Qué sucede?

  • No tengo nada puesto encima- sonrió ella y él, confirmó sus teorías. Era agradable, verla recién levantada y sin nada que ocultara su nuevo aspecto. Severus solo sonrió y se sentó en la cama.

  • Descuida, yo solo he venido por unas cosas que he dejado en la mesilla de noche.- Hermione le devolvió la sonrisa y se dejó caer en la cama una vez más. Le daba la espalda, y meditaba con mucha calma, los acontecimientos.

  • Severus, ¿Cuándo dijiste que si odiaría que le hicieras algo a mis hijos, lo ibas a hacer?

Permaneció helado, incapáz de pensar y de decir algo coherente. Ladeó la cabeza hacia su esposa, que esperaba un comentario sobre la idea que ella estaba expresando. Tenía que saberlo. Ese planteamiento, no dejó de dar vueltas en su cabeza.

  • Lo mencionaba, por que como yo soy un mortífago y...

  • ¡Oh, no lo digas! ¡El que no debe ser nombrado, quiere a nuestros hijos!- chilló ella, dándose la vuelta- ¿Es por eso que...?- dijo y no pudo evitar que algunas lágrimas salieran por inercia. Severus negó con la cabeza y mentía de nuevo, aunque eso significara condenarse más aún.

  • No, él no los quiere. No está enterado- Sin embargo, Hermione no escuchaba, estaba empeñada en afirmar eso. La sostuvo por las muñecas- ¡Hermione, él no sabe de su existencia, lo juro!

Y se oyó a sí mismo, jurándoselo. Sabía que mentía, pero solo quería calmarla. Seguramente, tendría más pesadillas de las que debería, pero ese sería su castigo. Ella, pareció serena bajo sus manos y con un suspiro, colocó su cabeza sobre su pecho.

  • Tenía miedo. Creía que tus sueños, se debían a que estabas martirizado por que Quién tú sabes, quería a mis hijos y no querías decírmelo. Pero, ¿Si sucediera, me lo dirías?

  • Yo...

  • ¿Me lo dirías aunque me doliese en lo más profundo de mi alma?- preguntó.

  • Eso fue exagerado y cursi, Hermione- sonrió Snape, con cierta lástima- pero sí, te lo diré. Por que, tu eres la madre.

  • Y tú, el padre de ambos- sonrió ella, dándole un beso- Te amo, Severus.

  • Yo también te amo, Hermione. Ahora, duerme un poco, o vístete. Es un poco perturbador, imaginarte sin ropa y en ese estado.

  • ¿Perturbador?- preguntó ella con una ceja alzada- ¡No soy un globo tampoco!

  • No lo decía precísamente por eso, "mi amor". Lo decía, por que no podremos jugar por un rato, ya que el medimago dijo...

  • ¡Ya sé lo que dijo!- mencionó ella cubriéndose hasta la cabeza de sábanas- ¡Has herido mi orgullo! ¡Soy para ti un globo!- se rió.

  • Que descanses, "globo".