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Sombras — capítulo 12
Hermione respiraba e inspiraba, con eso. Snape, estaba leyendo el profeta y ella, intentaba mantener su embarazo a tono. Con una sonrisa, hacía los ejercicios que el medimago le había indicado, ya que era lisiada. Estar tanto tiempo sentada, era una incomodidad. Con un suspiro, le pedía ayuda a Snape.
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Severus, cariño. Sé que tú, los procreaste. Pero, ¿Podrías ayudarme un poco? Creo que esto ya es incómodo y quiero recostarme.
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Ahora, estás cada vez más pesada.
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¿¡Y qué esperabas!?- chilló ella- ¿Qué pesara como una pluma?
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Cálmate, que tus emociones no te dominen. Solo era un comentario. No sabes lo difícil que es cargarte a veces.
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¡Oh, perdóname si soy un peso pesado!
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Ya basta Hermione, esos cambios de humor...
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¡No son cambios de humor!- dijo, llena de sensibilidad- ¡Tú, eres un mal esposo!
Severus le miró con una sonrisa y la dejó en la cama. Ella no quiso mirarlo más y se dio la vuelta con dificultad. De todas formas, no tuvo éxito y se quedó de medio lado. ¡Odiaba tanto, estar lisiada!
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Mírate, ni una rabieta te sale bien...
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¡Déjame!
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Vamos, Hermione...- dijo y ella negó con la cabeza- ¿Ahora sufres cambios de humor al cuadrado?
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¡Déjame en paz!
Severus sonrió y se acostó en la cama. Hermione le miró e intentó darse la vuelta, pero le era imposible. Con sus brazos, él, la obligó a acostarse y ella no pudo negarse. Su vientre, se lo prohibía. Sonrió nuevamente y la miró, apartándole los mechones de cabello de la cara. Ella, le miró por un rato.
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¿Estoy muy gorda, verdad?
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No, estás perfecta.
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Estoy gorda... ¡Estoy horrible!
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No, estás perfecta así y será mejor que dejes de decirlo, o no voy a soltarte de nuevo.