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Sombras — capítulo 16
Hermione despertó ese día, con una sorpresa muy gratificante. Lentamente, se había empujado hasta sentarse. Sentía un poco más, ese día. Su esposo dormía aún, cuando ella había hecho la prueba. Con una sonrisa enorme, ella sentía que había progresado. Severus, sintió el sol de la mañana, sobre su rostro y entre abrió los ojos para mirar. Hermione no estaba en la cama otra vez. ¿Acaso estaba soñando? Se levantó de golpe, pero solo miró perplejo hacia un lado, cuando ella estuviera sentada y le mirara con mucha felicidad.
-
Me senté- dijo y sus ojos volvieron a humedecerse- ¡Severus, me senté!
-
Sí, lo puedo ver. ¿Cómo lo has hecho?- preguntó, sentándose en la cama también y mirándola con mucho detalle- ¿Es que acaso...?
-
No lo sé. Simplemente, quise intentarlo. Me senté y luego, sentí un cosquilleo en mi cuerpo. Como si sintiera más que antes.
Severus esbozó una sonrisa suave y la contempló con calidez. Se sentó a su lado y colocó sus manos sobre sus muslos. La pellizcó levemente y Hermione, alzó la cabeza con mucha felicidad. ¡Eso lo había sentido!
- ¡Lo pude sentir! ¡Severus, lo pude sentir!
Besó su frente y la sostuvo contra sí. Con una sonrisa, Hermione se imaginaba caminando en muy poco tiempo. Severus meditó, mientras su esposa estaba bajo sus brazos. Las cosas podían ponerse mucho mejor de lo que parecían, el día anterior. Hermione, permaneció largo rato, bajo su abrazo, antes de separarse de él.
-
Ya no te generaré un malestar en la espalda, por tanto cargarme.
-
Hasta ahora, no me ha incomodado.
Hermione sonrió una vez más y esperó, hasta que su esposo la colocara en su silla. Estaba tan feliz, que no podía dejar de sonreír. Si caminaba pronto, podría estar con sus hijos. Jugar con ellos. Por supuesto, sin que se los arrabatásen, sin ningún tipo de escrúpulo. Para cuando terminó de vestirse, con su ayuda, Severus preparaba el desayuno. Con su esposa, había aprendido una gran cantidad de cosas y eso, le gustaba tanto.
-
¿Qué haremos hoy?- le preguntó Hermione y él alzó la cabeza, cuando estuviera mirando sus tostadas y el plato con huevos cocidos.
-
¿Qué quieres hacer?
-
Quiero ir a pasear un poco. ¿Qué tal si miramos, cosas para bebés?
-
¿Me obligarás a mirar por horas, tiendas de ropa y juguetes para bebés?- dijo, observándola con sorpresa.
-
Es algo que los padres deben hacer juntos.
-
Entonces, quieres que te acompañe a mirar ropa de bebé.
-
¡Me encantaría!- suspiró ella, risueña. Bien, ¿Cómo le decía que no a su esposa? Con una sonrisa sarcástica en sus labios, tuvo que asentir a su petición.
-
Entonces, iremos.
Snape no podía creerse a sí mismo, en una tienda de ropa para bebés, pero allí estaba. Hermione estaba a un lado, mirándolas y él, esperándola pacientemente. Hermione había seleccionado una gran cantidad de conjuntos que le gustaban y él, solo sonreía ante la idea de que algunos estudiantes le vieran en semejante dilema. Suspiró, cuando Hermione había terminado de mirar y simplemente, estaban mirando vitrinas.
-
¿Qué esperas de tus hijos, Severus?- suspiró ella con una sonrisa.
-
¿Qué espero de mis hijos?- repitió- ¿Debería esperar algo de ellos?
-
¿Cómo quieres que sean? ¿Amargados de su existencia y con ironías en sus bocas?- dijo, burlándose de él y riendo. Severus le miró de mala gana.
-
Imaginaba que sería tu diversión.
-
No seas tonto, hablo enserio. ¿Qué esperas de nuestros bebés?
Se inclinó, para alcanzar el tamaño de su madre, que estaba acariciando su vientre con mucha felicidad. Suspiró y la miró con calma.
-
Que sean idénticos a su madre.
-
¿Y por que no pueden parecerse a su padre?- preguntó ella con curiosidad, alzando la cabeza, cuando estuviera viendo su vientre.
-
Por que su padre es un mortífago y fue un asesino en algún momento.- analizó. Hermione le miró con cierto pesar.
-
Pero es que, yo amo a su padre. Y a mí no me importa lo que es. Dudo, que a nuestros hijos...
-
No les hablaría de eso, ni en un momento...
Hermione no dijo nada. No se atrevía a llevarle la contraría. Suspiró y asintió en silencio. Con una sonrisa suave, acarició el cabello de su esposo y con sus dos manos, lo enredó como quiso. Snape no dijo nada y se imaginó que se divertía haciéndolo. Con otra risa, Hermione continuó jugando con su cabello.
-
Tus hijos harán esto. ¿Qué sentirás entonces?
-
Que me encantará estar despeinado siempre, parece- le dijo, con ironía. Hermione rió y ambos se miraron- Serás una excelente madre.
-
Y tú, el perfecto pero vicioso padre. El padre que tiene un extraño vicio, con ser sarcástico y cruel, con la mayoría del universo.
Severus no dijo nada y ella, estaba lista para partir una vez más. Con un suspiro, Severus se levantaba y se disponía a llevarla a casa. Sus hijos, ¿vivirían para tanto? Quería verlos crecer, aunque no sabía si estaba preparado para ser padre. Bueno, estándolo o no, ahora tenía que afrontarlo, puesto que ya había embarazado a Hermione y escapatoria, no tenía. No una correcta, claro está. Y tampoco era que quería huír, ni mucho menos. Bien, no estaba habituado, pero estaba seguro que si cualquier ser humano bien podía hacerlo, él también podría lograrlo con mucha facilidad.
-
Severus, te amo- le dijo ella, antes de que él comenzara el trayecto de vuelta- Te amo...
-
Pues, yo también te amo Hermione- indicó, acercándose a su oído- aunque tengas cambios de humor, realmente extraños.
-
¡Yo no tengo ningún cambio de humor! Sigue diciendo eso y te mostraré un cambio de humor real...
-
No hace falta, hace rato vi muchos. ¿Tú llorando por mirar conjuntos de bebés?
-
¿Es que una, no puede ponerse sentimental?
-
Eso fue demasiado.
-
¡Estaba mirando a mis hijos, dentro de esa ropita!- le criticó ella y Snape, negó con la cabeza y sonrió con malicia.
-
Seguramente. Puesto que esa cantidad de lágrimas no es normal- le comentó y Hermione, se volteó para mirarlo.
-
Harás que camine, solo para golpearte- le dijo y Snape no pudo evitar sonreír. Ella, ceñuda, regresó a su posición y cerró los ojos.
-
Hermione...
-
No...
-
Hermione...
-
¡No!
-
Hermione...
-
¿Qué? ¿¡Qué!?
-
Tuviste un cambio de humor...
-
¡Severus ya basta!