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Sombras — capítulo 18

Severus estaba mirando a su esposa, en la cama. Tenía treinta y siete semanas. En cualquier momento, él conocería a sus hijos. Estaba dormida, mientras él leía y le acariciaba el cabello con mucha calma. Diciembre, época de navidad. Sus hijos nacerían en uno de esos días de aquel mes. Hermione se acomodaba dificultosamente en la cama. Su vientre, le imposibilitaba el descanso.

  • Maldición...- suspiró y Severus, bajó la vista con mucha calma- quiero dormir un poco.

  • Quédate quieta- le dijo- lo intentaré.

Severus colocaba su mano sobre su vientre y le acariciaba con mucha lentitud. Intentaba calmar a los pequeños, que estaban lo suficientemente inquietos, como para desesperar a la madre. Cuidadosamente, les acariciaba y miraba el rostro de Hermione. Comenzaba a cerrar los ojos, con un suspiro.

En poco tiempo, se dormía nuevamente. Snape, sin embargo, no podía pensar sino en lo que iban a perder. Tenía que evitar que el señor tenebroso les quitase a sus hijos. Se acomodó en la cama, conjuntamente con el abultado vientre de su esposa y la contempló con una sonrisa a medias.

  • Severus, ¿Estás listo? En cualquier momento nacerán.

  • Siempre he estado listo.

  • ¡No mientas!- indicó ella, sosteniendo su rostro con una sonrisa suave-  No mientas, por que no voy a creerte.

  • Bueno, estoy aterrorizado. Muchos Potters y Weasleys, corriendo a nuestro alrededor.

  • Son solo dos... Y hay una niña entre ellos.

  • Será lo mismo, pero con Potter,niña- sonrió Snape y Hermione sonrió también. La contempló en silencio y ella hizo lo mismo- Van a cambiar mucho, las cosas.

  • Sí, me alegro de que lo notes.

  • No seas ridícula, siempre me percaté de que todo iba a cambiar si estábamos juntos. Aunque eso, sonase estúpido.

  • Para mí sonó perfecto, mi amor...

  • Por que claro, eres una mujer- suspiró Snape y Hermione esbozó una sonrisa enorme. Se acercó levemente para besarle y cerró los ojos.

  • Buenas noches, "hombre".

Suavemente, Severus deslizó sus manos alrededor de las curvas de su esposa y cerró los ojos. Bien, pronto tendría algo que haría alzar su ceja, mucho más de lo que normalmente sucedía en sus clases. Hermione, estaba deseosa. Ansiosa de conocer a sus bebés. Muy pronto iba a suceder y tenía que estar preparado. Y la gran ironía, era que sentía que lo estaba aunque no conocía a ninguno de los bebés.

Se quedó dormido tan pronto como había comenzado a hacerlo. Lentamente, ahogó un bostezo y se dedicó a descansar de todas esas pesadillas que le acosaban insesantemente. Mientras dormía el mundo, podía estar girando si quería. Allí, estaba detenido, aunque sonaba increíblemente cursi a sus oídos.

Al amanecer, Hermione era la primera en despertarse. Su esposo dormía allí, sin ningún tipo de inconveniente. Lo que le encantaba de todo eso, era verle dormir y poder disfrutar de algo que nadie vería. Solo ella. De verle demostrar amor, solo ella. Y Lily, claro estaba. Aunque Lily, ya no lo vería. Así que, solo ella.

  • Buenos días, Severus- susurró ella, al hombre que seguía dormido- tengo que ir al baño. ¿Me dejas?

  • Sí sí...- le dijo, medio dormido.

  • Pero es que tienes tus brazos, alrededor de mí.

  • ¿Cuáles?- dijo, adormilado- yo no tengo ningunos papeles...

  • No dije papeles- sonrió ella- dije, brazos. ¿Qué te asocia brazos, con papeles?

  • Mañana...- le dijo, soltándola y dándose la vuelta- No molestes, Dumbledore.

Hermione sonrió y comenzó a levantarse con mucha paciencia. Ella podía, lo sabía y tenía que seguir intentándolo. Con mucho cuidado, colocó sus pies sobre el suelo y trató de impulsarse hacia arriba. Lo consiguió en poco tiempo.

  • Bien, caminemos un poco- dijo- además de que necesito ir al baño con urgencia. Hijos, no inventen algo extraño como ponerse a brincar.

Con mucha lentitud, ella movía sus pies. Lentamente y con cuidado, sin apuros aunque su vejiga apremiara. Ella prefería esperar que caerse como tonta.

Se asombró de todo lo que había recorrido y se introdujo en el baño. Severus, se daba la vuelta para levantarse y miró a su alrededor. Bien, no se acostumbraba a que Hermione se pudiera levantar por sí sola.

  • ¿Hermione?

  • Estoy en el baño, Severus- le dijo- Por cierto, ¿Me ayudarías a salir? Tus hijos han decidido hacer fiesta y casi no puedo moverme.

Se sentó en la cama y sonrió con esas palabras. Se colocó su camisa y caminó hacia la puerta con mucha paciencia. Seguramente, le tomaría tiempo, poder sacarla de allí. Al entrar, Hermione estaba sentada encima del inodoro y esperaba que sus hijos se calmaran.

  • ¡Sí que se mueven!

  • Bueno, han de saber que su madre ya camina.

  • Déjame reírme contigo, ha sido maravilloso el chiste- le espetó ella y Snape, deslizó uno de sus brazos por su hombro.

  • Sabía que te encantaría. ¿Lista?

  • Lista...

Severus comenzó a caminar hacia la cama, con su esposa. Hermione se sostenía el vientre, mientras Snape le ayudaba a dar un paseo. A mitad de aquella caminata, Hermione soltó un quejido suave. Severus, se detuvo en ese preciso instante.

  • ¿Qué sucede, Hermione?

  • No lo sé, siento algo muy extraó en mi vientre.

  • ¿Van a nacer? Pero si estás en la semana treinta y siete. Faltan siete días para el final del parto.

  • No lo sé, pero me duele.

  • Necesitarás un medimago- le indicó Snape, con cierta preocupación. Dejó a su esposa que permaneció sentada en la cama y fue en busca de un medimago.