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Blood Ties — capítulo 10

Esa mañana nublada, Hermione había despertado cansada. Sentía que no había dormido y realmente, solamente le había estado dando vueltas al asunto que habían hablado el día anterior, sin preocuparse por darse cuenta de que su cuerpo requería descanso y que sus ojos estaban cerrados no por otra razón. Pero no dejaba de pensar. Se levantó de la cama y luego de una corta relajación en la tina, se dio cuenta de la hora. De que el desayuno debía estar en la mesa. Estaba pensando en su vieja rutina, aunque no lograse olvidarse de la persona que convivía a pocos centímetros. Al salir, se había dado cuenta de que no estaba allí. De que seguía dentro de la habitación y que podía escuchar su voz, como si rezara. Pero en realidad hablaba. En realidad parecía estar soñando en cuanto ella abrió la puerta y miró dentro. Estaba dormido y se movía con fuerza, de forma violenta. Espasmos extraños. Soñaba. Parecía soñar y parecía entender que entre sus pesadillas o lo que fuera, estaba Narcisa Malfoy. Podía oír su nombre entre sus balbuceos.  Despertaría muy pronto. Ya lo había sentido una vez. Sobresaltado, necesitado de aire y entonces dándose cuenta de que todo había sido un sueño. O se iba a sentir mejor o peor, dependiendo de lo que estuviera viendo dentro de su imaginación. O de su pasado. Caminó hasta la cocina y se detuvo para tomar una sartén y un par de huevos. El desayuno típico inglés, para una mañana tan fría. Mientras partía el segundo huevo, escuchó una especie de estruendo y decidió no darle importancia. Que Lucius Malfoy resolviera sus problemas él mismo. Al servir, ya estaba en el salón y lo único que parecía quedar de lo que había visto de él, era simplemente su mirada estresada. La apariencia tensa en su semblante. Se sentó en el comedor y no dijo nada. Pero ella tampoco empezaría la conversación. Se quedó quieta en su lugar, comenzando con el desayuno. Políticamente; pasando cada condimento y aderezo para el mismo. Sin roces, sin intercambio de palabras. — Necesito escribirle a Narcisa. Necesito saber de ella. Necesito saber cómo está. Cómo se siente. Él había comenzado, así que le respondería. Asintió en silencio y con un suspiro, meditó sus opciones. Quizá podía abogar y pedirle al ministerio que le dijera dónde la habían enviado. A dónde la habían destinado. — Quizá pueda hacer un arreglo con el ministerio y me digan su dirección. Quizá así; pueda escribirle. Y así...saber qué tal le ha ido en estos meses. No quería decirlo precisamente así, pero solo sentía frialdad cuando hablaba de aquella familia. No había aprendido aún; a tolerar los hechos del pasado. Aunque podía decir que ver el lado débil de Lucius Malfoy, comenzaba a causarle una extraña sensación. Como si las cosas comenzaran a caer en su lugar y los oprimidos, ya comenzaran a tener su lugar en la enorme cadena que ellos habían implantado. — "Nunca te rebajes al pie de tu enemigo o te pisará la cabeza"— dijo Hermione y Lucius creyó no entender el punto. — ¿Qué quiere decirme?— dijo, mientras la miraba levantarse con los platos vacíos y caminar hasta la cocina. — Se comportó como una alimaña contra quienes nunca habían cometido pecado en su vida y ahora el ministerio lo trata de igual forma. Excepto que usted sí cometió pecados que debe pagar. ¿Era idea suya o Hermione parecía resentida de nuevo? Desde el día anterior no se había fijado en que ella parecía dolida. Recelosa. Creía que ya había dicho todo lo que tenía que decir al respecto. Pero no. Se guardaba lo mejor. — Está bien. Puede dolerle, puede quejarse si quiere. Eso tiene sentido, luego del pasado. Pero más allá de eso, sabe muy bien que los aurores no se salvaron tampoco de cometer injusticias. ¿¡Injusticias!? — ¿Injusticias? ¿Qué clase de cosas llama usted como injustas? Los aurores hicieron su trabajo. Que usted cayera presa de su oficio, es otra cosa. Usted se equivocó. Usted fue quien acabó con su familia. Sus errores lo llevaron a estar preso en vida. No hay nada peor que amar a alguien y vivir separado de ella. Y con eso, Hermione había dado por terminado el asunto. La siguió, mientras ella se sentaba en su cama y parecía aturdida, iracunda. — Cree que es una injusticia lo que le hicieron a usted y a su esposa. Pues entonces, es un imbécil. Injusticia es lo que usted hizo durante tanto tiempo y pretendiendo quedar impune. Quizá su esposa ahora está mejor. Quizá es feliz y libre. Eso lo atravesó como una daga que Bellatrix podría clavar en su pecho. — Sé que no es feliz. — Yo no estaría tan segura. Pero pronto lo sabremos. Muy pronto.