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Blood Ties — capítulo 9
Luego del paseo, Hermione tuvo muchas cosas en mente. Cosas en claro que no podía dejar de percibir.
Estaba claro que ambos se llevaban bastante mal y sin embargo, podía afirmar que había una brecha entre ellos, que les permitiría comunicarse. Algo que les permitiera romper ese hielo en el que estaban sumidos.
Pero era claro igualmente, que Lucius Malfoy no haría eso. A no ser que fuera realmente indispensable.
Y Lucius pensaba algo similar a ella. Por decir que su esposa estaba lejos de él, gracias a su condición.
¿Volvería con ella de comportarse como un "ciudadano normal"? Se preguntaba ello, porque las palabras de Hermione tenían mucho sentido y resultaba bastante convincente.
Pero llevarse con ella, resultaba muy complicado. no podía abandonar el viejo estereotipo de ella ser estudiante. Ex enemiga de su señor.
Muchas cosas diferentes. Amiga de Harry Potter incluso. Podía ser cualquier cosa y aún así, no llevar una buena imagen de ella.
Ni ella, llevarse una buena imagen de él. Cosa que no mejoraba en nada, la convivencia "familiar", que debían mantener.
Situación más complicada, no podía sentir que vivía. Se dejó caer en la cama y suspiró pesadamente.
Haría falta más que conversaciones sobre el clima, para hablar con Granger.
Esa tarde, Hermione había decidido cocinar. Hacer una "merienda". Consistía en galletas, torta y té. Menú básico de un inglés en una tarde. Muy típica.
Se sentó en el sofá y se mantuvo allí. No tenía nada que decir, no iba a obligarlo a salir de esa habitación y a convivir con ella. Estaba bien. Estaba acostumbrada a no ver a nadie.
A hablar sola.
Con una sonrisa suave, miró las galletas y se dijo que tardes así, se iban a repetir en muchos días posteriores. Negó con la cabeza y se llamó tonta al quejarse.
Estaba hablando de Lucius Malfoy. No de Ron o Harry.
Pero sorprendentemente, lo miró salir de la habitación. Se había sentado en una butaca alta, al otro lado.
— Dice que si termino siendo un buen "ciudadano", podré volver a Narcisa.
— Sí. Creo que eso fue lo que dije. Ciertamente.
— Y supongo usted decidirá si me he convertido en eso que esperan sea. ¿Cierto?
— Así es. Eso creo que quiere el ministerio de magia. Aunque la verdad, yo ya no lo veo capaz de causar gran desastre.
¿Eso era una ofensa o un halago? Se acomodó en la butaca, mientras Hermione colocaba el plato de postres, frente a su presencia.
— Si desea algo, no dude en tomarlo— dijo y cerró los ojos, mientras degustaba su té. En verdad no importaba si lo miraba. Si hablaban. Esa sería su decisión. Ya lo había especificado y citado así.
Lucius inspiró en silencio y eso le hizo abrir los ojos. Estaba por decir algo. Conocía esa expresión. Como si luchara contra sí mismo, para decir algo que creía una locura. Algo inaceptable.
— Supongo que ha ganado.
— ¿Que he ganado? ¿Qué cosa he ganado?
— Sabe muy bien, cómo dejar a una persona sin palabras. Cómo evitar que la persona mantenga las barreras que normalmente se impone. Las quiebra todas y cada una. Ya veo que su inteligencia no es solo en el ámbito educacional.
¿Estaba acaso diciendo que se había sentido vulnerable por su causa? ¿Que había perdido fuerza por sus palabras? ¿Que se había sentido intimidado?
Eso era nuevo. Resultaba nuevo. Sonrió con ironía y aquel hombre continuó mirándola sin doblegarse.
— Muy bien, Granger. Bastante bien. Habría sido un útil recurso, en nuestro movimiento.
— El mal no me sienta. Me gusta muy poco; el color negro.
Suspiró ante su broma y negó con la cabeza. Hermione volvió a sonreír y continuó bebiéndose su té, con mucha calma. Inspiró cuando se había acabado su taza y al alzar su cabeza, notó que Lucius bebía de la suya.
¿Se tomaba las palabras tan enserio?
Sí. Parecía que sí.
— Me alegro que lo haya razonado correctamente.
— No me dejó opciones.
— No. Creo que no. Era hacerlo o morir. Figuradamente, claro.
Sí. Figuradamente. Ya había muerto en vida.