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Blood Ties — capítulo 8

Espero que les guste este capítulo ^^.

MariSeverus.

Caminaron por largos minutos, sin decirse nada al respecto. Permanecían en silencio, utlizando solo monosílabos para comunicarse. Era evidente que así iba a terminar su intentona. Nada podría hacer un gran milagro entre ellos y traerlos a una conversación civilizada a más de dos palabras.

No precisamente porque eso aspirara en realidad. Creía que ya los tiempos habían cambiado y que ya todo tenía que ser superado. Solo así; habría paz con cada quién. La era de temer a un mortífago y de alabar a los aurores por su captura, ya había terminado.

Pero faltaba la confianza que no se había levantado con el paso de aquel tiempo tan largo ya.

El ambiente estaba húmedo y ya podía comprender, por qué no había nada en las cercanías. Se abrazó a sí misma y se preguntó si llovería. Quizá terminaría nevando y pronto tendrían la navidad cerca.

Hacía tanto que no pensaba en el calendario.

Se sentó en una banca vieja en el parque y contempló os alrededores. Seguramente las personas habían vislumbrado que llovería y ellos eran los únicos con los deseos de encontrarse en un parque con esas condiciones climatológicas.

— Hace frío ¿cierto?— dijo, tratando de romper el hielo. Lucius asintió en silencio, lacónicamente y se sentó junto a ella. Pero había tomado más distancia de la que habría considerado.

¿Por qué esperaba que se sentara a su lado y comenzara una agradable plática? Eso no era posible en ningún esceneario.

— Si hace frío, pudo haberse traído un suéter.

— No lo consideré cuando estaba por salir. No creí que el clima estuviera así de húmedo.

Lucius no dijo nada y ambos permanecieron en silencio, mirando cualquier punto ene el ambiente. ¿Por qué simplemente no congeniar? ¿Qué había que perder en el asunto? Ya nada. Todo estaba sobre la mesa.

— Sostengo y afirmo, que un poco de socialización no acabará con ninguno de nosotros. ¿Es que es improbable que podamos mantener una charla como adultos?

— Insisto, usted me odia y yo la odio...¿qué podría surgir entre dos condiciones como estas?

— Yo no lo odio. Yo solo siento lástima por usted. Tanto que tuvo y prefirió perderlo por sus ansias de poder.

— Eso es algo que usted no podría comprender. Usted no ha visto ni vivido más de lo que las paredes de Hogwarts, le permitieron ver.

Hermione se permitió sonreír ante esa cruel ironía de la vida. Precisamente ella, Harry y Ron, habían vivido tanto.

— Digamos que esa es su percepción; pero los tiempos ya han cambiado. ¿Qué tiene de malo cambiar un poco, para volver a su antigua vida? ¿Con su esposa y su hijo? Estoy segura de que eso le permitirá verlos. Perder algo de orgullo.

Orgullo era algo que ya no tenía.

— Esa es su forma de verlo, señorita Granger. De todas formas, aprecio su visión 20*20 de las cosas.

¿Por qué a todos les dolía la verdad? Solo un gramo y chillaban como cerdos enjaulados.

— La verdad siempre lastima a quienes la niegan.

— Una tarde muy filosófica.

— Simple comentario. Simple detalle. El amor siempre duele. La vida siempre duele. Dejar a alguien, duele más.

Touché.

— Es demasiado joven para comprenderlo. Incluso comprenderme.

— Lo conozco mejor de lo que cree.— advirtió con una sonrisa afable— enviciado con el poder, pero al menos con la inteligencia como para comprender que su esposa pudo haber muerto por sus delirios de grandeza. Asumo usted, me conoce de igual forma.

Lo peor. Que una jovencita le reclamara al respecto.

— Inteligente, amante de la lectura y la bruja más fuerte que Hogwarts pudo conocer. Incluyendo a su querido amigo, Potter.

— Era. Amante de la lectura, la mejor de mi clase. Era.

¿Cuál era la diferencia?

— Y supongo que no hay más vida después de ello. ¿Cierto?— le dijo Lucius con una sonrisa sardónica. Hermione inspiró.

— Supongo no hay más vida luego de ser mortífago ¿cierto?

Touché. De nuevo.

— Siempre hay más vida luego de ello, señorita Granger.

— Pues empiece a vivirla.

Resultaba gracioso que alguien como ella, tratara de enseñarle algo. ¿A dónde estaba yéndose el mundo? Se permitió sonreír, mientras Hermione se ponía en pie, introduciéndose las manos en los bolsillos.

Era hora de regresar a la realidad. A su realidad.

— Hace mucho frío aquí, volveré a casa. Supongo que no debo ser más específica de lo que ya he sido.

No. Entendía claramente su propuesta. Se levantó y sin decir nada más, comenzó a caminar hacia la calle.

Cambiar, para volver a ver a su familia. No era tan fácil como ella lo consideraba. No creía que los pensamientos que tenían acerca de él, el resto de las personas, fueran a cambiar aunque él se volviera un "santo".