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Blood Ties — capítulo 4

Hermione no dijo nada. Había firmado aquel papel y había quedado sentenciada, a ser la esposa de Lucius Malfoy. Se sonrió a sí misma, por un momento. Se imaginaba siendo la novia, en una enorme y opulenta boda. Pero eso no iba a ocurrir, ni por todo el oro del mundo. De todas formas, ellos solo estaban sellando un contrato.

No se amaban, como para tal acto. Y además, aunque ese fuera el caso, a ella no le gustaban ese tipo de bodas. Se rió una vez más, de sí misma y caminó hacia el ministro. Estaban por finalizar los acuerdos.

Vivirían en su hogar. La mansión Malfoy estaba sitiada y Narcisa se quedaría allí dentro. Con el esposo que le correspondiera.

No había peor forma de solventar una situación, que la ejecutada por los entes ministeriales. Recordaba no volver a votar por ellos.

  • Entonces, está todo firmado y listo. Un funcionario los escoltará hasta el hogar y los visitará periódicamente.

  • ¿Qué ocurre si existe algún tipo de interacción...? Digamos...

  • Eso queda por parte de los afectados. Aunque si se disponen a tener bebés, les agradecería una notificación.

Como si eso llegara a ocurrir en un universo virtualmente correcto.

Solo en uno alterno y con animación suspendida. Volvió a sonreír y alzó la mirada. Lucius estaba detrás del ministro y su mirada hostil, parecía haberse perdido. En cambio, una mirada sumisa estaba en su semblante.

Confesaba que eso le aterrorizaba. Comenzaba a preocuparle en todo el sentido de la palabra. Luego de un par de minutos, de habladurías y demases, Hermione pudo salir de aquel ministerio con el apellido Malfoy.

Mucha su suerte. Sin duda alguna.

La llegada a su hogar, estuvo mucho mejor de lo que esperaba. Silenciosa y tranquila. Lucius no había hablado en todo el camino y comenzaba a gustarle esa sensación; de que no oiría nada de él en mucho.

Tal vez.

  • Cualquier huida, será terriblemente castigada. No se permitirá ninguna excusa. Cualquiera, será tomada como alta traición.

Lucius asintió en silencio y para Hermione, el dolor de perder a su esposa y a su familia, ya bastaba para evitar cualquier comunicación.

Se preguntó, cómo estaba Draco o dónde estaba. Seguramente, estaba maldiciendo todo lo que encontrara y al final de cuentas, estaba en la peor situación jamás vivida. Acusados de traidores y separados.

Por un momento, agradeció no estar en aquellos zapatos. El lado negativo de ser un mortífago, estaba comenzando a darse a conocer.

Aún no entendía, cómo les tenían compasión. Pero de eso se trataba la vida, esto. De aprender de los errores. Aunque cedieran demasiado.

  • Esta será su habitación- le dijo ella, pero él jamás le contestó.