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Un romance de locos — capítulo 18

El escalón crujió con tal estrépito que el señor Potter roncó con fuerza.

  • ¡Shhhhhh! - Me reprendió James mientras caminábamos por el pasillo.

  • Lo siento, pero no conozco tu casa tan bien como para estas aventuras. - Le contesté en voz baja. Él me lanzó una mirada de "¡¿Quieres callarte, por favor?!", a la que respondí sacándole la lengua.

Nos encaminábamos a la habitación de Albus. Habíamos pasado todo lo que restaba de la noche jugando al Snap explosivo en la sala. Los señores Potter se habían acostado temprano junto con Lily. Albus había estado leyendo en el jardín. Se había ido a dormir hacía hora y media, más o menos. James había asegurado que podías jugarle un partido de Snap en la cara y no se despertaba.

  • Duerme como mi tío Ronald en feriado. - Había dicho. Y ahora nos encaminábamos a su habitación para robarle un ejemplar de "Filosofía de Shakespeare". - Oh dios, hasta tu lees cosas más divertidas. - Había agregado, por lo que le había pegado en la cabeza.

Y ahora eran las dos de la mañana y yo estaba atada a esta pequeña venganza que mi mejor amigo y casi novio estaba planeando contra su hermano menor. La causa de la venganza era considerable si uno se ponía del lado de James, o incluso del mío.

El querido Albus Potter nos había interrumpido a James y a mi cuando estábamos a menos de un centímetro de besarnos.

He de admitir que eso me había molestado un poquito, pero no importaba... oh, esperen, si importaba. Lo que sí creo yo es que no valía la pena arriesgarse si, por ejemplo, nos descubrían. Era muy obvio que la mañana siguiente, cuando Albus se percatara de que no lo tenía, solo iba a haber un culpable: James, y yo no quería verme envuelta en una de sus travesuras por el simple hecho de que no quería darles a los padres de James una mala imagen o una razón para pedirme que volviera a Little Whinghing con mis padres. Además quería llevarme bien con Albus. Como sea, llegamos a la tercer puerta del pasillo y allí empezó todo.

James se agachó enfrente de la puerta y yo lo imité. Estaba casi pegada a él, para escucharlo si me llegaba a hablar. Él miraba por el orificio de la puerta. Al parecer no vio nada de luz, por lo cual se giró. Yo no había pensado en eso, la verdad, así que al girar la cabeza sus labios quedaron a solo dos centímetros de mi. Yo le sonreí. Él también lo hizo. Un rayo de luna entraba por la ventana del pasillo y daba justo en su cara. El destello se reflejaba en sus anteojos de montura circular y los atravesaba, para pasar a sus ojos, esos hermosos ojos chocolate en los que yo no podía dejar de perderme. Y cedí. Nos quedamos allí, yo contemplaba sus ojos. Él acarició mi cabello.

Y un ruido nos hizo despertar. Yo sonreí y me ruboricé. Qué cerca que habíamos estado. Esto les iba a encantar a Violeta, Katrina y Natalia cuando les contara. Él ruido provenía de la habitación de Lily. Se abrió su puerta y ella salió medio dormida, tambaleándose al caminar. Nos ignoró y se fue derechito al baño. Probablemente se había olvidado de que yo me quedaba a dormir con ella y por eso no había notado mi ausencia.

Entonces James me preguntó:

  • ¿Me vas a ayudar?

  • Si - Contesté yo. Él abrió la puerta del cuarto de Albus y entró seguido de mí.

La habitación estaba igual a como la había visto la última vez. Todo en cajas en los estantes, separadas a intervalos tan regulares de espacio que hasta asustaban.

Nos sumergimos en la noche como dos sombras sin hacer ni el más mínimo ruido. Cerré la puerta muy despacio y miré a James. Él buscaba el libro por todos lados, cuidando no tocar ni desacomodar nada.

Yo me acerqué a Albus, y entonces lo vi.

El muchacho yacía en la cama, boca arriba, con las manos entrelazadas encima del pecho, y allí, bajo sus manos, descansaba el maldito libro.

Me alejé sin hacer el más mínimo ruido y me puse donde James.

  • James. - Lo llamé sacudiéndole el hombro. Él me miró y yo le señalé la cama. Fuimos de nuevo al lado de Albus. - Ahí. - Le susurré.

Él siguió mis ojos hasta las manos de su hermano y también lo vio.

  • Mierda. - Articuló con los labios él y me miró, pensando en qué hacer.

Al final se aproximó a la cama y con mucho cuidado comenzó a deslizar el libro de los dedos de su hermano. Entonces se me ocurrió una idea. Busqué en los estantes y encontré un libro de tamaño similar, aparecí al lado de James y mientras él le sacaba el libro yo lo reemplazaba con otro.

Salimos de la habitación. Él me sonrió y yo hice lo mismo.

Allí nos separamos. Yo fui a dormir a la habitación de Lily, quién ya había vuelto y estaba dormida y James a la suya.


A la mañana siguiente:

  • Mi libro no está. - Se quejaba Albus en la cocina.

Yo recién me despertaba. La venganza había resultado bien anoche, y hasta casi me beso con Rosali, de nuevo, pero lo que me preocupaba ahora era lo que iba a pasarme a mí, pues Albus, obviamente, se había percatado al despertarse que el libro que tenía en sus brazos no era el de la noche anterior. Y yo sabía también que el casi lo había terminado, y que le irritaba mucho más el hecho de que le faltaban 50 páginas, o sea 35 minutos de lectura para él.

Entré a la cocina sin decir nada. Allí estaban todos. Mis padres, mis hermanos y Rosali.

  • James... - Empezó mi padre, pero Rosali lo interrumpió:

  • Disculpen que me meta, pero, ¿qué no es ese el libro de Albus? - Dijo señalando la mesada. Allí había un libro viejo y raído igual al que le había sacado a mi hermano la noche anterior. Él se acercó a la mesada y lo miró. Se le abrieron los ojos como platos y confirmó:

  • Sí, este es mi libro. Creo que soñé que lo llevé arriba y no fue así.

  • Albus, creo que le debes una disculpa a tu hermano. - Dijo mi padre mirando a Al.

Él me miró y dijo:

  • Lo siento James.

  • Hum... - Dije yo y me senté al lado de Rosali. - ¿Podemos hablar?

  • No la dejé contestar y tiré de su brazo - Vamos.

Fuimos al jardín y le pregunté:

  • ¿Qué rayos hiciste Rosie?

  • Yo no hice nada. Solo le devolví su libro a Albus.

  • ¿Entraste a mi cuarto? - Dije un poco enojado.

  • Si, y he de decir que es un desorden. La ropa tiene patas.

  • Pero..., ¿porqué?

  • Porqué no quiero que tengas problemas. - Me respondió.

  • Pero... venganza... eso era lo único que yo quería.

  • Y la tendrás, de algún modo, Jamie. - Y me dio un beso en la mejilla.

Supongo que ella sabía que así me atontaría y dejaría de pensar en matar al idiota de Albus.

¡Y funcionó!

Me tomó de la mano y me llevó a la casa de nuevo.

Estuve todo el desayuno medio bobo. Mi mamá se había ido con Lily y Albus de compras, así que solo estábamos Rosali, papá y yo.

  • ¿Qué te sucede James? - Me preguntó. - Parece como si una chica te hubiera besado.

Y no sé porqué, pero juraría que lo vi guiñarle un ojo a Rosali.